La CFE incrementa su generación hidroeléctrica y refuerza su apuesta por la energía limpia

  • Aumento del 24% en la generación hidroeléctrica de la CFE en el primer trimestre de 2025
  • La cuota de energía limpia en el sistema eléctrico nacional sube del 23,4% al 28,6%
  • Más de 1.553 millones de dólares invertidos desde 2021 para modernizar 60 centrales hidroeléctricas
  • Mayor reserva hidráulica en 25 años y obras de mejora programadas hasta 2028

Central hidroeléctrica y energía limpia

La Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha dado un salto notable en su producción de energía hidroeléctrica durante los primeros meses de 2025, consolidando su papel como uno de los grandes actores públicos en generación renovable en Latinoamérica. Este movimiento encaja de lleno con las estrategias globales, también presentes en España y el resto de Europa, que buscan reforzar las fuentes limpias para reducir emisiones y depender menos de los combustibles fósiles.

Este impulso a la hidroelectricidad se traduce en un aumento apreciable de la proporción de energía limpia en el sistema eléctrico mexicano, acompañado de un descenso de las emisiones y del uso de carbón. Aunque el caso se centra en México, ilustra un camino similar al que siguen muchos operadores europeos: modernizar infraestructuras existentes para exprimir mejor los recursos renovables sin necesidad de levantar tantas nuevas centrales.

Un 24% más de generación hidroeléctrica en el arranque de 2025

Aumento de generación hidroeléctrica

Durante el primer trimestre de 2025, la CFE registró un incremento del 24% en su producción hidroeléctrica frente al mismo periodo del año anterior. Este repunte responde tanto a unas condiciones hidrológicas favorables como a una operación más eficiente de sus instalaciones.

En total, la empresa pública gestiona 60 centrales hidroeléctricas en funcionamiento, que han sido clave para aprovechar mejor la disponibilidad de agua en embalses y cuencas. Este número de instalaciones sitúa a la CFE como uno de los grandes operadores hidroeléctricos de la región y refuerza la idea de que el aprovechamiento inteligente de la red existente es tan importante como la construcción de nuevos proyectos.

Gracias a este mayor rendimiento, la participación de la hidroelectricidad y otras fuentes renovables ha hecho que la energía limpia pase de representar el 23,4% al 28,6% del suministro eléctrico en el sistema nacional. Se trata de un salto considerable en muy poco tiempo, algo que en Europa se persigue con objetivos similares dentro de los planes de descarbonización y del Pacto Verde.

Este tipo de avances tiene una lectura directa en la planificación energética: una generación hidroeléctrica más alta reduce la presión sobre las centrales de combustibles fósiles, algo que también están buscando los operadores europeos para contener costes, mejorar la seguridad de suministro y recortar emisiones.

Impacto ambiental: menos dióxido de carbono y menos carbón

Reducción de emisiones gracias a la hidroelectricidad

El refuerzo de la generación con agua embalsada ha permitido que la CFE logre una reducción aproximada del 7% en las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) en el periodo analizado. Este descenso está directamente vinculado a la sustitución de electricidad producida con combustibles fósiles por energía hidroeléctrica.

Al mismo tiempo, el sistema eléctrico mexicano ha podido registrar un 5% menos de producción a partir de centrales de carbón, una de las tecnologías más contaminantes y con mayor huella de carbono por kilovatio hora generado. Este desplazamiento del carbón por fuentes renovables es una tendencia que también se persigue activamente en la Unión Europea, donde se están cerrando centrales térmicas o reconvirtiéndolas para usar combustibles con menor impacto climático.

En este contexto, la experiencia de la CFE demuestra que incrementar el peso de la hidroelectricidad es una vía eficaz para recortar emisiones de forma rápida cuando ya existe una base de embalses y centrales en operación. Países europeos con alta presencia de hidráulica, como España, Francia, Italia o los nórdicos, exploran estrategias similares para modular su producción en función de la disponibilidad de agua y complementar otras renovables como la eólica o la fotovoltaica.

Más allá de los datos puntuales, la reducción del uso del carbón envía una señal clara hacia los mercados y los reguladores: la modernización de las infraestructuras hidráulicas puede jugar un papel central en la transición energética, incluso antes de que entren en funcionamiento nuevas plantas renovables de gran tamaño.

Capacidad instalada y funciones clave de las 60 centrales hidroeléctricas

Infraestructura hidroeléctrica y embalses

Las centrales hidroeléctricas de la CFE suman una capacidad instalada de 12.143 megavatios (MW), una potencia que permite atender una parte relevante de la demanda eléctrica del país. Esta cifra sitúa a la hidroelectricidad como uno de los pilares del mix de generación de la empresa pública.

Sin embargo, estas instalaciones no se limitan a producir electricidad. Los embalses asociados cumplen funciones adicionales de regulación hídrica, riego agrícola y abastecimiento de agua potable. Es decir, ayudan a laminar crecidas, asegurar el suministro de agua a zonas de regadío y mantener reservas para consumo humano en periodos de sequía.

Este carácter multifuncional recuerda al papel que desempeñan muchos embalses en España y en varios países europeos, donde la gestión integrada del agua y la energía se ha vuelto esencial ante escenarios de cambio climático más extremo, con episodios de sequía prolongada o lluvias intensas concentradas en poco tiempo.

En la práctica, contar con una red de presas y centrales hidroeléctricas permite no solo generar electricidad de manera flexible, sino también optimizar el uso de los recursos hídricos disponibles. Para la planificación energética, esta capacidad de respuesta rápida es especialmente valiosa en sistemas con alta entrada de renovables variables, como la eólica marina o la solar fotovoltaica, que dependen de las condiciones meteorológicas.

La experiencia de la CFE, apoyándose en sus 60 centrales para cubrir distintos servicios, encaja con la tendencia internacional que busca aprovechar al máximo las infraestructuras ya construidas, tanto desde el punto de vista energético como hídrico, antes de embarcarse en grandes obras nuevas.

Modernización, inversión y aumento de potencia hasta 2028

Desde 2021, la CFE ha puesto en marcha un amplio programa de modernización y rehabilitación de sus instalaciones hidroeléctricas

Gracias a estas actuaciones, la empresa ha conseguido añadir más de 535 MW de potencia a su capacidad instalada, sin necesidad de construir nuevas presas desde cero. Se trata de un enfoque muy alineado con lo que plantean numerosos operadores europeos: actualizar turbinas, mejorar la eficiencia de los generadores y optimizar el manejo del agua para sacar más energía de los mismos caudales.

Entre las instalaciones que forman parte de este plan destacan varias centrales emblemáticas del sistema hidroeléctrico mexicano, como Infiernillo, Zimapán, La Villita, Angostura y Malpaso. Todas ellas concentran una parte relevante de la potencia hidráulica nacional y son clave para la estabilidad de la red eléctrica.

Las obras de modernización no se limitan a intervenciones puntuales, sino que se extenderán de forma progresiva hasta 2028, con el objetivo de renovar equipos envejecidos, mejorar la seguridad operativa y adaptar las centrales a un entorno eléctrico cada vez más dominado por renovables.

Este enfoque a medio plazo coincide con la estrategia que se observa en el mercado europeo, donde la vida útil de muchas centrales hidroeléctricas se está alargando mediante repotenciaciones, mejoras tecnológicas y sistemas de control más avanzados. Así se consigue una mayor producción renovable sin nuevos impactos ambientales significativos.

Gestión de embalses y seguridad del sistema eléctrico

Un elemento clave del reciente aumento en la generación hidroeléctrica de la CFE ha sido la gestión estratégica de los embalses. La empresa ha logrado configurar una de las reservas de energía hidráulica más elevadas de los últimos 25 años, una circunstancia que ofrece un colchón importante para cubrir los picos de demanda previstos para el próximo verano.

Disponer de mayores reservas en los embalses se traduce en más margen de maniobra para ajustar la producción a las necesidades del sistema, reduciendo la dependencia de tecnologías más caras o contaminantes en momentos críticos. En Europa, una gestión similar del agua embalsada se considera fundamental para respaldar la integración masiva de renovables no gestionables.

La CFE subraya que este nivel de reservas contribuye a garantizar la fiabilidad del Sistema Eléctrico Nacional, al poder activar la generación hidroeléctrica de forma rápida cuando sea necesario. Esta capacidad de respuesta inmediata se ha convertido en una pieza esencial de los sistemas eléctricos modernos, muy expuestos a variaciones repentinas en la producción eólica o solar.

Además, la planificación de la operación de las presas requiere coordinar la seguridad energética con la seguridad hídrica, algo que también preocupa a los operadores y autoridades europeas. Se trata de encontrar un equilibrio entre mantener reservas suficientes para el abastecimiento de agua y, a la vez, disponer de recursos para generar electricidad cuando la red lo necesita.

La combinación de mayor generación hidroeléctrica, inversiones continuadas en modernización y mejor manejo de los embalses coloca a la CFE en una posición más sólida para afrontar los próximos años, con un papel reforzado de la energía limpia dentro de su mezcla de producción. La experiencia mexicana ofrece pistas útiles para España y otros países europeos que buscan exprimir al máximo su parque hidroeléctrico en un contexto de transición energética acelerada.

acuerdo de energía hidroeléctrica
Artículo relacionado:
Google y Brookfield sellan el mayor acuerdo hidroeléctrico corporativo para energía limpia