El sector de la ganadería extensiva en España se encuentra en una encrucijada donde su valor ambiental choca de frente con las dificultades financieras que arrastran las familias que viven de ello. No es solo una cuestión de producir carne o leche, sino de mantener vivos unos paisajes que, sin el diente del ganado, se convertirían en un polvorín de maleza listo para arder en verano. A día de hoy, el pastoreo tradicional se ha revelado como el mejor aliado para conservar la biodiversidad y frenar el abandono de nuestros pueblos, aunque la falta de apoyo institucional en ciertos puntos pone en jaque prácticas milenarias.
La situación se ha vuelto especialmente espinosa para los pastores que aún se atreven con la trashumancia, un modelo que languidece ante la indiferencia de algunas administraciones que permiten la invasión ilegal de las cañadas reales por parte de fincas particulares. A pesar de estos nubarrones, diversos proyectos europeos y regionales están demostrando con datos en la mano que, donde hay ovejas y cabras pastando, la calidad de los suelos y la variedad de especies vegetales se disparan sin necesidad de usar productos químicos o semillas artificiales.
La protección de especies amenazadas gracias al pastoreo
Investigaciones recientes en Extremadura, Aragón y el Alentejo portugués, enmarcadas en el proyecto LIFE Agroestepas Ibéricas, han confirmado que las aves esteparias más valiosas, como el sisón común o la avutarda, prefieren los entornos gestionados por ganado ovino. El mantenimiento de estas explotaciones es vital, ya que el ganado crea zonas de refugio y cría para estas aves, además de beneficiar a otras especies de gran interés como la perdiz roja. Si la trashumancia se realiza a pie, los pastos descansan de forma natural durante meses, permitiendo una recuperación del hábitat que no se consigue con ningún otro método moderno.
En la Sierra de Gredos, la apuesta se centra en el ganado caprino a través de iniciativas como BioPastoreo. Aquí, el objetivo es doble: salvar al quebrantahuesos y mejorar la vida de los cabreros. Se está trabajando para que productos como el queso o el cabrito de montaña cuenten con sellos que certifiquen su compromiso con la naturaleza, logrando así que el consumidor sepa que con su compra está ayudando a mantener el monte limpio. La idea es que la conservación de la fauna y el bolsillo de los productores vayan de la mano para que el relevo generacional no sea una utopía.
Estrategias regionales y una inyección económica necesaria
Aragón y la Comunidad Valenciana han tomado la delantera en la creación de estrategias específicas para el sector. En tierras valencianas, se ha destinado una partida de 13,6 millones de euros para reforzar la competitividad y modernización de las granjas, buscando que los jóvenes no vean el campo como una condena, sino como una oportunidad de negocio sostenible. Además, se han impulsado bonificaciones fiscales totales para la transmisión de estas explotaciones, eliminando trabas como el impuesto de sucesiones para que la actividad no muera cuando el dueño se jubile.
Por otro lado, la administración aragonesa ha dado luz verde a planes que incluyen el uso de I+D+i para lograr productos de alto valor añadido. Se reconoce que la ganadería extensiva es una herramienta fundamental contra el cambio climático y los incendios, pero se insiste en que los ganaderos necesitan mejorar su rentabilidad de forma urgente. Para ello, se propone la creación de mesas de trabajo y una mayor sinergia con los programas europeos que compensen los servicios ambientales que estos profesionales prestan a la sociedad de forma gratuita.
Infraestructuras y control de los desafíos sanitarios

Uno de los puntos críticos señalados por organizaciones como ASAJA es la necesidad de mejores infraestructuras. En el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, se reclama una mayor inversión en cerramientos y puntos de agua, además de una gestión más valiente de la fauna silvestre. La sobrepoblación de especies como la cabra montesa o el jabalí preocupa seriamente a los ganaderos, ya que son vectores de enfermedades como la tuberculosis bovina, lo que puede dar al traste con años de trabajo en una explotación limpia.
En la localidad de Candeleda, se está proyectando un matadero municipal pionero que usará tecnología punta para garantizar el bienestar animal y reducir el estrés en el manejo del ganado. Este centro no solo mejorará la calidad de la carne, sino que servirá para fomentar la economía circular al reaprovechar subproductos para comederos de aves carroñeras. De esta forma, se evitan emisiones contaminantes por transporte y se cierra un ciclo ecológico que beneficia tanto al entorno natural como a la logística de los productores locales.
El sostenimiento de este modelo productivo pasa inevitablemente por una burocracia más ágil y un apoyo económico directo que llegue a tiempo, especialmente tras fenómenos meteorológicos adversos como las borrascas que han golpeado recientemente a Andalucía. Es fundamental que las ayudas por pérdidas de producción se tramiten con rapidez para que ningún ganadero se vea obligado a cerrar por falta de liquidez inmediata. Al final, proteger la ganadería extensiva es proteger nuestra propia soberanía alimentaria, nuestras tradiciones más arraigadas y la salud de unos ecosistemas que dependen, ahora más que nunca, de la presencia del ganado en el monte.

