
Las inundaciones y deslizamientos de tierra en el estado brasileño de Minas Gerais han desencadenado una crisis humanitaria que se agrava con el paso de las horas. Las lluvias, que no han dado tregua desde comienzos de semana, han golpeado con especial dureza a los municipios de Juiz de Fora y Ubá, donde se concentra la práctica totalidad de las vĂctimas mortales y desaparecidos.
Mientras los equipos de rescate siguen trabajando contrarreloj, las autoridades locales y estatales manejan ya un balance de decenas de fallecidos, una veintena de desaparecidos y miles de personas desplazadas. La población vive entre el miedo a nuevas precipitaciones intensas y la incertidumbre de no saber cuándo podrá regresar a sus hogares o incluso si éstos seguirán en pie.
Escalada de vĂctimas y desaparecidos en Juiz de Fora y Ubá

Desde el inicio del temporal, las cifras han ido aumentando a medida que avanzaban las labores de rescate. Los balances difundidos por el Cuerpo de Bomberos y la Defensa Civil de Minas Gerais hablan de al menos entre 50 y casi 60 fallecidos en la regiĂłn, con el grueso de las vĂctimas en Juiz de Fora y un nĂşmero menor en Ubá. Los datos varĂan segĂşn el momento del recuento, pero todos coinciden en la magnitud del desastre.
En algunos de los primeros informes se mencionaban alrededor de 28 a 36 muertos y más de 40 desaparecidos, cifras que pronto se quedaron cortas. Con el avance de la bĂşsqueda en zonas de difĂcil acceso, las autoridades han llegado a registrar más de medio centenar de muertes vinculadas directamente a las inundaciones y deslizamientos de tierra en estos dos municipios de la llamada Zona da Mata, una regiĂłn montañosa al este de Minas Gerais.
Juiz de Fora, ciudad de entre 540.000 y 600.000 habitantes situada a unos 310 kilĂłmetros al norte de RĂo de Janeiro, concentra la mayorĂa de los decesos, con decenas de vĂctimas confirmadas y más de una docena de personas aĂşn en paradero desconocido. En Ubá, a unos 100 kilĂłmetros de distancia, se han contabilizado varios fallecidos, además de cientos de damnificados cuyas casas han resultado parcial o totalmente destruidas.
El número de personas obligadas a abandonar sus hogares también se ha ido incrementando. Los distintos reportes hablan de entre 3.000 y cerca de 4.000 residentes desplazados en ambos municipios, alojados provisionalmente en escuelas, iglesias y otros edificios públicos acondicionados como refugios temporales, además de casas de familiares y amigos.
Junto al recuento oficial, las historias personales ilustran la dimensiĂłn humana de la tragedia: familias que entierran a menores fallecidos en el derrumbe de sus viviendas, vecinos que describen un paisaje de guerra y barrios enteros cubiertos de barro y escombros. Testimonios recogidos en Juiz de Fora relatan la angustia de quienes temen nuevos derrumbes mientras esperan noticias de sus seres queridos desaparecidos.
Parque Burnier y TrĂŞs Moinhos, epicentro del desastre

Dentro de Juiz de Fora, algunos barrios se han convertido en sĂmbolo del impacto devastador de las lluvias. Es el caso de Parque Burnier, señalado por los bomberos como una de las zonas cero de los deslizamientos de tierra. En una sola calle, un corrimiento de ladera arrasĂł con al menos una docena de viviendas, dejando a su paso un paisaje de ruinas y lodo.
En Parque Burnier se han contabilizado mĂşltiples vĂctimas y una cifra relevante de desaparecidos, entre ellos varios menores. Nueve personas llegaron a ser rescatadas con vida bajo los escombros, gracias a la acciĂłn combinada de equipos de emergencia y vecinos que se organizaron de forma espontánea para colaborar en las tareas de bĂşsqueda.
Otro de los puntos gravemente afectados es el barrio de Três Moinhos, donde se han registrado varios deslizamientos de tierra. En esta zona periférica, de menor cobertura institucional, los propios residentes han tenido que asumir buena parte de las labores de retirada de escombros, ante la lentitud o ausencia de ayuda oficial en los primeros momentos.
Las escenas que se repiten en estos barrios incluyen calles convertidas en autĂ©nticos rĂos de barro, casas colapsadas o partidas por la mitad y estructuras al borde del derrumbe. Muchas familias se han visto obligadas a salir con lo puesto, regresando despuĂ©s a toda prisa durante las breves treguas de la lluvia para intentar recuperar electrodomĂ©sticos, muebles, colchones o incluso mascotas que dejaron atrás en la evacuaciĂłn inicial.
La percepciĂłn de inseguridad y abandono se suma al miedo fĂsico al terreno inestable. Vecinos describen cĂłmo escuchan crujidos en los taludes y desprendimientos de rocas, alimentando el temor a que el lodo vuelva a deslizarse y entierre sus viviendas. Algunas personas han optado por permanecer en refugios improvisados en iglesias o escuelas, a la espera de que los tĂ©cnicos municipales evalĂşen la estabilidad de las laderas y autoricen un posible regreso.
Lluvias rĂ©cord, rĂos desbordados y terreno saturado

La intensidad del temporal no se explica solo por la cantidad de agua caĂda en pocas horas, sino por una acumulaciĂłn excepcional de lluvia durante todo el mes. Juiz de Fora ha registrado el febrero más lluvioso de su serie histĂłrica, con valores en torno a los 584-589 milĂmetros de precipitaciĂłn acumulada, muy por encima del promedio habitual para estas fechas.
En algunos balances que abarcan todo el periodo de lluvias, se llega a mencionar un acumulado cercano a los 700 milĂmetros, hasta un 400 % por encima de la media histĂłrica en la regiĂłn. Esta cantidad de agua sobre un terreno con fuerte pendiente y ya saturado ha creado las condiciones perfectas para los deslizamientos masivos de tierra y los derrumbes de edificaciones construidas en laderas inestables.
El rĂo Paraibuna y varios de sus afluentes se han desbordado tras el episodio más intenso, inundando decenas de calles y barrios completos; en contextos similares la apertura de compuertas del mayor embalse busca reducir la crecida. Los desbordamientos han provocado no solo anegamientos en zonas residenciales, sino tambiĂ©n daños en puentes, carreteras y redes de servicios básicos, complicando el acceso de los vehĂculos de emergencia y el restablecimiento del suministro elĂ©ctrico y de agua potable.
Los organismos especializados, como el Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden) y el Instituto Nacional de MeteorologĂa, han advertido de un riesgo muy alto de nuevas emergencias. La combinaciĂłn de terreno saturado, drenaje urbano deficiente y previsiĂłn de más precipitaciones intensas en los prĂłximos dĂas mantiene la regiĂłn en alerta roja.
Esta coyuntura se enmarca, además, en un contexto de aumento de episodios de clima extremo en Brasil, que cientĂficos asocian en buena medida al cambio climático de origen humano. En los Ăşltimos años, el paĂs ha vivido otras inundaciones histĂłricas -como las de Rio Grande do Sul- con cientos de muertos y enormes pĂ©rdidas econĂłmicas, lo que refuerza el debate sobre la necesidad de polĂticas de adaptaciĂłn y prevenciĂłn a medio y largo plazo.
Respuesta de las autoridades y operativo de emergencia
Ante la magnitud de los daños, la alcaldesa de Juiz de Fora, Margarida SalomĂŁo, decretĂł el estado de calamidad pĂşblica durante la madrugada, en un mensaje difundido por redes sociales en el que calificĂł la situaciĂłn de “gravĂsima” y “extrema”. Esa declaraciĂłn permite agilizar el acceso a recursos estatales y federales, asĂ como flexibilizar procesos administrativos para contratar obras y servicios de urgencia.
El gobernador de Minas Gerais, Romeu Zema, ha visitado la zona y prometido que el estado hará todo lo posible para “aliviar el sufrimiento” de la población afectada. Paralelamente, se ha visto envuelto en una polémica por informaciones que apuntan a una drástica reducción de la inversión en prevención de desastres relacionados con lluvias en los últimos años, algo que el propio Zema ha negado públicamente.
Desde el Gobierno federal, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha anunciado el despliegue de fuerzas de seguridad y equipos mĂ©dicos en las áreas más golpeadas, asĂ como el envĂo de recursos extraordinarios. Entre las medidas especĂficas destaca una ayuda directa de 800 reales para cada persona que se haya quedado sin hogar, fondos que serán transferidos a las alcaldĂas para su distribuciĂłn.
En el terreno, el operativo de emergencia está formado por cientos de bomberos, agentes de defensa civil, brigadistas y voluntarios, apoyados por maquinaria pesada y perros especializados en la búsqueda de personas sepultadas en estructuras colapsadas. En los momentos de mayor intensidad del dispositivo, se ha llegado a desplegar más de un centenar de efectivos solo en Juiz de Fora, con refuerzos procedentes de Belo Horizonte y otros municipios.
Las autoridades locales han decidido suspender las clases en todas las escuelas de los municipios afectados, además de interrumpir el transporte público y recomendar el trabajo remoto para los empleados municipales. El objetivo es reducir la circulación de personas en zonas con riesgo de nuevos derrumbes y facilitar la labor de los equipos de rescate y limpieza.
Damnificados, refugios improvisados y tejido social
Más allá de la estadĂstica, el drama se mide en la vida cotidiana de quienes han perdido a familiares, viviendas y medios de subsistencia. En Juiz de Fora, alrededor de 600 familias que viven en áreas de alto riesgo han sido reubicadas en escuelas pĂşblicas y otros edificios acondicionados como refugios temporales, donde se concentran tambiĂ©n donaciones de comida, agua, ropa y artĂculos de higiene.
Iglesias y organizaciones comunitarias han jugado un papel clave en esta fase de emergencia. Algunos templos se han transformado en centros de acogida y distribuciĂłn de ayuda, donde vecinos y voluntarios se coordinan para entregar alimentos y organizar colectas. Pastores y lĂderes comunitarios describen la situaciĂłn como una “guerra” contra el barro, el miedo y la incertidumbre.
Entre los evacuados hay quienes han decidido no regresar a sus casas hasta tener la seguridad de que las laderas no volverán a ceder. Otros han optado por volver a barrios como Parque Burnier o Três Moinhos en los momentos de menor lluvia, con la esperanza de rescatar lo poco que queda útil entre los restos de sus viviendas.
La sensación de abandono por parte de algunas administraciones también se hace presente. Residentes de zonas periféricas denuncian la falta de obras de contención en taludes inestables y la ausencia de medidas preventivas eficaces, a pesar de que las lluvias intensas y los deslizamientos son una constante en los veranos de la región.
Para muchas familias, el golpe no es solo material: la pérdida de seres queridos, de recuerdos y de un lugar al que llamar hogar marca un antes y un después. Psicólogos y trabajadores sociales, cuando están disponibles, intentan acompañar a los afectados, mientras se multiplican iniciativas vecinales para ofrecer apoyo emocional y práctico a quienes lo han perdido casi todo.
Riesgo de nuevas lluvias y desafĂos a medio plazo
Con la regiĂłn aĂşn removiendo escombros y enterrando a sus muertos, los pronĂłsticos apuntan a que las lluvias podrĂan mantenerse en los prĂłximos dĂas. El Cemaden y el servicio meteorolĂłgico han emitido nuevas alertas por posibles episodios de precipitaciĂłn intensa, con riesgo de que se repitan inundaciones sĂşbitas y deslizamientos adicionales en las áreas ya castigadas por el temporal.
El terreno, empapado tras dĂas de lluvia continua, se encuentra en una situaciĂłn particularmente inestable. En algunas zonas de Minas Gerais se han medido más de 100 milĂmetros adicionales en pocas horas, lo que ha obligado a suspender temporalmente las operaciones de bĂşsqueda cuando las condiciones se volvĂan demasiado peligrosas para los equipos de rescate.
A medio plazo, la reconstrucciĂłn exigirá no solo reparar viviendas y carreteras, sino tambiĂ©n replantear la ocupaciĂłn del suelo en laderas y márgenes de rĂos. Las autoridades han hablado de reforzar barreras en taludes vulnerables y de ejecutar proyectos de ingenierĂa para mitigar riesgos futuros, aunque muchos vecinos desconfĂan de que estas promesas se traduzcan en obras concretas una vez pase la emergencia.
El debate pĂşblico en Brasil vuelve asĂ sobre una cuestiĂłn recurrente: cĂłmo combinar polĂticas de vivienda, ordenaciĂłn del territorio y adaptaciĂłn al cambio climático para reducir la exposiciĂłn de la poblaciĂłn a fenĂłmenos extremos que, segĂşn los cientĂficos, serán cada vez más frecuentes e intensos.
Mientras tanto, en Juiz de Fora y Ubá el dĂa a dĂa sigue marcado por el barro, las sirenas y las noticias de nuevos hallazgos bajo los escombros. La poblaciĂłn intenta rehacer su vida con la ayuda de familiares, amigos y voluntarios, a la espera de que las lluvias den finalmente una tregua y de que las promesas de apoyo institucional se conviertan en soluciones duraderas.