Greta Thunberg seƱala a Stora Enso por su modelo forestal en Uruguay

  • Greta Thunberg y colectivos ambientalistas denuncian a Stora Enso en Finlandia por sus operaciones ligadas a la planta uruguaya Montes del Plata.
  • Las crĆ­ticas se centran en el monocultivo de eucaliptus, la pĆ©rdida de biodiversidad y el impacto sobre el agua y el suelo en Uruguay.
  • Organizaciones uruguayas y europeas acusan a la industria de la pulpa de "pulp colonialism" y cuestionan los subsidios estatales finlandeses.
  • La declaración firmada por 95 organizaciones pide a Stora Enso frenar la expansión forestal y atender las demandas de las comunidades locales.

Activistas ambientales denuncian a empresa forestal europea

La activista climÔtica sueca Greta Thunberg ha vuelto a situar en el centro del debate público el papel de las grandes empresas forestales europeas, esta vez señalando directamente a Stora Enso por su modelo de negocio vinculado a la producción de celulosa en Uruguay. La compañía, de capital sueco-finlandés, es copropietaria de la planta Montes del Plata, uno de los proyectos industriales mÔs relevantes del sector en el Cono Sur.

En Finlandia, Greta Thunberg se sumó a organizaciones ambientalistas para denunciar los impactos que, según los colectivos, genera la expansión de los monocultivos de eucaliptus asociados a esta industria. Las críticas apuntan tanto a las consecuencias ecológicas sobre el territorio uruguayo como al rol de las instituciones europeas que respaldan económicamente este modelo.

Protestas en Finlandia contra Stora Enso y el modelo de celulosa

Las movilizaciones tuvieron lugar en Finlandia, país de referencia en la industria forestal, donde Stora Enso mantiene su sede y buena parte de sus operaciones. Allí, activistas y organizaciones ecologistas se concentraron para visibilizar lo que consideran un caso paradigmÔtico de expansión de la industria de la pulpa de papel en el Sur Global, con efectos que trascienden las fronteras uruguayas.

Durante las protestas, Greta Thunberg acompañó las demandas de los colectivos que acusan a Stora Enso y a otras empresas del sector de presentarse como sostenibles y responsables mientras, en la prĆ”ctica, impulsan un modelo de explotación intensiva del suelo. Los mensajes compartidos en redes insistĆ­an en que la imagen verde de la multinacional ā€œestĆ” muy lejos de la realidadā€ que vive la población local en las zonas forestadas de Uruguay.

La planta de celulosa Montes del Plata, ubicada en el departamento de Colonia, fue señalada como uno de los principales destinos de la madera obtenida en extensas plantaciones de eucaliptus. Stora Enso posee el 50% de este complejo industrial, lo que la sitúa en el centro de las críticas lanzadas por movimientos socioambientales tanto en América Latina como en Europa.

En el marco de las acciones de denuncia, se difundió una campaƱa bajo el lema ā€œStop pulp colonialism!ā€, que busca cuestionar no solo a una empresa concreta, sino a todo un modelo económico ligado a la exportación de celulosa desde paĆ­ses del Sur hacia mercados del Norte, amparado en un discurso de sostenibilidad que, segĆŗn los activistas, no se corresponde con los impactos reales.

Colectivos de izquierda y medios alternativos que cubren estas luchas, como La Izquierda Diario, subrayan que la crítica no se limita al plano ambiental, sino que abarca también las condiciones sociales de las comunidades afectadas por las plantaciones y la concentración de la tierra en manos de grandes compañías forestales.

Monocultivo de eucaliptus, biodiversidad y crisis del agua

Uno de los ejes mÔs repetidos en las denuncias es el impacto del monocultivo de eucaliptus sobre la biodiversidad. Las organizaciones sostienen que, durante las últimas tres décadas y media, Uruguay ha experimentado una expansión constante de plantaciones de eucaliptus y pino destinadas a abastecer a tres grandes plantas de celulosa, entre ellas la de Montes del Plata.

Según estos colectivos, la conversión de pastizales de pampa en superficies forestadas supone la desaparición de ecosistemas característicos del paisaje uruguayo, con la consiguiente pérdida de flora y fauna autóctonas. Los monocultivos, explican, homogeneizan el territorio y reducen drÔsticamente la diversidad de especies, alterando el equilibrio ecológico de amplias regiones.

Otro de los puntos sensibles es el uso intensivo de recursos hĆ­dricos. Las denuncias afirman que las plantaciones ā€œestĆ”n secando arroyos y cursos de aguaā€, ademĆ”s de agotar el suelo y comprometer su fertilidad a largo plazo. En un paĆ­s que ha atravesado recientemente episodios de escasez y problemas en la calidad del agua potable, la expansión forestal es seƱalada como uno de los factores que agravan esta situación.

Los activistas establecen una relación directa entre la crisis del agua potable registrada en Uruguay y el avance de estos monocultivos, al considerar que la combinación de altas demandas de agua de los eucaliptus y la concentración de grandes extensiones forestadas contribuye a reducir la disponibilidad de recursos para otros usos, incluyendo el consumo humano y la producción agropecuaria tradicional.

AdemÔs, los movimientos socioambientales remarcan que el suelo sometido a rotaciones intensivas de eucaliptus pierde capacidad de regeneración y se ve mÔs expuesto a procesos de erosión. Esto genera preocupación entre organizaciones rurales y vecinos que temen por el futuro de sus terrenos y por la viabilidad de otros modelos productivos menos intensivos.

ā€œPulp colonialismā€ y responsabilidad del Estado finlandĆ©s

La campaƱa ā€œStop pulp colonialism!ā€ pone el foco en lo que considera un modelo de producción de celulosa de corte colonial, en el que paĆ­ses como Uruguay aportan la tierra, el agua y la materia prima, mientras que los principales beneficios económicos se concentran en empresas y centros financieros ubicados en Europa.

En este contexto, las organizaciones firmantes critican que Stora Enso y el resto de la industria nórdica de la pulpa se presenten como actores de una ā€œtransición verdeā€ cuando, a su juicio, reproducen esquemas de extracción intensiva de recursos en territorios alejados de sus mercados principales. Para los activistas, el problema no es solo ambiental, sino tambiĆ©n polĆ­tico y económico.

La declaración difundida, respaldada por 95 organizaciones uruguayas entre colectivos sociales, ambientales y rurales, reclama que la compañía escuche las voces de las comunidades locales y que detenga sus prÔcticas de expansión forestal, consideradas por los firmantes como extractivas y socialmente regresivas.

AdemÔs de dirigirse a la empresa, el texto apunta directamente al Estado finlandés por su papel como facilitador financiero. Los activistas exigen que Finlandia deje de subsidiar la expansión de la industria de la celulosa en Uruguay, alegando que estos apoyos públicos refuerzan un modelo que beneficia a grandes corporaciones a costa de los territorios donde se instalan las plantaciones.

La crítica a los subsidios estatales se enmarca en un debate mÔs amplio sobre cómo se utilizan los fondos públicos en Europa para respaldar proyectos calificados como sostenibles o alineados con la lucha contra el cambio climÔtico, pese a las denuncias de impactos locales negativos en países donde se ubican las plantaciones.

El papel de Greta Thunberg y la proyección internacional del conflicto

La presencia del nombre de Greta Thunberg en estas protestas ha contribuido a amplificar el caso en la esfera internacional. Desde su irrupción en la escena pública, la activista se ha caracterizado por interpelar directamente a gobiernos y grandes corporaciones por su responsabilidad en la crisis climÔtica, y su apoyo a esta campaña refuerza la visibilidad de las denuncias contra Stora Enso.

En redes sociales se ha subrayado, no obstante, que ā€œel punto no es ella, sino el reclamo por los territoriosā€. Diversas voces recordaron que las comunidades afectadas por la expansión forestal llevan aƱos organizĆ”ndose y denunciando los impactos en Uruguay, y que el eco internacional llega muchas veces cuando figuras de gran notoriedad mediĆ”tica, como Thunberg, ponen el foco en estos conflictos.

La articulación entre organizaciones locales uruguayas y colectivos europeos ha permitido que la discusión sobre el modelo forestal trascienda el Ômbito nacional y se instale en espacios de debate sobre justicia climÔtica, soberanía territorial y responsabilidad de las empresas transnacionales.

Greta Thunberg, al sumarse a estas iniciativas, refuerza un mensaje que viene repitiendo en distintos foros: las soluciones a la crisis climĆ”tica no pueden basarse en ā€œlavados verdesā€ ni en discursos de sostenibilidad que oculten prĆ”cticas extractivas o desplazamiento de impactos hacia regiones con menos poder polĆ­tico y mediĆ”tico.

Hasta el momento, Stora Enso no ha emitido pronunciamientos públicos detallados en respuesta específica a estas últimas acusaciones difundidas en redes sociales, mÔs allÔ de la línea general con la que suele defender su actividad como parte de una bioeconomía baja en carbono y alineada con las metas climÔticas europeas.

Todo este debate deja en evidencia cómo un conflicto localizado en torno a plantaciones en Uruguay se ha convertido en un tema de alcance europeo, donde entran en juego las políticas de subsidios, las estrategias de responsabilidad corporativa y las exigencias crecientes de movimientos climÔticos que reclaman coherencia entre los discursos oficiales y los impactos reales sobre el terreno.

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