Las últimas jornadas están siendo especialmente intensas en la lucha contra incendios forestales en distintos puntos de España y Portugal. Las autoridades han declarado la alerta máxima en diversas regiones ante las condiciones meteorológicas adversas, con temperaturas que sobrepasan los 36 grados, sequía extrema y humedad relativa por debajo del 30%. Este escenario, unido a vientos favorables a la propagación de las llamas, ha obligado a activar distintos protocolos de emergencia y a reforzar la vigilancia en entornos rurales y forestales.
La amenaza de los incendios forestales no solo supone una pérdida ecológica irreparable, sino que afecta directamente a la salud pública, el turismo y la economía local. Por ello, diferentes instituciones y colectivos, desde servicios públicos hasta equipos de investigación, se vuelcan en estrategias de prevención, extinción y recuperación del territorio afectado.
Situación de alerta y medidas en Canarias y otras regiones
El Gobierno de Canarias, a través de su Dirección General de Emergencias, ha declarado la situación de alerta por incendio forestal en la isla de Gran Canaria, especialmente a partir de los 400 metros de altitud. Esta medida se extiende también a El Hierro, La Gomera, La Palma y Tenerife, motivada por la previsión de altas temperaturas, baja humedad y vientos variables que incrementan el riesgo de incendio.
Las administraciones locales, como el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, mantienen activos sus planes municipales de emergencia e insisten en la importancia de seguir recomendaciones básicas de autoprotección: evitar encender fuego en áreas no autorizadas, no abandonar colillas o residuos combustibles, preparar las zonas perimetrales de viviendas situadas en el campo y llamar inmediatamente al 112 ante cualquier indicio de fuego.

La población también está siendo advertida sobre la importancia de protegerse del calor extremo, minimizando la exposición al sol, asegurando una buena hidratación y evitando la práctica de actividades físicas en las horas más calurosas.
Incendios activos en la Península Ibérica: avances y dificultades
En la zona centro y norte de Portugal y Castilla y León (España), varios focos permanecen activos, destacando el incendio de Ávila que afecta a zonas cercanas a Mombeltrán y El Arenal. La situación se ha complicado por la dificultad del terreno, el combustible acumulado y el viento cambiante, lo que dificulta la labor de los equipos de extinción, formados por más de 300 personas y apoyados con numerosos medios aéreos y terrestres.
En Portugal, los incendios en Arouca, Penamacor y Ponte da Barca han obligado a desplegar más de 1.300 bomberos y una docena de aviones, con apoyo aéreo de España. En Proença-a-Velha, esfuerzos vecinales han intentado salvar valiosos olivos centenarios.
La calidad del aire se ha visto seriamente afectada en varias localidades, lo que ha forzado el confinamiento de los residentes en lugares como Mombeltrán y la emisión de alertas en toda Castilla y León. En algunas áreas, las llamas han llegado a terrenos que superan ya las 500 hectáreas quemadas, mientras persisten focos secundarios y la contención avanza lentamente.
Se han dictado órdenes de evacuación y confinamiento en varias aldeas y municipios tanto en España como en Portugal, estableciéndose alertas rojas y medidas de control del tráfico y el acceso a las zonas afectadas. La Unidad Militar de Emergencias ha sido movilizada para reforzar las labores de extinción.
Prevención, nuevas tecnologías y gestión del paisaje
Más allá de la extinción, los esfuerzos actuales ponen el acento en la prevención y la reducción del impacto de los incendios. Investigadores de proyectos transfronterizos como Refloresta están desarrollando herramientas digitales avanzadas para analizar la evolución de los incendios en las últimas décadas y proponer soluciones innovadoras: favorecer mosaicos de vegetación menos inflamable, mejorar la accesibilidad y promover especies de rápida regeneración.
Se emplean técnicas de aprendizaje automático para evaluar la resiliencia del paisaje y detectar patrones de vulnerabilidad. El objetivo es diseñar espacios que resistan mejor el paso del fuego y recuperen su equilibrio ecológico en menos tiempo, considerando tanto factores ecológicos como económicos y sociales.
El ahorro potencial de estos sistemas va más allá de lo económico: también se evalúan costes indirectos como la pérdida de biodiversidad, daños a la calidad del agua y el aire o el impacto sobre el turismo y la recolección de productos silvestres.
El papel fundamental de los agentes forestales y medioambientales
Los agentes forestales y medioambientales siguen siendo figura clave en la lucha integral contra los incendios. Su labor va mucho más allá de la vigilancia, ya que también desempeñan funciones de policía judicial, investigación de causas, protección y formación de la población. La reciente aprobación de una normativa estatal pretende homogeneizar funciones y derechos en todo el país, garantizando mayor equiparación laboral y mejores condiciones para estos trabajadores.
Sin embargo, el sector reclama que estos avances legales se materialicen en mejoras reales: movilidad entre comunidades, derecho a jubilación anticipada y carrera profesional clara, para poder atender las necesidades de un territorio cada vez más expuesto al riesgo de grandes incendios.
En lo que llevamos de año, la superficie forestal afectada por incendios en España supera ya las 29.800 hectáreas, cifra que supone un leve aumento respecto a 2024, aunque sigue por debajo de la media de la última década. En el conjunto de la Unión Europea, la temporada también está siendo especialmente complicada, con más de 237.000 hectáreas ardidas hasta el mes de julio.
La colaboración ciudadana, la modernización de los sistemas de gestión del territorio y la apuesta por la investigación y la formación son hoy más importantes que nunca para asegurar una respuesta eficaz frente a los incendios y para lograr que la recuperación tras el fuego sea lo más rápida y sostenible posible.