La futura central hidroeléctrica de bombeo de Güímar se ha colocado en el centro del debate energético en Canarias. El proyecto, impulsado por el Gobierno de España y el Ejecutivo autonómico, aspira a cambiar de forma profunda la manera en la que Tenerife y La Gomera gestionan su electricidad, apoyándose en el almacenamiento hidráulico para sacar mucho más partido a las energías renovables.
Con una inversión prevista de más de 1.000 millones de euros, esta infraestructura se plantea como una de las obras energéticas más importantes de la isla. No solo servirá para aprovechar mejor el viento y el sol cuando haya excedentes, sino que también se perfila como una herramienta clave para reducir la dependencia de las centrales térmicas que todavía sostienen buena parte del sistema eléctrico canario.
Un proyecto estratégico para Tenerife y La Gomera
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) ha puesto ya en marcha la tramitación oficial de la central hidroeléctrica de bombeo reversible de Güímar, ubicada en los barrancos y el valle de este municipio tinerfeño. La instalación prestará servicio al subsistema eléctrico de Tenerife y La Gomera, funcionando como un gran “pulmón” de almacenamiento que permitirá gestionar mejor la generación renovable.
Según ha explicado la vicepresidenta del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, la nueva central tendrá un papel muy parecido al del Salto de Chira en Gran Canaria: ayudará a aumentar la penetración de energías limpias, disminuir la producción con combustibles fósiles, recortar las emisiones de CO₂ y contener la factura eléctrica, a la vez que refuerza la seguridad de suministro en un sistema aislado como el canario.
Desde el Ministerio se subraya que el proyecto no nace de la nada. El Operador del Sistema eléctrico ya remitió la documentación técnica que justifica su necesidad, y con esa base el MITECO ha solicitado los informes preceptivos a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y al Gobierno de Canarias. Cuando esos análisis estén listos, el expediente se elevará al Consejo de Ministros para su aprobación definitiva.
En el plano político, distintas voces del Gobierno de España y del Ejecutivo regional han coincidido en presentar Güímar como una pieza central de la estrategia energética del archipiélago. El ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, ha insistido en que la iniciativa supone el “pistoletazo de salida” de un proyecto largamente defendido, comparable, por su salto de agua, a experiencias como Gorona del Viento en El Hierro o el propio Chira-Soria.
Desde la Comunidad Autónoma, el consejero de Transición Ecológica y Energía, Mariano Hernández Zapata, ha recalcado que esta infraestructura se considera “estratégica” para todo el archipiélago. A su juicio, la central de Güímar será decisiva para alcanzar niveles de penetración renovable superiores al 50% en Tenerife y avanzar hacia un sistema mucho más limpio y estable.
Potencia, capacidad de almacenamiento y funcionamiento de la central
La central hidroeléctrica de bombeo reversible de Güímar se ha diseñado con una potencia de turbinación de 200 megavatios (MW) y 220 MW de potencia de bombeo. Esta configuración permitirá almacenar alrededor de 3.200 megavatios hora (MWh) de energía en forma de agua embalsada, una cifra que, según los cálculos oficiales, equivale a aproximadamente un tercio de la demanda eléctrica diaria de Tenerife.
El principio de funcionamiento es el habitual en las centrales de bombeo: cuando hay exceso de generación renovable —por ejemplo, durante horas de mucho viento o alta radiación solar—, se utiliza esa electricidad sobrante para bombear agua a un embalse situado en una cota superior. Más tarde, cuando la producción renovable cae o la demanda aumenta, el agua se deja caer hacia un depósito inferior pasando por turbinas, lo que permite generar de nuevo electricidad en los momentos críticos.
De esta forma, la infraestructura actúa como un gran sistema de almacenamiento que ayuda a equilibrar la red, suavizar los picos de consumo y evitar, en la medida de lo posible, el uso de centrales térmicas que queman combustibles importados. En un sistema aislado como el canario, donde no hay interconexiones con grandes redes continentales, esta capacidad de regulación es especialmente valiosa.
Los responsables políticos destacan que el esquema es muy similar al de otras instalaciones emblemáticas de las islas, como Gorona del Viento o el proyecto Salto de Chira. Todas ellas persiguen la misma idea de fondo: que la energía renovable que hoy se desaprovecha en momentos de baja demanda pueda guardarse y utilizarse cuando más falta hace.
Además de la potencia y el almacenamiento, el diseño del proyecto incluye sistemas de control avanzados para integrarse de forma segura en el subsistema Tenerife-La Gomera, facilitando que la red soporte una mayor cuota de generación eólica y fotovoltaica sin perder estabilidad ni calidad en el suministro.
Impacto económico, ahorro y plazos previstos
La dimensión económica del proyecto es considerable. La inversión estimada se sitúa en torno a los 1.000 millones de euros, lo que la convierte en una de las mayores infraestructuras energéticas contempladas en Tenerife. Sin embargo, tanto el MITECO como el Gobierno canario insisten en que se trata de un esfuerzo que podría amortizarse en un periodo relativamente corto.
De acuerdo con las estimaciones oficiales, la central de Güímar permitiría lograr un ahorro anual de unos 200 millones de euros en el sistema eléctrico. Ese recorte se derivaría principalmente de la reducción del consumo de combustibles fósiles importados, del menor número de arranques y paradas de las centrales térmicas y del mejor aprovechamiento de la energía renovable que ya se produce en el archipiélago.
Este ahorro, proyectado a lo largo de la vida útil de la instalación, superior a los 75 años, supone un volumen muy relevante de recursos que dejarían de destinarse a la compra de hidrocarburos y a la operación de plantas contaminantes. En la práctica, parte de ese beneficio económico puede traducirse en una factura eléctrica más contenida para hogares y empresas, además de una mayor estabilidad frente a posibles subidas del precio internacional de la energía.
En cuanto a los plazos, las previsiones contemplan que la central podría estar plenamente operativa en un horizonte de 10 a 12 años, un periodo que se considera habitual en proyectos de esta magnitud. El propio ministro Ángel Víctor Torres ha apuntado la posibilidad de que las obras arranquen en torno a 2027, siempre que la tramitación administrativa y ambiental avance al ritmo previsto.
Mientras tanto, la Consejería de Transición Ecológica y Energía del Gobierno de Canarias ha anunciado que, en esta fase inicial, se deberán realizar estudios detallados para perfilar con precisión el proyecto a ejecutar. Esos trabajos técnicos serán clave para ajustar el diseño definitivo, evaluar impactos y definir medidas de integración ambiental y territorial.
Recuperación de un espacio degradado en el Valle de Güímar
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su dimensión ambiental en el entorno del Valle de Güímar. La zona elegida para albergar la central y los embalses se corresponde, en buena parte, con áreas afectadas por antiguas canteras de áridos, consideradas desde hace años como uno de los desastres ecológicos más graves de la isla.
Las autoridades canarias sostienen que la construcción de la central de bombeo puede convertirse en una oportunidad para restaurar ese paisaje profundamente alterado. El consejero Mariano Hernández Zapata ha defendido que la mejor vía para reparar el daño ambiental e integrar de nuevo este espacio en el territorio insular pasa precisamente por impulsar aquí una infraestructura de hidrobombeo, aprovechando que ya existe el hueco físico necesario para implantación de los embalses.
El proyecto deberá someterse a procedimientos de información y participación pública, así como a una evaluación de impacto ambiental exhaustiva. En ese marco, se definirán las actuaciones específicas de restauración, que podrían incluir la reconfiguración de taludes, revegetación con especies autóctonas, control de escorrentías y otras medidas destinadas a reducir al mínimo las afecciones y recuperar la funcionalidad ecológica del área.
El ministro Ángel Víctor Torres ha insistido en que, con esta central, se aspira a convertir un espacio históricamente degradado en un elemento útil para la transición energética. Según ha señalado, el salto hidroeléctrico previsto será comparable al de Gorona del Viento o al de Chira-Soria, algo que, más allá del plano energético, contribuiría a cambiar la percepción de un territorio hasta ahora asociado a la extracción masiva de áridos.
Desde el Ejecutivo autonómico se recalca, además, que el proceso se está llevando a cabo mediante una colaboración continuada entre diferentes administraciones, con el objetivo de alinear la protección del medio ambiente, la seguridad de suministro y los objetivos de descarbonización fijados para Canarias en los próximos años.
Claves para la transición energética en un sistema aislado
La central hidroeléctrica de bombeo de Güímar encaja en una estrategia más amplia de transformación del sistema eléctrico canario. En los últimos años, la generación renovable en el archipiélago se ha duplicado, pasando de cubrir en torno al 10,5% de la demanda eléctrica en 2018 a alcanzar aproximadamente el 20,7% en 2025, según los datos manejados por el MITECO.
A pesar de ese avance, la condición de red aislada sin interconexión peninsular limita el margen de maniobra. Sin grandes interconexiones que funcionen como “almacén virtual”, el incremento de la potencia eólica y fotovoltaica choca con la falta de mecanismos de almacenamiento y respaldo que garanticen la estabilidad del sistema. De ahí que el Gobierno de Canarias considere imprescindibles nuevas centrales de bombeo para seguir aumentando la cuota renovable sin poner en riesgo el suministro.
En este contexto, el proyecto de Güímar se suma a los referentes ya existentes o en marcha en otras islas. Gorona del Viento, en El Hierro, se ha convertido en un ejemplo internacional de combinación de renovables y almacenamiento hidráulico, mientras que el Salto de Chira, en Gran Canaria, se encuentra en fase de construcción como otro gran pilar del nuevo modelo energético insular.
El objetivo de fondo es avanzar hacia un modelo energético canario con muy altas cuotas de renovables, reduciendo al mínimo la necesidad de encender centrales térmicas que dependen de hidrocarburos importados. Para ello, el almacenamiento mediante bombeo reversible se plantea no tanto como una opción complementaria, sino como una pieza imprescindible para gestionar la variabilidad del viento y del sol.
Además de sus beneficios ambientales, la central de Güímar se considera también un motor potencial de actividad económica y empleo durante la fase de construcción y puesta en marcha. La inversión prevista, cercana a los 1.000 millones de euros, se suma a la apuesta del archipiélago por consolidar un tejido productivo ligado a la transición energética, la ingeniería y los servicios asociados a infraestructuras renovables de gran tamaño.
Con la tramitación administrativa ya en marcha, el proyecto de central hidroeléctrica de bombeo en Güímar se perfila como uno de los pilares de la política energética en Tenerife y, por extensión, en toda Canarias. Su combinación de almacenamiento masivo, recuperación ambiental de un espacio degradado, ahorro económico significativo y refuerzo de la seguridad de suministro la coloca en una posición destacada dentro de las iniciativas europeas para descarbonizar los sistemas eléctricos insulares.
