El hidrógeno sólido está empezando a colarse en el mundo de la telefonía y de la electrónica como una alternativa real a las baterías tradicionales y a los generadores diésel de toda la vida. Aunque suene todavía a ciencia ficción, ya existen proyectos, ‘startups’ y prototipos que lo utilizan para alimentar torres de telecomunicaciones, móviles, portátiles y sistemas de respaldo energético en situaciones críticas.
Detrás de todo esto hay años de investigación en materiales, pilas de combustible e hidruros metálicos que permiten almacenar el hidrógeno de forma compacta, segura y estable. En este artículo vamos a desgranar, con calma pero sin rodeos, cómo funciona el almacenamiento de hidrógeno en estado sólido, qué avances se han logrado en el laboratorio y en la industria, y cómo se está aplicando ya en la telefonía móvil y en las infraestructuras de comunicaciones.
Por qué el hidrógeno sólido es tan interesante para la energía y la telefonía
Cuando hablamos de hidrógeno como vector energético, lo primero que hay que entender es que normalmente se almacena comprimido en gas o en forma líquida. Ambas opciones funcionan, pero tienen inconvenientes: altas presiones, bajas temperaturas, tanques voluminosos, costes operativos y retos de seguridad nada triviales.
Para aplicaciones móviles, como teléfonos, portátiles o equipos de telecomunicaciones, el principal problema es meter mucha energía en poco espacio sin montar un lío de presión y frío extremo. Ahí entra en juego el almacenamiento en estado sólido, que busca “atrapar” el hidrógeno dentro de materiales especiales, logrando una densidad energética muy alta en volúmenes pequeños y a presiones mucho más bajas.
Además, el contexto energético global empuja en esta dirección. Las fuentes renovables como la solar, eólica e hidráulica son cada vez más baratas y abundantes, pero tienen dos grandes pegas: producen de forma intermitente (cuando hay sol o viento) y están mal repartidas geográficamente. El hidrógeno permite almacenar sus excedentes y transportarlos, pero solo será realmente competitivo si se puede guardar de forma eficiente, segura y compacta.
En paralelo, la telefonía y las comunicaciones se han convertido en infraestructuras críticas que no pueden caerse. Un apagón eléctrico masivo o una catástrofe natural saca a la luz lo frágil que puede ser la red cuando los sistemas de respaldo dependen de generadores diésel, caros, contaminantes y ruidosos. El hidrógeno sólido ofrece una alternativa limpia y autónoma para dar soporte a estas instalaciones.
Investigación en hidrógeno en estado sólido: del proyecto FLYHY a los nuevos materiales
En el ámbito científico, uno de los trabajos de referencia ha sido el proyecto europeo «Fluorine substituted high-capacity hydrides for hydrogen storage at low working temperatures» (FLYHY). Su objetivo fue desarrollar materiales capaces de almacenar grandes cantidades de hidrógeno en estado sólido con vistas a su uso en transporte y en sistemas estacionarios de suministro energético.
El truco de FLYHY consistía en partir de hidruros con alta capacidad de almacenamiento, como el borohidruro de litio (LiBH4) y el borohidruro de calcio (Ca(BH4)2), y modificarlos químicamente sustituyendo parte de los átomos de hidrógeno por halógenos (flúor, cloro, bromo o yodo). Estos materiales se producían mediante procesos pensados ya para poder escalar a nivel industrial, no solo para el laboratorio.
Al cambiar algunos grupos BH4− por halógenos, los investigadores observaron que disminuía la temperatura a la que el material liberaba el hidrógeno, manteniendo una alta densidad de almacenamiento. Se estudiaron en detalle compuestos con flúor en combinación con calcio, litio y sistemas de hidruros reactivos basados en sodio, ajustando parámetros como temperatura, presión y aditivos para optimizar la velocidad de carga y descarga.
Un punto clave fue comprobar que estos hidruros modificados podían soportar muchos ciclos de carga y descarga de hidrógeno sin degradarse en exceso. La estabilidad cíclica es esencial para que una tecnología de almacenamiento sea viable en aplicaciones reales, desde un coche de hidrógeno hasta una torre de telecomunicaciones en una zona remota.
El análisis del ciclo de vida y de costes realizado en FLYHY concluyó que el almacenamiento en estado sólido puede competir con el gas comprimido y el hidrógeno líquido, con la condición de que las materias primas se compren a gran escala a proveedores industriales y no como productos químicos finos de laboratorio. Eso abre la puerta a una reducción de costes cuando se produzca un despliegue masivo.
Todo este trabajo de base está alejando la vieja imagen del hidrógeno como algo peligroso e incontrolable, y lo está acercando a soluciones compactas, seguras y listas para integrarse en pilas de combustible PEM (membrana de intercambio de protones), las mismas que pueden alimentar desde un coche eléctrico hasta dispositivos de telecomunicaciones o pequeños gadgets electrónicos.
Generadores portátiles y cargadores de emergencia basados en hidrógeno
Más allá del laboratorio, ya empiezan a verse equipos comerciales y prototipos que usan hidrógeno para alimentar pequeños dispositivos electrónicos y teléfonos, especialmente en escenarios de emergencia donde no hay red eléctrica.
Un buen ejemplo es el desarrollo de la empresa japonesa Scitem: un sistema portátil de generación de energía de emergencia con forma de maletín que utiliza cartuchos reemplazables de hidrógeno. Estos cartuchos, similares a botes de gas, reaccionan con el oxígeno del aire dentro de una celda de combustible y generan electricidad.
La potencia de salida del prototipo ronda los 30 vatios, suficiente para alimentar portátiles, tablets o smartphones a través de enchufes o puertos USB, pero insuficiente para grandes electrodomésticos o para dar servicio completo a un hogar. Su mayor ventaja es que, a diferencia de las baterías convencionales, los cartuchos de hidrógeno no se descargan con el tiempo, por lo que no pierden capacidad mientras están almacenados.
Scitem planea lanzar este sistema a un precio inicial aproximado de 500.000 yenes (unos 3.900 euros), que obviamente está pensado para usos profesionales o de emergencia más que para el usuario doméstico medio. Aun así, demuestra que el hidrógeno empieza a verse como opción real de respaldo energético portátil.
En paralelo, otras compañías han trabajado en cargadores y baterías externas de hidrógeno para smartphones. Un caso llamativo fue el de Upp, una batería externa basada en pilas de combustible de hidrógeno capaz de cargar móviles mediante un cable USB, al igual que cualquier powerbank, pero utilizando contenedores de hidrógeno en lugar de celdas de ion-litio.
Upp se compone de dos piezas: un módulo electrónico con la célula de combustible y un cartucho de hidrógeno de unos 12 x 9 cm, acoplado mediante imanes. Para garantizar la seguridad, el cartucho emplea un metal específico (Hydrallow C5) que encapsula el “combustible” -una mezcla de titanio, circonio, vanadio, hierro, cromo, manganeso e hidrógeno- minimizando el riesgo de explosión.
El funcionamiento es sencillo desde el punto de vista del usuario, pero tecnológicamente sofisticado: la célula extrae el hidrógeno del cartucho y lo hace reaccionar con el oxígeno del aire sobre una placa metálica. De esa reacción surge agua y se liberan electrones, que son los que realmente recargan la batería del móvil. Como subproductos, solo se generan agua y un poco de calor.
Cada cartucho de Upp permite cargar aproximadamente cinco iPhone y entre dos y tres teléfonos Android, dependiendo de su capacidad. Sin embargo, el coste es alto: unos 35 libras por cartucho, con la posibilidad de recargarlo hasta diez veces en puntos autorizados por un precio adicional. Además, el sistema necesita un pequeño ventilador para asegurar la entrada continua de aire, por lo que no es cómodo dejarlo metido en una mochila mientras trabaja.
Todo esto deja claro que la tecnología de pilas de combustible portátiles está madura, pero el modelo de negocio y el diseño de uso aún tienen recorrido. Los precios de los cartuchos, la logística de recarga y la ergonomía son desafíos pendientes antes de que estos sistemas puedan competir de tú a tú con las baterías externas de litio de toda la vida.
Hidruros de calcio para cargar smartphones: el caso Rohm y Aquafairy
Otra línea muy interesante la han impulsado las empresas japonesas Rohm y Aquafairy en colaboración con la Universidad de Kioto, que han desarrollado un sistema de carga para smartphones basado en pilas de combustible que usan láminas de hidruro de calcio como almacenamiento sólido de hidrógeno.
El planteamiento es ingenioso: en lugar de manejar hidrógeno gaseoso a alta presión, el combustible se almacena en delgadas láminas sólidas de hidruro de calcio de solo 3 gramos de peso y unas dimensiones reducidas (38 x 38 x 2 mm). Cuando se añade agua, el hidruro reacciona y libera hidrógeno, que alimenta una celda de combustible compacta.
Cada lámina es capaz de liberar alrededor de 4,5 litros de hidrógeno, suficientes para que la célula genere aproximadamente 5 vatios-hora de electricidad, lo bastante para cargar un smartphone moderno en unas dos horas. Como subproducto solo se obtiene vapor de agua, sin dióxido de carbono ni compuestos orgánicos volátiles.
Una particularidad muy potente desde el punto de vista de la telefonía y los sistemas de emergencia es que estas láminas selladas pueden conservar sus propiedades hasta 20 años sin perder capacidad. En comparación, una batería de ion-litio típica empieza a degradarse seriamente a partir de los cuatro o cinco años, incluso aunque apenas se use.
La clave del éxito de estas láminas de hidruro de calcio está en su alta reactividad con el agua en un amplio rango de temperaturas, algo que las hace muy atractivas para dispositivos que deben funcionar en condiciones ambientales variadas. Para controlar la reacción y hacerla estable, se combina el hidruro con una resina especial que evita liberaciones bruscas de hidrógeno.
Rohm y Aquafairy trabajan en varias líneas de producto: un pequeño dispositivo con capacidad de generación de 5 Wh pensado para smartphones, un generador portátil de unos 200 Wh, y una célula de combustible de 400 Wh enfocada a dar electricidad a equipos críticos en catástrofes, como sismómetros o sistemas de comunicaciones de emergencia. La idea es que las pilas de combustible, al ser más ligeras, compactas y eficientes que las baterías clásicas, puedan desplegarse de forma rápida en situaciones de crisis.
Este enfoque muestra cómo el hidrógeno en sólido no solo sirve para grandes proyectos de movilidad o almacenamiento estacionario, sino también para alimentar directamente dispositivos de consumo y equipos electrónicos clave, encajando muy bien con las necesidades de la telefonía y de los sistemas de datos.
Atom H2: hidrógeno sólido para sustituir generadores diésel en telecomunicaciones
Si hablamos de aplicaciones concretas del hidrógeno sólido en la telefonía, una de las experiencias más llamativas viene de España con la startup Atom H2. Nacida en el entorno universitario de Elisava (Barcelona) de la mano de Anna Martín, Mariona Figueras, Marcel Rovira y el ingeniero químico Lucas Vicen, la empresa se ha propuesto sustituir los generadores diésel de respaldo en torres de comunicaciones por una solución híbrida basada en energías renovables, baterías e hidrógeno en estado sólido.
El sistema que proponen se basa en un esquema modular: paneles solares, baterías de litio y bombonas de hidrógeno sólido. La idea es aprovechar el excedente de energía renovable de los paneles para realizar electrólisis del agua, generando hidrógeno. En lugar de almacenarlo a alta presión o a muy baja temperatura, lo “fijan” en estado sólido mediante tecnología de hidruros metálicos.
Las bombonas metálicas que han desarrollado, fabricadas mediante impresión 3D, son el corazón de la solución. Permiten almacenar grandes cantidades de hidrógeno en un volumen reducido, a baja presión y con un nivel de seguridad muy superior al de los tanques de gas comprimido. Cuando la torre de telecomunicaciones necesita energía de respaldo -por ejemplo, ante un apagón- el sistema libera el hidrógeno de la bombona y lo reconvierte en electricidad a través de pilas de combustible, generando agua como único subproducto.
Este planteamiento resuelve varios problemas a la vez. Por un lado, ofrece respaldo energético limpio, fiable y autónomo en infraestructuras críticas como torres de comunicaciones de emergencia o estaciones remotas donde es difícil suministrar diésel. Por otro, evita los costes operativos asociados al combustible fósil, su transporte y las emisiones de CO₂.
La empresa ha recorrido un camino rápido: de proyecto de aula pasó a ganar concursos como el Imagine Planet Challenge de La Caixa, lo que les abrió las puertas a una incubación en Silicon Valley. Después, Atom H2 ha participado en múltiples programas de aceleración, ha obtenido financiación pública y privada, y ha ido refinando su modelo de negocio hacia un enfoque de “energy storage as a service” (ESaaS), es decir, ofrecer el almacenamiento de energía como servicio mediante contratos tipo leasing.
Un hito clave ha sido su participación en Cellnex Bridge, el programa de innovación de la Fundación Cellnex. Gracias a él han podido desplegar su primera prueba piloto en una torre de telecomunicaciones cercana a Montserrat, validando en un entorno real la integración de sus bombonas de hidrógeno sólido y su sistema híbrido con la infraestructura existente.
En ese piloto se comprobó que el sistema es capaz de mantener operativa la torre durante cortes de suministro eléctrico, sin recurrir a diésel y sin necesidad de mantenimiento constante. El siguiente paso que ya están abordando junto a Cellnex es codiseñar una versión 2.0 de la solución, más optimizada, escalable y lista para su comercialización a gran escala.
Atom H2 también ha entrado en el Acelerador de Innovación en Defensa del Atlántico (DIANA) de la OTAN y colabora con socios industriales como Idneo. La empresa se encuentra en fase de industrialización, levantando rondas de inversión multimillonarias, trabajando en sus primeras implementaciones comerciales con clientes como Cellnex y preparándose para escalar a otros mercados como Francia, Portugal, Italia, Estados Unidos u Oriente Medio.
Del apagón masivo al respaldo limpio: por qué importa para la telefonía
La importancia de contar con sistemas de respaldo robustos y limpios quedó brutalmente clara con el gran apagón que afectó a la península ibérica el 28 de abril de 2025. Durante horas, millones de personas quedaron sin comunicaciones fiables, sin acceso a información actualizada y sin capacidad de coordinar respuestas eficaces ante la crisis.
En un escenario así, soluciones como las de Atom H2 -y, en general, los sistemas de hidrógeno sólido integrados en la infraestructura de telecomunicaciones– podrían haber marcado una gran diferencia. Al basarse en reacciones químicas controladas, sin partes móviles complejas y sin depender de recargas constantes de combustible fósil, pueden activarse de forma inmediata cuando cae la red eléctrica.
Con un despliegue amplio de este tipo de tecnologías, las torres de comunicación seguirían funcionando aunque fallase la red convencional, manteniendo la telefonía móvil y los datos en servicio. Esto no es solo una cuestión de comodidad; afecta de lleno a la seguridad, a la capacidad de coordinar servicios de emergencia y a la tranquilidad de la ciudadanía.
El enfoque de Atom H2 encaja también con una tendencia clara en el sector: muchos países y operadores están viendo cómo las infraestructuras de telecomunicaciones se consideran activos críticos, al nivel de hospitales, aeropuertos o puertos. Disponer de soluciones de respaldo descarbonizadas que puedan operar durante largos periodos, con un mantenimiento muy bajo y sin impacto climático, es una ventaja competitiva y regulatoria importante.
Además, el modelo de “almacenamiento de energía como servicio” facilita que las empresas no tengan que comprar ni gestionar directamente los sistemas de hidrógeno, sino contratar su disponibilidad y rendimiento, del mismo modo que hoy se contrata conectividad o capacidad en la nube. Esto reduce barreras de entrada y acelera la adopción de la tecnología.
Hidrógeno y baterías para móviles: del iPhone experimental a las pilas semanales
No todo se queda en grandes infraestructuras. También hay propuestas que buscan integrar el hidrógeno directamente en los teléfonos móviles, ampliando drásticamente la duración de la batería sin aumentar demasiado el tamaño del dispositivo.
La compañía Intelligent Energy desarrolló un prototipo de batería híbrida para iPhone 6 que incorporaba una célula de hidrógeno junto a la batería original de iones de litio. Esta célula, diseñada específicamente para el smartphone, generaba energía combinando hidrógeno y oxígeno, emitiendo pequeñas cantidades de agua y calor como residuos.
El sistema aumentaba la autonomía del teléfono hasta alcanzar aproximadamente una semana de uso, muy por encima de lo que permiten las baterías actuales en un uso normal. Para ello, se modificó ligeramente la carcasa del terminal, integrando ventilaciones minúsculas por donde se expulsaba el vapor de agua generado.
Una de las ventajas del diseño era que el gas de la pila podía recargarse con un adaptador conectado al propio móvil, de forma similar a como se enchufa hoy un cargador convencional. Aunque se trata de un prototipo y no de un producto comercial, pone sobre la mesa la posibilidad de que en el futuro veamos smartphones con pilas de combustible integradas o módulos de hidrógeno intercambiables.
La gran barrera sigue siendo combinar de forma práctica seguridad, tamaño, coste y comodidad de uso. Las pilas de combustible de hidrógeno requieren suministro de hidrógeno (ya sea en cartuchos o mediante recarga), ventilación y control de temperatura. En un móvil, donde cada milímetro cuenta y el usuario no quiere complicarse la vida, hay que hilar muy fino con el diseño y la experiencia de uso.
Aun así, la investigación avanza, y los ejemplos de Intelligent Energy, Upp o Rohm y Aquafairy indican que la tecnología fundamental ya está disponible; lo que queda por resolver es cómo empaquetarla para que resulte atractiva a gran escala y económicamente viable.
Todo este ecosistema -proyectos científicos como FLYHY, generadores portátiles, cargadores de emergencia, startups como Atom H2 y prototipos de móviles de larga duración- apunta en la misma dirección: el hidrógeno sólido se está consolidando como una pieza clave para el futuro de la energía en la telefonía y las comunicaciones. Aún hay retos por delante -costes, normativas, cadenas de suministro, aceptación del mercado-, pero cada vez cuesta menos imaginar un mundo en el que, cuando se vaya la luz o necesitemos días y días de autonomía, la solución no pase por quemar diésel ni por llevar encima medio kilo de baterías, sino por recurrir a pequeñas “bombonas sólidas” de hidrógeno capaces de mantenernos conectados pase lo que pase.
