
La electrificación acelera en el debate público y en los planes de empresas y administraciones: varios informes recientes apuntan a que dar más velocidad al coche eléctrico, a la climatización con bombas de calor y a los procesos industriales eléctricos podría sumar hasta 30 TWh de consumo anual y generar ahorros cercanos a 6.710 millones de euros para la economía española.
Detrás de estas cifras están costes renovables muy competitivos en España, nuevas necesidades de red e infraestructura de recarga y una cadena de valor de baterías que Europa intenta consolidar sin perder el paso. El foco, eso sí, pasa por transportes, edificios e industrias, donde el impacto climático y económico es más visible.
Ahorro y demanda: qué implicaría acelerar la electrificación

El análisis de APPA Renovables, elaborado junto a NTT Data, sostiene que un empuje alineado con el PNIEC elevaría la demanda entre 20 y 30 TWh (en torno al 12% sobre el consumo de 2024) y permitiría recortar la factura energética del país en miles de millones al año. El contexto actual muestra una generación renovable que alcanzó el 56,8% en 2024 y el PNIEC prevé para 2030 un incremento del 34% en la demanda eléctrica respecto a 2019, lo que refleja la existencia de margen y voluntad para electrificar transporte, hogares e industria.
La ventaja competitiva se apoya en costes nivelados muy bajos: la solar ronda 43,85 €/MWh y la eólica 31,30 €/MWh, por debajo del gas (por encima de 50 €/MWh) y lejos de su reciente volatilidad (picos de 183 €/MWh en 2021 y 98 €/MWh en promedio en 2022). Con estos precios, España puede atraer industria electrointensiva y sectores en auge como los centros de datos, cuya demanda podría situarse en 10–15 TWh en 2030 (hasta el 5% de la generación renovable esperada), favorecidos por la ubicación, la conectividad y los cables submarinos. El auge del coche eléctrico en China impulsa la demanda de electrificación.
Hogares y edificios: bombas de calor, ayudas y beneficios

En casa, la transición a soluciones eléctricas permite recortar el gasto y las emisiones. Un hogar medio podría ahorrar un 64% (unos 1.433 €/año) si combina bomba de calor para calefacción y ACS con vehículo eléctrico. La reducción de CO2 alcanzó el 83% y sería total si la electricidad procede de renovables. Las bombas de calor logran rendimientos hasta 4 veces mayores que calderas de gas o gasóleo, con ahorros de 380–680 € al año por vivienda; las deducciones e incentivos actuales facilitan reducir la inversión inicial hasta en un 35%.
Para acelerar su adopción, se proponen medidas como bajar el IVA del 21% a tipos reducidos, como en Portugal, Francia o Reino Unido; extender deducciones en el IRPF, crear una categoría específica para aerotermia; instaurar ventanillas únicas para agilizar trámites; aplicar bonificaciones locales (IBI, ICIO) y simplificar los procedimientos de instalación.
Transporte y flotas: del coche particular a la empresa

En movilidad, el vehículo eléctrico aporta ahorros energéticos de 900–1.000 €/año frente a los motores de combustión y, considerando el coste total de propiedad, puede resultar un 10% más barato que su equivalente térmico, con incentivos que elevan la diferencia hasta el 40%. Además de reducir las emisiones urbanas, la clave está en contar con políticas estables y un despliegue efectivo de puntos de recarga, como los que se explican en infraestructura de recarga eléctrica.
Entre las recomendaciones para el mercado español, destacan fortalecer los programas de ayuda (el plan vigente fue suspendido recientemente), anticipar el pago de subvenciones para evitar que los compradores tengan que adelantar dinero, incluir criterios de renta para priorizar hogares vulnerables, aplicar un IVA superreducido (4%) en la compra de vehículos eléctricos y 0% en IVA para empresas (como en Portugal). Además, se recomienda mantener una deducción del 15% en IRPF, exención del impuesto de matriculación, ampliar las bonificaciones del IVTM y establecer un plan eficiente para ampliar la red de recarga.
Recarga y experiencia de usuario: lo que falta por mejorar

El EV Charging Index 2025 de Roland Berger muestra que la penetración de ventas BEV en España se mantuvo estable en 2024. Aunque Europa sumó más de 2,7 millones de unidades, el mercado nacional no experimentó un crecimiento destacado y apenas uno de cada veinte vehículos en circulación es eléctrico. Más del 30% de las cargas se realizan en espacios públicos, superando a países como Noruega o Canadá, lo cual refleja la dependencia de la vía pública ante las dificultades para instalar puntos en comunidades de vecinos y los costes asociados.
La distribución estima que el 66% de las recargas se hacen en el hogar, el 3% en el trabajo y el 1% en otros lugares. A pesar del incremento en puntos, menos del 50% de los usuarios considera que la carga pública es hoy más cómoda, y el 44% estima que los precios de recarga en espacios públicos son más altos de lo previsto. Los principales obstáculos siguen siendo los tiempos de carga, la cobertura de la red y la falta de servicios en las estaciones.
Se recomienda acelerar la adopción de carga por corriente continua y mejorar la calidad del servicio, especialmente en áreas urbanas y corredores interurbanos. Para ello, será esencial canalizar fondos europeos y atraer inversión privada, garantizando un despliegue homogéneo y evitando brechas entre zonas rurales y sin infraestructura de garaje.
Industria y cadenas de suministro: calor, baterías y redes
La industria española destina el 57% de su energía final a producir calor, y el 77% de esa energía proviene de combustibles fósiles. La electrificación mediante bombas de calor industriales (junto a tecnologías como la termosolar) podría cubrir hasta el 80% de las necesidades de calor en sectores como alimentación, papel o química, con un Coste Total de Propiedad (TCO) hasta un 61% menor que las calderas convencionales y retornos de inversión inferiores a cuatro años, reduciendo la exposición a la volatilidad del gas y del petróleo.
Para facilitar proyectos, los expertos sugieren agilizar los PERTE de Descarbonización Industrial (actualmente con trámites de hasta 18 meses), abrir una línea específica para la electrificación industrial, eximir a las empresas electrointensivas del pago al FNEE (como en Francia o Alemania), garantizar la bonificación máxima por CO2 indirecto durante cinco años, reducir el IAE y eliminar barreras a los PPA, como los altos costes de conexión. También se recomienda acelerar permisos de infraestructura y facilitar la financiación mediante fondos europeos, FNEE o pagos diferidos en la factura eléctrica.
En la dimensión transversal, se plantea reducir el Impueso Especial sobre la Electricidad (IEE) al 0,5%, eliminar el Impuesto sobre el Valor de la Producción de Energía Eléctrica (IVPEE) (7%), adelantar el Cargo de Emisión de CO2 (ETS2) mediante un impuesto y reducir el IVA de la electricidad al 4%. Además, se propone rediseñar las ayudas, trasladándolas del IRPF al Impuesto de Sociedades para que se apliquen como descuentos directos. En paralelo, es fundamental planificar inversiones en redes (puertos, aeropuertos, nodos logísticos), modernizar la infraestructura, reforzar las conexiones de distribución y transporte, y dar ejemplo desde la Administración mediante la renovación de la flota con vehículos eléctricos y aerotermia en edificios, con un plan claro de ayudas que evite parones. Como mecanismo financiero, se propone establecer un Fondo Nacional de Transición financiado por el consumo de combustibles fósiles.
La dependencia de la cadena de suministro de baterías sigue siendo un reto europeo. La dependencia de celdas asiáticas y los obstáculos industriales se hicieron evidentes con la situación de la planta de Skellefteå en Suecia, que no alcanzó más del 30% de su capacidad inicial y terminó en quiebra antes de ser adquirida por Lytem. Este grupo también asumirá otra planta en Alemania y negocia en Canadá. La prioridad ahora es garantizar capacidad local y transferencia tecnológica sin perder control ni empleo. En línea con esto, proyectos como la planta de CATL con Stellantis en Figueruelas anuncian la incorporación de más de 2.000 operarios para su puesta en marcha. Las aplicaciones para reciclaje y gestión de baterías en electrificación.
Desde el ámbito público, surgen iniciativas para que municipios con presupuesto limitado puedan renovar sus flotas, como el acuerdo entre Renault y la FEMP, que habilita un renting de 48 meses sin licitación, con mantenimiento y seguro incluidos, para vehículos eléctricos E-Tech. Se contemplan opciones para tareas administrativas (Renault 5 E-Tech, Megane E-Tech) y carga (Kangoo E-Tech, 120 CV y 285 km de autonomía), incluyendo funciones como la carga bidireccional V2L.
La Agencia Europea de Medio Ambiente subraya que electrificar calefacción, transporte e industria y acelerar el despliegue de renovables es fundamental para un sistema más competitivo y autónomo en la UE. Si se cumplen los objetivos de 2030, los costes variables de generación podrían reducirse hasta en un 57%.
Con todos estos esfuerzos, el camino hacia una economía más descarbonizada y eficiente está definido: renovables asequibles, redes robustas y electrificación de usos finales pueden disminuir la dependencia exterior, reducir emisiones de CO2 y potenciar la actividad industrial, siempre que se superen a tiempo los obstáculos en recarga, tramitación y cadena de suministro, y se mantengan políticas de ayuda e inversión estables.