
Mientras tanto, en España y Europa, los efectos del calentamiento global ya son palpables. Las olas de calor marinas se multiplican, la desertificación avanza en el sur peninsular y la diversidad genética de los cultivos se reduce. Sin embargo, también surgen iniciativas que buscan revertir esta tendencia, desde proyectos de renaturalización en el Mar Menor hasta el compromiso de grandes industrias con la conservación de la naturaleza.
Tres cumbres para un mismo problema

Entre agosto y noviembre de 2026 se celebrarĆ”n las tres grandes citas ambientales: la COP17 sobre desertificación en UlĆ”n Bator (Mongolia), la COP17 sobre biodiversidad en ErevĆ”n (Armenia) y la COP31 de cambio climĆ”tico en Antalya (TurquĆa). La coincidencia temporal evidencia la interconexión entre sequĆas, pĆ©rdida de especies y calentamiento global. Expertos como Sergio Vicente-Serrano, del IPE-CSIC, destacan que es habitual que tras un aƱo hĆŗmedo se olvide la amenaza de la sequĆa, pero EspaƱa ya tiene un 40% de su territorio en proceso de desertificación, segĆŗn el primer atlas nacional publicado el aƱo pasado.
En la cumbre de biodiversidad se evaluarĆ” el avance del Marco Mundial de Kunming-Montreal, cuyo objetivo de proteger el 30% de la tierra y los ocĆ©anos para 2030 avanza lentamente. Alicia PĆ©rez-Porro, del CREAF, recuerda que la financiación es el gran escollo. En la cumbre del clima, la adaptación ha ganado protagonismo, aunque la eliminación de los combustibles fósiles sigue siendo un punto de fricción. La ausencia de Estados Unidos en la COP30 del aƱo pasado y el debilitamiento de la UE complican el multilateralismo, pero los cientĆficos coinciden en que estas reuniones son imprescindibles para alcanzar acuerdos mĆnimos y evitar un escenario de Ā«Far WestĀ» ambiental.
El mar, un termómetro de la crisis

Los ocĆ©anos estĆ”n absorbiendo el 90% del exceso de calor global, y las olas de calor marinas son cada vez mĆ”s frecuentes e intensas. En 2023-2025, el 98% de los mares europeos se vio afectado por algĆŗn episodio, y el MediterrĆ”neo se calienta dos o tres veces mĆ”s rĆ”pido que la media mundial. Las aguas que rodean la penĆnsula ibĆ©rica se estĆ”n calentando un 67% mĆ”s rĆ”pido que el promedio global, con rĆ©cords como los 33 °C registrados en la boya de Dragonera (Mallorca) este agosto. Este calor no solo altera la biodiversidad marina en EspaƱa: las especies migran hacia aguas mĆ”s frescas, los hĆ”bitats sĆ©siles como corales y gorgonias sufren mortalidades masivas, y las comunidades pesqueras artesanales pierden sustento.
Los cientĆficos advierten de que un mar caliente aporta mĆ”s humedad a la atmósfera, lo que intensifica tormentas y DANAs. Para frenar esta espiral, se necesita una reducción drĆ”stica de las emisiones y una protección efectiva del 30% de las superficies marinas, tal como recoge el Tratado Global de los OcĆ©anos. AdemĆ”s, hay que frenar la pesca industrial destructiva y la minerĆa submarina, que causarĆan daƱos irreparables en los fondos oceĆ”nicos.
La diversidad tambiƩn se cultiva
En tierra firme, la pĆ©rdida de biodiversidad afecta tambiĆ©n a los alimentos. Un estudio publicado en PNAS por Maarten van Zonneveld y otros investigadores advierte de que la variedad genĆ©tica de las verduras estĆ” insuficientemente conservada. El comercio global ha impuesto unas pocas variedades estandarizadas, seleccionadas por su rendimiento y resistencia al transporte, en detrimento de la riqueza nutricional y agronómica. Esta homogeneización deja al sistema alimentario sin Ā«piezas de repuestoĀ» frente a plagas, sequĆas o golpes de calor. La iniciativa Vegetables4Life, impulsada por el World Vegetable Center y Crop Trust, busca recaudar 300 millones de dólares para recolectar y utilizar biodiversidad vegetal en puntos calientes de todo el mundo.
Mientras tanto, los consumidores pueden aportar su grano de arena eligiendo variedades locales y tradicionales, pero la responsabilidad principal recae en las polĆticas pĆŗblicas y en los bancos de germoplasma, que deben pasar de Ā«conservar para archivarĀ» a Ā«conservar para usarĀ». Los comedores escolares y hospitales pueden crear demanda estable para estas variedades, y la mejora participativa con agricultores es una vĆa para equilibrar rendimiento y adaptación climĆ”tica, destacando la importancia de la biodiversidad del suelo como escudo invisible.
La industria farmacéutica se suma a la conservación
El sector farmacĆ©utico innovador tambiĆ©n ha entrado en el juego. El informe Ā«Planeta sano, personas sanasĀ» de la IFPMA analiza su contribución al Marco Global de Biodiversidad y asegura que sus empresas ya aportan a 18 de los 23 objetivos del acuerdo. La salud humana y la naturaleza estĆ”n profundamente interconectadas: el cambio de uso del suelo aumenta el riesgo de enfermedades zoonóticas, y el cambio climĆ”tico altera la distribución de vectores infecciosos. Por eso, las compaƱĆas estĆ”n implementando cadenas de valor responsables, reduciendo el impacto ambiental de los medicamentos y apostando por la descarbonización. Un ejemplo concreto es la sustitución de reactivos derivados del cangrejo herradura por Factor C recombinante, evitando la sobreexplotación de esta especie sensible.
AdemÔs, el 97% de las empresas miembro tiene programas de descarbonización, y el 82% ha fijado objetivos alineados con la iniciativa Science Based Targets. La inversión en proyectos de reforestación y restauración de cuencas hidrogrÔficas se combina con la integración de la naturaleza en el gobierno corporativo, siguiendo las recomendaciones del TNFD y las directivas europeas.
Renaturalización en el Mar Menor: un caso prÔctico
En el Ômbito local, el proyecto de Renaturalización de Balsas de Riego en el entorno del Mar Menor, en el que participa Veolia junto a la Comunidad de Regantes del Campo de Cartagena, demuestra que las infraestructuras hidrÔulicas pueden cumplir su función productiva y, al mismo tiempo, aportar valor ambiental. Ocho balsas de riego se estÔn transformando en filtros verdes y refugios de biodiversidad, con vegetación que estabiliza riberas, crea corredores ecológicos y mejora la calidad del agua. El seguimiento ya ha constatado la presencia de 38 especies de aves y varios tipos de odonatos, indicadores de la recuperación ecológica.
TambiĆ©n se estĆ”n evaluando cultivos alternativos de bajo consumo hĆdrico, como la trufa del desierto, la higuera o el granado, en la balsa de Torre Pacheco. Esta iniciativa, financiada por la Fundación Biodiversidad del MITECO, es un ejemplo de cómo adaptar la agricultura al cambio climĆ”tico sin renunciar a la productividad. La colaboración entre administraciones, empresas y regantes demuestra que la sostenibilidad puede construirse a partir de infraestructuras existentes.
La biodiversidad se enfrenta a mĆŗltiples amenazas, pero tambiĆ©n a una creciente movilización global. Desde las cumbres internacionales hasta los proyectos de renaturalización, pasando por el compromiso de la industria y la concienciación ciudadana, hay motivos para la esperanza. La clave estĆ” en mantener la presión y traducir los acuerdos en acciones concretas que protejan tanto los ecosistemas marinos como la diversidad agrĆcola y terrestre. EspaƱa, con su elevada exposición a la desertificación y al calentamiento del MediterrĆ”neo, tiene la oportunidad de liderar la transición hacia un modelo mĆ”s resiliente y respetuoso con la naturaleza.
