El precio del gas en Europa ha pegado un salto histórico en cuestión de horas tras el último giro de la crisis en Oriente Medio. La suspensión de la producción de gas natural licuado (GNL) en Qatar y el aumento de las tensiones militares en torno al estrecho de Ormuz han encendido todas las alarmas en los mercados energéticos europeos.
En cuestión de una sesión, el principal índice de referencia, el contrato TTF que se negocia en los Países Bajos, ha llegado a revalorizarse entre un 40% y un 50%, pasando de la franja de los 30-32 €/MWh hasta niveles de 46-48 €/MWh. Este movimiento devuelve las cotizaciones a precios no vistos desde principios del año anterior y coloca de nuevo el coste del gas en el centro del debate económico europeo.
Un estallido geopolítico que sacude al mercado del gas

La escalada comenzó tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán y la posterior respuesta iraní contra infraestructuras energéticas clave en el Golfo Pérsico. Entre los objetivos se encuentra Ras Laffan, la mayor planta de exportación de GNL del mundo, situada en Qatar y responsable de aproximadamente una quinta parte del suministro global de este combustible.
QatarEnergy, la compañía estatal, ha comunicado que cesa temporalmente la producción de gas natural licuado y productos asociados en sus complejos de Ras Laffan y Mesaieed como consecuencia directa de los ataques con drones. Pocas horas después de este anuncio, el TTF europeo se disparó por encima de los 48 €/MWh, su nivel más alto en casi un año.
No es solo el cierre de instalaciones lo que preocupa a los mercados, sino el contexto más amplio: la posibilidad de un bloqueo prolongado o de fuertes interferencias en el estrecho de Ormuz, paso obligado para una parte muy significativa del comercio mundial de hidrocarburos. La Guardia Revolucionaria iraní ha incrementado su presencia en la zona y diversas fuentes apuntan a hostigamientos y ataques a buques mercantes.
En paralelo, los precios del petróleo Brent y del West Texas también han repuntado con fuerza, empujados por el temor a interrupciones del suministro desde Arabia Saudí y otros productores de la región. Aunque el foco inmediato recae en el gas, el efecto conjunto sobre la energía en general complica aún más el panorama para Europa.
Las fuertes subidas registradas en el TTF recuerdan a los movimientos vividos el día de la invasión rusa de Ucrania, cuando el gas llegó a dispararse un 51% en una sola jornada y, en las semanas siguientes, escaló desde unos 25 euros hasta superar los 300 €/MWh antes de volver paulatinamente al entorno de los 30.
Por qué Europa es tan vulnerable al golpe de Qatar y Ormuz

La ofensiva sobre las infraestructuras de Qatar llega en un momento en el que Europa depende mucho más del gas natural licuado que antes de la guerra de Ucrania. La fuerte caída de las importaciones de gas ruso por gasoducto ha reforzado el papel de proveedores alternativos, con Estados Unidos, Qatar, Argelia o Nigeria entre los más relevantes para el mercado europeo.
En este tablero, Qatar se ha consolidado como uno de los grandes exportadores mundiales de GNL. Sus cargamentos representan alrededor de una quinta parte del comercio global de gas licuado y su cuota en las importaciones de la Unión Europea oscila, según las fuentes, entre el 7% y hasta cerca del 15% del total. Aunque para España su peso directo es menor, el efecto sobre los precios es común, ya que el gas se negocia en un mercado cada vez más global y abierto.
El punto más delicado es el estrecho de Ormuz, un cuello de botella crítico por el que transita cerca del 20%-30% del gas natural licuado y una quinta parte del petróleo que se mueve por mar. A pesar de que Irán no ha decretado un cierre formal, el aumento de tensión, los ataques a buques y la retirada de cobertura por parte de las aseguradoras han provocado que petroleros y metaneros eviten la ruta por miedo a convertirse en objetivo de misiles o drones.
Esta situación dispara la incertidumbre sobre la llegada de cargamentos a Europa y Asia. Si las exportaciones de Qatar y de otros productores del Golfo se reducen o se encarecen por los desvíos y riesgos adicionales, el precio de referencia del gas en Europa se ve rápidamente afectado, como ya se está observando en el TTF y en otros hubs como el NBP británico.
Para la industria europea y los hogares, esta volatilidad se traduce en un encarecimiento del coste energético justo cuando muchos países intentaban consolidar la normalización de precios tras el shock de 2022. La combinación de altas tensiones geopolíticas, dependencia de las importaciones de GNL y almacenes de gas más vacíos de lo habitual conforma un escenario especialmente delicado.
Comportamiento reciente del TTF y efecto sobre España y la UE
En las semanas previas a la escalada actual, el comportamiento del mercado ya reflejaba cierto nerviosismo. Durante febrero, los precios del gas en Europa se movieron en el rango de 29,8 a 35,7 €/MWh según los contratos negociados en el ICE, con picos asociados a cambios en la meteorología y a noticias geopolíticas relacionadas con Estados Unidos, Irán y las rutas de GNL.
A principios de mes, las cotizaciones repuntaron hasta unos 35,7 €/MWh ante previsiones de frío más intenso y un aumento del uso de gas para generación eléctrica. Posteriormente, el entorno se relajó de manera temporal hasta los 29-30 €/MWh, apoyado en un clima más templado y en la expectativa de mayor disponibilidad de gas estadounidense para exportación.
Sin embargo, conforme avanzaba el mes volvieron las dudas. Las tensiones entre Washington y Teherán y las amenazas al flujo de cargamentos por Ormuz reavivaron la volatilidad, situando de nuevo al TTF en torno a los 32 €/MWh hacia el 20 de febrero. Ya en los últimos días del mes, algunas señales de mejora en el suministro habían permitido nuevas caídas, hasta que el ataque a Ras Laffan hizo saltar por los aires ese frágil equilibrio.
El resultado ha sido un brusco cambio de escenario: de un entorno relativamente estable en la franja de 30-34 €/MWh se ha pasado de golpe a los 46-48 €/MWh, con subidas intradía del 40%-50% que se sitúan entre los mayores incrementos diarios registrados en este mercado desde el inicio de la guerra de Ucrania.
Para España, que ha diversificado sus suministros con entradas de gas desde Argelia, Nigeria, Estados Unidos y otros orígenes, además de impulsar proyectos de biometano, el impacto se percibe sobre todo a través de los precios mayoristas europeos. Aunque el peso directo de Qatar en las compras españolas es reducido, el sistema gasista nacional está completamente integrado en el mercado comunitario, de modo que cualquier subida fuerte en el TTF termina afectando a la factura energética, tanto de las empresas como de los consumidores.
Reservas europeas bajo mínimos y riesgo de encarecimiento prolongado
La geopolítica no es el único factor que pesa en el ánimo de los operadores. El nivel de almacenamiento de gas en la Unión Europea se sitúa actualmente por debajo del 31% de su capacidad total, una cifra claramente inferior al 40% que se registraba por estas fechas el año anterior, según datos de distintas plataformas especializadas.
Países clave para el equilibrio del sistema, como Alemania y Francia, presentan reservas en el entorno del 20%-21%. En el caso alemán, el llenado ronda el 20,5%, mientras que en Francia se sitúa aproximadamente en el 21% de la capacidad disponible. Se trata de niveles bajos para el final del invierno, aunque el riesgo de desabastecimiento inmediato es limitado si el clima no se complica en exceso; la diversificación con plantas de biogas podría contribuir a la resiliencia del suministro.
La preocupación está en el medio plazo: cuanto más vacíos queden los almacenes al cierre de la temporada fría, más complejo y caro será rellenarlos de cara al próximo invierno. Analistas como Norman Liebke, de Commerzbank, apuntan que las tasas de extracción de gas se han moderado con la mejora del tiempo, pero subrayan que el reto de reponer existencias sigue siendo considerable.
Diversos informes coinciden en que, para finales de marzo, los depósitos europeos podrían situarse en niveles históricamente bajos, lo que obligaría a una campaña de inyección intensa en los meses cálidos. Si los precios del gas se mantienen elevados durante la primavera y el verano, la tarea será más costosa para comercializadoras, empresas y, en última instancia, usuarios finales.
Además, cualquier agravamiento del conflicto en el Golfo Pérsico o interrupción prolongada en Ormuz podría complicar todavía más ese proceso, al reducir la disponibilidad global de GNL y encarecer los nuevos contratos de suministro a largo plazo que buscan muchos actores europeos.
Qué dicen los analistas sobre el precio del gas en Europa
Las casas de análisis y bancos de inversión han empezado a recalibrar sus escenarios. Firmas como Goldman Sachs señalan que, si las perturbaciones en el estrecho de Ormuz se prolongan alrededor de un mes, los precios del gas en Europa podrían llegar a duplicarse desde los niveles recientes, lo que situaría al TTF claramente por encima de los 60 €/MWh.
Otras entidades financieras, como ING, ponen el foco también en el petróleo, estimando que el Brent podría avanzar hacia la zona de los 100 dólares por barril y, en situaciones extremas con interrupciones severas y duraderas del suministro, incluso alcanzar los 140 dólares. Aunque estas proyecciones se refieren al crudo, el impacto sobre el gas y sobre la inflación en general sería igualmente notable.
Gestores especializados en materias primas advierten de que la relación entre la duración del conflicto y el movimiento de los precios no es lineal. Un corte parcial de una o dos semanas podría absorberse tirando de reservas y reprogramando cargamentos, pero un cierre casi total durante un mes o más obligaría a una destrucción de demanda significativa, empujando los precios a territorios mucho más elevados.
En ese contexto, Europa se enfrenta a un delicado equilibrio: contener el impacto en la factura energética sin comprometer la seguridad de suministro. Estados Unidos se mantiene como primer proveedor de gas para el continente, mientras que Argelia, Nigeria, Noruega y, en menor medida, Rusia, siguen completando el mix de importaciones. Aun así, el peso del GNL del Golfo Pérsico en el conjunto del mercado global hace que las tensiones allí repercutan inevitablemente en el Viejo Continente.
El desenlace dependerá de la rapidez con la que se normalice el tránsito por Ormuz, de la capacidad de redirigir cargamentos desde otras regiones y de la evolución de la demanda en Asia y Norteamérica, que compiten directamente con Europa por los mismos volúmenes de gas licuado.
En conjunto, el encarecimiento del gas en Europa refleja una combinación de choque geopolítico, vulnerabilidad por el bajo nivel de reservas y dependencia creciente del GNL, un cóctel que vuelve a poner a prueba la resistencia de las economías europeas y sitúa la factura energética de hogares y empresas en el punto de mira para los próximos meses.