
Asturias está a punto de ver cómo uno de sus símbolos mineros más emblemáticos cambia de piel por completo. La mítica instalación del Pozo Fondón, situada en pleno corazón de Langreo, ha recibido ya el visto bueno definitivo de las autoridades locales para su reordenación urbanística. No estamos hablando de un simple lavado de cara, sino de una transformación profunda de más de 22.000 metros cuadrados que dejarán atrás el carbón para abrazar las energías del futuro y la sostenibilidad.
Lo cierto es que este movimiento administrativo es vital para que la empresa estatal Hunosa pueda poner en marcha su ambiciosa planta de hidrógeno verde. El proyecto, bautizado como ‘Mine-to-H2’, no solo busca generar combustible limpio, sino que pretende demostrar que es posible aprovechar los recursos de las antiguas minas, como el agua de los pozos, para impulsar una economía mucho más respetuosa con el entorno en todo el área central de la región.
Alianza estratégica y financiación europea para el proyecto
Para sacar adelante una iniciativa de este calibre, Hunosa no está sola en el camino. Se ha rodeado de un equipo potente que incluye a empresas como Duro Felguera, Hyren y ALSA, además del respaldo académico de la Universidad de Oviedo y expertos internacionales de Polonia. La inversión no es ninguna broma, ya que se estima un desembolso total de unos 18 millones de euros. De esa tarta, la mitad llegará directamente desde Europa a través de fondos específicos para la investigación del carbón y el acero.
Eso sí, el reloj corre en contra de los promotores. Como gran parte del dinero depende de Bruselas, los plazos administrativos deben cumplirse a rajatabla para no perder ni un céntimo de la subvención. Si todo marcha según lo previsto y no surgen imprevistos de última hora, la planta debería estar plenamente operativa durante la segunda mitad de 2027. Esto supondría un hito para la comarca, situando a Langreo en una posición privilegiada dentro del mapa energético español y europeo.
Tecnología de vanguardia y aprovechamiento de recursos
Entrando un poco más en harina técnica, la planta arrancará con una potencia inicial de 2,5 megavatios, aunque el diseño es modular para que pueda duplicar su capacidad fácilmente hasta los 5 MW si la demanda crece. Lo más curioso de todo es que el hidrógeno se obtendrá mediante electrólisis usando el agua que vierte la antigua bocamina Nalona. Para que el proceso sea realmente limpio, la electricidad vendrá de una producción de hidrógeno verde con energía solar, instalando paneles fotovoltaicos en terrenos de otro pozo minero ya clausurado.
Pero la cosa no se queda ahí. El proyecto es un ejemplo de manual de lo que llamamos economía circular. El calor sobrante que se genere durante la producción de hidrógeno no se desperdiciará, sino que se inyectará directamente en la red de calefacción por geotermia y biomasa que ya funciona en el Pozo Fondón. Este sistema de calor comunitario ya ha sido premiado internacionalmente por la Agencia Internacional de la Energía, lo que dice mucho del nivel de innovación que se está manejando en estas instalaciones asturianas.
Un impulso clave para el transporte y la industria local
Uno de los grandes beneficiados de este despliegue será el transporte público por carretera. El acuerdo incluye la puesta en marcha de un par de modelos de autobús interurbano de la compañía ALSA movidos por este combustible verde, uno mediante pila de combustible y otro por combustión directa. Es una forma muy práctica de ver cómo esta tecnología llega a la calle. Además, ya hay varias industrias locales que han empezado a preguntar por este suministro para sustituir el hidrógeno gris que usan ahora por uno que reduzca drásticamente su huella de carbono.
Es importante destacar que el Pozo Fondón ya no es solo una mina del pasado; actualmente conviven allí la Brigada de Salvamento Minero y el Archivo Histórico de la compañía, creando un espacio donde la tradición y la vanguardia se dan la mano. Con la llegada de esta nueva planta, se cierra un círculo que demuestra que las cuencas mineras tienen mucho que decir en la transición energética nacional, aprovechando su infraestructura histórica para liderar la descarbonización de la economía sin perder un ápice de su identidad industrial.
