La proliferación de especies invasoras de plantas está suponiendo uno de los principales desafÃos para la conservación de la flora autóctona en distintos territorios insulares y costeros. Diferentes administraciones y colectivos naturalistas están poniendo el foco en el control y erradicación de aquellas plantas foráneas que consiguen desplazar a las especies nativas, alterando el equilibrio de los ecosistemas locales y afectando tanto a la biodiversidad como al paisaje.
Uno de los casos más destacados actualmente se vive en Tenerife, donde el Cabildo ha puesto en marcha una estrategia sin precedentes para combatir el avance del rabo de gato (Pennisetum setaceum) y el plumero de la pampa (Cortaderia selloana). Estas plantas invasoras han colonizado numerosos espacios naturales y zonas periurbanas, provocando la reducción de la vegetación autóctona y dificultando la recuperación de hábitats singulares.
Plan de acción para erradicar la flora invasora

Para hacer frente a esta problemática, las autoridades insulares están destinando cerca de cinco millones de euros en dos grandes actuaciones: la erradicación del plumero de la pampa, con un presupuesto de 1,2 millones y trabajos programados durante dos años y medio, y la gestión y eliminación del rabo de gato y otras invasoras, con una dotación de 3,7 millones hasta 2027. Estos recursos se aplican especialmente en áreas de alto valor ecológico, márgenes de carreteras y zonas en proceso de degradación.
Entre las medidas llevadas a cabo destaca la retirada de más de 6,5 toneladas de plumero en los accesos del aeropuerto de Tenerife Sur y más de mil intervenciones en diferentes puntos de la isla para eliminar hasta 44 toneladas de flora no autóctona. Los equipos especializados trabajan en la limpieza de terrenos especialmente sensibles como barrancos de difÃcil acceso y zonas con especies en peligro.
Importancia del seguimiento y el esfuerzo constante
Desde asociaciones cientÃficas y expertos como el biólogo VÃctor De León, se subraya la necesidad de mantener el esfuerzo de control de forma continuada y no limitarse a intervenciones esporádicas. Muchas de estas plantas tienen ciclos de vida rápidos, dispersándose con facilidad gracias a la acción del viento o su capacidad para arraigar en suelos pobres, lo que hace imprescindible la vigilancia regular de los focos de invasión y la extracción completa de sus raÃces para evitar su regreso.
De León comenta que otras especies como la uña de gato (Carpobrotus spp.), la caña común, el jediondo o matospuma y las pitas, figuran también entre las invasoras más dañinas de Canarias y requieren planes de erradicación especÃficos por sus caracterÃsticas de propagación y su impacto negativo sobre el entorno.
Concienciación social y jornadas divulgativas
La implicación ciudadana resulta fundamental en esta lucha. Las autoridades aconsejan evitar la plantación de especies invasoras en jardines privados y comunicar cualquier detección de estas plantas en espacios públicos a las administraciones correspondientes, ya que su comercio y distribución están prohibidos legalmente.
El Grupo Naturalista Hábitat y varias universidades han puesto en marcha jornadas de exploración y divulgación en lugares emblemáticos como la Torre de Hércules, donde investigadores y asistentes pueden observar la biodiversidad del suelo y comprobar el efecto real de las plantas invasoras sobre la flora local. Estos encuentros prácticos permiten comparar zonas afectadas con otras donde la vegetación autóctona subsiste, identificando los principales organismos que contribuyen al equilibrio del ecosistema.