El nuevo índice del CSIC para medir la falta de viento en el mundo

  • Creación del Standardized Wind Speed Index (SWSI), el primer índice global para medir sequías eólicas.
  • Impacto económico severo con caídas de hasta el 20% en la producción de energía renovable.
  • Consecuencias graves en la salud urbana por la acumulación de contaminantes y el calor.
  • Tendencia al debilitamiento del viento (stilling) observada en Europa desde finales de los años 90.

Investigación del CSIC sobre sequías de viento

Cuando pensamos en una sequía, a casi todos nos viene a la cabeza la imagen de un embalse bajo mínimos, campos cuarteados por el sol y la urgente necesidad de que caiga un buen chaparrón. Sin embargo, existe otro tipo de déficit mucho más silencioso que no deja grietas visibles en el suelo pero que puede poner en jaque nuestro sistema energético y la calidad del aire que respiramos. Se trata de las sequías de viento, periodos prolongados donde la velocidad de las masas de aire cae por debajo de lo habitual en una zona concreta y que, hasta hace bien poco, eran muy difíciles de cuantificar de forma objetiva.

Para poner solución a este vacío científico, un grupo de investigadores españoles ha dado un paso de gigante al desarrollar una herramienta pionera. El trabajo, que ha visto la luz de la mano del equipo del CIDE (centro mixto del CSIC, la UV y la Generalitat Valenciana), presenta el primer índice estandarizado a nivel mundial para medir estos fenómenos. Bajo el nombre de Standardized Wind Speed Index (SWSI), esta metodología permite comparar por fin si una calma atmosférica en el Reino Unido es más grave que una en Estados Unidos, algo que antes era mezclar churras con merinas debido a las diferencias geográficas.

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El funcionamiento del Standardized Wind Speed Index (SWSI)

Índice SWSI para medir la velocidad del viento

Para que este índice sea realmente robusto, los científicos no se han andado con chiquitas y han trabajado analizando datos de 2.264 estaciones meteorológicas repartidas por medio planeta, desde Europa hasta Oceanía. Se han revisado registros históricos que abarcan un periodo de cincuenta años, concretamente entre 1973 y 2023, lo que permite establecer una base de datos lo suficientemente sólida como para saber qué es «normal» y qué es una anomalía preocupante en cada rincón del mapa.

La magia del SWSI reside en que traduce la velocidad del viento a una escala de valores entre -3 y +3, donde el cero marca el comportamiento medio histórico. Cuando el índice cae en terreno negativo, estamos ante una sequía de viento. Lo bueno de este sistema es que no importa si hablamos de una costa gallega donde el viento suele soplar con fuerza o de un valle interior más calmado; el índice se ajusta a la realidad de cada lugar para ofrecer una comparativa real y científica, facilitando además la repotenciación de parques eólicos al conocer mejor el recurso.

Impacto en la energía y la economía digital

No estamos ante un simple ejercicio académico, ya que la falta de viento tiene consecuencias contantes y sonantes. Para probar la validez del sistema, los investigadores recordaron los episodios vividos en el oeste de Estados Unidos en 2015 y en el Reino Unido en 2021. En ambos casos, las sequías eólicas fueron tan persistentes que provocaron un descalabro del 20% en la producción de energía, obligando a los operadores de red a buscar alternativas deprisa y corriendo para evitar un riesgo de gran apagón en España o subidas de precios desorbitadas.

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Este problema escala hasta el sector tecnológico, donde la previsibilidad es el pan de cada día. Los grandes centros de datos que alimentan a las inteligencias artificiales requieren una estabilidad energética brutal y suelen apostar por fuentes renovables. Si el viento se detiene durante semanas, estos gigantes digitales se enfrentan a un dilema operativo y financiero, por lo que disponer de un índice que permita anticipar estos valles de producción es, hoy en día, una herramienta estratégica de primer orden para cualquier infraestructura crítica.

Más allá de los molinos: salud y medio ambiente

Impacto ambiental de la falta de viento

Pero ojo, que el viento no solo sirve para mover aerogeneradores. Su papel es fundamental para limpiar la atmósfera de nuestras ciudades. Cuando el aire se estanca debido a bloqueos atmosféricos o potentes anticiclones, los contaminantes como el NOx o las micropartículas se queden estancados sobre nuestras cabezas en lugar de dispersarse. Esto empeora drásticamente la calidad del aire y agrava problemas de salud pública, especialmente en entornos urbanos que ya de por sí sufren el efecto de isla de calor.

En el mundo rural las noticias tampoco son mejores si el aire no circula. La falta de movimiento atmosférico afecta a la evapotranspiración de los sembrados, alterando la cantidad de agua que necesitan las plantas y modificando los procesos naturales de erosión del suelo. Es decir, que una sequía de viento prolongada puede acabar trastocando el ciclo hídrico y la salud de nuestros campos tanto como la falta de lluvia, aunque a menudo no le prestemos la atención que merece.

La tendencia del ‘stilling’ y el visor para España

Uno de los puntos más inquietantes que revela el estudio es que el viento parece estar perdiendo fuelle a largo plazo, un proceso que los científicos denominan fenómeno del stilling. En Europa, se ha detectado una acumulación de estos periodos de calma desde finales de los años 90. Aunque ha habido una ligera recuperación tras una década floja entre 1995 y 2010, los niveles actuales siguen estando por debajo de los que se registraban hace cuatro décadas, lo que plantea dudas sobre la planificación energética del futuro y la durabilidad de instalaciones energéticas.

Para que toda esta información no se quede en un cajón, el Climatoc-Lab del CIDE está ultimando un visor público para España que ofrecerá datos en tiempo real. La idea es que administraciones y empresas puedan consultar el estado del viento a diferentes escalas temporales para tomar decisiones informadas. Al final, entender que la atmósfera también puede entrar en crisis por inactividad es vital para adaptarnos a un clima que, está claro, nos va a seguir dando sorpresas.

Comprender el comportamiento de estas anomalías atmosféricas es fundamental para asegurar el suministro eléctrico y proteger la salud en las ciudades, ya que la incidencia de estos bloqueos de aire tiene un impacto mucho más profundo en nuestra vida diaria de lo que pueda parecer a simple vista tras analizar los datos históricos de las últimas décadas.

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