La demanda de electricidad en España está entrando en una nueva fase de crecimiento tras una década prácticamente estancada. Según las últimas previsiones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el consumo eléctrico del país aumentará de media algo por debajo del 2% anual hasta 2030, un ritmo claramente superior al registrado en los últimos diez años.
Este cambio de tendencia se apoya en la electrificación de la economía y el tirón de la actividad industrial, el transporte y el turismo. Al mismo tiempo, el sistema eléctrico español afronta el reto de integrar grandes volúmenes de energías renovables, reforzar las redes y ampliar la capacidad de almacenamiento para responder a una demanda que crecerá con más fuerza que en el pasado reciente.
Un punto de inflexión: de una década casi plana a un crecimiento cercano al 2% anual

En 2025, la demanda eléctrica española avanzó ligeramente por encima del 3%, después de crecer un 2,3% en 2024. Para la AIE, estos datos confirman que el país ha dejado atrás el patrón de crecimiento anémico de la última década, cuando el consumo apenas subía un 0,4% de media anual.
A partir de 2026 y hasta 2030, el organismo internacional calcula que la demanda de electricidad en España aumentará en torno a un 2% al año, o «algo menos» de ese nivel, es decir, más de cuatro veces el ritmo medio observado en los diez años previos. Ese incremento sitúa a España en la franja alta entre las economías avanzadas, en línea con las previsiones para el conjunto de la Unión Europea, donde también se proyecta un crecimiento cercano al 2% anual.
El repunte español se enmarca en un contexto global de mayor uso de la electricidad. A escala mundial, la AIE espera que el consumo eléctrico crezca de media un 3,6% anual entre 2026 y 2030, de manera que la electricidad aumentará al menos 2,5 veces más deprisa que la demanda de energía total. Aunque la mayor parte de ese avance procede de economías emergentes como China, India o el Sudeste Asiático, las economías avanzadas —entre ellas España— también vuelven a ganar protagonismo tras más de 15 años de estancamiento.
Dentro de este grupo de países desarrollados, la AIE calcula que las economías avanzadas aportaron cerca del 20% del crecimiento mundial de la demanda en 2025, porcentaje que se mantendrá alrededor de ese nivel en los próximos años. En España, el aumento del consumo eléctrico se está consolidando como un rasgo estructural, vinculado a cambios profundos en el tejido productivo y en los usos finales de la energía.
Industria, calefacción, transporte y turismo, motores del aumento del consumo
El informe de la AIE sobre el sistema eléctrico español atribuye el fuerte avance de la demanda en 2025 a la reactivación industrial y a la electrificación de varios sectores clave. La nueva actividad fabril, más intensiva en electricidad, ha sido uno de los elementos que más han tirado del consumo durante el último año.
También gana peso la electrificación de la calefacción, tanto en edificios residenciales como en instalaciones industriales. El despliegue de bombas de calor y otros sistemas eléctricos de climatización sustituye progresivamente calderas de gasóleo o gas, lo que aumenta la demanda de electricidad durante los meses fríos pero reduce la dependencia de combustibles fósiles.
Otro vector relevante es el transporte eléctrico. El aumento del parque de vehículos eléctricos y de híbridos enchufables, junto con la expansión de la red de recarga, está empezando a reflejarse en el consumo nacional. Aunque su peso todavía es relativamente moderado si se compara con el total de la demanda, la AIE considera que será un factor cada vez más determinante de aquí a 2030.
A estos elementos se añade el dinamismo del turismo, que impulsa la actividad en los sectores servicios, hostelería y comercio, todos ellos con un notable componente de consumo eléctrico. La combinación de más visitantes, mayor uso de climatización y digitalización creciente de los servicios está elevando la factura eléctrica de estas actividades.
A medio plazo, la AIE subraya que la producción de hidrógeno verde y otras tecnologías emergentes también sumará consumo adicional. El desarrollo de electrolizadores para hidrógeno renovable, centros de datos y nuevas aplicaciones industriales asociadas a la transición energética generará un incremento extra de la demanda que se irá materializando progresivamente hacia 2030.
Renovables al alza y gas en expansión: un mix en plena transformación
El aumento del consumo eléctrico se acompaña de una profunda reconfiguración del mix de generación en España. Durante 2025, la producción de electricidad a partir de gas natural creció alrededor de un 20%, mientras que el conjunto de renovables avanzó en torno a un 1%.
En el interior del bloque renovable destaca el comportamiento de la energía solar fotovoltaica, cuya producción se incrementó un 12% en solo un año. Por el contrario, la generación eólica e hidroeléctrica registró una caída superior al 5%, en parte por condiciones meteorológicas menos favorables. Aun así, el peso conjunto de estas tecnologías sigue siendo muy relevante en el sistema español.
La AIE prevé que, en el horizonte 2026-2030, las energías renovables mantendrán un crecimiento anual notable, superior al 8,5%. En ese periodo, la producción solar fotovoltaica y la eólica serían las protagonistas, con tasas de crecimiento cercanas al 13,5% y al 8,5% anual, respectivamente. Ese avance implica que la generación renovable aumentará de forma mucho más rápida que la propia demanda eléctrica.
En paralelo, el carbón ha quedado prácticamente arrinconado del sistema. Según la agencia, esta tecnología apenas representó alrededor del 1% de la generación eléctrica en 2025, confirmando su casi total desaparición del mix nacional. La combinación de renovables en expansión, algo más de gas y una nuclear en retirada progresiva configura un sistema en plena transición hacia una electricidad cada vez más descarbonizada, pero también más dependiente de la gestión de fuentes variables como el viento y el sol.
Esta situación encaja con la tendencia mundial descrita por la AIE, que anticipa que las renovables y la energía nuclear llegarán a cubrir cerca de la mitad de la producción eléctrica global para 2030, frente a algo más del 40% actual. Aunque el foco del informe español está puesto en el caso nacional, las proyecciones para España se mueven en la misma dirección que el conjunto de los países avanzados, con una rápida sustitución del carbón y un uso creciente de gas como respaldo.
Ritmo récord de instalación renovable y boom del autoconsumo
La expansión renovable en España no solo se aprecia en la generación, sino también en la potencia instalada. En 2025, la capacidad solar fotovoltaica añadió 6,9 GW adicionales, hasta situarse en 39,4 GW, sin incluir las instalaciones de autoconsumo. Esta cifra confirma el papel de España como uno de los mercados más dinámicos para la solar en Europa.
La energía eólica también siguió creciendo, aunque a un ritmo más moderado, con 1 GW adicional en 2025 que elevó la potencia instalada hasta los 33,2 GW. En conjunto, ambas tecnologías han consolidado un parque renovable capaz de cubrir buena parte de la demanda en momentos de alta producción, lo que, a su vez, incrementa la necesidad de flexibilidad y almacenamiento para gestionar los picos y los valles de generación.
La AIE subraya además la aceleración del autoconsumo fotovoltaico distribuido. A finales de 2025, la capacidad total de estas instalaciones se situaba en torno a 8,7 GW, reflejando el fuerte interés de hogares, empresas y administraciones por generar parte de su propia energía. Este fenómeno no solo reduce la factura eléctrica de los consumidores, sino que también introduce nuevos desafíos para la planificación y operación de las redes.
Desde la perspectiva del organismo internacional, España mantiene una posición sólida y diversificada en renovables, respaldada por una cartera de proyectos en máximos históricos. El potencial de crecimiento adicional en solar y eólica, tanto terrestre como marina en el futuro, refuerza el papel del país como uno de los polos renovables de Europa.
Sin embargo, ese despliegue masivo obliga a adaptar la infraestructura de transporte y distribución, así como los mecanismos de mercado, para garantizar que la electricidad producida en los principales polos de generación pueda llegar a los centros de consumo en condiciones seguras y eficientes.
Calendario nuclear y retos de seguridad de suministro
En el ámbito nuclear, la AIE recuerda que España mantiene un calendario de cierre escalonado de sus centrales. Según el plan vigente, Almaraz I dejaría de operar en 2027, Almaraz II en 2028 y Cofrentes y Ascó I en 2030. De seguirse esa hoja de ruta, la potencia nuclear instalada se reduciría hasta aproximadamente 3 GW al final del periodo de previsión.
No obstante, la agencia puntualiza que aún no existe una decisión definitiva e irreversible sobre este calendario, lo que deja cierto margen de maniobra a las autoridades españolas para ajustar los plazos en función de la evolución de la demanda, la integración renovable y la seguridad de suministro.
La combinación de un consumo en ascenso, el cierre progresivo de centrales nucleares y la creciente penetración de renovables variables coloca el foco sobre la resiliencia del sistema eléctrico. En este contexto, el apagón registrado el 28 de abril de 2025 actuó como una llamada de atención: el incidente atrajo la atención internacional y puso de manifiesto vulnerabilidades que no son exclusivas de España, sino que afectan a muchos sistemas eléctricos avanzados en esta llamada «Era de la Electricidad».
Para la AIE, ese episodio refuerza la idea de que es imprescindible invertir en redes, refuerzo de interconexiones y tecnologías de flexibilidad si se quiere compatibilizar un sistema muy renovable con altos niveles de seguridad y calidad de suministro. El equilibrio entre descarbonización rápida y estabilidad operativa se convierte, así, en uno de los principales retos de política energética para los próximos años.
Redes, interconexiones y almacenamiento: claves para soportar la nueva demanda
Ante este panorama, el informe destaca que España ha empezado a reforzar su marco regulatorio y de planificación para redes y almacenamiento. Uno de los ejes es el impulso a la capacidad de almacenamiento energético, tanto con baterías como con otros sistemas, concebidos para suavizar la variabilidad de la producción renovable y acomodar los picos de demanda. En este contexto, la capacidad de almacenamiento energético y el desarrollo industrial que la acompaña resultan clave para la transición.
El Gobierno se ha marcado como meta alcanzar 22,5 GW de almacenamiento para 2030. Para acercarse a esa cifra, se han lanzado convocatorias para nuevos proyectos y se ha aprobado un Real Decreto que facilita la hibridación de instalaciones renovables con sistemas de almacenamiento y simplifica la tramitación de permisos. Al mismo tiempo, se han endurecido determinadas normas de operación del sistema con el objetivo de reforzar la seguridad y la flexibilidad.
Otro elemento central es el plan de desarrollo de la red de transporte a 2030, actualmente en consulta pública. Este documento prevé inversiones de alrededor de 13.600 millones de euros destinadas a integrar más potencia renovable y de almacenamiento, reforzar las interconexiones con otros países —en especial con Francia— y adaptar la infraestructura a la mayor demanda eléctrica prevista. Además, compañías del sector están impulsando iniciativas para reforzar las interconexiones y la operativa frente a situaciones de estrés estacional.
Las interconexiones continúan siendo una prioridad estratégica para España y para la propia Unión Europea, ya que una mayor capacidad de intercambio eléctrico con el resto del continente permite gestionar de forma más eficiente tanto los excedentes renovables como los momentos de escasez. No obstante, la AIE destaca que, en paralelo a estas conexiones transfronterizas, está cobrando cada vez más peso político el impulso a soluciones internas de almacenamiento y flexibilidad para garantizar la estabilidad del sistema.
En conjunto, estas medidas buscan articular un sistema capaz de atender una demanda de electricidad que crece alrededor de un 2% anual, con un porcentaje cada vez mayor de generación limpia y tecnologías de respaldo adaptadas a un escenario de electrificación generalizada de la economía.
A la vista de las previsiones de la AIE, España encara los próximos años con un horizonte en el que el consumo eléctrico avanzará de forma sostenida, impulsado por la industria, la calefacción, el transporte y nuevas tecnologías como el hidrógeno verde, mientras que las renovables seguirán ganando terreno y el carbón quedará definitivamente relegado. La clave estará en si el despliegue de redes, almacenamiento e interconexiones es capaz de acompañar a este salto en demanda sin dejar atrás la seguridad de suministro ni encarecer en exceso la factura eléctrica.