Además de su peso en el tejido productivo, el sector sostuvo 24.300 empleos equivalentes a tiempo completo —de los que 8.600 son directos— y contribuyó a la recaudación pública con más de 230 millones de euros. Todo ello en un contexto en el que España, con sus luces y sombras, progresa en circularidad pero aún no alcanza los objetivos de recogida exigidos.
Un motor económico con efecto multiplicador

El VI Informe Recyclia cifra en 1.400 M€ el VAB asociado a la cadena de gestión de RAEE en 2024. El llamado efecto arrastre es notable: por cada euro de valor generado, la economía recibe 2,7 euros en impacto total, lo que incluye actividad directa, indirecta e inducida.
En términos laborales, la gestión de estos residuos mantuvo 24.300 puestos a tiempo completo, destacando los 8.600 empleos directos ligados a operaciones de recogida, logística y tratamiento. La aportación fiscal superó los 230 millones de euros, reflejando el papel del sector en ingresos públicos.
El dinamismo del mercado acompaña a esa inercia: en 2024 se comercializaron 1.316,5 millones de aparatos, un 20,6% más que el año anterior. De ese volumen, 846,9 millones fueron de uso doméstico (+30,8%) y 469,6 millones de uso profesional (+5,6%), lo que subraya una demanda sostenida de electrónica en ambos segmentos.
La composición del crecimiento también importa: tiró con fuerza la informática y telecomunicación de pequeño tamaño, con un +74,3% en unidades; y los pequeños aparatos alcanzaron 404,7 millones (17,3% del total). En paralelo, el mercado de pilas, baterías y acumuladores volvió a acelerar: 740,5 millones de pilas portátiles (+21,3%), 10 millones de baterías de automoción (+20,2%) y 6,2 millones de industriales (+19,2%).
Recogida y composición del residuo: España frente a la UE

El último dato consolidado de recogida (2022) sitúa a España en 416.200 toneladas de RAEE, un 0,7% más que en 2021, mientras que en el conjunto de la Unión Europea se registró un descenso del 1,4%. La evolución sugiere que el país remonta más rápido que la media europea, aunque aún resta margen para cumplir objetivos.
Por tipología, los grandes aparatos continúan encabezando la generación de RAEE, aportando una de cada tres toneladas en 2023. Los pequeños aparatos representan ya el 29% del total, una fracción relevante que exige canales de retorno sencillos para el ciudadano.
El informe insiste en reforzar la sensibilización pública y la accesibilidad a los puntos y sistemas de recogida para aprovechar todo el potencial de circularidad. No basta con la infraestructura: la capilaridad y la información marcan la diferencia para que el residuo llegue al circuito formal.
Persiste el llamado “efecto tesoro”: una proporción significativa de pequeños dispositivos queda retenida en los hogares, fuera del flujo de residuos. Esta inercia merma las tasas de recogida y reduce el volumen de materiales recuperables.
Consumo, hábitos y palancas para avanzar

La gestión de RAEE no depende solo de productores e instalaciones: los comportamientos del consumidor resultan determinantes. Conviven una mayor predisposición hacia un consumo responsable con patrones arraigados (apego a dispositivos, falta de incentivos, desconocimiento de los canales) que frenan la circularidad.
Según el informe, el 59% de los hogares guarda portátiles o tabletas que ya no utiliza. Aun así, el 60% de los consumidores afirma estar dispuesto a pagar más por aparatos más sostenibles y fáciles de reparar. La reparación, además, puede reducir hasta un 35% el impacto ambiental de pequeños electrodomésticos.
Las tasas de recogida se mantienen por debajo de los límites obligatorios, si bien hay avances: en los dos últimos años aumentó el porcentaje de hogares que entregan correctamente sus equipos informáticos en desuso, hasta el 17% en portátiles y el 31% en sobremesa.
La Comisión Europea identifica dos cortafuegos principales al reciclaje doméstico: falta de información y escasez de recompensas tangibles. Entre las medidas recomendadas se incluyen:
- Campañas claras sobre ubicación de puntos de recogida y sistemas de devolución.
- Programas de recompra y bonificación que hagan atractivo el retorno de equipos.
- Mensajes sobre beneficios ambientales y de ahorro de recursos para movilizar a los hogares.
Con un sector que ya genera alto valor económico y empleo y una ciudadanía cada vez más sensibilizada, la clave está en cerrar la brecha entre intención y acción: más accesibilidad, mejores incentivos y información práctica para que los RAEE entren en el circuito oficial, mejorando tanto el rendimiento ambiental como el económico.