La central nuclear de Lemoiz se transforma en gran piscifactoría de lenguado

  • La antigua central nuclear de Lemoiz se reconvertirá en una gran planta acuícola para la cría de lenguado.
  • El proyecto Aquacría Basordas prevé 170 millones de inversión y unos 200 empleos directos.
  • Se estima una producción anual de 3.000 toneladas de lenguado a partir de 2030.
  • La iniciativa se enmarca en la economía azul y busca ser un referente internacional sostenible.

central nuclear de lemoiz sera una piscifactoria

La antigua central nuclear de Lemoiz, en la costa de Bizkaia, está a punto de dejar atrás décadas de abandono y polémica para iniciar una nueva etapa ligada al mar y a la alimentación. Las enormes estructuras de hormigón que nunca llegaron a albergar producción eléctrica nuclear se reconvertirán en una gran piscifactoría de lenguado, un cambio de uso que pretende pasar de símbolo de conflicto a emblema de transformación económica y ambiental.

Este nuevo proyecto acuícola, bautizado como Aquacría Basordas, aspira a posicionarse como un referente internacional en la cría de lenguado en tierra firme. Impulsado mediante una fórmula de colaboración público-privada, prevé una inversión superior a 170 millones de euros en la próxima década, la creación de alrededor de 200 empleos directos y una producción estimada de 3.000 toneladas anuales de pescado, con clara vocación exportadora.

De central nuclear fallida a polo acuícola de referencia

La central de Lemoiz, levantada en la cala de Basordas, es uno de los símbolos más visibles de la herencia industrial y política del franquismo en Euskadi. Proyectada en 1972 y paralizada definitivamente en 1984, nunca llegó a entrar en funcionamiento, pero dejó tras de sí una mastodóntica infraestructura: unos 55.000 metros cuadrados edificados, cerca de ocho millones de metros cúbicos de cemento y alrededor de mil toneladas de hierro que, por su complejidad y coste, no se pueden desmantelar ni mover con facilidad.

Durante décadas, el complejo permaneció como un enorme esqueleto de hormigón frente al Cantábrico, asociado a un pasado de dictadura, terrorismo y fuerte contestación social. El lehendakari Imanol Pradales ha descrito este legado como “una herencia incómoda y muy compleja”, que requería una gestión diferente a la mera conservación pasiva de unas instalaciones sin uso productivo.

Tras un largo periplo administrativo y político, el Gobierno Vasco pasó a ser propietario de los terrenos en 2019, después de que el PNV pactara con el Ejecutivo de Mariano Rajoy la cesión del espacio y de que el Ejecutivo de Pedro Sánchez ejecutara ese acuerdo. Desde entonces se han barajado múltiples ideas para el lugar, pero la opción de reconvertir la central en piscifactoría ha sido la que finalmente ha cristalizado en un proyecto concreto con calendario, inversión y socios definidos.

En la presentación oficial del plan, Pradales subrayó que se pretende abrir “un nuevo ciclo” para Lemoiz, de modo que pase de ser “la cicatriz de tiempos oscuros” a un símbolo de transformación colectiva. Según el lehendakari, el objetivo es que el enclave genere riqueza, proyección internacional y nuevas oportunidades, al tiempo que se mantienen abiertos otros posibles usos ligados a la memoria, la cultura o el ocio.

Aquacría Basordas: inversión, empleo y capacidad productiva

El proyecto que dará una segunda vida al complejo nuclear lleva el nombre de Aquacría Basordas y está promovido por la compañía acuícola Sea Eight, en alianza con el grupo inversor Atitlan. La iniciativa se inscribe plenamente en la llamada economía azul, que apuesta por aprovechar los recursos marinos y costeros de forma sostenible, y se plantea como una planta acuícola integrada centrada en el lenguado.

La intervención contempla una inversión público-privada superior a los 170 millones de euros en un horizonte de diez años, repartida en varias fases. Aunque no se ha detallado de forma exhaustiva la aportación exacta de cada parte, el Ejecutivo vasco ha dejado claro que se tratará de un modelo de colaboración en el que el sector público impulse y acondicione las infraestructuras mientras la empresa opera la actividad productiva.

En términos laborales, se prevé la creación de unos 200 puestos de trabajo directos altamente cualificados y hasta 350 empleos indirectos, vinculados a servicios auxiliares, logística, transformación y otras actividades relacionadas. Los perfiles profesionales abarcarán áreas de I+D, ingeniería, operación técnica de sistemas acuícolas, gestión y mantenimiento, entre otros.

La planta tendrá una capacidad para producir alrededor de 3.000 toneladas anuales de lenguado una vez esté a pleno rendimiento, con un enfoque orientado tanto al mercado interno como a la exportación. El modelo productivo se articula en un sistema integral que abarca desde el desarrollo genético y la cría inicial hasta el engorde, la preparación y la transformación del producto para su comercialización.

Las instalaciones destinadas específicamente a la acuicultura ocuparán en torno a 46.000 metros cuadrados dentro del complejo, aprovechando la estructura existente de la antigua central. El diseño contempla un conjunto de módulos para maternidad o “nursery”, donde se alojarán los primeros estadios de los peces, y áreas separadas para las fases de engorde hasta alcanzar el tamaño comercial, un proceso que puede alargarse unos veinte meses por ciclo.

Calendario: de las obras de adaptación a los primeros lenguados en el mercado

Aunque la piscifactoría ya está definida sobre el papel, la reconversión de la central de Lemoiz no es sencilla y se llevará a cabo por etapas. El estado de abandono de las instalaciones hace necesario un importante trabajo previo de adecuación estructural, refuerzo de elementos y acondicionamiento de espacios para usos alimentarios y tecnológicos.

Las principales obras de transformación del complejo se prevé que arranquen de forma efectiva a partir del próximo año. En paralelo, ya han comenzado los trabajos para reforzar el dique y proteger el entorno costero de la cala de Basordas. El Gobierno Vasco, que desde 2025 asumió la competencia de gestión del litoral, ha detallado que se están colocando 415 bloques de hormigón de alta densidad, de unas 45 toneladas cada uno, a lo largo de unos 200 metros del dique dañado, mientras que otros 100 metros mantienen la estructura original de bloques de piedra caliza.

El cronograma planteado por los promotores sitúa el inicio formal del proyecto acuícola en torno a 2027. A partir de ahí, está previsto que en 2029 comiencen las primeras fases de cría de los peces en las nuevas instalaciones ya adaptadas, con sistemas de recirculación de agua y equipamiento específico para la especie.

Si se cumplen los plazos marcados, los primeros lenguados procedentes de Basordas podrían estar en el mercado hacia 2030, respetando los ciclos biológicos del animal y los tiempos necesarios de crecimiento. En otros documentos y presentaciones también se ha barajado 2031 como fecha aproximada para que la comercialización se haga a escala significativa, una variación que responde a los diferentes escenarios de puesta a punto y rampas de producción contempladas.

La iniciativa se suma a otros desarrollos acuícolas que Sea Eight promueve en la península, en lugares como Asturias, Galicia o Portugal. De hecho, en Gijón se presentó hace un año un proyecto de gran piscifactoría de lenguado con cifras más modestas —unos 55 millones de inversión y cerca de un centenar de empleos—, lo que muestra la apuesta de la compañía por consolidar una red de centros especializados en el cultivo de esta especie en Europa.

I+D, economía azul y sostenibilidad ambiental

Uno de los pilares del proyecto de Lemoiz es su vocación de centro de innovación en acuicultura, más allá de la mera producción de pescado. El lehendakari ha insistido en que se trata de “mucho más que una piscifactoría”, al integrar investigación, desarrollo tecnológico y talento especializado, con la intención de convertirse en un nodo de referencia internacional en la economía azul.

En esta línea, el centro tecnológico Azti, especializado en alimentación y medio marino, desempeñará un papel clave como referencia científica. Su participación permitirá reforzar capacidades en ámbitos como la cría de lenguado, los sistemas de recirculación de agua (RAS), la nutrición y el bienestar animal, así como la trazabilidad y calidad del producto final. La idea es que Lemoiz funcione también como laboratorio de soluciones avanzadas en acuicultura terrestre.

La acuicultura se plantea aquí como una herramienta para aumentar la producción de pescado sin aumentar la presión sobre los ecosistemas marinos. Según los impulsores, el sistema productivo se diseñará de manera que no genere impacto relevante en el entorno costero, evitando vertidos al mar y controlando emisiones y consumos de energía, en línea con las directrices europeas del Pacto por el Océano.

Desde el Departamento de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca del Gobierno Vasco se subraya que este nuevo polo acuícola contribuirá a fortalecer la cadena de valor del sector alimentario vasco, ampliando sus capacidades productivas y favoreciendo la incorporación de tecnologías avanzadas. El proyecto se enmarca en la estrategia de diversificación y modernización del sector, que busca modelos de producción más sostenibles y estables frente al aumento de la demanda de proteínas de origen animal.

Además, la iniciativa pretende generar sinergias con otros ámbitos como la transformación alimentaria, la logística o la comercialización, impulsando un modelo más integrado y orientado al mercado. La vocación exportadora es clara, en un contexto en el que la acuicultura europea compite con grandes productores internacionales y necesita diferenciarse por calidad, seguridad alimentaria y menor huella ambiental.

Reutilización de grandes infraestructuras y papel de las instituciones

La reconversión de Lemoiz se inscribe en una tendencia cada vez más visible en Europa: la reutilización de grandes infraestructuras industriales o energéticas en desuso para nuevos fines productivos vinculados a la economía azul y la transición ecológica. El propio lehendakari ha citado ejemplos como la transformación de plataformas petrolíferas, cuyo acceso directo al mar las hace adecuadas para proyectos acuícolas o de investigación marina.

En el caso vasco, el Gobierno ha decidido que sea la sociedad pública Azpilur, encargada de gestionar infraestructuras industriales de titularidad autonómica, quien asuma la tarea de adecuar los espacios de la antigua central. Esto incluye tanto la rehabilitación de edificios como la adaptación a normativas actuales en materia de seguridad, higiene alimentaria y eficiencia energética.

La operación se apoya en la colaboración público-privada como fórmula para movilizar recursos y repartir riesgos. La inversión pública se centrará principalmente en la recuperación del espacio, la mejora de accesos y la dotación de servicios básicos, mientras que Sea Eight y sus socios asumirán el desarrollo de la planta productiva y su explotación comercial.

Las instituciones defienden que la intervención situará a Euskadi junto a los países europeos más avanzados que ya están aprovechando enclaves costeros infrautilizados para usos acuícolas, reforzando la soberanía alimentaria y la descarbonización. Al mismo tiempo, se considera una oportunidad para fortalecer la posición de la comunidad en las políticas comunitarias ligadas al mar y a la biodiversidad.

Esta apuesta por la economía azul en Basordas también se vincula a otros retos territoriales, como la negociación con la Administración de Costas para resolver cuestiones asociadas a la concesión del dique y sus costes. Euskadi ha planteado aliviar la carga económica derivada del mantenimiento de esa infraestructura, que hasta ahora suponía pagos anuales relevantes, integrando su uso en el nuevo modelo productivo y de protección del litoral.

Memoria histórica, debate social y papel de Lemoiz en el país

La central de Lemoiz no es solo una infraestructura industrial; es también un lugar cargado de memoria. Durante la presentación del proyecto, el lehendakari recordó a los cinco trabajadores vinculados a Iberduero asesinados por ETA en el marco de la campaña contra las instalaciones nucleares: José María Ryan, Ángel Pascual, Andrés Guerra, Alberto Negro y Ángel Baños. Además, aludió a los más de trescientos atentados y sabotajes perpetrados contra el complejo.

También se evocó la figura de Gladys del Estal, activista venezolana que murió por un disparo de la Guardia Civil durante una protesta antinuclear en Tudela (Navarra). Estos episodios ilustran hasta qué punto Lemoiz quedó asociada a un periodo marcado por la violencia política y la movilización social frente a la energía nuclear, lo que añade una dimensión sensible a cualquier intervención futura sobre el lugar.

Desde EH Bildu, fuerza que gobierna el Ayuntamiento de Lemoiz, no se rechaza de entrada la piscifactoría y se reconoce que el proyecto tiene un potencial interesante. Sin embargo, su portavoz en Bizkaia, Iker Casanova, y el alcalde, Jesus Mari Arizmendi, han expresado dudas sobre el alcance real de la iniciativa y el detalle de la inversión pública implicada, que sitúan en al menos 60 millones de euros.

La coalición soberanista reclama que la actuación sea realmente integral y no se limite a las aproximadamente 40 hectáreas de zona industrial. Su propuesta pasa por considerar el conjunto de unas 140 hectáreas, incluyendo línea de costa, laderas, perímetro de seguridad y embalse, de forma que todo el entorno forme parte de una transformación de mayor calado que combine usos productivos, de ocio y de memoria.

EH Bildu insiste además en la necesidad de que haya mecanismos de participación ciudadana y que se escuche a las administraciones más cercanas, empezando por el propio Ayuntamiento, que está en pleno proceso de elaboración de su Plan General de Ordenación Urbana y debe decidir qué papel tendrá la central en el futuro del municipio. En los últimos tiempos, señalan, se aprecia un cambio de actitud por parte del Gobierno Vasco, con mayor disposición a compartir información y a abrir espacios de diálogo.

La idea de reservar una parte de las instalaciones para el “recuerdo” y la “memoria reparadora” ha sido defendida tanto por el lehendakari como por representantes de EH Bildu, lo que apunta a una posible convergencia en torno a la necesidad de reconocer el pasado mientras se impulsa la nueva etapa económica. Lemoiz podría convertirse así en un lugar donde convivan actividad productiva, reflexión histórica y espacios abiertos a la ciudadanía.

La reconversión de la central nuclear de Lemoiz en una gran piscifactoría de lenguado condensa muchos de los debates actuales sobre transición energética, memoria, desarrollo territorial y soberanía alimentaria en Europa. Con una inversión de 170 millones de euros, cientos de empleos previstos y una producción anual de miles de toneladas de pescado, el proyecto Aquacría Basordas aspira a transformar un símbolo de conflicto en un polo de economía azul, innovación y tejido productivo, siempre que el proceso de adaptación, la participación social y la gestión ambiental acompañen el ambicioso cambio de rumbo planteado para la cala de Basordas.

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