El sector de las baterías eléctricas vive un momento de transformación profunda en Europa. La necesidad de reducir la dependencia de mercados externos y avanzar hacia una movilidad sostenible ha puesto a las baterías en el centro de la agenda industrial del continente. Tanto en producción como en reciclaje, España y otros países europeos están moviendo ficha para posicionarse en una cadena de valor que promete ser clave en las próximas décadas.
La apuesta no es casual. Las baterías son el corazón del vehículo eléctrico y del almacenamiento energético, dos sectores llamados a protagonizar la transición ecológica. Por eso, tanto instituciones públicas como empresas privadas están desplegando inversiones millonarias para asegurar que Europa no se quede atrás en esta carrera tecnológica e industrial.
El reciclaje de baterías, un negocio en auge
Uno de los frentes más activos es el del reciclaje. La gestión de las baterías al final de su vida útil es uno de los grandes retos medioambientales a los que se enfrenta la industria. En este sentido, España está dando pasos de gigante. Urbaser, uno de los líderes mundiales en soluciones medioambientales, ha presentado la solicitud para la Autorización Ambiental Integrada de su segunda planta de reciclaje de baterías de litio, ubicada en el polígono PTR López Soriano de Zaragoza. Esta instalación, que superará a la planta de reciclaje de baterías de litio en León, tendrá una capacidad de tratamiento de hasta 36.000 toneladas anuales.

La compañía se convierte así en la primera de la Península Ibérica con capacidad industrial para absorber la creciente demanda de tratamiento de baterías, que históricamente se gestionaba en el extranjero. La nueva planta podrá tratar todas las químicas de pilas y acumuladores del mercado, anticipándose al Real Decreto que adaptará en España el Reglamento Europeo de Baterías. Además, la compañía ya trabaja en una tercera instalación en Castilla-La Mancha y busca terrenos en Portugal.
Esta apuesta por el reciclaje también tiene su reflejo en el País Vasco. En Gipuzkoa, la industria de las baterías está muy desarrollada, con empresas como BattBelt, Innovation Tree, Fagor Ederlan (con su división Ederbatt) o Bidasoa Metal 78, que han recibido subvenciones del programa Hazitek del Gobierno Vasco. Euskadi se posiciona así como un polo de referencia en la economía circular de las baterías, trabajando tanto en alargar su vida útil como en recuperar los metales críticos que contienen.
Producción europea: la carrera por la autonomía
Junto al reciclaje, la producción de baterías es otro de los frentes abiertos. La empresa constructora Copisa, controlada por la familia Cornadó, ha iniciado las obras en Mérida de una de las mayores plantas proyectadas en Europa para la producción de materiales destinados a baterías eléctricas. El proyecto, promovido por el grupo chino Hunan Yuneng, contempla una inversión de casi 800 millones de euros y fabricará material catódico LFP (fosfato de hierro y litio), componente esencial de las baterías de ion-litio usadas en automoción y almacenamiento energético.
La planta, ubicada en el parque empresarial ExpacioMérida, ocupará más de 467.000 metros cuadrados y creará unos 500 empleos directos. Hunan Yuneng, uno de los mayores fabricantes mundiales de LFP, tiene como principales clientes a CATL y al Grupo Volkswagen, lo que subraya la importancia estratégica del proyecto.

En el norte de Europa, Volvo Group ha anunciado la construcción de un parque energético cerca de su futura planta de producción de celdas de batería en Mariestad (Suecia). Con una capacidad de almacenamiento de 70 MW y 260 MWh, el parque será uno de los más grandes del país y contribuirá a la estabilidad de la red eléctrica regional. La instalación, que entrará en funcionamiento en 2027, forma parte de la estrategia del grupo para descarbonizar sus operaciones y apoyar la transición energética sueca.
La tecnología avanza: estado sólido y nuevas químicas
Mientras Europa construye su capacidad industrial, la tecnología de las baterías no deja de evolucionar. Las baterías de estado sólido se perfilan como la próxima gran revolución del vehículo eléctrico. La compañía taiwanesa ProLogium, con la que Mercedes colabora desde 2022, ha presentado su nueva batería Gen 3.5 Lithium Ceramic Battery (LBC), con una celda de gran formato de 185,4 Ah y una densidad energética de 381 Wh/kg y 903 Wh/litro. La batería ha sido certificada por el TUV alemán según la nueva norma china GB/T 43568-2026, que establece pruebas rigurosas de seguridad.
ProLogium ya produce estas baterías en Taoyuan (Taiwán) con una capacidad de 0,5 GWh, y está construyendo una giga-fábrica en Dunkerque (Francia), que aspira a alcanzar los 44 GWh. El reto es producir esta tecnología a gran escala manteniendo los costes ajustados para que llegue a millones de coches eléctricos.
También se avanzan las baterías LFP de alta densidad. En la Conferencia Mundial de Baterías de 2026, el académico chino Ouyang Minggao anunció que las celdas LFP de cuarta generación superan ya los 200 Wh/kg y los 430 Wh/L a nivel de celda, un hito que permitirá prolongar la autonomía de los vehículos eléctricos sin recurrir al níquel o cobalto, más caros y problemáticos. En paralelo, la industria mira hacia el sodio como alternativa más segura al litio, capaz de reducir el riesgo de incendio.
El almacenamiento, clave para la red
Más allá de la movilidad, las baterías se están convirtiendo en un pilar de la gestión de la red eléctrica. El caso de Texas, donde la capacidad de baterías ha pasado de 857 MW en 2021 a 21,7 GW en 2026, demuestra que el almacenamiento puede sostener la red durante las horas de máxima demanda. En Europa, la instalación de baterías está creciendo con fuerza: Alemania lidera el mercado, y España ya se sitúa entre los cinco primeros países con más baterías instaladas del continente.
Esta tendencia también se refleja en España, donde la nueva normativa impulsa proyectos de almacenamiento con baterías en España independientes o combinados con parques renovables, en línea con el Plan Nacional de Energía y Clima. La Comisión Europea, por su parte, ha identificado el almacenamiento como un área prioritaria de inversión para reforzar la seguridad de suministro y la integración de renovables.
La industria española, con empresas como la catalana Wattium, ya desarrolla baterías de carga rápida y larga vida útil, además de trabajar en proyectos de almacenamiento que combinan generación solar y baterías. En el congreso ‘Battery & ES Tech’ celebrado en Barcelona, el CEO de Wattium, Roger Casals, defendió la necesidad de explicar mejor a la ciudadanía el papel de las baterías en la transición energética y en la prevención de apagones.
La vida útil de las baterías y el mercado de segunda mano
Una de las dudas más frecuentes entre los conductores es cuánto duran realmente las baterías. El caso de una Ford F-150 Lightning con 376.000 kilómetros y su batería original agotada ha dado la vuelta al mundo. El análisis del vehículo reveló que la pérdida de capacidad no fue uniforme, sino que se debió a un desequilibrio entre celdas de uno de los nueve módulos del pack, algo que pudo solucionarse con la sustitución del módulo o del pack completo. Este caso sugiere que la durabilidad de las baterías es mayor de lo que se teme, y que los fallos suelen ser localizados y reparables.
Este dato es relevante para el mercado europeo de segunda mano, que empieza a recibir vehículos eléctricos usados. La mayoría de las baterías conserva el 90% de su capacidad tras 150.000 kilómetros, lo que conviene tener en cuenta a la hora de valorar un eléctrico de ocasión.
La industria europea también trabaja en la estandarización de los sistemas de carga bidireccional (V2G), que permiten que los coches eléctricos devuelvan energía a la red y sirvan de almacenamiento móvil. Aunque todavía hay obstáculos técnicos y normativos, China ya ha puesto en marcha un plan para convertir 100 millones de vehículos eléctricos en baterías móviles para 2030, lo que abre la puerta a un nuevo modelo energético que Europa estudia con atención.

Europa y España avanzan así en la construcción de una industria propia de baterías, con inversiones en producción, reciclaje e innovación tecnológica que buscan asegurar el suministro y reducir el impacto ambiental. La transición hacia el coche eléctrico y el almacenamiento energético dependerá del desarrollo de estas tecnologías, que se perfilan como clave de la nueva economía verde.



