El eclipse total de sol del pasado 12 de agosto ha vuelto a poner el foco en la importancia de tener cielos oscuros. Pero la contaminación lumínica sigue siendo un problema que afecta a ecosistemas y a la salud humana. Sin embargo, hay buenas noticias: en Menorca, dos playas han recuperado su oscuridad natural, y en España crece el número de destinos certificados como Starlight, donde se puede disfrutar de las estrellas sin interferencias.
La lucha contra el exceso de iluminación artificial no solo es una cuestión estética. La luz artificial altera los ritmos biológicos de la fauna, como las tortugas marinas o las pardelas, y también dificulta la observación astronómica. Por eso, iniciativas como las del GOB en Baleares o la certificación Starlight de la Fundación Starlight, apoyada por la UNESCO, son cada vez más relevantes. El astroturismo se consolida como una alternativa sostenible para zonas rurales.
Menorca recupera la oscuridad en sus playas
El grupo ecologista GOB ha celebrado que este verano hayan dejado de detectarse los dos episodios de contaminación lumínica que el año pasado afectaban a las playas de Pregonda, en Es Mercadal, y Sa Mesquida, en Maó. La organización denunció entonces que unos focos de viviendas próximas iluminaban la playa de Pregonda y los islotes, mientras que en Sa Mesquida una farola en el acantilado y una parcela privada proyectaban luz sobre el arenal. Ambas zonas están protegidas y forman parte de la Reserva Starlight.
El GOB recordó que la Ley de protección del medio nocturno de Baleares prohíbe iluminar grandes extensiones de playa o costa, salvo por razones de seguridad. Además, advirtió de los efectos negativos sobre especies como las tortugas marinas y las pardelas. Las administraciones no se pusieron de acuerdo sobre quién debía actuar, pero este verano la oscuridad ha vuelto. La entidad agradece la colaboración ciudadana y confía en que la situación se mantenga.
Este caso demuestra que la recuperación de la oscuridad es posible cuando se toman medidas. Y no es un hecho aislado: cada vez más municipios y espacios naturales apuestan por reducir la iluminación artificial para proteger el cielo y la biodiversidad.

El auge del astroturismo y los certificados Starlight

La Fundación Starlight, creada por el Instituto de Astrofísica de Canarias y con el apoyo de la UNESCO, certifica lugares con baja contaminación lumínica. Entre ellos, Sierra Morena destaca como la reserva Starlight más grande del mundo, con 400 kilómetros a lo largo de cuatro provincias andaluzas: Jaén, Córdoba, Sevilla y Huelva. Esta certificación garantiza que más del 60% de sus noches son despejadas y que su oscuridad se equipara a la de observatorios profesionales.
Andalucía, al ser la región europea más cercana al Ecuador, permite observar una mayor extensión del universo. Otros destinos Starlight en España incluyen la Sierra de Cádiz, el Valle del Guadiato, la Serranía de Cuenca, el Parque Natural de Izki en Euskadi, o la isla de La Palma, entre muchos otros. El astroturismo se ha convertido en un motor económico para zonas rurales, que ofrecen alojamientos, miradores y actividades de divulgación astronómica.
La lista de destinos certificados no deja de crecer. Desde Castilla-La Mancha hasta Navarra, pasando por Extremadura o las Islas Baleares, cada vez son más los territorios que apuestan por un cielo limpio. La certificación Starlight es un sello de calidad que atrae a viajeros interesados en la astronomía y en la naturaleza.

Dónde ver las Perseidas sin contaminación lumínica

Agosto es el mes de las Perseidas, también conocidas como Lágrimas de San Lorenzo. Este fenómeno, provocado por los restos del cometa Swift-Tuttle, alcanza su máximo a mediados de mes. Para disfrutarlo, es fundamental alejarse de los núcleos urbanos y buscar lugares con poca contaminación lumínica. En la provincia de Cádiz, la Sierra de Grazalema, el Parque Natural Los Alcornocales o el Aljibe son enclaves ideales. También las playas vírgenes como las de Barbate o Zahara de los Atunes ofrecen horizontes despejados.
No se necesitan telescopios ni prismáticos; lo mejor es la observación a simple vista. Se recomienda llegar con antelación para que la vista se adapte a la oscuridad y evitar mirar el móvil. Llevar una esterilla o silla reclinable ayuda a disfrutar del espectáculo. La clave está en encontrar un cielo oscuro y tener paciencia.
El eclipse de agosto fue un recordatorio de lo que perdemos con la contaminación lumínica. Pero también ha servido para impulsar el interés por el cielo. Los destinos Starlight ofrecen un pacto razonable: no veremos el cielo de la Prehistoria, pero sí un firmamento lo bastante oscuro para recuperar la costumbre de contar estrellas.
En definitiva, la contaminación lumínica es un problema que se puede revertir. Los casos de Menorca y el crecimiento de los destinos Starlight en España demuestran que la colaboración entre administraciones, ecologistas y ciudadanos da resultados. Ya sea para proteger la fauna, para observar las Perseidas o simplemente para disfrutar de una noche estrellada, merece la pena apoyar estas iniciativas. La oscuridad no es un lujo, es una necesidad.

