La biodiversidad, en el centro de la agenda global: retos y acciones en EspaƱa y Europa

  • Las próximas COP ambientales de 2026 pondrĆ”n a prueba la coordinación internacional para frenar la pĆ©rdida de biodiversidad.
  • El cambio climĆ”tico intensifica olas de calor marinas y desertificación, amenazando ecosistemas clave en el MediterrĆ”neo y el sur de Europa.
  • Proyectos de renaturalización y el compromiso de la industria farmacĆ©utica demuestran que es posible actuar sobre el terreno.
  • La diversidad genĆ©tica de las verduras se presenta como un frente crĆ­tico para la seguridad alimentaria y la adaptación al clima.

Biodiversidad en un ecosistema natural

Mientras tanto, en España y Europa, los efectos del calentamiento global ya son palpables. Las olas de calor marinas se multiplican, la desertificación avanza en el sur peninsular y la diversidad genética de los cultivos se reduce. Sin embargo, también surgen iniciativas que buscan revertir esta tendencia, desde proyectos de renaturalización en el Mar Menor hasta el compromiso de grandes industrias con la conservación de la naturaleza.

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Tres cumbres para un mismo problema

Biodiversidad marina y olas de calor

Entre agosto y noviembre de 2026 se celebrarÔn las tres grandes citas ambientales: la COP17 sobre desertificación en UlÔn Bator (Mongolia), la COP17 sobre biodiversidad en ErevÔn (Armenia) y la COP31 de cambio climÔtico en Antalya (Turquía). La coincidencia temporal evidencia la interconexión entre sequías, pérdida de especies y calentamiento global. Expertos como Sergio Vicente-Serrano, del IPE-CSIC, destacan que es habitual que tras un año húmedo se olvide la amenaza de la sequía, pero España ya tiene un 40% de su territorio en proceso de desertificación, según el primer atlas nacional publicado el año pasado.

En la cumbre de biodiversidad se evaluarÔ el avance del Marco Mundial de Kunming-Montreal, cuyo objetivo de proteger el 30% de la tierra y los océanos para 2030 avanza lentamente. Alicia Pérez-Porro, del CREAF, recuerda que la financiación es el gran escollo. En la cumbre del clima, la adaptación ha ganado protagonismo, aunque la eliminación de los combustibles fósiles sigue siendo un punto de fricción. La ausencia de Estados Unidos en la COP30 del año pasado y el debilitamiento de la UE complican el multilateralismo, pero los científicos coinciden en que estas reuniones son imprescindibles para alcanzar acuerdos mínimos y evitar un escenario de «Far West» ambiental.

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El mar, un termómetro de la crisis

Ecosistemas marinos vulnerables

Los océanos estÔn absorbiendo el 90% del exceso de calor global, y las olas de calor marinas son cada vez mÔs frecuentes e intensas. En 2023-2025, el 98% de los mares europeos se vio afectado por algún episodio, y el MediterrÔneo se calienta dos o tres veces mÔs rÔpido que la media mundial. Las aguas que rodean la península ibérica se estÔn calentando un 67% mÔs rÔpido que el promedio global, con récords como los 33 °C registrados en la boya de Dragonera (Mallorca) este agosto. Este calor no solo altera la biodiversidad marina en España: las especies migran hacia aguas mÔs frescas, los hÔbitats sésiles como corales y gorgonias sufren mortalidades masivas, y las comunidades pesqueras artesanales pierden sustento.

Los científicos advierten de que un mar caliente aporta mÔs humedad a la atmósfera, lo que intensifica tormentas y DANAs. Para frenar esta espiral, se necesita una reducción drÔstica de las emisiones y una protección efectiva del 30% de las superficies marinas, tal como recoge el Tratado Global de los Océanos. AdemÔs, hay que frenar la pesca industrial destructiva y la minería submarina, que causarían daños irreparables en los fondos oceÔnicos.

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La diversidad tambiƩn se cultiva

En tierra firme, la pérdida de biodiversidad afecta también a los alimentos. Un estudio publicado en PNAS por Maarten van Zonneveld y otros investigadores advierte de que la variedad genética de las verduras estÔ insuficientemente conservada. El comercio global ha impuesto unas pocas variedades estandarizadas, seleccionadas por su rendimiento y resistencia al transporte, en detrimento de la riqueza nutricional y agronómica. Esta homogeneización deja al sistema alimentario sin «piezas de repuesto» frente a plagas, sequías o golpes de calor. La iniciativa Vegetables4Life, impulsada por el World Vegetable Center y Crop Trust, busca recaudar 300 millones de dólares para recolectar y utilizar biodiversidad vegetal en puntos calientes de todo el mundo.

Mientras tanto, los consumidores pueden aportar su grano de arena eligiendo variedades locales y tradicionales, pero la responsabilidad principal recae en las políticas públicas y en los bancos de germoplasma, que deben pasar de «conservar para archivar» a «conservar para usar». Los comedores escolares y hospitales pueden crear demanda estable para estas variedades, y la mejora participativa con agricultores es una vía para equilibrar rendimiento y adaptación climÔtica, destacando la importancia de la biodiversidad del suelo como escudo invisible.

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La industria farmacéutica se suma a la conservación

El sector farmacéutico innovador también ha entrado en el juego. El informe «Planeta sano, personas sanas» de la IFPMA analiza su contribución al Marco Global de Biodiversidad y asegura que sus empresas ya aportan a 18 de los 23 objetivos del acuerdo. La salud humana y la naturaleza estÔn profundamente interconectadas: el cambio de uso del suelo aumenta el riesgo de enfermedades zoonóticas, y el cambio climÔtico altera la distribución de vectores infecciosos. Por eso, las compañías estÔn implementando cadenas de valor responsables, reduciendo el impacto ambiental de los medicamentos y apostando por la descarbonización. Un ejemplo concreto es la sustitución de reactivos derivados del cangrejo herradura por Factor C recombinante, evitando la sobreexplotación de esta especie sensible.

AdemÔs, el 97% de las empresas miembro tiene programas de descarbonización, y el 82% ha fijado objetivos alineados con la iniciativa Science Based Targets. La inversión en proyectos de reforestación y restauración de cuencas hidrogrÔficas se combina con la integración de la naturaleza en el gobierno corporativo, siguiendo las recomendaciones del TNFD y las directivas europeas.

Renaturalización en el Mar Menor: un caso prÔctico

En el Ômbito local, el proyecto de Renaturalización de Balsas de Riego en el entorno del Mar Menor, en el que participa Veolia junto a la Comunidad de Regantes del Campo de Cartagena, demuestra que las infraestructuras hidrÔulicas pueden cumplir su función productiva y, al mismo tiempo, aportar valor ambiental. Ocho balsas de riego se estÔn transformando en filtros verdes y refugios de biodiversidad, con vegetación que estabiliza riberas, crea corredores ecológicos y mejora la calidad del agua. El seguimiento ya ha constatado la presencia de 38 especies de aves y varios tipos de odonatos, indicadores de la recuperación ecológica.

También se estÔn evaluando cultivos alternativos de bajo consumo hídrico, como la trufa del desierto, la higuera o el granado, en la balsa de Torre Pacheco. Esta iniciativa, financiada por la Fundación Biodiversidad del MITECO, es un ejemplo de cómo adaptar la agricultura al cambio climÔtico sin renunciar a la productividad. La colaboración entre administraciones, empresas y regantes demuestra que la sostenibilidad puede construirse a partir de infraestructuras existentes.

La biodiversidad se enfrenta a múltiples amenazas, pero también a una creciente movilización global. Desde las cumbres internacionales hasta los proyectos de renaturalización, pasando por el compromiso de la industria y la concienciación ciudadana, hay motivos para la esperanza. La clave estÔ en mantener la presión y traducir los acuerdos en acciones concretas que protejan tanto los ecosistemas marinos como la diversidad agrícola y terrestre. España, con su elevada exposición a la desertificación y al calentamiento del MediterrÔneo, tiene la oportunidad de liderar la transición hacia un modelo mÔs resiliente y respetuoso con la naturaleza.

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