Estimaciones de emisiones de plásticos: qué revela el nuevo modelo aplicado a Suiza

  • Un modelo probabilístico detallado revisa a la baja las emisiones de plásticos en países con gestión avanzada de residuos, como Suiza.
  • Las fugas se concentran en suelos (más del 95 %), con predominio de macroplásticos procedentes de envases y otros residuos postconsumo.
  • Textiles sintéticos y envases son las principales fuentes identificadas de microplásticos y macroplásticos, respectivamente.
  • Los resultados orientan políticas centradas en microplásticos textiles, envases, pérdidas de pellets y plásticos agrícolas en sistemas avanzados.

estimaciones de emisiones de plásticos

La contaminación por plásticos se ha convertido en uno de los grandes quebraderos de cabeza ambientales del siglo XXI. En titulares y estudios solemos ver cifras enormes de plásticos que acaban en mares, ríos y suelos, pero rara vez se matiza cómo cambian esas cantidades entre países con buena gestión de residuos y otros donde los sistemas aún son muy deficientes.

Un grupo de investigadores ha puesto la lupa precisamente en este punto y ha desarrollado un modelo probabilístico muy detallado que revisa las estimaciones tradicionales de emisiones de plásticos. Aplicado a Suiza, un país con una infraestructura de residuos muy avanzada, el modelo sugiere que las fugas al medio ambiente podrían ser bastante menores de lo que se pensaba, y además ayuda a identificar con mucha precisión qué productos y usos son los que más problemas generan.

Por qué se cuestionan las estimaciones globales de emisiones de plásticos

Durante años se han difundido cálculos globales sobre plásticos mal gestionados basados en hipótesis relativamente simples: porcentajes fijos de abandono de residuos, supuestos genéricos sobre reciclaje o escasa diferenciación entre países con sistemas avanzados y otros con carencias graves. Estos enfoques han sido muy útiles para llamar la atención, pero se estaban quedando cortos a la hora de describir la realidad con precisión.

El nuevo estudio señala que en países con gestión eficaz de residuos —como Suiza y, por extensión, otros sistemas europeos avanzados— esas cifras globales podrían estar claramente sobreestimadas. La razón principal es que muchos modelos anteriores no tenían en cuenta datos recientes sobre producción mundial de plásticos, regulación, reciclaje y cambios en el comportamiento social, como las restricciones a los plásticos de un solo uso o el aumento de la incineración con control de emisiones.

Además, gran parte de los estudios previos simplificaban en exceso las vías por las que el plástico puede escapar al entorno, ignorando categorías de productos específicas o asumiendo tasas uniformes de abandono y dispersión. Este enfoque homogéneo chocaba con la realidad de países donde los residuos se recogen de manera casi universal y existe una amplia red de plantas de reciclaje e incineración.

Frente a esos enfoques genéricos, el nuevo modelo suizo plantea que la contaminación por plásticos no es homogénea a nivel mundial, sino que depende fuertemente de la infraestructura, la regulación y la cultura de cada país. Eso implica que, para diseñar políticas eficaces, hay que pasar de las grandes cifras globales a análisis mucho más finos y contextuales.

De forma llamativa, el estudio concluye que en Suiza, en el año 2022, se liberaron al entorno unos 222 gramos de plástico por persona (con una incertidumbre de ± 50 g). Es una cantidad que puede seguir pareciendo alta, pero que es muy inferior a las cifras que se ven a menudo asociadas a países industrializados con sistemas modernos de gestión de residuos.

modelo de emisiones de plásticos

El papel del análisis de flujo de materiales probabilístico (PMFA)

El corazón de la investigación es un análisis probabilístico de flujo de materiales, conocido como PMFA por sus siglas en inglés. Este tipo de modelo sirve para seguir el rastro de un material —en este caso, varios tipos de plástico— a lo largo de un espacio y un tiempo concretos, contabilizando entradas, salidas, reservas y pérdidas al medio ambiente.

En lugar de limitarse a una categoría genérica llamada “plástico”, el trabajo se centra en siete polímeros clave: tereftalato de polietileno (PET), polipropileno (PP), polietileno de baja densidad (LDPE), polietileno de alta densidad (HDPE), policloruro de vinilo (PVC), poliestireno (PS) y poliestireno expandido (EPS). Estos materiales abarcan una gran parte de los usos cotidianos, desde envases y botellas hasta aislamientos, textiles sintéticos o componentes de automoción.

El modelo integra nada menos que 245 vías de emisión diferentes, es decir, 245 formas concretas en las que esos polímeros pueden escapar al entorno en algún momento de su ciclo de vida. Entre ellas se incluyen, por ejemplo, la liberación de fibras durante el lavado de ropa sintética, la pérdida de pellets en fábricas, el abandono de envases en espacios públicos o la fragmentación de productos plásticos en exteriores.

Una de las fortalezas del PMFA es que no se queda en estimaciones puntuales, sino que utiliza simulaciones de Monte Carlo para manejar la incertidumbre de los datos de entrada. Cada parámetro (tasas de reciclaje, porcentajes de abandono, eficiencia de recogida, etc.) se considera como un rango de valores posibles, y las simulaciones permiten obtener distribuciones de probabilidad en vez de números únicos aparentemente exactos.

Gracias a este enfoque probabilístico, los resultados no solo dan una cifra central (por ejemplo, esos 222 g de plástico por persona), sino también la variabilidad esperable alrededor de ese valor. Esto ofrece una imagen más honesta y transparente de hasta qué punto conocemos el problema y qué margen de incertidumbre existe.

El PMFA sigue los flujos de los polímeros desde la producción y el comercio hasta el uso de productos, la recogida de residuos y las operaciones de fin de vida (reciclaje, incineración, vertedero u otros tratamientos). A lo largo de todo ese recorrido, identifica los puntos en los que pueden producirse fugas al medio, y distingue entre distintos entornos receptores, como suelos agrícolas, suelos urbanos o cuerpos de agua superficiales.

ciclo de vida de los plásticos

Suiza como ejemplo de sistema europeo avanzado

Para poner a prueba el modelo, los investigadores tomaron como caso de estudio Suiza en el año 2022. No es una elección casual: se trata de un país con una conciencia ambiental muy alta, donde la población participa de forma generalizada en la separación y entrega de residuos, y donde la infraestructura de gestión está muy consolidada.

Suiza destaca por sus altas tasas de incineración con recuperación de energía, que minimizan la cantidad de residuos depositados en vertedero. Además, existe una prohibición explícita de aplicar lodos de depuradora en suelos agrícolas, algo que en otros países puede ser una vía importante de entrada de microplásticos al terreno.

El modelo considera también el impacto de las regulaciones más recientes, como las limitaciones a los plásticos de un solo uso o los requisitos de responsabilidad ampliada del productor para ciertos envases. Estos cambios normativos influyen tanto en la cantidad de plástico que se pone en el mercado como en cómo se gestiona al final de su vida útil.

Al integrar datos actualizados de producción, reciclaje, exportación, importación y normativa, el PMFA ofrece una imagen bastante detallada de cómo se mueven los plásticos en un sistema que suele ponerse como ejemplo dentro de la Unión Europea y su entorno. De hecho, el estudio plantea que el caso suizo puede utilizarse como referencia para otros países europeos con niveles de desarrollo y gestión de residuos similares.

Ahora bien, los autores también recuerdan que el modelo no incorpora todas las fuentes imaginables. Por ejemplo, no incluye el desgaste de neumáticos, que es una de las mayores fuentes de microplásticos a escala global, ni contempla vías de emisión que en Suiza prácticamente no existen, como la dispersión de residuos pesqueros a gran escala o la aplicación de lodos cargados de plástico en suelos agrícolas.

gestión avanzada de plásticos

Emisiones directas e indirectas: cómo escapa el plástico al medio ambiente

Uno de los puntos más interesantes del estudio es la diferenciación entre emisiones directas e indirectas. Esta distinción ayuda a entender mejor dónde se pueden aplicar medidas concretas para reducir las fugas.

Las emisiones directas abarcan aquellos casos en los que el plástico se libera de manera prácticamente inevitable durante el uso o la producción de un producto. Un ejemplo claro es la pérdida de fibras textiles sintéticas cuando lavamos o utilizamos ropa hecha de poliéster, poliamida u otros polímeros. También se incluyen aquí las pérdidas de pellets o granza de plástico en las plantas industriales durante el transporte, almacenamiento o procesado.

En el otro lado están las emisiones indirectas, que se producen por una gestión inadecuada o incompleta de los residuos. Entrarían en esta categoría el abandono de envases en espacios públicos, las fugas desde contenedores desbordados, la dispersión por el viento desde vertederos o el arrastre de pequeños fragmentos a través de escorrentías y aguas pluviales hasta cursos de agua.

El modelo no solo cuantifica cuánto se emite, sino también hacia dónde se dirige ese plástico. Según los resultados, más del 95 % de las emisiones modelizadas terminan en suelos —tanto agrícolas como urbanos o de borde de carretera—, mientras que menos del 5 % llega a aguas superficiales, como ríos y lagos. Esto no quiere decir que el problema acuático sea menor, sino que, al menos en el caso suizo, el suelo actúa como un sumidero predominante.

Esta distribución tan desequilibrada tiene consecuencias importantes: mientras que la imagen mediática suele centrarse en plásticos flotando en el mar, el estudio recuerda que, en sistemas avanzados de residuos, la mayor parte de las fugas se quedan en tierra firme. Esto obliga a replantear prioridades, con mayor atención a los impactos sobre suelos agrícolas, ecosistemas terrestres y cadenas tróficas ligadas a la tierra.

Macroplásticos y microplásticos: qué tipos dominan las emisiones

Otro eje clave del análisis es la separación entre macroplásticos y microplásticos. Los primeros son fragmentos de mayor tamaño (generalmente superiores a 5 mm), fácilmente visibles a simple vista, mientras que los segundos son partículas diminutas que requieren métodos analíticos específicos para detectarse.

El modelo suizo concluye que, en el conjunto de emisiones consideradas, los macroplásticos representan alrededor del 82 % de las fugas, y los microplásticos el 18 % restante. Es un dato relevante, porque a menudo se pone el foco comunicativo en los microplásticos, pero en volumen masivo, el plástico de mayor tamaño sigue siendo el predominante.

La mayor parte de esos macroplásticos proceden de residuos postconsumo. Aquí entran sobre todo los envases y embalajes (botellas, films, bolsas, bandejas), materiales de construcción que pueden degradarse o fragmentarse al aire libre, y componentes de automoción u otros productos de larga duración que acaban expuestos al exterior.

En el caso de los microplásticos, el estudio sitúa como fuente principal a los textiles sintéticos, incluyendo tanto la ropa de uso cotidiano como los agrotextiles, geotextiles y otros tejidos técnicos utilizados en agricultura, obra civil y jardinería. También se señalan procesos industriales específicos donde la generación de partículas pequeñas de plástico es inevitable si no se aplican medidas de control y filtrado adecuadas.

Entre los polímeros, el PET y el PP se sitúan como principales contribuyentes a las emisiones. El PET domina en envases de bebidas y en muchas fibras textiles, mientras que el PP está muy extendido en envases rígidos, films, piezas técnicas y una amplia variedad de aplicaciones industriales y de consumo.

macroplásticos y microplásticos

Textiles y envases: los grandes focos de contaminación identificados

Si hay dos grupos de productos que salen señalados con claridad en el estudio, son los textiles y los envases. Ambos aparecen una y otra vez como responsables de una fracción muy importante de las fugas al entorno, tanto en forma de microplásticos como de macroplásticos.

Por el lado de los textiles, la contaminación se genera a lo largo de todo el ciclo de vida: durante el lavado y secado, cuando se liberan fibras que pueden llegar a las depuradoras y, desde ahí, a las aguas o a los lodos; durante el propio uso, por abrasión y desgaste; e incluso en la fase de producción y manipulado industrial de tejidos y prendas.

Los envases, en cambio, concentran buena parte de las emisiones de macroplásticos de un solo uso. Hablamos de botellas, bolsas, envoltorios, films de embalaje y toda esa panoplia de objetos que pasan de la tienda a la basura en cuestión de días u horas. Aunque los sistemas de recogida sean muy eficaces, siempre hay una fracción que termina mal gestionada, se abandona o se escapa de los contenedores.

El estudio también apunta a otros sectores que no deben perderse de vista, como el sector de la construcción, donde plásticos empleados en aislamientos, láminas protectoras o elementos de obra pueden fragmentarse con el paso del tiempo, y la automoción, cuyos componentes plásticos pueden desprenderse o acabar dispersos tras accidentes o una gestión inadecuada del vehículo al final de su vida útil.

En sistemas avanzados como el suizo, reducir aún más las emisiones pasa por actuar de forma quirúrgica sobre estas fuentes clave: microplásticos textiles, residuos de envases, pérdidas de pellets en la industria y plásticos utilizados en agricultura. Son ámbitos donde existen tecnologías y regulaciones posibles, pero donde todavía queda bastante margen de mejora.

Gestión avanzada de residuos y menor nivel real de emisiones

Uno de los mensajes centrales del trabajo es que una gestión avanzada de residuos puede marcar una gran diferencia en las emisiones de plásticos al entorno. En países con sistemas robustos, las cantidades liberadas pueden ser mucho menores de lo estimado en modelos globales que no distinguían por nivel de desarrollo o eficacia de recogida.

En el caso suizo, la combinación de altas tasas de incineración controlada, una fuerte cultura de separación de residuos, puntos de recogida específicos para muchos flujos (envases, aparatos eléctricos, voluminosos, etc.) y la prohibición de prácticas de riesgo directo, como el uso agrícola de lodos de depuradora, contribuye a que el plástico tenga menos oportunidades de escapar.

Esto no implica que la contaminación por plásticos deje de ser preocupante en estos contextos, sino que su dimensión es distinta y, sobre todo, exige estrategias de reducción muy focalizadas. En lugar de grandes medidas genéricas, hace falta actuar sobre aquellas cadenas de valor donde se concentran las emisiones residuales.

Los autores también señalan que muchos estudios globales previos pudieron sobreestimar las emisiones por la falta de datos precisos y por la tendencia a extrapolar comportamientos de países con baja recogida a regiones donde casi todo el residuo entra por algún canal formal de gestión. Al mejorar los datos y el nivel de detalle, las cifras se ajustan a una realidad más matizada.

Ahora bien, el propio estudio reconoce sus límites: hay fuentes que no se han incorporado aún, como el desgaste de neumáticos, que en otros análisis aparece como uno de los grandes contribuyentes a la carga de microplásticos. Asimismo, el hecho de que en Suiza no se practiquen ciertas actividades (como la dispersión masiva de lodos en suelos agrícolas o una gran industria pesquera) hace que el modelo no refleje vías de emisión relevantes para otros países.

Implicaciones para las políticas ambientales y futuras investigaciones

Las conclusiones del modelo tienen una gran carga práctica. En primer lugar, refuerzan la idea de que no existe una cifra universal válida para las emisiones de plásticos: cada país, o incluso cada región, requiere un análisis específico basado en sus sistemas de residuos, su mix de productos y su marco regulatorio.

En segundo lugar, muestran que en contextos con sistemas de residuos avanzados, las oportunidades de mejora pasan sobre todo por actuaciones selectivas. Entre las prioridades más claras se encuentran el desarrollo de tecnologías de filtrado de microfibras en lavadoras y depuradoras, la mejora del diseño de prendas para reducir el desprendimiento de fibras, la prevención del abandono de envases (mediante depósitos, sistemas de devolución o campañas específicas) y la reducción de pérdidas de pellets en las cadenas logísticas.

El estudio también plantea que los resultados del PMFA podrían integrarse con modelos de transporte y destino de contaminantes, que estiman cómo se mueven y acumulan los plásticos en ríos, lagos, suelos y océanos. Al combinar ambos enfoques —emisión y destino— se podrían mejorar las evaluaciones de riesgo y afinar las predicciones de concentración de plásticos a gran escala.

De cara al futuro, será clave ampliar el enfoque probabilístico a otros países, tanto dentro de la Unión Europea como en regiones con infraestructuras de residuos más débiles. Esto permitiría comparar de forma consistente cómo influyen las políticas de gestión, la economía circular y las prohibiciones de determinados productos en la reducción real de emisiones al medio ambiente.

La experiencia suiza sugiere que, cuando se combinan buenos datos, modelización avanzada y políticas ambiciosas, es posible obtener una visión mucho más precisa del problema de los plásticos y concentrar los esfuerzos donde de verdad se pueden lograr reducciones significativas.

En conjunto, toda esta nueva evidencia apunta a un escenario en el que las estimaciones de emisiones de plásticos deben refinarse y adaptarse al contexto, reconociendo que hay países que ya han logrado reducir de forma notable sus fugas gracias a sistemas sólidos de gestión de residuos, mientras que otros siguen enfrentándose a cargas muy elevadas. Entender estas diferencias, identificar fuentes críticas como textiles y envases y apoyarse en modelos probabilísticos completos como el PMFA será fundamental para orientar las próximas medidas y para que los esfuerzos globales contra la contaminación plástica sean realmente eficaces.

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