Cuando hablamos del cultivo del avellano europeo, nos topamos con una realidad preocupante: existen unos enemigos invisibles que atacan directamente el corazón del árbol. Estas patologÃas, conocidas como enfermedades de la madera, actúan como una trampa silenciosa que va minando la salud de la planta desde dentro, comprometiendo seriamente la viabilidad de las explotaciones frutÃcolas.
En el caso concreto de Chile, este cultivo ha pegado un estirón impresionante, llegando a cubrir cerca de 49.264 hectáreas hacia el año 2025. Este crecimiento tan acelerado, concentrado sobre todo entre el Maule y la Región de los Lagos, hace que sea fundamental poner el foco en la sanidad vegetal y una gestión agrÃcola exitosa para que el éxito económico no se desvanezca por culpa de unos hongos que no perdonan.
¿Cómo afectan estos hongos al árbol?

El problema radica en que los hongos de madera provocan una necrosis que, sumada a las defensas propias de la planta, acaba por obstruir el sistema vascular. ImagÃnate que las tuberÃas por donde sube el agua y los minerales desde las raÃces hacia las ramas se tapan; el resultado es un caos hidráulico que deja a las estructuras reproductivas sin suministros, lo que se traduce directamente en una caÃda del rendimiento y una calidad de la fruta muy pobre.
Estas enfermedades son especialmente peligrosas porque son «silenciosas». No avisan con señales evidentes hasta que el daño ya está hecho, debilitando al árbol y dejándolo más expuesto a otros patógenos. En el peor de los casos, el destino es la muerte prematura de la planta, obligando al agricultor a gastar dinero y tiempo en reemplazos no planificados.
Impacto económico y factores ambientales

Para que nos hagamos una idea de la magnitud del problema, en otros cultivos como la vid se han llegado a registrar pérdidas de rendimiento del 80%. En frutales como el manzano o el ciruelo, el hongo Chondrostereum purpureum ha causado desplomes en la producción de entre el 40% y el 66%. El avellano no es ajeno a este riesgo, y dado su potencial en las zonas centro-sur, cualquier infección puede suponer un golpe financiero considerable.
Lo peor es que el cambio climático les está echando una mano a estos hongos. El aumento de las temperaturas y los desajustes del clima crean el escenario perfecto para que las esporas se liberen y propaguen con más facilidad. Además, el estrés hÃdrico y térmico que sufren los árboles los hace mucho más vulnerables, abriéndoles la puerta a los patógenos.
Estrategias de lucha y control

Para combatir este problema, es vital entender que no todos los hongos son iguales; algunos son polÃfagos (atacan a cualquier especie leñosa) y otros son más especÃficos. Por ello, se están llevando a cabo investigaciones profundas para identificar la virulencia de las cepas que más afectan al avellano en la zona centro-sur de Chile, analizando qué variedades son más susceptibles y cuáles resisten mejor el ataque.
- Identificación de patógenos: Saber exactamente qué hongo está atacando para aplicar el tratamiento correcto.
- Momentos crÃticos: Detectar las ventanas temporales donde el riesgo de infección es más alto para actuar preventivamente.
- Control quÃmico y biológico: Testar la eficacia de fungicidas para encontrar la alternativa más sostenible y efectiva.
- Transferencia de conocimiento: Llevar la ciencia del laboratorio al campo mediante dÃas de campo y seminarios técnicos.
La clave reside en no dejar que la infección se asiente. Al combinar el uso de variedades resistentes con un control riguroso de los periodos de infección, se puede blindar la producción. La ciencia actual busca no solo curar, sino prevenir, integrando el manejo biológico y quÃmico para asegurar que el avellano europeo siga siendo un motor económico rentable y saludable.

La gestión integral de los hongos de madera es el único camino para evitar que la obstrucción vascular merme la productividad del avellano europeo, especialmente en un contexto de crecimiento superficial tan agresivo y climas cada vez más impredecibles que favorecen la propagación de esporas y debilitan la resistencia natural de los árboles.