
La gestión de los recursos naturales en el sector primario ha dado un giro importante gracias al refuerzo de las subvenciones vinculadas a la PolÃtica Agraria Común. En diversas zonas del territorio, especialmente en el arco mediterráneo, se está apostando fuerte por un modelo que no solo busca la rentabilidad, sino que pone el foco en la protección del clima y el medio ambiente dentro de las explotaciones agrarias. Esta estrategia permite que la producción de alimentos conviva en armonÃa con la mejora de la biodiversidad, demostrando que el campo puede ser el mejor aliado en la lucha contra el cambio climático.
Actualmente, estas lÃneas de apoyo económico están movilizando cantidades que rondan los 37 millones de euros cada año, una cifra nada despreciable que llega directamente al bolsillo de quienes trabajan la tierra. Se estima que más de 35.000 agricultores y ganaderos ya forman parte activa de estas iniciativas, repartiéndose el trabajo entre lo que se conoce como ecorregÃmenes y los compromisos de agroambiente y clima. El objetivo final es garantizar que las explotaciones sigan siendo viables mientras se cuida el paisaje que nos rodea.
EcorregÃmenes: el nuevo estándar para una gestión verde

Los ecorregÃmenes se han consolidado como una de las herramientas más potentes para transformar el dÃa a dÃa en el campo. Se trata de prácticas que los productores eligen de forma voluntaria y por las que reciben una compensación por cada hectárea trabajada. Lo bueno de este sistema es que ofrece una flexibilidad total, ya que cada agricultor puede decidir qué medida le viene mejor según el tipo de suelo que tenga o el cultivo que maneje, ya sean frutales, cereales o pastos para el ganado.
Dentro de este bloque, que mueve unos 18 millones de euros anuales, destacan acciones muy concretas que ayudan a que el suelo esté mucho más sano:
- Agricultura de carbono: Se fomenta el pastoreo extensivo y la rotación de cultivos para que la tierra atrape más CO2.
- AgroecologÃa: Creación de espacios donde la fauna pueda refugiarse, como márgenes vegetales o pequeñas islas de vegetación entre parcelas.
- Mantenimiento de suelos: En los cultivos leñosos, como el olivar o los cÃtricos, se dejan cubiertas vegetales o se trituran los restos de poda para evitar la erosión.
Gracias a este esfuerzo colectivo, se están gestionando de forma sostenible más de 272.000 hectáreas, lo que supone un espaldarazo enorme para la salud de nuestros ecosistemas rurales. Al final, se trata de cobrar por hacer las cosas bien, premiando a quien decide no arar en exceso o a quien cuida la estructura natural de su terreno.
Compromisos agroambientales y protección de la biodiversidad

El segundo gran pilar de estas ayudas se centra en actuaciones mucho más especÃficas que tienen que ver con el entorno y el clima. Aquà es donde entran en juego proyectos tan bonitos como el apoyo a la apicultura, clave para que la polinización siga funcionando correctamente en nuestros montes y valles. También se incluyen medidas para proteger a las aves, respetando sus épocas de crÃa y asegurando que tengan un lugar seguro donde anidar sin que las labores agrÃcolas las molesten.
No podemos olvidarnos de los hábitats tradicionales, como los arrozales en zonas de humedales protegidos, donde el cultivo es esencial para mantener el equilibrio del agua y la vida silvestre. En lugares emblemáticos como el Parque Natural de l’Albufera, estas ayudas permiten que el arroz siga siendo un motor económico y ecológico. Además, una parte importante del presupuesto se destina a la conversión hacia la agricultura ecológica certificada, un sector que no para de crecer y que cuenta con un apoyo anual cercano a los 19 millones de euros.
En este mismo bloque se cuida también nuestro patrimonio genético a través de la ganaderÃa. Se incentiva la crÃa de razas autóctonas que están en peligro de desaparecer, como es el caso de la oveja guirra, que está perfectamente adaptada a nuestro clima y territorio. En total, más de 81.300 hectáreas están bajo estos compromisos especiales, beneficiando a miles de productores que apuestan por la calidad y el respeto a la tradición.
La suma de todos estos esfuerzos financieros y técnicos sitúa a la PAC como el eje central sobre el que gira el futuro del sector primario. Con un presupuesto que supera los 37 millones de euros anuales y la implicación de miles de profesionales, se está logrando que la actividad en los bancales y granjas no solo sea un medio de vida, sino una garantÃa de conservación de los recursos naturales para las próximas generaciones. Este modelo productivo, que equilibra la rentabilidad con la resiliencia del suelo, demuestra que el camino hacia una agricultura más responsable está ya plenamente en marcha.

