
La Comunidad de Madrid ha puesto en marcha una instalación pionera destinada al control y eliminación de microplásticos del agua residual, convirtiéndose en el primer proyecto de estas características en España en una depuradora en servicio, probando tecnologías que ya funcionan en depuradoras. El sistema ya opera en la estación depuradora de aguas residuales (EDAR) de Arroyo del Soto, en el municipio de Móstoles.
Esta nueva planta es fruto de un convenio firmado en julio de 2024 entre Canal de Isabel II y la empresa tecnológica Captoplastic, y ha comenzado a funcionar durante el mes de enero. Con su puesta en marcha, la región madrileña se adelanta a las futuras obligaciones de la Unión Europea en materia de control de contaminantes emergentes, especialmente los microplásticos presentes en el ciclo urbano del agua.
La iniciativa se enmarca en la estrategia del Ejecutivo autonómico para reforzar la calidad del tratamiento de aguas residuales y minimizar la presencia de partículas plásticas en los vertidos procedentes de las depuradoras. Más allá del carácter experimental, el objetivo es probar una tecnología escalable que pueda incorporarse progresivamente a otras instalaciones si los resultados se consolidan.
Según ha informado la Comunidad de Madrid, este proyecto supone un paso relevante en la protección de las masas de agua de la región, al actuar sobre un tipo de contaminación que, por su tamaño diminuto, suele pasar desapercibida en los sistemas de depuración convencionales, contribuyendo a evitar la contaminación de los ríos. De este modo, el sistema madrileño aspira a convertirse en referencia técnica para otras ciudades españolas y europeas con retos similares.
La colaboración entre el operador público Canal de Isabel II y la firma Captoplastic ilustra cómo la cooperación entre sector público y privado puede acelerar la implantación de soluciones tecnológicas frente a problemas ambientales complejos, en este caso el filtrado y retirada de microplásticos del agua residual urbana.
Cómo funciona la instalación y qué la hace diferente
La planta piloto incorporada a la EDAR de Arroyo del Soto utiliza un sistema innovador para capturar microplásticos que, por su tamaño inferior a cinco milímetros, resultan especialmente difíciles de retener mediante los procesos de depuración tradicionales, basado en tecnologías de eliminación de microplásticos. Estas partículas son muy resistentes a la degradación y pueden permanecer largo tiempo en el medio acuático.
El corazón de la instalación es un captador magnético diseñado para adherirse a los fragmentos de plástico presentes en el agua residual. Tras el contacto, el conjunto formado por el captador y los microplásticos puede separarse del flujo de agua y retirarse de manera controlada, reduciendo así la carga contaminante que acabaría llegando a los ríos o cauces receptores.
Una de las características destacadas de este desarrollo es su planteamiento de «residuo cero». El material magnético utilizado para agrupar las partículas plásticas se recupera tras el proceso, de manera que puede volver a emplearse en sucesivos ciclos de tratamiento. Este enfoque limita la generación de nuevos residuos asociados a la propia depuración.
La instalación ha sido diseñada para integrarse en la cadena de tratamiento de la EDAR sin alterar en exceso la operativa habitual, algo clave para valorar su futura implantación en otras plantas de la red. El objetivo es que este tipo de sistemas pueda sumarse a los procesos de depuración existentes sin requerir modificaciones estructurales de gran calado.
De esta forma, la Comunidad de Madrid no solo prueba una tecnología de captura de microplásticos, sino también su viabilidad operativa y económica en un entorno real de depuración urbana, con caudales variables y diferentes características del agua residual que llega a la planta.
Capacidad de tratamiento: hasta 100.000 litros de agua cada hora
La instalación pionera en Móstoles dispone de una capacidad de tratamiento de hasta 100.000 litros de agua por hora, una cifra significativa para un proyecto de carácter piloto. Este volumen permite someter a ensayo la tecnología en condiciones cercanas a las de una explotación habitual.
El sistema está concebido para funcionar de manera continua, tratando el agua residual que atraviesa la EDAR de Arroyo del Soto y aplicando el proceso de captación magnética sobre el caudal seleccionado. De este modo, se puede evaluar cómo responde la tecnología ante variaciones en la carga contaminante o en el caudal que llega diariamente a la depuradora.
La incorporación de esta solución no se limita a un simple filtro adicional, sino que introduce un método específico para atrapar partículas plásticas muy pequeñas, que son precisamente las que más fácilmente escapan a las barreras físicas convencionales. El diseño de la instalación busca compatibilizar eficacia y estabilidad operativa.
Este enfoque abre la puerta a que, en un futuro, se pueda plantear la ampliación de la capacidad de tratamiento o la réplica del sistema en otras estaciones depuradoras, adaptando el tamaño de la instalación piloto a las necesidades y características de cada planta.
En paralelo, la experiencia de Móstoles permitirá recabar información sobre el consumo energético, las necesidades de mantenimiento y el comportamiento de los equipos a lo largo del tiempo, aspectos clave para determinar si esta tecnología resulta viable a gran escala en redes de saneamiento complejas como la madrileña.
Resultados iniciales: una eficacia superior al 80%
Los ensayos llevados a cabo en la EDAR de Arroyo del Soto muestran, en esta fase inicial, una eficacia superior al 80% en la eliminación de microplásticos presentes en el agua residual tratada por el sistema. Se trata de resultados considerados prometedores por los responsables del proyecto.
Las pruebas se centran en medir tanto la capacidad de retención de partículas plásticas como los métodos de cuantificación empleados para conocer cuántos microplásticos entran y cuántos salen del proceso. Este trabajo analítico resulta esencial para disponer de datos comparables y fiables.
En paralelo, se están evaluando distintas condiciones de funcionamiento, como variaciones en el caudal tratado o en la composición del agua, para comprobar si la eficacia se mantiene estable y detectar posibles márgenes de mejora. El objetivo es afinar el sistema antes de dar pasos hacia su extensión a otras instalaciones.
Los datos recopilados servirán al Canal de Isabel II y a la Comunidad de Madrid para valorar la posible implantación de esta tecnología en otras depuradoras de la red autonómica. En función del comportamiento de la planta piloto, se estudiará si conviene adaptar el diseño o dimensionar el sistema para distintas capacidades.
En cualquier caso, el hecho de que, desde el inicio, se haya registrado una eficacia superior al 80% sitúa a esta tecnología como una alternativa a tener en cuenta para reforzar la lucha contra los microplásticos en el ciclo urbano del agua, un ámbito donde aún hay margen para la mejora tecnológica.
Microplásticos: un contaminante emergente en el punto de mira
Los microplásticos son pequeños fragmentos de plástico de menos de cinco milímetros que no se disuelven en el agua y cuya degradación en el medio ambiente es muy lenta. Su origen es diverso: desde productos cosméticos y textiles sintéticos hasta la fragmentación de plásticos de mayor tamaño.
La presencia de estas partículas en ríos, lagos, mares y, en general, en el ciclo del agua, se ha convertido en uno de los retos ambientales más destacados para el sector de la depuración. Su tamaño reducido facilita que se cuelen a través de los procesos convencionales y terminen acumulándose en los ecosistemas acuáticos.
Por este motivo, los microplásticos se consideran un «contaminante emergente». No se trata de un problema nuevo, pero sí de un fenómeno sobre el que cada vez existe mayor evidencia científica y preocupación social. Su detección y cuantificación son complejas, y su impacto potencial en la cadena alimentaria y en la salud humana sigue siendo objeto de estudio.
En este contexto, el desarrollo de tecnologías específicas para su captura y eliminación en las depuradoras se está convirtiendo en una prioridad para empresas gestoras del ciclo del agua, administraciones públicas y centros de investigación, tanto en España como en el conjunto de Europa.
La experiencia que se acumule en instalaciones como la de Móstoles podrá contribuir a definir mejores prácticas y estándares técnicos para abordar este tipo de contaminación, combinando soluciones de ingeniería con políticas de prevención en origen y cambios en los hábitos de producción y consumo de plásticos.
Anticiparse a la normativa europea y proteger los ecosistemas
La nueva normativa europea en materia de depuración de aguas ya recoge la necesidad de controlar y limitar la concentración de microplásticos y otros contaminantes emergentes en los vertidos. Esto obliga a los Estados miembros a adaptar sus sistemas de tratamiento para cumplir objetivos cada vez más exigentes.
Con la puesta en marcha de la instalación pionera en Arroyo del Soto, Canal de Isabel II y la Comunidad de Madrid dan un paso para adelantarse a las futuras exigencias regulatorias, probando soluciones avanzadas antes de que resulten obligatorias por ley. Esta anticipación puede facilitar una adaptación más gradual y menos costosa.
El proyecto se alinea con las políticas europeas de protección de los ecosistemas acuáticos y de mejora de la calidad del agua, reforzando el papel de las depuradoras como barrera clave frente a la llegada de contaminantes al medio natural. Cada mejora en el proceso de tratamiento reduce la presión sobre ríos y otros cuerpos receptores.
Además, la implantación de este tipo de tecnologías contribuye a fortalecer la imagen de las infraestructuras de saneamiento como elementos centrales de la transición ecológica, no solo encargadas de depurar aguas residuales, sino también de mitigar la presencia de sustancias que hasta hace poco apenas se tenían en cuenta.
En el caso madrileño, la experiencia obtenida permitirá a la administración regional valorar qué combinación de medidas resulta más adecuada para compatibilizar el cumplimiento normativo, la protección ambiental y la eficiencia económica, de cara a futuras inversiones en la red de depuración.
Un modelo potencial para otras depuradoras de España y Europa
La puesta en marcha de esta instalación pionera en Móstoles sitúa a la Comunidad de Madrid entre las regiones que están explorando soluciones avanzadas para reducir los microplásticos en el agua residual. Aunque se trata de un proyecto piloto, su diseño busca ser replicable en otras plantas.
Si los resultados de eficacia y funcionamiento se consolidan, el sistema desarrollado por Canal de Isabel II y Captoplastic podría servir de referencia para otras ciudades españolas y europeas interesadas en reforzar el control de este tipo de contaminación. La experiencia compartida puede acelerar la adopción de tecnologías similares fuera de Madrid.
El proyecto también ilustra el papel de las empresas públicas de agua como agentes de innovación, no solo como gestoras de infraestructuras básicas. En este caso, la combinación de conocimiento técnico del operador público y especialización tecnológica privada ha permitido dar forma a una solución concreta para un problema global.
En un contexto en el que se prevé un endurecimiento progresivo de los estándares ambientales, contar con ejemplos reales de tecnologías en funcionamiento puede facilitar que otras administraciones se animen a ensayar propuestas parecidas, adaptadas a sus propias realidades y caudales de depuración.
La planta de Arroyo del Soto se convierte así en un laboratorio a escala real, donde se pone a prueba no solo un nuevo sistema de captura de microplásticos, sino también una forma de abordar los desafíos ambientales del agua desde la combinación de innovación, regulación y gestión pública responsable.
Con esta instalación destinada al control y eliminación de microplásticos del agua residual, la Comunidad de Madrid incorpora a su red de depuración una herramienta que combina tecnología específica, colaboración público-privada y anticipación a las normas europeas, con resultados iniciales que superan el 80% de eficacia y que pueden marcar el camino a seguir para otras depuradoras en España y en el resto de Europa.