En plena meseta tibetana, a más de cuatro mil metros de altura, China está levantando la central hidroeléctrica de bombeo más alta del planeta, una infraestructura descomunal pensada para resolver uno de los grandes quebraderos de cabeza de las renovables: cómo guardar la electricidad cuando se produce en exceso y usarla más tarde, cuando realmente hace falta.
Este proyecto, conocido como Daofu y desarrollado por la compañĂa estatal Yalong River Hydropower, no es solo una obra rĂ©cord desde el punto de vista tĂ©cnico. Se ha concebido como una “baterĂa de agua” gigantesca que se integra en un sistema ya muy potente de energĂa limpia en la regiĂłn, y que aspira a marcar el camino de cĂłmo se puede escalar el almacenamiento renovable en todo el mundo.
El problema que esta megacentral viene a resolver: el talĂłn de Aquiles de las renovables
Cualquiera que se haya sumergido mĂnimamente en el mundo de la energĂa solar o eĂłlica sabe que hay un obstáculo de fondo que frena su despliegue total: la intermitencia. El sol no brilla las 24 horas y el viento tampoco sopla siempre; cuando hay picos de producciĂłn, si la red no puede absorberlo y no existe una forma eficiente de almacenarlo, una parte importante de esa electricidad se pierde o se ve obligada a desconectarse.
Este cuello de botella es hoy uno de los grandes retos de la transiciĂłn energĂ©tica. La tecnologĂa de almacenamiento por bombeo hidráulico aparece aquĂ como una soluciĂłn robusta: cuando hay excedentes de energĂa (por ejemplo, a mediodĂa en dĂas muy soleados), se usa esa electricidad sobrante para bombear agua desde un embalse inferior a otro superior. Más tarde, cuando la demanda crece o la producciĂłn fotovoltaica y eĂłlica cae, el agua se deja caer de nuevo y mueve turbinas generadoras, devolviendo a la red esa energĂa en forma de electricidad firme y controlable.
Un proyecto récord: la central de bombeo más alta del mundo

El complejo de Daofu, ubicado en la prefectura autĂłnoma tibetana de Garze, en la provincia de Sichuan, está llamado a convertirse en la central hidroelĂ©ctrica de bombeo situada a mayor altitud del mundo. Operar una infraestructura de este tamaño en la meseta tibetana implica trabajar con aire enrarecido, temperaturas extremas y un terreno sĂsmicamente activo, condiciones que obligan a forzar los lĂmites de la ingenierĂa civil y elĂ©ctrica.
La planta alcanzará una potencia instalada de 2.100 MW, repartida en seis grupos turbina-generador reversibles de 350 MW cada uno, capaces de funcionar tanto en modo de bombeo como de generaciĂłn. El conjunto se apoya en dos embalses conectados por tĂşneles y conductos de alta presiĂłn, una central subterránea excavada en la roca y una subestaciĂłn en superficie para volcar la energĂa a la red.
En tĂ©rminos econĂłmicos, la inversiĂłn prevista ronda los 15.100 millones de yuanes (en el entorno de los 1.840 millones de euros), una cifra que refleja la apuesta del paĂs por este tipo de infraestructura. El proyecto se integra en un sistema de energĂa limpia del rĂo Yalong que ya opera con unos 21.000 MW de capacidad renovable y que aspira a crecer todavĂa más en la prĂłxima dĂ©cada.
CĂłmo funciona esta “baterĂa de agua” a escala gigante
La idea detrás del bombeo hidroelĂ©ctrico es sencilla, pero llevarla a una escala de gigavatios la convierte en una autĂ©ntica proeza. En Daofu, cuando la red dispone de excedentes de generaciĂłn solar o eĂłlica, las turbinas trabajan al revĂ©s: funcionan como bombas y elevan el agua al embalse superior, almacenando energĂa en forma de diferencia de altura.
En los momentos de mayor consumo o cuando la aportación renovable cae en picado (por ejemplo, al anochecer, cuando la demanda sube y la fotovoltaica se desploma), el proceso se invierte. El agua desciende desde el embalse superior, pasa por las mismas máquinas ahora en modo generador y devuelve a la red una potencia que puede alcanzar los 2.100 MW de forma casi inmediata, contribuyendo a estabilizar la frecuencia y el voltaje del sistema eléctrico.
La instalaciĂłn tendrá capacidad para almacenar en torno a 12,6 GWh diarios, suficientes para cubrir durante horas el consumo de aproximadamente dos millones de hogares en Sichuan. El salto de agua efectivo entre los dos embalses será de unos 760 metros, lo que maximiza la energĂa aprovechable cada vez que el ciclo pasa de bombeo a generaciĂłn.
SegĂşn las estimaciones iniciales, la central podrĂa alcanzar una producciĂłn anual cercana a los 3 TWh combinando los diferentes ciclos de carga y descarga, lo que supone un volumen significativo de energĂa firme dentro del mix renovable.
Construir a más de 4.000 metros: ingenierĂa en condiciones extremas
Si levantar cualquier central de bombeo ya implica un reto complejo, hacerlo en plena meseta tibetana añade una lista adicional de dificultades. El enclave se sitĂşa a alrededor de 4.300 metros de altitud, donde la disponibilidad de oxĂgeno disminuye de forma notable y las bajas temperaturas y la nieve son habituales durante buena parte del año.
Estas condiciones afectan tanto a la seguridad y salud de los trabajadores como al comportamiento de la maquinaria pesada y de los materiales de construcciĂłn. El transporte de piezas de gran tamaño, hormigĂłn, acero y equipos elĂ©ctricos hasta una zona tan remota obliga a desplegar una logĂstica muy especĂfica, con carreteras y medios auxiliares adaptados al relieve y al clima.
Además, el área presenta riesgo sĂsmico, lo que obliga a que presas, tĂşneles y estructuras subterráneas se diseñen con márgenes de seguridad adicionales. Todo ello convierte a Daofu en una especie de laboratorio de campo a gran escala, del que se espera obtener conocimientos tĂ©cnicos exportables a otros proyectos situados en geografĂas complicadas, tanto en Asia como en otras regiones montañosas del mundo.
Los avances que se consigan en materiales, mĂ©todos constructivos, diseño de turbinas de alta eficiencia y operaciĂłn en altura pueden terminar influyendo en cĂłmo se plantean futuras centrales de bombeo en Europa, los Andes latinoamericanos o incluso en zonas montañosas de la penĂnsula ibĂ©rica donde el relieve permita soluciones similares.
China y su apuesta total por la infraestructura de almacenamiento
El proyecto de Daofu no es una excepciĂłn aislada, sino la pieza de un puzle mucho más grande. En los Ăşltimos años, China ha disparado su capacidad eĂłlica y solar, hasta el punto de superar ya con holgura los objetivos que se habĂa marcado para 2030. Ese boom renovable, con centenares de gigavatios instalados en muy poco tiempo, ha hecho evidente que sin almacenamiento a gran escala la red se resiente.
Por eso, además de Daofu, el paĂs viene construyendo otras centrales de bombeo de gran tamaño. En noviembre de 2025 se completĂł en el TĂbet otra instalaciĂłn de 1.300 MW de potencia, que ostenta ya el tĂtulo de presa de bombeo más alta del mundo en operaciĂłn, con unidades de generaciĂłn de 225 MW por turbina. La nueva planta de 2.100 MW está llamada a elevar todavĂa más ese listĂłn.
En paralelo, el gobierno de PekĂn ha dado luz verde a la que se perfila como la presa hidroelĂ©ctrica más grande del mundo, la Central HidroelĂ©ctrica de Motuo, situada en el tramo bajo del rĂo Yarlung Zangbo (Brahmaputra al cruzar a India). Se calcula que podrĂa generar en torno a 300.000 millones de kWh al año, una cifra que triplicarĂa la producciĂłn de la ya emblemática presa de las Tres Gargantas.
Todo este despliegue se enmarca en la estrategia nacional conocida como “electricidad del oeste al este”, que persigue aprovechar al máximo el potencial hĂdrico y renovable de regiones como el TĂbet y Sichuan para alimentar las grandes ciudades industriales del este del paĂs. De cara al clima, estas infraestructuras permitirĂan evitar la emisiĂłn de más de 100 millones de toneladas de COâ‚‚ anuales, segĂşn diversas estimaciones.
El almacenamiento como herramienta para estabilizar la red eléctrica
Desde el punto de vista tĂ©cnico, una central de bombeo como la de Daofu es mucho más que una gran reserva de energĂa; actĂşa como un regulador masivo del sistema elĂ©ctrico. Las fuentes renovables como la solar y la eĂłlica introducen variaciones rápidas en la generaciĂłn que pueden provocar desviaciones en la frecuencia de la red si no existe capacidad de respuesta.
Una instalaciĂłn de 2.100 MW puede absorber en cuestiĂłn de segundos los excedentes de producciĂłn que, de otro modo, forzarĂan a parar aerogeneradores o a “tirar” electricidad solar. A la inversa, puede inyectar potencia casi instantáneamente cuando la producciĂłn renovable cae o se registra un pico de demanda inesperado, algo que las baterĂas de litio a gran escala todavĂa no alcanzan a replicar con esta combinaciĂłn de potencia, duraciĂłn y vida Ăştil.
Para la cuenca del Yalong, donde ya operan centrales hidroelĂ©ctricas y parques renovables que suman alrededor de 21.000 MW, la megacentral de bombeo servirá para atacar un problema muy concreto: el vertido de energĂa, es decir, la cantidad de electricidad renovable que se desaprovecha por falta de capacidad de almacenamiento o transporte en determinados momentos del dĂa.
Cada megavatio-hora que se pueda recoger en los embalses en vez de desperdiciarse mejora tanto la rentabilidad econĂłmica del conjunto de instalaciones como su impacto climático real. En un contexto en el que los paĂses buscan reducir su dependencia de combustibles fĂłsiles, disponer de una reserva hidráulica de este tamaño permite sustituir generaciĂłn tĂ©rmica de respaldo por energĂa renovable almacenada.
De cara a Europa, donde tambiĂ©n crece la presencia de renovables variables, proyectos de este tipo plantean una referencia clara: sin almacenamiento masivo será difĂcil seguir aumentando la proporciĂłn de eĂłlica y solar sin comprometer la estabilidad de las redes. Estados con orografĂas montañosas, como España, Francia, Italia o Austria, observan con interĂ©s estas experiencias, aunque con marcos regulatorios y ambientales muy diferentes.
Implicaciones más allá de China y lecciones para otros mercados
Aunque Daofu y el resto de megaproyectos chinos se encuentren a miles de kilĂłmetros de Europa, sus efectos no se quedan dentro de las fronteras del paĂs. Cada reto de ingenierĂa que se resuelve en la meseta tibetana —desde el diseño de turbinas reversibles de gran potencia hasta nuevas tĂ©cnicas de construcciĂłn subterránea— genera conocimiento tĂ©cnico y propiedad intelectual que puede aplicarse en futuros proyectos de bombeo en otras partes del mundo.
Además, la escala a la que China construye tiende a empujar a la baja los costes de muchas tecnologĂas clave, como ya ocurriĂł con los paneles solares o, más recientemente, con las baterĂas de litio. Si se repite el mismo patrĂłn con el almacenamiento hidroelĂ©ctrico, paĂses europeos podrĂan beneficiarse de equipos más eficientes y asequibles para sus propias centrales de bombeo, tanto nuevas como de repotenciaciĂłn de embalses ya existentes.
No hay que perder de vista tampoco la dimensiĂłn geopolĂtica. La gestiĂłn del caudal del Brahmaputra, rĂo compartido con India y Bangladesh, genera inquietud en los paĂses situados aguas abajo, que dependen de ese recurso para su agricultura y consumo urbano. Cualquier gran presa o central de bombeo en el tramo superior puede tener repercusiones en el reparto del agua, un factor que añade complejidad polĂtica a unos proyectos ya de por sĂ muy sofisticados tĂ©cnicamente.
Para los ecosistemas de innovaciĂłn en energĂa y tecnologĂa, tanto en Europa como en LatinoamĂ©rica, lo que está ocurriendo en el TĂbet es una pista clara de hacia dĂłnde va el sector: el almacenamiento se ha convertido en un mercado central. Desde el diseño de software para gestionar centrales y redes complejas hasta la fabricaciĂłn especializada de componentes, se abre una cadena de valor con oportunidades en muy distintos eslabones.
En regiones con un relieve favorable, como determinadas zonas de España, los Alpes o los Andes, la experiencia acumulada en China puede servir como manual práctico para futuras centrales de bombeo, ajustando eso sà las soluciones a marcos medioambientales y sociales más estrictos.
La megacentral hidroelĂ©ctrica de bombeo que se construye en la meseta tibetana se ha convertido asĂ en un sĂmbolo de la nueva fase de la transiciĂłn energĂ©tica: no basta con instalar más paneles solares y aerogeneradores, hace falta una infraestructura de almacenamiento y red a la altura. Proyectos como Daofu muestran hasta dĂłnde se puede llegar cuando se combinan relieve, ingenierĂa y planificaciĂłn a largo plazo para transformar el excedente renovable en una reserva estratĂ©gica de electricidad limpia.
