El mundo de las letras y el sector del aceite de oliva se han dado la mano en un encuentro que busca poner en valor lo que somos y lo que producimos. En un acto cargado de simbolismo, el escritor e historiador Emilio Lara ha sido nombrado oficialmente embajador de la Fundación del Olivar, una distinción que premia su trayectoria y su incansable labor a la hora de defender la identidad de su tierra. El evento ha servido para recordar que nuestro āoro lĆquidoā es mucho mĆ”s que un ingrediente de cocina; es una herencia cultural que merece ser contada con mayĆŗsculas.
La cita, que congregó a diversas personalidades y profesionales del gremio, ha servido para subrayar la conexión tan estrecha que existe entre el territorio y su paisaje. Lara, que siempre ha llevado a JaĆ©n por bandera, asume este nuevo rol con la idea de que la cultura oleĆcola debe traspasar fronteras y llegar a todos los rincones a travĆ©s de la palabra. No es solo cuestión de vender botellas, sino de explicar el alma que hay detrĆ”s de cada olivo centenario y el esfuerzo de quienes miman la tierra dĆa tras dĆa.
Un reconocimiento a la divulgación y la identidad jiennense
El Museo Terra Oleum, situado en el parque tecnológico de Geolit en MengĆbar, fue el escenario elegido para que Javier Olmedo, gerente de la institución, hiciera entrega al autor de un diploma acreditativo y un olivo en miniatura. Durante el encuentro, se puso de manifiesto que la trayectoria literaria de Lara, doctor en AntropologĆa y profesor de GeografĆa e Historia, lo convierte en una de las voces mĆ”s autorizadas para hablar del patrimonio del olivar con propiedad y sin artificios. Para el escritor, este reconocimiento ha sido una sorpresa que recibe con un orgullo tremendo, sintiĆ©ndose un exponente de esa cultura compartida que define a los jiennenses.
Lara ha dejado claro que se toma este papel muy en serio, como una responsabilidad itinerante para defender el producto allĆ” donde vaya. En su opinión, JaĆ©n es una provincia que destaca por sus ātres pesā: pasado, patrimonio y paisaje, elementos que se fusionan de forma imbatible en el horizonte de olivos. El autor sostiene que el aceite de oliva lo engloba todo, desde la historia antigua hasta la conciencia colectiva, y que es un paisaje que, por derecho propio, deberĆa ser reconocido como patrimonio de la humanidad.
El reto de cambiar la mentalidad frente al vino
Uno de los puntos mĆ”s interesantes de la jornada fue la reflexión sobre cómo percibimos el aceite de oliva en comparación con otros sectores. Emilio Lara ha sido muy directo al seƱalar que, a menudo, los medios y la crĆtica elevan el vino a una categorĆa de lujo y sofisticación, mientras que el aceite se ha visto tradicionalmente como un producto de mera subsistencia. Sin embargo, defiende que un buen virgen extra no tiene nada que envidiar a los mejores caldos del mundo; es vida y es un producto extraordinario que requiere un salto cualitativo en nuestra forma de pensar para valorarlo como realmente se merece.
El escritor anima a la sociedad a dejar atrĆ”s la queja y empezar a creerse de verdad el potencial de lo que tenemos entre manos. Durante su visita a las instalaciones de la Fundación, donde tambiĆ©n participó en una cata, insistió en que el aceite es el rey de la cocina mediterrĆ”nea. Para ilustrarlo de forma sencilla, recordó esa āliturgia laicaā tan nuestra de mojar un trozo de pan en aceite, un gesto que para Ć©l es sinónimo de alegrĆa y de convivencia, capaz de ennoblecer cualquier mesa sin necesidad de grandes lujos.
La literatura como motor del mar de olivos
La faceta literaria del nuevo embajador ha quedado plasmada en su reciente ensayo titulado āUn mar de oro verdeā. En esta obra, Lara profundiza en la dimensión histórica y social del universo oleĆcola, tendiendo puentes entre el conocimiento acadĆ©mico y el gran pĆŗblico. SegĆŗn el autor, la literatura puede aportar muchĆsimo a la difusión de estas virtudes, siguiendo la estela de grandes nombres como Antonio Machado o Miguel HernĆ”ndez, quienes ya inmortalizaron el paisaje jiennense en sus versos.
Esta conexión con el campo le viene de lejos, concretamente de su infancia. Lara recordó con emoción cómo su padre le llevaba de pequeƱo a pasear por los olivares, enseƱƔndole que algunos de esos Ć”rboles podĆan tener hasta dos mil aƱos de antigüedad. Esa chispa que se encendió hace dĆ©cadas es la que hoy le motiva a pedir a los jóvenes que no abandonen sus raĆces ni la cocina tradicional, porque al final, solamente se llega a amar aquello que se conoce de verdad.
La designación de Emilio Lara supone un paso firme para que la cultura del aceite de oliva gane peso en el Ć”mbito intelectual y social. Gracias a su compromiso, se espera que los valores de este patrimonio sigan vivos y se difundan con el rigor y la pasión que caracterizan su obra, recordando a todo el mundo que donde hay aceite de oliva hay alegrĆa y una historia milenaria que todavĆa tiene mucho que contarnos.

