La biodiversidad española se encuentra en una encrucijada. A pocos meses de que la 17ª Conferencia de las Partes (COP17) del Convenio sobre la Diversidad Biológica evalúe los avances globales, el Gobierno de España ha presentado su séptimo Informe Nacional de Biodiversidad. Sin embargo, las organizaciones ecologistas ya han puesto el foco en las carencias del plan estatal, mientras que la ciudadanía muestra un apoyo mayoritario a la protección del entorno natural.
Mientras tanto, iniciativas como la gestión de los terrenos militares como refugios de fauna o la recuperación de especies amenazadas en Galicia demuestran que hay camino recorrido. Pero el reto de detener la pérdida de biodiversidad para 2030 sigue siendo mayúsculo, y no solo en España: un estudio internacional revela que la mayoría de las grandes corporaciones prometen cuidar la naturaleza, pero apenas un puñado ofrece objetivos verificables.
El examen de la COP17: ¿está España a la altura?
El Plan Estratégico Estatal del Patrimonio Natural y la Biodiversidad a 2030 (PEEPNB), aprobado en 2022, es la hoja de ruta con la que España pretende alinearse con el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal. Sin embargo, Ecologistas en Acción ha advertido que solo tres de las 23 metas internacionales están adecuadamente recogidas en el documento. La organización ha tenido acceso al 7º Informe Nacional y considera que el diagnóstico oficial es demasiado optimista: afirma que tres metas ya se han conseguido y que las 16 restantes están «bien encaminadas», pero los indicadores no siempre se corresponden con las medidas adoptadas.
La COP17, que se celebrará en Armenia, será el escenario donde se evalúe si los países están cumpliendo con sus compromisos. El Estado español ha registrado su informe nacional, pero Ecologistas en Acción subraya que la falta de vínculos claros entre las metas nacionales y las globales dificulta la rendición de cuentas>. En palabras de Jesús Martín Hurtado, portavoz de la organización, «después del fracaso de 2020, el Gobierno tiene el deber moral y legal de liderar una aplicación ambiciosa» a través de ayudas a la biodiversidad y programas efectivos.
La ciudadanía, aliada de la naturaleza

Mientras los gobiernos negocian, la sociedad española ya ha tomado partido. Un estudio de la Fundación BBVA sobre percepciones de la naturaleza revela que el 68% de los encuestados considera muy grave la extinción de especies, y un 65% opina lo mismo sobre la destrucción de hábitats>. La biodiversidad es percibida como un componente esencial de la riqueza del país, con una puntuación media de 9,2 sobre 10.
El informe, que se basa en una muestra de 2.020 casos, también destaca que la mayoría de los ciudadanos (8,4 sobre 10) cree que es posible crecer económicamente y proteger la naturaleza al mismo tiempo. La confianza en el Seprona es alta (7,1 sobre 10), mientras que las organizaciones ecologistas obtienen un 5,9>. Los autores del estudio concluyen que existe un «basamento cívico» sólido para grandes consensos en políticas ambientales, a pesar del ruido político.
Los militares, guardianes silenciosos de la biodiversidad

Uno de los datos menos conocidos es que el Ministerio de Defensa gestiona unas 135.000 hectáreas de espacios rústicos. Estos terrenos, al estar restringidos a la actividad civil, se han convertido en refugios para la biodiversidad>. Según el general Manuel Blasco, subdirector de Planificación y Medio Ambiente, en estos espacios habitan 266 especies en régimen de protección especial, de las cuales 42 son vulnerables y 17 están en peligro de extinción.
Además, 37.874 hectáreas de propiedad militar están incluidas en la Red Natura 2000. El ejemplo más emblemático es el yacimiento de Atapuerca, que se salvó de la urbanización gracias a estar dentro de un campo de tiro>. La actividad militar, lejos de ser perjudicial, ha favorecido el desarrollo de procesos naturales al excluir usos como la agricultura intensiva o el urbanismo.
Empresas: muchas promesas, pocas pruebas
En el ámbito global, un estudio de la Universidad de Oxford y el Stockholm Resilience Centre ha analizado los compromisos de 180 grandes corporaciones. El 79% ha prometido proteger la biodiversidad, pero solo el 13% ha fijado objetivos lo suficientemente claros y detallados como para que la sociedad pueda verificar su cumplimiento>. De los 637 compromisos detectados, apenas 34 reunían todos los requisitos de transparencia.
Los sectores con mejores prácticas son el cacao y la soja, donde iniciativas como la Cocoa & Forests Initiative y el reglamento europeo contra la deforestación importada han empujado a las empresas a informar con más rigor. En cambio, en petróleo y gas o en sanidad animal, los compromisos son escasos o inexistentes>. Los investigadores señalan que el «greenhushing» –el silencio por miedo a las críticas– y la falta de guías claras son barreras para avanzar.
Recuperación de fauna: un ejemplo gallego

En el lado positivo, la Xunta de Galicia ha puesto en valor la labor de sus centros de recuperación de fauna silvestre. En lo que va de año, los cuatro centros (uno por provincia) han registrado 253 ingresos de animales heridos o debilitados>. La conselleira de Medio Ambiente, Ángeles Vázquez, participó en la suelta de un buitre leonado y dos ejemplares de abejero europeo en el Monte Faro, en Chantada.
Estos animales fueron tratados de traumatismos que les impedían volar y, tras su rehabilitación, fueron devueltos a su hábitat con anillas metálicas para su seguimiento. La colaboración ciudadana es clave: ante un animal silvestre herido, se recomienda no manipularlo y llamar al 112 o a los agentes medioambientales>. La conselleira recordó que la preservación de la riqueza ambiental «nos afecta a todos».
Así pues, la biodiversidad en España se mueve entre la evaluación internacional, el respaldo ciudadano y las acciones concretas sobre el terreno. Mientras la COP17 examinará si el plan estatal es suficiente, la sociedad ya ha mostrado su compromiso, los militares protegen sin aspavientos miles de hectáreas y las comunidades autónomas trabajan en la recuperación de especies. El gran debe sigue estando en el mundo empresarial, donde las promesas aún no se traducen en hechos verificables. El camino hacia 2030 es largo, pero los mimbres existen.



