
Francia ha dado un paso decisivo al situar de nuevo a la energĂa nuclear en el centro de su estrategia energĂ©tica para la prĂłxima dĂ©cada, en un movimiento que rebaja de forma notable el protagonismo de la eĂłlica y la solar. El nuevo marco, muy discutido tanto a nivel polĂtico como social, marca un cambio de rumbo respecto a la senda anterior más favorable a las renovables.
El Ejecutivo de SĂ©bastien Lecornu ha optado por acelerar esta hoja de ruta mediante decreto, sin someterla a una votaciĂłn parlamentaria donde no dispone de mayorĂa suficiente. Esta vĂa refuerza la percepciĂłn de que el Gobierno considera prioritario garantizar un suministro elĂ©ctrico descarbonizado con fuerte peso nuclear, aun a costa de intensificar el pulso con los defensores de las renovables y con parte de la oposiciĂłn.
Un PPE3 nuclearizado para recortar combustibles fĂłsiles
El tercer Plan Plurianual de la EnergĂa (PPE3), que fija la programaciĂłn energĂ©tica francesa hasta 2035, se presenta con dos años de retraso por falta de consenso y aterriza en un contexto de gran controversia. Su publicaciĂłn oficial en el Diario Oficial está prevista vĂa decreto, lo que subraya la voluntad del Gobierno de desbloquear un debate enquistado.
El PPE3 establece como objetivo clave recortar de forma contundente el uso de combustibles fĂłsiles importados, sobre todo petrĂłleo y gas, que hoy suponen en torno al 60 % del consumo energĂ©tico del paĂs. La meta es que en 2030 esa cuota no supere el 40 %, un salto importante si se tiene en cuenta que estas importaciones suponen del orden de 60.000 a 64.000 millones de euros anuales para las cuentas francesas.
La estrategia parte del diagnĂłstico de que la electrificaciĂłn va a ir a más: vehĂculos elĂ©ctricos en el transporte, bombas de calor en los hogares y usos industriales adicionales. Ante ese escenario, el Ejecutivo ha decidido apostar por el átomo como columna vertebral de la generaciĂłn elĂ©ctrica, confiando en la estabilidad y baja huella de carbono del parque nuclear existente.
Esta orientaciĂłn implica, de forma bastante explĂcita, que la expansiĂłn de las energĂas renovables queda frenada respecto a los planes anteriores. Aunque continĂşa el despliegue de eĂłlica y solar, las cifras previstas se moderan y se revisan a la baja algunos objetivos que en los Ăşltimos años se consideraban ambiciosos para el horizonte 2030-2035.
El plan tambiĂ©n incorpora un capĂtulo de eficiencia y optimizaciĂłn del consumo, especialmente en calefacciĂłn domĂ©stica, procesos industriales y movilidad, promoviendo equipos menos contaminantes y una mayor penetraciĂłn del coche elĂ©ctrico como palanca adicional de descarbonizaciĂłn.
El «renacimiento» nuclear de Macron: más producción y vida útil ampliada
La apuesta actual no llega de la nada: ya en 2022 el presidente Emmanuel Macron habló abiertamente de un «renacimiento» nuclear, un giro respecto a la estrategia de 2019-2024 que contemplaba cerrar 14 reactores. El PPE3 consolida y concreta ese cambio de postura.
El parque actual, compuesto por 57 reactores nucleares en funcionamiento, pasa de ser un activo a reducir a un recurso a exprimir. El nuevo plan abandona la senda de cierres y la sustituye por una «optimización» de la flota, con el objetivo de situar la producción nuclear en una horquilla de 380 a 420 TWh al año, muy por encima de los aproximadamente 320 TWh que se generaron en 2023.
Para lograrlo, se prevé aumentar la potencia de los reactores existentes y prolongar su vida útil más allá de los 60 años, siempre que los reguladores de seguridad lo permitan. Este alargamiento de la explotación es una de las piezas más sensibles del plan, ya que toca de lleno el debate sobre la seguridad a largo plazo de las instalaciones y la gestión de los residuos.
En paralelo, se confirma la intención de construir seis nuevos reactores EPR2 de nueva generación, distribuidos en tres centrales (Penly, Gravelines y Bugey), asà como el estudio para levantar otros ocho adicionales si las condiciones técnicas, financieras y regulatorias lo permiten. Estos EPR2 se conciben como la nueva columna vertebral nuclear para mediados de siglo.
El Gobierno tambiĂ©n mantiene sobre la mesa el desarrollo de al menos un prototipo de pequeño reactor modular (SMR) durante la prĂłxima dĂ©cada, siguiendo la tendencia internacional que ve en estos diseños una opciĂłn más flexible y potencialmente exportable a otros paĂses europeos, incluida España, si se consolidan los marcos regulatorios comunes en la UE.
Menos ambiciĂłn en eĂłlica y solar en plena electrificaciĂłn europea
La contrapartida de este giro pronuclear es un ajuste a la baja de los objetivos renovables respecto a la trayectoria marcada por planes previos. El texto reconoce explĂcitamente la presiĂłn polĂtica y social que soportan algunas tecnologĂas, en especial la eĂłlica terrestre.
En el caso de la eĂłlica marina, el PPE3 fija una producciĂłn de 15 gigavatios (GW) instalados hacia 2035, una cifra tres GW por debajo de las proyecciones anteriores. Se trata de un recorte relevante en una tecnologĂa considerada estratĂ©gica en otros Estados miembros de la UniĂłn Europea, que ven en los parques offshore una de las principales palancas para reducir emisiones y dependencia de gas.
En la eólica terrestre, la horquilla de potencia para 2035 se establece entre 35 y 40 GW, partiendo de unos 24 GW actuales. El crecimiento continúa, pero a un ritmo más moderado y centrado sobre todo en la renovación y repotenciación de parques existentes, más que en el despliegue masivo de nuevos aerogeneradores en zonas que ya muestran un fuerte rechazo local.
La energĂa fotovoltaica tambiĂ©n ve rebajadas sus aspiraciones. El PPE3 plantea alcanzar entre 55 y 80 GW de potencia solar en 2035, despuĂ©s de que en el Ăşltimo año se instalaran unos 6 GW adicionales, llevando el total a unos 30 GW. Con la nueva senda, se prevĂ© un ritmo de conexiĂłn de en torno a 3,5 GW anuales, una cadencia más contenida que la de los Ăşltimos ejercicios.
Esta moderaciĂłn en las licitaciones solares se justifica, segĂşn el Gobierno, por una situaciĂłn de sobrecapacidad en ciertos momentos del dĂa, que presiona a la baja los precios de la electricidad e incrementa la factura de los mecanismos de apoyo pĂşblico. En un mercado europeo cada vez más interconectado, estas dinámicas repercuten tambiĂ©n en paĂses vecinos, incluida España, que comparte interconexiones con Francia y se ve afectada por sus decisiones de oferta y demanda elĂ©ctrica.
Un debate polĂtico intenso y ecos incĂłmodos en la UniĂłn Europea
El plan energĂ©tico no solo es tĂ©cnico: está rodeado de un pulso polĂtico muy marcado. El Ejecutivo ha tenido que encajar las presiones de la derecha y la extrema derecha, muy crĂticas con las energĂas alternativas y abiertamente hostiles a la instalaciĂłn de nuevos aerogeneradores en determinadas regiones.
Aunque el PPE3 no llega a aprobar la moratoria total sobre la eĂłlica terrestre que reclamaba el partido de Marine Le Pen, sĂ asume parte de sus tesis al frenar el crecimiento de esta tecnologĂa y redefinir prioridades a favor de la nuclear. La reducciĂłn de licitaciones solares y el menor despliegue eĂłlico tambiĂ©n responden a quejas locales por el impacto visual y territorial de estos proyectos.
La forma de aprobaciĂłn del plan ha encendido aĂşn más los ánimos. Al recurrir a un decreto, el Gobierno esquiva un debate parlamentario de calado sobre un documento que, en la práctica, marca la trayectoria energĂ©tica de Francia para los prĂłximos diez años. Esta vĂa ha generado crĂticas de grupos ecologistas, sectores de la oposiciĂłn y parte de la sociedad civil.
Organizaciones ambientales, tanto francesas como europeas, señalan que el refuerzo nuclear no resuelve cuestiones como la gestiĂłn de residuos radiactivos a largo plazo, los costes crecientes de prolongar la vida de centrales envejecidas o los riesgos de seguridad, y lamentan que se frene una senda renovable que en otros paĂses comunitarios se está acelerando.
En el plano comunitario, esta reorientaciĂłn de ParĂs alimenta el debate interno en la UE sobre el papel de la nuclear dentro de la taxonomĂa verde y de las polĂticas de descarbonizaciĂłn compartidas. Mientras algunos socios, como España, han apostado por un cierre progresivo de sus reactores y un despliegue masivo de renovables, Francia se posiciona como lĂder del bloque pronuclear, defendiendo el átomo como tecnologĂa imprescindible para alcanzar la neutralidad climática en 2050.
Objetivos de descarbonización y efectos para España y Europa
Más allá de las polémicas, el Ejecutivo francés enmarca el PPE3 dentro de una hoja de ruta climática que mantiene la meta de neutralidad de carbono para 2050. En diciembre se actualizó el plan nacional para eliminar progresivamente el uso de petróleo entre 2040 y 2045 y el de gas fósil en torno a 2050, objetivos alineados con el calendario europeo.
La combinaciĂłn elegida para avanzar hacia esa meta se basa en un mix de alta nuclear, renovables en crecimiento más moderado y fuerte apuesta por la eficiencia. Sobre el papel, esta fĂłrmula permitirĂa a Francia aumentar la proporciĂłn de consumo energĂ©tico libre de carbono desde el 42 % actual hasta alrededor del 60 % en 2030, reduciendo su dependencia exterior y su exposiciĂłn a crisis como la originada por la guerra en Ucrania.
Para el resto de Europa, y en particular para España, el giro francĂ©s tiene implicaciones varias. Al tratarse de una de las principales economĂas y del mayor sistema nuclear de la UE, las decisiones de ParĂs influyen en el diseño de los mercados elĂ©ctricos regionales, en la planificaciĂłn de interconexiones y en la manera de interpretar las reglas medioambientales y de competencia dentro del mercado interior.
En el ámbito ibérico, el refuerzo nuclear al otro lado de los Pirineos convive con la decisión española de programar el cierre escalonado de sus reactores durante la próxima década, mientras redobla su apuesta por la solar, la eólica y el almacenamiento. Este contraste de modelos abre un debate de fondo sobre coste, seguridad de suministro, gestión de residuos y dependencia tecnológica que probablemente se intensificará a medida que se acerquen los plazos de los objetivos climáticos comunitarios.
Al mismo tiempo, Francia confĂa en que su posicionamiento nuclear le otorgue ventajas industriales y tecnolĂłgicas dentro del mercado europeo, desde la cadena de suministro de componentes hasta la exportaciĂłn de know-how y servicios de ingenierĂa, un campo en el que empresas españolas tambiĂ©n buscan oportunidades en proyectos internacionales de descarbonizaciĂłn.
Con este PPE3, Francia se reafirma como uno de los grandes defensores del átomo en Europa y plantea un modelo en el que la nuclear recupera protagonismo frente a las renovables, mientras se mantiene la vista puesta en recortar la factura de combustibles fósiles y cumplir los compromisos climáticos. El choque entre esta visión y las estrategias basadas casi por completo en renovables marcará buena parte del debate energético europeo en los próximos años.
