El potencial del digerido de biogás como aliado para la salud del suelo en el olivar

  • La Universidad de Jaén y Genia Bioenergy investigan el uso de digerido sólido como enmienda orgánica.
  • El estudio tiene una duración de 18 meses y se centra en recuperar la fertilidad y el carbono en suelos mediterráneos.
  • Se garantiza la seguridad del material bajo el Real Decreto 1051/2022 de nutrición sostenible.
  • La iniciativa fomenta la economía circular al devolver al campo un subproducto tras generar energía limpia.

Aplicación de digerido de biogás en el olivar

El campo andaluz se prepara para un avance científico que podría cambiar la forma en que entendemos la fertilización de nuestros árboles más emblemáticos. Recientemente, la Universidad de Jaén (UJA) y la empresa Genia Bioenergy han sellado un pacto de colaboración técnica para poner a prueba algo que promete ser un soplo de aire fresco para el sector: el uso de la fracción sólida del digerido de biogás como abono orgánico en los olivares.

Esta investigación, que se va a prolongar durante un año y medio, no nace por amor al arte, sino para dar respuesta a uno de los grandes quebraderos de cabeza del olivar en el Mediterráneo, que no es otro que la escasa presencia de materia orgánica que presentan sus tierras tras décadas de explotación y manejos a veces poco acertados. Se busca comprobar si este material, que sobra tras producir energía limpia, puede devolverle la vida y el carbono que tanto necesita el suelo.

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Economía circular: del residuo al recurso energético y agrícola

La idea que manejan los expertos es redonda desde el punto de vista de la sostenibilidad, ya que se pretende convertir un residuo agroindustrial en un recurso de alto valor. En lugar de que los restos orgánicos se pierdan o se gestionen de forma ineficiente, pasan por una planta de biogás donde se extrae energía y, lo que queda, vuelve al campo. Según los responsables del proyecto, no se está inventando la pólvora, sino que se está mejorando un ciclo que ya existía, pero sacándole mucho más partido económico y ambiental.

Lo cierto es que este material resultante, el digerido, llega al olivo tras un proceso de descomposición natural. Los investigadores insisten en que no huele mal, sino a mantillo de bosque, ya que es una materia orgánica que ya ha sido estabilizada. Esto es clave para que los agricultores le pierdan el miedo a estos productos, que a veces cargan con estigmas innecesarios cuando en realidad son herramientas muy potentes para mejorar la estructura de las fincas y que no den síntomas de agotamiento.

Rigor científico en las fincas de ensayo

Para que nadie tenga dudas sobre la seguridad de lo que se echa al campo, el estudio se va a realizar bajo la lupa del Real Decreto 1051/2022 de nutrición sostenible. Antes de que el digerido toque el suelo, se analizará a fondo para asegurar que cumple con todos los estándares de calidad. Los ensayos se llevarán a cabo a partir de septiembre en fincas que ya forman parte del proyecto europeo Soil O-live, donde la UJA ya tiene el terreno muy trillado y conoce perfectamente el historial de cada parcela.

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Durante los meses que dure el experimento, se van a medir parámetros muy técnicos pero fundamentales, como la respiración del suelo y los flujos de carbono, para ver cómo reacciona la tierra al nuevo inquilino. Se probará tanto en olivares tradicionales como en aquellos más intensivos, para que los resultados sean representativos de lo que se encuentra cualquier agricultor en su día a día. Al final, se trata de demostrar con datos en la mano que es un material seguro, que no contamina y que ayuda a que la cosecha sea más robusta.

Un equipo multidisciplinar para un sector estratégico

Detrás de toda esta maquinaria científica se encuentra un equipo liderado por el profesor de Ecología Antonio Manzaneda, junto a especialistas en suelos como Julio Calero y personal del Instituto Universitario de Investigación en Olivar y Aceites de Oliva (INUO). Por la parte empresarial, la coordinación corre a cargo de los expertos de Genia Bioenergy, lo que asegura que la visión académica y la operativa de las plantas de biogás vayan de la mano en todo momento.

Esta unión de fuerzas es vital para un sector que se considera estratégico no solo en Jaén, sino en toda España. Al mejorar la calidad del suelo, se ataja el problema desde la raíz, nunca más dicho, evitando que la degradación de la tierra termine pasando factura a la producción de aceite. Se quiere transmitir tranquilidad y confianza a la sociedad, demostrando que la innovación verde es perfectamente compatible con la rentabilidad del campo y el respeto por el entorno natural.

Al final, este camino que emprenden la academia y la empresa privada busca no solo revitalizar nuestras tierras, sino también ofrecer a los agricultores una alternativa fiable y testada que ya ha pasado por el filtro de la energía renovable antes de volver a su origen, asegurando que el olivar siga siendo el motor de nuestra tierra con suelos mucho más vivos, fértiles y preparados para los retos climáticos que tenemos por delante.


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