La central hidroeléctrica de bombeo más alta del mundo

  • China construye en la meseta tibetana la central hidroelĂ©ctrica de bombeo a mayor altitud del mundo, con 2.100 MW de potencia.
  • El proyecto Daofu funciona como una "baterĂ­a de agua" gigante que almacena excedentes de energĂ­a solar y eĂłlica.
  • La planta contará con seis turbinas reversibles, 12,6 GWh de capacidad diaria de almacenamiento y un desnivel de más de 760 metros.
  • Esta megacentral es clave en la estrategia china para estabilizar la red y liderar el almacenamiento renovable a escala global.

central hidroelectrica de bombeo mas alta del mundo

En plena meseta tibetana, a más de cuatro mil metros de altura, China está levantando la central hidroeléctrica de bombeo más alta del planeta, una infraestructura descomunal pensada para resolver uno de los grandes quebraderos de cabeza de las renovables: cómo guardar la electricidad cuando se produce en exceso y usarla más tarde, cuando realmente hace falta.

Este proyecto, conocido como Daofu y desarrollado por la compañía estatal Yalong River Hydropower, no es solo una obra récord desde el punto de vista técnico. Se ha concebido como una “batería de agua” gigantesca que se integra en un sistema ya muy potente de energía limpia en la región, y que aspira a marcar el camino de cómo se puede escalar el almacenamiento renovable en todo el mundo.

El problema que esta megacentral viene a resolver: el talĂłn de Aquiles de las renovables

Cualquiera que se haya sumergido mínimamente en el mundo de la energía solar o eólica sabe que hay un obstáculo de fondo que frena su despliegue total: la intermitencia. El sol no brilla las 24 horas y el viento tampoco sopla siempre; cuando hay picos de producción, si la red no puede absorberlo y no existe una forma eficiente de almacenarlo, una parte importante de esa electricidad se pierde o se ve obligada a desconectarse.

Este cuello de botella es hoy uno de los grandes retos de la transición energética. La tecnología de almacenamiento por bombeo hidráulico aparece aquí como una solución robusta: cuando hay excedentes de energía (por ejemplo, a mediodía en días muy soleados), se usa esa electricidad sobrante para bombear agua desde un embalse inferior a otro superior. Más tarde, cuando la demanda crece o la producción fotovoltaica y eólica cae, el agua se deja caer de nuevo y mueve turbinas generadoras, devolviendo a la red esa energía en forma de electricidad firme y controlable.

Un proyecto récord: la central de bombeo más alta del mundo

central hidroelectrica de bombeo en tibet

El complejo de Daofu, ubicado en la prefectura autónoma tibetana de Garze, en la provincia de Sichuan, está llamado a convertirse en la central hidroeléctrica de bombeo situada a mayor altitud del mundo. Operar una infraestructura de este tamaño en la meseta tibetana implica trabajar con aire enrarecido, temperaturas extremas y un terreno sísmicamente activo, condiciones que obligan a forzar los límites de la ingeniería civil y eléctrica.

La planta alcanzará una potencia instalada de 2.100 MW, repartida en seis grupos turbina-generador reversibles de 350 MW cada uno, capaces de funcionar tanto en modo de bombeo como de generación. El conjunto se apoya en dos embalses conectados por túneles y conductos de alta presión, una central subterránea excavada en la roca y una subestación en superficie para volcar la energía a la red.

En términos económicos, la inversión prevista ronda los 15.100 millones de yuanes (en el entorno de los 1.840 millones de euros), una cifra que refleja la apuesta del país por este tipo de infraestructura. El proyecto se integra en un sistema de energía limpia del río Yalong que ya opera con unos 21.000 MW de capacidad renovable y que aspira a crecer todavía más en la próxima década.

Cómo funciona esta “batería de agua” a escala gigante

La idea detrás del bombeo hidroeléctrico es sencilla, pero llevarla a una escala de gigavatios la convierte en una auténtica proeza. En Daofu, cuando la red dispone de excedentes de generación solar o eólica, las turbinas trabajan al revés: funcionan como bombas y elevan el agua al embalse superior, almacenando energía en forma de diferencia de altura.

En los momentos de mayor consumo o cuando la aportación renovable cae en picado (por ejemplo, al anochecer, cuando la demanda sube y la fotovoltaica se desploma), el proceso se invierte. El agua desciende desde el embalse superior, pasa por las mismas máquinas ahora en modo generador y devuelve a la red una potencia que puede alcanzar los 2.100 MW de forma casi inmediata, contribuyendo a estabilizar la frecuencia y el voltaje del sistema eléctrico.

La instalación tendrá capacidad para almacenar en torno a 12,6 GWh diarios, suficientes para cubrir durante horas el consumo de aproximadamente dos millones de hogares en Sichuan. El salto de agua efectivo entre los dos embalses será de unos 760 metros, lo que maximiza la energía aprovechable cada vez que el ciclo pasa de bombeo a generación.

SegĂşn las estimaciones iniciales, la central podrĂ­a alcanzar una producciĂłn anual cercana a los 3 TWh combinando los diferentes ciclos de carga y descarga, lo que supone un volumen significativo de energĂ­a firme dentro del mix renovable.

Construir a más de 4.000 metros: ingeniería en condiciones extremas

Si levantar cualquier central de bombeo ya implica un reto complejo, hacerlo en plena meseta tibetana añade una lista adicional de dificultades. El enclave se sitúa a alrededor de 4.300 metros de altitud, donde la disponibilidad de oxígeno disminuye de forma notable y las bajas temperaturas y la nieve son habituales durante buena parte del año.

Estas condiciones afectan tanto a la seguridad y salud de los trabajadores como al comportamiento de la maquinaria pesada y de los materiales de construcción. El transporte de piezas de gran tamaño, hormigón, acero y equipos eléctricos hasta una zona tan remota obliga a desplegar una logística muy específica, con carreteras y medios auxiliares adaptados al relieve y al clima.

Además, el área presenta riesgo sísmico, lo que obliga a que presas, túneles y estructuras subterráneas se diseñen con márgenes de seguridad adicionales. Todo ello convierte a Daofu en una especie de laboratorio de campo a gran escala, del que se espera obtener conocimientos técnicos exportables a otros proyectos situados en geografías complicadas, tanto en Asia como en otras regiones montañosas del mundo.

Los avances que se consigan en materiales, métodos constructivos, diseño de turbinas de alta eficiencia y operación en altura pueden terminar influyendo en cómo se plantean futuras centrales de bombeo en Europa, los Andes latinoamericanos o incluso en zonas montañosas de la península ibérica donde el relieve permita soluciones similares.

China y su apuesta total por la infraestructura de almacenamiento

El proyecto de Daofu no es una excepción aislada, sino la pieza de un puzle mucho más grande. En los últimos años, China ha disparado su capacidad eólica y solar, hasta el punto de superar ya con holgura los objetivos que se había marcado para 2030. Ese boom renovable, con centenares de gigavatios instalados en muy poco tiempo, ha hecho evidente que sin almacenamiento a gran escala la red se resiente.

Por eso, además de Daofu, el país viene construyendo otras centrales de bombeo de gran tamaño. En noviembre de 2025 se completó en el Tíbet otra instalación de 1.300 MW de potencia, que ostenta ya el título de presa de bombeo más alta del mundo en operación, con unidades de generación de 225 MW por turbina. La nueva planta de 2.100 MW está llamada a elevar todavía más ese listón.

En paralelo, el gobierno de Pekín ha dado luz verde a la que se perfila como la presa hidroeléctrica más grande del mundo, la Central Hidroeléctrica de Motuo, situada en el tramo bajo del río Yarlung Zangbo (Brahmaputra al cruzar a India). Se calcula que podría generar en torno a 300.000 millones de kWh al año, una cifra que triplicaría la producción de la ya emblemática presa de las Tres Gargantas.

Todo este despliegue se enmarca en la estrategia nacional conocida como “electricidad del oeste al este”, que persigue aprovechar al máximo el potencial hídrico y renovable de regiones como el Tíbet y Sichuan para alimentar las grandes ciudades industriales del este del país. De cara al clima, estas infraestructuras permitirían evitar la emisión de más de 100 millones de toneladas de CO₂ anuales, según diversas estimaciones.

El almacenamiento como herramienta para estabilizar la red eléctrica

Desde el punto de vista técnico, una central de bombeo como la de Daofu es mucho más que una gran reserva de energía; actúa como un regulador masivo del sistema eléctrico. Las fuentes renovables como la solar y la eólica introducen variaciones rápidas en la generación que pueden provocar desviaciones en la frecuencia de la red si no existe capacidad de respuesta.

Una instalación de 2.100 MW puede absorber en cuestión de segundos los excedentes de producción que, de otro modo, forzarían a parar aerogeneradores o a “tirar” electricidad solar. A la inversa, puede inyectar potencia casi instantáneamente cuando la producción renovable cae o se registra un pico de demanda inesperado, algo que las baterías de litio a gran escala todavía no alcanzan a replicar con esta combinación de potencia, duración y vida útil.

Para la cuenca del Yalong, donde ya operan centrales hidroeléctricas y parques renovables que suman alrededor de 21.000 MW, la megacentral de bombeo servirá para atacar un problema muy concreto: el vertido de energía, es decir, la cantidad de electricidad renovable que se desaprovecha por falta de capacidad de almacenamiento o transporte en determinados momentos del día.

Cada megavatio-hora que se pueda recoger en los embalses en vez de desperdiciarse mejora tanto la rentabilidad económica del conjunto de instalaciones como su impacto climático real. En un contexto en el que los países buscan reducir su dependencia de combustibles fósiles, disponer de una reserva hidráulica de este tamaño permite sustituir generación térmica de respaldo por energía renovable almacenada.

De cara a Europa, donde también crece la presencia de renovables variables, proyectos de este tipo plantean una referencia clara: sin almacenamiento masivo será difícil seguir aumentando la proporción de eólica y solar sin comprometer la estabilidad de las redes. Estados con orografías montañosas, como España, Francia, Italia o Austria, observan con interés estas experiencias, aunque con marcos regulatorios y ambientales muy diferentes.

Implicaciones más allá de China y lecciones para otros mercados

Aunque Daofu y el resto de megaproyectos chinos se encuentren a miles de kilómetros de Europa, sus efectos no se quedan dentro de las fronteras del país. Cada reto de ingeniería que se resuelve en la meseta tibetana —desde el diseño de turbinas reversibles de gran potencia hasta nuevas técnicas de construcción subterránea— genera conocimiento técnico y propiedad intelectual que puede aplicarse en futuros proyectos de bombeo en otras partes del mundo.

Además, la escala a la que China construye tiende a empujar a la baja los costes de muchas tecnologías clave, como ya ocurrió con los paneles solares o, más recientemente, con las baterías de litio. Si se repite el mismo patrón con el almacenamiento hidroeléctrico, países europeos podrían beneficiarse de equipos más eficientes y asequibles para sus propias centrales de bombeo, tanto nuevas como de repotenciación de embalses ya existentes.

No hay que perder de vista tampoco la dimensión geopolítica. La gestión del caudal del Brahmaputra, río compartido con India y Bangladesh, genera inquietud en los países situados aguas abajo, que dependen de ese recurso para su agricultura y consumo urbano. Cualquier gran presa o central de bombeo en el tramo superior puede tener repercusiones en el reparto del agua, un factor que añade complejidad política a unos proyectos ya de por sí muy sofisticados técnicamente.

Para los ecosistemas de innovación en energía y tecnología, tanto en Europa como en Latinoamérica, lo que está ocurriendo en el Tíbet es una pista clara de hacia dónde va el sector: el almacenamiento se ha convertido en un mercado central. Desde el diseño de software para gestionar centrales y redes complejas hasta la fabricación especializada de componentes, se abre una cadena de valor con oportunidades en muy distintos eslabones.

En regiones con un relieve favorable, como determinadas zonas de España, los Alpes o los Andes, la experiencia acumulada en China puede servir como manual práctico para futuras centrales de bombeo, ajustando eso sí las soluciones a marcos medioambientales y sociales más estrictos.

La megacentral hidroeléctrica de bombeo que se construye en la meseta tibetana se ha convertido así en un símbolo de la nueva fase de la transición energética: no basta con instalar más paneles solares y aerogeneradores, hace falta una infraestructura de almacenamiento y red a la altura. Proyectos como Daofu muestran hasta dónde se puede llegar cuando se combinan relieve, ingeniería y planificación a largo plazo para transformar el excedente renovable en una reserva estratégica de electricidad limpia.

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