
La energía nuclear vuelve al centro del debate en España y Europa con decisiones clave sobre extensiones de vida, costes y el encaje con el despliegue renovable. Mientras parte del bloque europeo replantea su estrategia, en España se cruzan solicitudes de prórroga, informes críticos y votaciones parlamentarias que condicionan el calendario de cierre.
En paralelo, el tablero internacional se mueve: más países apoyan el objetivo de triplicar la capacidad nuclear a 2050, aunque las previsiones de los organismos internacionales sugieren que el listón es exigente y que los retrasos y sobrecostes fuera de China siguen pesando.
España: costes, residuos y calendario en el punto de mira
El informe «El Futuro de la Energía Nuclear en España» de la Fundación Renovables sostiene que reacondicionar un reactor para extender su operatividad puede costar entre el 25% y el 50% de una planta nueva, con horquillas totales de 14.000 a 35.000 millones de euros, una cifra que consideran desproporcionada frente a alternativas más baratas y rápidas.
El informe también compara precios: en España, la nuclear se sitúa por encima de 65 €/MWh, frente a los 24-43 €/MWh de eólica y fotovoltaica; a escala internacional, el LCOE estimado para nuclear asciende a 173 $/MWh, muy por encima de las renovables citadas.
Con este telón de fondo, la Fundación Renovables cuestiona el argumento de que la falta de competitividad nuclear se deba a la fiscalidad y apunta a la necesidad de internalizar todas las externalidades para evitar futuros costes para consumidores y erario.
A la vez, el documento subraya que prolongar la vida de las centrales constituiría una alteración de la planificación energética dirigida a descarbonizar y electrificar la economía, con impactos económicos, sociales y ambientales de calado.

Extensiones de vida: Almaraz abre camino y ANAV espera turno
La central de Almaraz ha solicitado formalmente prórroga de funcionamiento. La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, ha señalado que el Gobierno analiza la petición con dos líneas rojas: no trasladar costes a los consumidores y garantizar la seguridad nuclear.
En Cataluña, ANAV defiende que los grupos de Ascó I y II y Vandellòs II están en condiciones de operar «muchos años más», con el horizonte de alcanzar, al menos, los 50 años. La sociedad, participada por Endesa e Iberdrola, remarca inversiones anuales de 30 millones por reactor para mantener la fiabilidad de las instalaciones.
Los cierres teóricos siguen fijados en octubre de 2030 (Ascó I), septiembre de 2032 (Ascó II) y febrero de 2035 (Vandellòs II). De momento, no se ha presentado una solicitud oficial para extender su operación, aunque el sector considera la prórroga de Almaraz una señal positiva.
En el frente legislativo, el Pleno del Congreso rechazó suprimir la «fecha de cese definitivo» de Almaraz, Ascó I y Cofrentes, por lo que se mantienen las referencias de cierre recogidas en la planificación vigente.
Desde el plano jurídico, se recuerda que decisiones como la ampliación de vida de Almaraz son discrecionales del Gobierno, conforme a la doctrina consolidada en el caso de Garoña.

Operación y red: tensiones con renovables y estabilidad del sistema
El análisis citado señala que los reactores españoles son un obstáculo para el desarrollo renovable por su rigidez operativa. En episodios de alta generación eólica y solar, la imposibilidad de modular rápidamente la potencia nuclear, junto con la falta de almacenamiento suficiente, habría provocado congestiones y vertidos de renovables en la red.
Se añade, además, que la nuclear carece de capacidad técnica para estabilizar la red ante sobretensiones, según comunicaciones de las propias eléctricas a Red Eléctrica. En contraste, las renovables con tecnología de formación en rejilla podrían desempeñar esa función, una herramienta pendiente de regulación que ya opera en países como Portugal.
Esta lectura enlaza con el debate sobre el mix futuro y las ineficiencias que surgirían al bloquear renovables en momentos de excedente. La prioridad, según esta visión, pasa por acelerar almacenamiento, gestión de la demanda y refuerzo de red para integrar más generación limpia.
Aunque se mantiene la discusión pública sobre el papel que debe jugar cada tecnología en la seguridad de suministro, las decisiones sobre prórrogas estarían supeditadas a criterios de seguridad, coste y compatibilidad con los objetivos climáticos.
En cualquier caso, el encaje operativo de la nuclear en un sistema con gran peso renovable exige planificación fina para evitar vertidos, subir la flexibilidad del conjunto y minimizar costes al consumidor.

Europa: entre el «renacimiento» y el estancamiento
La narrativa del «renacer nuclear» choca con los datos recientes: de 2010 a 2024, la potencia nuclear mundial pasó de 370,9 GW a 375,5 GW, un aumento del 1,2%. En ese mismo periodo, eólica y fotovoltaica crecieron un 262%, hasta los 4.448 GW.
En la Unión Europea, la potencia nuclear cayó de 120 GW en 2010 a 97 GW en 2024 (un descenso del 19,5%), por el cierre de Alemania y el estancamiento de la flota francesa. Además, más del 78% de los reactores europeos pertenecen a empresas estatales o públicas, lo que refleja la complejidad inversora de la tecnología.
Con todo, el compromiso global para triplicar la capacidad nuclear a 2050 suma adherentes (Senegal y Ruanda se han unido recientemente). La Asociación Nuclear Mundial afirma que el objetivo es alcanzable si se materializan las promesas; el OIEA, por su parte, proyecta hasta 992 GW en su escenario alto para mitad de siglo.
China marca el ritmo con decenas de reactores en construcción y plazos más cortos; fuera de su ecosistema, los proyectos acumulan retrasos y sobrecostes: Vogtle en EE. UU. entró en servicio con demoras y costes duplicados, e Hinkley Point C (Reino Unido) también se encarece y retrasa.
La clave para Europa será mejorar la ejecución industrial y la estandarización de diseños si quiere recuperar tracción, al tiempo que adapta su política energética a la integración masiva de renovables.

Alemania reabre el debate: parón del desmantelamiento y foco en SMR
Tras el apagón nuclear culminado en 2023, el nuevo Gobierno de Berlín, liderado por Friedrich Merz, ha reabierto la discusión y paralizado temporalmente el desmantelamiento de las centrales, mientras evalúa cómo reactivar algunos reactores o apostar por reactores modulares pequeños (SMR).
La ministra de Economía, Katherina Reiche, ha retomado contactos en foros europeos pronucleares, y el OIEA percibe que Alemania estudia seriamente su retorno. El plan nacional de fusión prevé inversiones de hasta 5.000 millones de euros para impulsar plantas piloto e industriales esta década.
Sobre los SMR, el Ejecutivo ha encargado un informe al BASE y al Instituto Fraunhofer, junto con expertos y consultoras, para analizar la viabilidad económica y regulatoria y su integración en el mix, con conclusiones preliminares previstas para primavera de 2026.
Políticamente, el Gobierno no plantea depender de la nuclear de forma plena, pero explora una recuperación controlada con foco tecnológico, en paralelo a la clasificación favorable de Bruselas en materia de sostenibilidad.
El giro alemán incorpora la posibilidad de desplegar «reactores más pequeños e inteligentes» para apuntalar la recuperación económica, según se ha defendido desde Baviera, y abre un frente de cooperación en la Alianza Industrial Europea sobre SMR.

SMR: madurez tecnológica y costes bajo lupa
La discusión en Europa, y especialmente en Alemania, se centra en si estos diseños lograrán estandarización, economías de serie y certidumbre regulatoria suficientes como para abaratarse y entrar de lleno en el orden de mérito eléctrico.
En el corto plazo, su despliegue masivo se antoja complejo por los plazos de desarrollo y la necesidad de robustecer cadenas de suministro, aunque varios gobiernos quieren mantener esa opción abierta como complemento a renovables y almacenamiento.
En conjunto, el futuro de la nuclear en Europa dependerá de su capacidad para alinear costes, plazos y seguridad con los objetivos climáticos y con una electrificación acelerada, donde las renovables marcan hoy el paso.
A medida que España decide sobre prórrogas y Europa calibra su ambición, la clave estará en ponderar costes, residuos, flexibilidad y riesgos del parque nuclear frente a la rapidez y el precio de las renovables, el almacenamiento y la red, con la vista puesta en un suministro seguro, competitivo y alineado con el clima.