La Amazonía, ese vasto territorio que atraviesa varios países de Sudamérica, es mucho más que un pulmón verde. Es un mosaico de culturas, lenguas y tradiciones que han sobrevivido durante siglos. Sin embargo, en las últimas décadas, la región se ha convertido en escenario de tensiones entre el desarrollo extractivo y la defensa de los derechos de sus pueblos originarios. La presión de la industria petrolera, la deforestación y la contaminación amenazan un equilibrio que resulta vital para el planeta.
En este contexto, surgen voces y proyectos que buscan tender puentes entre el mundo occidental y las comunidades amazónicas. Uno de ellos tiene nombre español: Miriam Avecilla, una ceramista sevillana afincada en Zamora, que ha hecho del barro su brújula. Su próximo viaje a la Amazonía peruana no es una simple aventura, sino una inmersión en los saberes ancestrales que, según ella, solo se aprenden conviviendo y observando.
Un puente de barro entre Zamora y la Amazonía
Miriam Avecilla llegó hace tres años a Venialbo, un pequeño pueblo de Zamora, casi por casualidad. Allí encontró no solo un lugar donde vivir, sino una comunidad de artesanos con la que compartir su oficio. Su proyecto une arte, cerámica y acompañamiento emocional, y ha conseguido convertir talleres en puntos de encuentro donde se aprende del territorio y de sus gentes. Pero su mirada va más allá de las fronteras españolas.
Desde hace años, Miriam viaja a Perú para aprender de la cerámica ancestral amazónica, una tradición menos conocida que la andina pero igualmente rica. En ese camino ha sido clave la figura de Juanita Bartra, ceramista e investigadora de 87 años, que le ha abierto las puertas de comunidades nativas. El intercambio es bidireccional: Miriam no solo aprende, sino que también comparte sus conocimientos y colabora en los procesos cerámicos locales.

Este año, su estancia se prolongará durante seis meses, y una parte de la experiencia estará abierta a un grupo reducido de personas. No se trata de un viaje turístico, sino de una inmersión cultural y humana, siempre desde el respeto hacia quienes mantienen vivos esos conocimientos. La iniciativa ‘El origen del hacer’, impulsada junto a la artista argentina Laura Galeotti, es un ejemplo de cómo la artesanía puede conectar continentes.
Una región bajo presión
Mientras Miriam prepara su equipaje, la Amazonía sigue enfrentando desafíos que trascienden lo cultural. La explotación de recursos naturales, especialmente el petróleo en la Amazonía, ha dejado heridas profundas en el territorio y en sus habitantes. En Ecuador, por ejemplo, comunidades indígenas han denunciado durante años los efectos de los mecheros de gas y los derrames de crudo en su salud y su entorno. La contaminación del aire y del agua ha provocado enfermedades y ha puesto en riesgo la supervivencia de pueblos enteros.
La respuesta no se ha hecho esperar. Grupos de mujeres y jóvenes, como las conocidas ‘Guerreras de la Amazonía’, han alzado la voz y han llevado sus demandas ante los tribunales. La justicia ha reconocido en algunos casos el daño causado, pero la falta de cumplimiento de las sentencias evidencia la fragilidad de los mecanismos de protección. Esta situación no es exclusiva de Ecuador; en Brasil, la exploración petrolera frente a la costa amazónica también ha generado alertas entre los ambientalistas.
La esperanza en el conocimiento ancestral
Frente a este panorama, iniciativas como la de Miriam Avecilla adquieren un valor simbólico y práctico. El intercambio de saberes entre culturas no solo enriquece a quienes participan, sino que también contribuye a visibilizar la riqueza de la Amazonía más allá de sus recursos naturales. La cerámica, el tejido, la medicina tradicional son expresiones de una cosmovisión que entiende la tierra como un ser vivo, no como una mercancía.
Para Miriam, el barro es un hilo conductor que une a personas de distintos continentes. Su viaje no nace del deseo de abandonar Zamora, sino de la necesidad de aprender para volver y compartir. Esa filosofía, aplicada a gran escala, podría ser una de las claves para construir un futuro más justo y sostenible en la Amazonía.
La región necesita, más que nunca, que se escuchen las voces de sus pueblos y que se respeten sus derechos. La defensa de la Amazonía no es solo una cuestión ambiental, sino también de justicia social y cultural. Proyectos como el de Miriam demuestran que el diálogo entre el Norte y el Sur es posible, y que el arte puede ser un vehículo para la transformación.
Al final, lo que queda es la certeza de que la Amazonía no es un territorio lejano, sino un espejo donde se reflejan nuestras propias contradicciones y esperanzas. La mirada de una ceramista española sobre la selva peruana nos recuerda que el conocimiento no tiene fronteras, y que la solidaridad puede expresarse de las maneras más inesperadas. Quizá por eso, el barro sigue siendo, para Miriam, una brújula que apunta hacia un horizonte compartido.