La demanda mundial de electricidad se acelera hacia 2030

  • La AIE prevé que la demanda mundial de electricidad crezca en torno a un 3,6% anual hasta 2030, mucho más rápido que el consumo energético total.
  • China concentrará cerca de la mitad del incremento global, mientras que India, el Sudeste Asiático, la UE, Estados Unidos y España aceleran también su consumo eléctrico.
  • Renovables y nuclear cubrirán alrededor del 50% de la generación eléctrica mundial en 2030, con la solar fotovoltaica como principal motor, aunque el carbón seguirá siendo la primera fuente individual.
  • La expansión de redes, almacenamiento y flexibilidad será clave para integrar proyectos renovables y grandes cargas como centros de datos, especialmente en Europa y España.

Demanda mundial de electricidad

La electricidad se ha convertido en el eje de la transformación energética global y, lejos de moderarse, su consumo va a pisar el acelerador durante lo que queda de década. Tras un crecimiento algo más suave en 2025, los pronósticos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) dibujan un escenario de fuerte expansión de aquí a 2030.

Según el último informe Electricity 2026, la demanda mundial de electricidad aumentará de media alrededor de un 3,6% anual hasta 2030, lo que implica que la electricidad crecerá al menos 2,5 veces más rápido que el conjunto de la energía. El tirón vendrá marcado por la industrialización avanzada, los vehículos eléctricos, el auge del aire acondicionado, la digitalización y, muy especialmente, la expansión de los centros de datos y la inteligencia artificial.

Una demanda eléctrica que corre más que el resto de la energía

La AIE señala que, tras avanzar un 4,4% en 2024 y moderarse en torno al 3% en 2025, el consumo mundial de electricidad tomará impulso hasta un crecimiento medio del 3,6% anual entre 2026 y 2030. Ese ritmo supone un salto claro frente al 2,8% registrado en la década anterior y refleja que la electrificación de la economía entra en una fase más intensa.

En conjunto, el uso de electricidad en el planeta se incrementará un 50% más rápido por año que en los últimos diez años, mientras que la demanda energética total avanza a un paso mucho más lento. Esto se debe a que cada vez más procesos industriales, servicios y usos cotidianos sustituyen combustibles fósiles por kilovatios-hora.

La agencia calcula que, en lo que queda de década, el aumento anual de la demanda eléctrica mundial será al menos 2,5 veces superior al del conjunto de la energía. Esa diferencia se explica por la electrificación del transporte, el cambio en la climatización de edificios, la automatización industrial y la digitalización masiva de servicios.

Como resumen gráfico, el director de Mercados y Seguridad Energética de la AIE, Keisuke Sadamori, compara el crecimiento previsto con el consumo de un bloque económico conocido: entre ahora y 2030, el mundo añadirá un volumen de demanda eléctrica equivalente a más de dos Uniones Europeas.

Asia tira del carro: China, India y el Sudeste Asiático

En este nuevo ciclo, las economías emergentes seguirán siendo el motor principal del consumo eléctrico. La AIE estima que cerca del 80% del aumento adicional de la demanda hasta 2030 procederá de estos países, con Asia como protagonista indiscutible.

China se mantiene como el actor clave: concentrará en torno a la mitad del crecimiento mundial de la demanda eléctrica hasta 2030. El consumo en el gigante asiático aumentará a una media cercana al 4,9% anual, un ritmo algo menor al 6,5% de la década pasada pero suficiente como para sumar, en solo cinco años, un volumen de demanda equivalente al consumo actual de toda la Unión Europea.

En paralelo, India y el Sudeste Asiático irán ganando peso dentro del bloque emergente. La mejora del nivel de vida, el avance económico y la extensión del aire acondicionado en hogares, oficinas y comercios impulsarán tanto el consumo anual como los picos de demanda, especialmente durante los episodios de calor extremo.

Esta dinámica confirma que la región asiática seguirá siendo el epicentro de la electrificación global, y condicionará tanto la evolución de las emisiones como la dirección de las inversiones en generación y redes en todo el mundo.

Las economías avanzadas se reactivan tras 15 años casi en pausa

La AIE recalca que, aunque el peso de los países ricos sea menor que el de los emergentes, las economías avanzadas han vuelto a ver crecer con claridad su consumo eléctrico después de cerca de 15 años prácticamente planos. El repunte está muy ligado al desarrollo de la IA, la informática en la nube y la fabricación industrial de alta tecnología.

En 2025, las economías avanzadas llegaron a representar casi una quinta parte del aumento de la demanda mundial, frente al 17% del año anterior, y se espera que mantengan una cuota cercana al 20% del crecimiento total durante todo el periodo de previsión hasta 2030.

En Estados Unidos, la demanda eléctrica subió alrededor de un 2,1% en 2025 y se prevé que avance cerca de un 2% anual hasta 2030. Aproximadamente la mitad de ese incremento estará vinculado a la rápida proliferación de centros de datos, que requieren suministros muy elevados y constantes de electricidad.

En la Unión Europea la foto es distinta, pero también en clara aceleración: tras un aumento inferior al 1% en 2025, la demanda eléctrica comunitaria podría crecer alrededor de un 2% anual de aquí a 2030. El impulso llega por la electrificación del transporte, la calefacción y determinados procesos industriales, además de la digitalización y la reindustrialización en algunos Estados miembros.

España: más consumo eléctrico, más renovables y redes bajo presión

En el caso español, la AIE dibuja un escenario de crecimiento sostenido pero algo más moderado que el de la media mundial. Entre 2026 y 2030, la demanda de electricidad en España avanzaría ligeramente por debajo del 2% anual, un ritmo muy superior al 0,4% medio de la última década, aunque por debajo de la expansión cercana al 3% registrada en 2025.

Ese fuerte repunte de 2025 estuvo impulsado por nueva actividad industrial, la electrificación de la calefacción y el transporte y el aumento del turismo, factores que seguirán empujando el consumo en los próximos años. A ellos se sumará el despliegue de hidrógeno verde y otras tecnologías emergentes que también demandan grandes cantidades de electricidad, aunque su peso seguirá siendo limitado a corto plazo.

En paralelo, el mix de generación español continúa virando hacia las fuentes limpias. En 2025, la producción con gas natural aumentó alrededor de un 20%, mientras que las renovables crecieron en torno al 1% en conjunto. La energía solar fotovoltaica fue la gran protagonista, con un avance de alrededor del 12%, compensando el descenso de la eólica y la hidráulica por condiciones meteorológicas menos favorables.

A medio plazo, la AIE prevé en España un crecimiento medio anual de las energías renovables superior al 8,5% hasta 2030, liderado por la solar y la eólica. El país cuenta con una cartera récord de proyectos en distintas fases de tramitación, mientras que el carbón ha quedado prácticamente fuera del sistema eléctrico, con apenas un 1% de la generación en 2025. En esa cartera destacan iniciativas como la central hidroeléctrica de Arenos y otros proyectos en tramitación.

La capacidad solar fotovoltaica instalada alcanzó en torno a 39,4 GW tras sumar casi 7 GW en 2025, y la eólica rozó los 33,2 GW, cifras a las que se añade el avance del autoconsumo, con una potencia estimada cercana a los 8,7 GW. En el lado contrario, el calendario previsto de cierre de centrales nucleares podría reducir la potencia nuclear hasta los 3 GW en 2030, aunque la decisión definitiva sigue abierta.

Renovables y nuclear toman el relevo, pero el carbón no desaparece

A medida que la demanda se acelera, el sistema de generación mundial está inmerso en un cambio profundo. La AIE estima que la potencia renovable instalada continuará batiendo récords, con la solar fotovoltaica como gran motor del crecimiento.

La producción global de electricidad a partir de renovables ya igualó o superó a la generada con carbón alrededor de 2025, pese a un año más flojo para la hidráulica en Europa y Asia. El informe prevé que, hasta 2030, la generación renovable aumente en torno a 1.000 TWh al año, de los que más de 600 TWh corresponderán a la solar fotovoltaica.

En promedio, las renovables crecerán alrededor de un 8% anual durante la segunda mitad de la década, con la solar y la eólica elevando su cuota conjunta del 17% en 2025 al entorno del 27% en 2030. La generación nuclear también está viviendo una nueva etapa de expansión, con un crecimiento medio mundial cercano al 2,8% anual hasta 2030, muy por encima del registrado entre 2021 y 2025.

Si se combinan ambas fuentes, la AIE calcula que renovables y nuclear llegarán a generar aproximadamente la mitad de la electricidad mundial en 2030, frente a algo más del 40% en la actualidad. No obstante, el carbón seguirá jugando un papel relevante: su producción se estanca en volumen y pierde peso relativo, pasando de un tercio de la generación en 2025 a algo más de una cuarta parte en 2030, pero continuará siendo la principal fuente individual de electricidad a escala global.

Como complemento, la generación con gas natural acelerará hasta una tasa media de crecimiento de en torno al 2,6% anual entre 2026 y 2030, impulsada por la mayor demanda en Estados Unidos y por la sustitución del petróleo por gas en la generación eléctrica de Oriente Medio. De acuerdo con la AIE, la demanda adicional de electricidad en el periodo 2026-2030 quedará cubierta por la suma de renovables, nuclear y gas.

Redes eléctricas y flexibilidad: el gran cuello de botella

La velocidad a la que crece la demanda y el peso cada vez mayor de fuentes renovables, muy dependientes de la meteorología, ponen el foco en un eslabón crítico: las redes eléctricas. Sin una expansión rápida y bien planificada de la transmisión y la distribución, el despliegue de nueva generación y la conexión de grandes consumidores pueden quedar atascados.

El informe de la AIE calcula que, en todo el mundo, hay más de 2.500 gigavatios de proyectos —incluyendo parques renovables, instalaciones de almacenamiento y grandes cargas como centros de datos— esperando conexión a la red. Buena parte de esos proyectos no avanzan precisamente por falta de capacidad o por trámites largos y complejos en las infraestructuras eléctricas.

La agencia sostiene que, si se despliegan con rapidez tecnologías de refuerzo de red, se modernizan las interconexiones y se introducen reformas regulatorias que permitan una gestión más flexible de las conexiones, podrían integrarse hasta unos 1.600 GW de esos proyectos a corto plazo. Esto aliviaría los cuellos de botella y mejoraría el aprovechamiento de la generación limpia ya planificada. Además, herramientas como el control de tensión eléctrica y otras normas técnicas resultan clave para mejorar la integración.

En este contexto, Sadamori advierte de que será necesario aumentar en torno a un 50% la inversión anual en redes eléctricas antes de 2030 para garantizar que el sistema pueda responder a la nueva ola de demanda eléctrica. Además de potenciar torres y cables, la AIE subraya la importancia de reforzar la seguridad y resiliencia frente al envejecimiento de las infraestructuras, los fenómenos meteorológicos extremos y las crecientes ciberamenazas.

El desarrollo del almacenamiento en baterías a gran escala se suma como pieza clave para ofrecer flexibilidad a corto plazo. Mercados como California, Texas, Alemania, el Reino Unido o Australia Meridional ya están integrando sistemas de almacenamiento que permiten absorber excedentes renovables y devolver energía a la red en los momentos de mayor demanda. Ejemplos de impulso industrial en este sentido son iniciativas como la gigafactoría de baterías de Zaragoza.

Lecciones para España y Europa tras los apagones y las tensiones de precios

La experiencia reciente en Europa, y en particular en España, muestra hasta qué punto la robustez de la red y la coordinación del sistema son esenciales en un entorno con más renovables y más consumo. El apagón del 28 de abril de 2025 en España puso sobre la mesa los desafíos ligados a la integración de grandes volúmenes de generación variable y a la necesidad de contar con suficiente respaldo y capacidad de evacuación.

Tras ese incidente, la AIE destaca que España ha reforzado su marco para el almacenamiento y la flexibilidad del sistema, con un impulso político notable a nuevas instalaciones y servicios de ajuste. Además, el Gobierno ha lanzado la consulta pública de su plan de desarrollo de la red de transporte a 2030, que prevé una inversión de alrededor de 13.600 millones de euros para acomodar más renovables y almacenamiento, nuevas interconexiones y la creciente demanda.

Las interconexiones eléctricas con Francia siguen considerándose una prioridad estratégica para reforzar la seguridad de suministro del sistema ibérico y facilitar el intercambio de energía con el resto de la UE. Un mayor grado de interconexión permitirá integrar más renovables, exportar excedentes cuando haya abundancia de viento y sol e importar energía en momentos de escasez.

La cuestión del coste de la energía también está muy presente. El informe de la AIE alerta de que, a escala global, la asequibilidad de la electricidad se ha convertido en una preocupación creciente desde 2019. En muchos países, las facturas de los hogares han subido más rápido que los ingresos, y las empresas industriales afrontan costes que presionan su competitividad internacional.

En este sentido, la experiencia de China resulta ilustrativa: el país ha avanzado en mecanismos de fijación de precios eléctricos basados en el mercado, tratando de mantener relativamente bajos los costes para usuarios residenciales e industriales, al tiempo que impulsa el consumo de energía verde y la electrificación de sectores intensivos en energía.

China como laboratorio de electrificación acelerada

China, además de liderar el crecimiento de la demanda global, está actuando como campo de pruebas de la electrificación a gran escala en sectores industriales y de consumo final. Según el Consejo de Electricidad de China, la tasa de electrificación del país alcanzó el 28,8% en 2024, superando ya a muchas economías desarrolladas de Europa y Norteamérica.

En los últimos años, el país ha sustituido progresivamente el uso directo de carbón y otros combustibles fósiles por electricidad en actividades como la fundición de metales, la fabricación de materiales de construcción o la petroquímica. Un ejemplo citado por las autoridades chinas es el distrito de Taigu, en la provincia de Shanxi, donde la industria del hierro maleable ha pasado de usar hornos de carbón a hornos eléctricos de inducción.

Según la compañía estatal de suministro eléctrico de Jinzhong, la introducción de soluciones personalizadas —como la optimización de la compensación de energía reactiva y la gestión de tarifas valle-punta— ha permitido a algunas empresas reducir en torno a un 6% sus costes de electricidad sin recortar producción. Esta estrategia combina electrificación, eficiencia y precios relativamente estables para impulsar la competitividad industrial.

De cara a 2030, los expertos del Consejo de Electricidad de China esperan que el consumo total de electricidad del país supere los 13 billones de kWh, con un aumento medio anual de unos 600.000 millones de kWh durante el XV Plan Quinquenal (2026-2030). La participación de la electricidad en el consumo final de energía seguiría aumentando en torno a un punto porcentual al año, hasta alcanzar aproximadamente el 35%.

Para sostener este proceso, China ha desplegado el mayor sistema de energías renovables del mundo, con las fuentes no fósiles representando cerca del 60% de la capacidad de generación instalada. Además, está desarrollando mercados específicos para la energía verde y mecanismos de control tanto de las emisiones totales de carbono como de su intensidad, con obligaciones claras para sectores como la energía, el acero, el cemento o la química.

Todo este contexto global confirma que la demanda mundial de electricidad se acelerará con fuerza hasta 2030, empujada por la electrificación, la digitalización y la transición energética. Al mismo tiempo, pone deberes sobre la mesa: invertir más y mejor en redes, almacenamiento y generación limpia, garantizar precios asumibles para hogares e industrias y reforzar la seguridad y la resiliencia de unos sistemas eléctricos que, salvo sorpresa, seguirán ganando protagonismo año tras año.

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