El gran plan renovable que debía sustituir a la central térmica de Andorra vive un giro inesperado. Endesa ha decidido recortar de forma drástica el proyecto del Nudo Mudéjar tras analizar en detalle la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) emitida por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), dejando la potencia prevista en 406 megavatios (MW), una cifra muy alejada de los casi 1.850 MW con los que se presentó a concurso.
Este ajuste supone un nuevo mazazo para las expectativas de la cuenca minera turolense, que veía en el Nudo Mudéjar la pieza clave de la llamada transición justa después del apagón definitivo de la térmica en 2020. El recorte en la potencia instalada amenaza ahora con dejar en el aire gran parte de las inversiones asociadas y del empleo que se había anunciado para reactivar la zona.
De macroproyecto renovable a diseño reducido

El proyecto con el que Enel Green Power España —filial renovable de Endesa— ganó en 2022 el concurso del Nudo Mudéjar 400 kV estaba concebido como uno de los mayores polos de generación limpia del país. La propuesta original sumaba 1.844,1 MW de potencia, repartidos en 14 parques hibridados (siete eólicos y siete fotovoltaicos), 14 subestaciones eléctricas y 14 líneas aéreas de alta tensión, además de instalaciones de almacenamiento con baterías e iniciativas vinculadas al hidrógeno verde.
Aquel diseño cubría el término municipal de 10 localidades del Bajo Aragón Histórico —entre ellas Andorra, Alcañiz, Calanda, Alcorisa, Híjar, Albalate del Arzobispo, Samper de Calanda, Castelnou, La Puebla de Híjar y Jatiel— y aspiraba a aprovechar prácticamente toda la capacidad de evacuación liberada tras el cierre de la térmica, cifrada en 1.202 MW en el nudo.
Sin embargo, el análisis ambiental desarrollado por el Miteco y plasmado en la DIA obligó a revisar ese planteamiento. La resolución ya recortó de entrada alrededor de 1.000 MW, al considerar inviable parte de las infraestructuras planteadas y exigir la eliminación de varios parques eólicos y plantas solares, así como la reducción del número de aerogeneradores y de la superficie fotovoltaica en otras zonas.
En una primera estimación, tras conocerse la DIA, se calculó que podrían mantenerse en torno a 830 MW de potencia viable. No obstante, el análisis técnico posterior realizado por la propia compañía ha rebajado aún más esa cifra hasta los 406 MW, pasando de una utilización casi plena del nudo a emplear de forma efectiva poco más de un quinto de la capacidad inicialmente proyectada.
406 MW: tres plantas solares y un parque eólico
El nuevo escenario que Endesa ha trasladado al Instituto para la Transición Justa (ITJ) el 17 de marzo contempla un esquema mucho más modesto. El proyecto queda reducido a tres parques solares fotovoltaicos y un único parque eólico, muy lejos de la compleja hibridación de tecnologías inicialmente prevista.
Según explica la compañía, la cifra de 406 MW de potencia instalada es el resultado de acomodar el diseño a los condicionantes impuestos por la DIA y a los criterios de viabilidad técnica y económica internos. Este replanteamiento implica que, de los 1.844 MW soñados en un primer momento, apenas se mantenga alrededor del 22 %.
Además, el ajuste rompe la lógica con la que se planificó el uso del nudo. Endesa se adjudicó 1.202 MW de capacidad de evacuación y su estrategia se basaba en combinar eólica, solar y almacenamiento para acercarse a ese límite el mayor número de horas posible. Con la configuración actual, fuentes del sector calculan que solo se aprovecharían de forma efectiva unos 265 MW, dejando sin uso más de 900 MW de potencial, lo que resta eficiencia y atractivo económico al conjunto.
Desde la empresa se subraya, no obstante, que se sigue trabajando para cumplir los hitos del concurso de Transición Justa y adaptar el proyecto a las restricciones ambientales sin renunciar, en la medida de lo posible, al papel transformador que se pretendía para la comarca.
Impacto de la DIA: especies protegidas y Red Natura 2000
El recorte no llega por sorpresa, pero sí con mayor contundencia de la esperada. La Declaración de Impacto Ambiental publicada en el Boletín Oficial del Estado describe un análisis “extraordinariamente complejo” por la magnitud del proyecto y justifica los cambios en la necesidad de evitar daños sobre especies protegidas y espacios de la Red Natura 2000.
El órgano ambiental consideró que no se podían descartar impactos significativos en determinadas áreas y, por ello, decidió vetar la construcción de dos de los parques eólicos previstos, así como de una planta solar, un parque de baterías y sus correspondientes líneas de evacuación. También obligó a reducir el número de aerogeneradores en otros complejos, pasando de los 156 molinos planteados inicialmente a 103, y a disminuir la superficie ocupada por varias plantas fotovoltaicas.
A todo ello se suma la exigencia de soterrar ciertos tramos de las líneas de evacuación, lo que encarece y complica una parte relevante de las infraestructuras eléctricas. El resultado global es un macroproyecto notablemente mermado en términos de potencia y con mayores restricciones técnicas y económicas para su desarrollo.
Con la publicación de la DIA, el Gobierno central dio por desbloqueado administrativamente el Nudo Mudéjar, una iniciativa que en su origen iba a movilizar más de 1.800 millones de euros de inversión en el conjunto de los municipios afectados, aunque ese volumen deberá revisarse ahora a la baja de forma muy significativa.
Golpe al plan de acompañamiento industrial y al empleo
Más allá de la cifra de megavatios, la reducción del Nudo Mudéjar tiene implicaciones directas en el plan de acompañamiento industrial con el que Endesa se hizo con el concurso de Transición Justa. Ese paquete incluía proyectos como una fábrica de seguidores solares, una planta de reciclaje de módulos en La Puebla de Híjar, iniciativas ligadas al hidrógeno verde o una posible fábrica de electrolizadores, entre otras actuaciones.
Sobre la mesa había previsiones de más de 6.300 puestos de trabajo hasta 2029, incluyendo la fase de construcción y la explotación posterior de las instalaciones, con en torno a 500 empleos estables. Estas cifras convertían al Nudo Mudéjar en el gran motor de reindustrialización de la cuenca minera tras la desaparición del carbón.
Fuentes conocedoras de la operación advierten de que el hachazo en la potencia del proyecto energético se trasladará, previsiblemente, al resto de compromisos socioeconómicos, que tenderán a reajustarse de forma proporcional. En otras palabras, si el proyecto renovable se queda en una quinta parte, los planes industriales y el empleo ligado a ellos difícilmente podrán mantener los niveles inicialmente anunciados.
Por el momento, la empresa no ha detallado cómo quedará el nuevo mapa de inversiones y puestos de trabajo asociados. La sensación en el territorio es que, salvo sorpresa mayúscula, el impacto final será bastante más modesto de lo que se prometió cuando se presentó el proyecto ganador del concurso.
Preocupación entre empresarios y comerciantes de Andorra
En la localidad de Andorra, el anuncio del recorte ha sido recibido con inquietud. La Asociación de Empresarios de Andorra habla abiertamente de «preocupación» ante lo que consideran un nuevo revés para la zona, que se suma a «todas las promesas incumplidas» escuchadas desde el cierre de la térmica en 2020.
Su presidente, Roberto Miguel, se pregunta cómo afectará este tijeretazo al plan de acompañamiento y qué quedará, en la práctica, del Nudo Mudéjar tal y como se presentó. Recuerda que la clausura de la central supuso un golpe notable para el tejido económico local: se destruyeron empleos directos e indirectos y el consumo en los comercios cayó de forma visible.
En los últimos años, la instalación de los primeros parques solares ha generado cierto movimiento: más demanda de alquileres, algunos puestos de trabajo y algo de actividad en servicios. Pero, según explican los empresarios, todo ello está «muy lejos» del empleo que ofrecía la térmica, tanto en cantidad como en salarios, lo que ha terminado reduciendo la renta per cápita del municipio.
A este contexto se suma, además, el malestar por lo que perciben como una gestión errática de la transición. «Cuando el propio Ministerio hace y deshace cuatro años después del concurso, y después de haber sido incluso premiados a nivel europeo como proyecto de referencia, es difícil que sigamos siendo un territorio atractivo», resume el representante empresarial.
Los sindicatos alertan de una transición injusta
El mundo sindical comparte la preocupación. Desde Comisiones Obreras (CCOO) se señala que la decisión de Endesa puede suponer volver a una “transición injusta” en la cuenca minera turolense, dejando al territorio sin el motor de futuro que se había dibujado en torno al nudo Mudéjar.
El secretario general del sindicato en Aragón, Manuel Pina, subraya la magnitud del recorte: la capacidad prevista se desploma prácticamente a un 25 % del potencial del nudo, lo que implica, según recalca, una reducción equivalente en la capacidad de generar empleo y actividad económica vinculada a la transición energética.
Pina considera que ha faltado planificación y previsión, ya que buena parte de los planes de reindustrialización de la zona dependían de las inversiones empresariales conectadas a esa concesión. Con un proyecto tan recortado, advierte de que «muchos de los proyectos que estaban sobre la mesa difícilmente saldrán adelante«, lo que supondría un nuevo revés para el empleo y la economía comarcal.
El temor sindical es que la comarca viva una especie de «segunda sacudida» tras el cierre de la central: primero se perdió el tejido económico ligado al carbón y, ahora, se corre el riesgo de que la alternativa renovable se quede corta para compensar aquel impacto.
Una comarca que no termina de remontar
El concurso del Nudo Mudéjar se presentó como la herramienta para reemplazar ese monocultivo del carbón por un nuevo modelo basado en energías renovables e industria asociada. No solo se trataba de producir electricidad, sino de utilizar ese despliegue para fijar población, atraer nuevas empresas y mantener el nivel de vida de la zona.
Sin embargo, los sucesivos retrasos administrativos, las revisiones ambientales y el recorte final de potencia han ido enfriando poco a poco las expectativas. La inversión, el empleo y la actividad que iban a llegar se han ido posponiendo, mientras el territorio sigue buscando alternativas para no quedar atrapado en un proceso de despoblación y pérdida de peso económico.
El propio alcalde de Andorra, Rafa Guía, ha optado por no hacer declaraciones por ahora, a la espera de conocer con mayor detalle cómo quedará finalmente configurado el proyecto y qué consecuencias concretas tendrá para la localidad.
Próximos pasos y escenario abierto
En el plano administrativo, el siguiente paso depende de la tramitación del nuevo diseño de 406 MW y de su encaje definitivo en las condiciones marcadas por la DIA. Endesa ha cumplido con el envío en plazo de la «configuración ajustada» al Instituto para la Transición Justa, tal como exigían las bases del concurso.
A partir de ahí, quedará por ver cómo se reordenan los proyectos empresariales asociados, qué inversiones se mantienen, cuáles se redimensionan y cuáles se descartan por completo. Esta reconfiguración será clave para medir el alcance real del recorte más allá de los datos puramente energéticos.
El caso de Andorra se ha convertido, en la práctica, en un ejemplo de la complejidad de la transición energética en enclaves muy dependientes de la industria tradicional. Cumplir con los objetivos ambientales y proteger el territorio es una condición innegociable, pero encontrar el equilibrio con la necesidad de desarrollo económico y empleo no siempre resulta sencillo.
En la cuenca minera turolense, esa tensión se percibe en la calle: entre quienes valoran la protección del entorno natural y quienes, al mismo tiempo, reclaman certezas sobre su futuro laboral y el de sus familias. Lo que ocurra finalmente con el Nudo Mudéjar marcará, en buena medida, el rumbo de esa búsqueda de equilibrio.
Tras este nuevo recorte, el Nudo Mudéjar pasa de ser el gran icono de la transición justa en Aragón a un proyecto mucho más contenido, que deberá demostrar si con solo 406 MW de potencia, tres plantas solares y un parque eólico puede seguir cumpliendo el papel tractor que se le había asignado para Andorra y su entorno o si, por el contrario, la comarca tendrá que seguir buscando otras piezas para completar su futuro energético e industrial.