El Ministerio frena las obras del parque eólico El Escudo por recursos ecologistas

  • El Ministerio para la Transición Ecológica ha ordenado detener las obras del parque eólico El Escudo por recursos de alzada de asociaciones ecologistas.
  • El proyecto, promovido por Biocantaber y participado por Iberdrola Renovables, Ocyener y Banco Santander, prevĆ© mĆ”s de una veintena de aerogeneradores y una inversión de 120 millones.
  • La empresa defiende que cuenta con todos los permisos en vigor y que los tribunales han avalado hasta ahora la legalidad del proyecto.
  • Colectivos vecinales y ecologistas denuncian impactos ambientales y una "sucesión de irregularidades" en una zona con valores naturales y culturales protegidos.

Parque eólico El Escudo paralizado por recursos ecologistas

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto DemogrÔfico ha ordenado detener de manera cautelar las obras del parque eólico de El Escudo, en Cantabria, después de la presentación de varios recursos de alzada por parte de asociaciones ecologistas y colectivos vecinales. La decisión, de carÔcter estrictamente administrativo, llega cuando el proyecto se encuentra en su fase final y solo restan por instalar unos pocos aerogeneradores.

Este macroproyecto renovable, impulsado por la empresa local Biocantaber con participación de Iberdrola Renovables, Ocyener y Banco Santander, se ha convertido en uno de los símbolos del choque entre el despliegue de energías limpias y las denuncias por impactos ambientales en zonas sensibles. Mientras el Gobierno central pone el procedimiento en «pausa» para revisar los recursos, la promotora sostiene que todos los permisos siguen plenamente vigentes.

Una paralización ordenada por el Ministerio tras recursos de alzada

Según la documentación remitida al promotor, la orden de suspensión parte de la Secretaría Técnica del Ministerio y se materializa a través de la Subdirección General de Infraestructuras e Integración del Sistema Energético, dependiente de la Dirección General de Política Energética y Minas. El oficio, fechado el 20 de marzo, notifica a Biocantaber la paralización de las obras de construcción en todo el trazado del parque.

El Ministerio actúa a raíz de varios recursos de alzada presentados por asociaciones ecologistas contra un conjunto de resoluciones administrativas que amparan el proyecto. Entre ellas figuran la declaración de impacto ambiental, la autorización administrativa previa, la autorización de construcción y otros permisos relacionados con las líneas eléctricas, la subestación y las modificaciones de potencia y número de aerogeneradores.

La Delegación del Gobierno en Cantabria ha confirmado que miembros de la Guardia Civil, acompañados por un técnico del Ministerio, se desplazaron hasta el emplazamiento de El Escudo para comunicar formalmente la suspensión de los trabajos. Desde ese momento, las obras quedaron detenidas en todos los frentes de actuación, sin que se hayan reanudado en los días posteriores.

Fuentes gubernamentales insisten en que se trata de una medida cautelar, destinada a garantizar los derechos tanto de la empresa como de los colectivos recurrentes mientras el Ministerio analiza las solicitudes de suspensión de la ejecutividad de las autorizaciones. La clave del conflicto jurídico reside en si esas autorizaciones estaban plenamente ejecutivas o no desde el inicio del proceso.

La información oficial trasladada al promotor es, por ahora, limitada: no se detallan en el oficio qué organizaciones concretas han presentado cada recurso ni el contenido pormenorizado de sus alegaciones, lo que ha generado malestar en la empresa, que reclama mayor claridad y rapidez en la tramitación.

Un proyecto eólico de gran tamaño en el sur de Cantabria

El parque eólico de El Escudo se ubica en el sur de Cantabria y afecta principalmente a los términos municipales de Luena, Campoo de Yuso, Molledo y San Miguel de Aguayo. Según las distintas resoluciones y comunicaciones, el proyecto contempla la instalación de algo mÔs de una veintena de aerogeneradores, repartidos mayoritariamente entre Luena, Molledo y Campoo de Yuso, con un único molino previsto en Aguayo.

Cada aerogenerador de Biocantaber alcanza una altura aproximada de 150 metros, con palas de en torno a 68 metros, y una potencia unitaria cercana a los 4,2 megavatios. En conjunto, la instalación superaría los 100 MW de potencia instalada, con la previsión de generar electricidad equivalente al consumo de decenas de miles de hogares cÔntabros y evitar la emisión de decenas de miles de toneladas de CO2 al año.

La inversión total anunciada para el complejo asciende a 120 millones de euros. La promotora ha remarcado que una parte relevante de ese presupuesto se ha adjudicado a empresas locales y que la fase de obras ha supuesto picos de hasta 200 empleos directos, ademÔs de la actividad inducida en la zona.

Las obras comenzaron a mediados de junio de 2024, tras casi dos décadas sin nuevos parques eólicos en operación en Cantabria. El Escudo se presentaba así como el proyecto que retomaría el despliegue de la energía eólica en la comunidad, donde ya hay en tramitación otra media docena de polígonos de este tipo. La puesta en marcha se preveía para la primavera siguiente, con el objetivo de iniciar la producción comercial de energía limpia en el segundo semestre.

La Comisión Regional de Ordenación del Territorio y Urbanismo (CROTU) autorizó en 2023 la instalación del parque, abriendo la puerta a la etapa de construcción. En paralelo, la Administración autonómica ha ido dando luz verde en esta legislatura a varios proyectos eólicos mÔs, en un contexto de fuerte debate social sobre el modelo de implantación de las renovables.

Posturas enfrentadas: la empresa y el Gobierno de Cantabria frente a los colectivos ecologistas

Desde Iberdrola y el conjunto de la sociedad promotora se subraya que el parque eólico de El Escudo cuenta con todos los permisos administrativos en vigor, incluida la declaración de impacto ambiental. La compañía recuerda que los tribunales han ido rechazando sucesivamente los distintos recursos que varias asociaciones han presentado contra el proyecto.

En este sentido, la promotora destaca que ha ganado «todas las alegaciones» en instancias como el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria (TSJC) e incluso ante el Tribunal Supremo, que han respaldado la legalidad de las autorizaciones. La suspensión ordenada por el Ministerio, recalcan, no se debe a una carencia de permisos, sino a una petición expresa de la Delegación del Gobierno mientras se resuelven los recursos de alzada internos.

El Gobierno de Cantabria ha evitado implicarse directamente en el fondo del asunto, alegando que se trata de un proyecto de iniciativa privada cuya tramitación compete al Ministerio. No obstante, varios responsables autonómicos han expresado públicamente su sorpresa por la paralización en un momento en el que la obra estÔ prÔcticamente finalizada.

La presidenta cÔntabra, María José SÔenz de Buruaga (PP), ha defendido en numerosas ocasiones el parque de El Escudo, al que considera un símbolo de progreso y sostenibilidad. En una visita al arranque de las obras llegó a agradecer a Iberdrola y al resto de socios su perseverancia para sacar adelante un proyecto que, según sus palabras, ha tenido que superar un «camino lleno de dificultades».

La mandataria regional se ha alineado con la empresa al reclamar que el Ministerio resuelva cuanto antes la situación, argumentando que se estÔn generando perjuicios económicos sobre una actuación que, en su opinión, ya ha sido avalada judicialmente «por tierra, mar y aire». Otros miembros del Ejecutivo autonómico han criticado duramente la proliferación de recursos de asociaciones a las que acusan de oponerse sistemÔticamente a cualquier gran infraestructura eólica.

Las crĆ­ticas de los colectivos: impactos ambientales y posibles irregularidades

En el lado opuesto, Colectivos Vecinales en Defensa del Territorio, la Plataforma en Defensa del Sur de Cantabria y otras asociaciones ecologistas llevan años alertando de los impactos del polígono eólico de El Escudo. Para estos grupos, la paralización actual es una victoria parcial, aunque insisten en que su objetivo es que el proyecto sea revisado en profundidad y, en su caso, anulado.

Estas organizaciones denuncian lo que califican como una «sucesión de irregularidades» en todo el procedimiento: desde inexactitudes en la localización de infraestructuras hasta sondeos iniciales sin autorización y obras ejecutadas sin los permisos adecuados, pasando por una evaluación ambiental que consideran insuficiente para una zona de alto valor ecológico.

El Ôrea sobre la que se asienta el parque forma parte de espacios protegidos por la Directiva HÔbitats de la Unión Europea. Los colectivos apuntan a la destrucción de turberas, la eliminación de ejemplares de flora catalogada, la alteración de un corredor relevante para aves migratorias y la apertura y asfaltado de pistas de acceso para camiones, todo ello con un impacto paisajístico que definen como muy severo.

AdemÔs de los efectos sobre el medio natural, las plataformas vecinales señalan posibles impactos en el acuífero del Puerto de El Escudo, cuya capacidad de infiltración se habría visto alterada por los movimientos de tierras y las nuevas infraestructuras. También lamentan que, a su juicio, se hayan ignorado vestigios culturales y elementos patrimoniales que no habrían sido adecuadamente recogidos en los informes iniciales.

En su último comunicado, estos colectivos han reclamado que los promotores del parque asuman la responsabilidad por lo que describen como un «ecocidio» en un enclave de gran valor natural y cultural. Al mismo tiempo, consideran que la decisión del Ministerio de suspender la ejecutividad de las autorizaciones pone de manifiesto que existían dudas administrativas que no se habían aclarado hasta ahora.

Batalla jurĆ­dica y administrativa en torno a la ejecutividad de los permisos

El conflicto en torno a El Escudo no se limita al plano social y político, sino que se ha trasladado con intensidad al Ômbito jurídico y administrativo. Diversas asociaciones han acudido tanto a los tribunales como a la propia Administración estatal para tratar de frenar el proyecto por distintas vías.

En el terreno judicial, el TSJ de Cantabria desestimó en abril de 2025 un recurso presentado por la Asociación para la Defensa del Sur de Cantabria contra la autorización del parque en suelos no urbanizables. Ese fallo vino a reforzar la posición de la promotora, que ha ido acumulando resoluciones favorables en las diferentes instancias donde se han planteado impugnaciones.

Sin embargo, en el plano estrictamente administrativo la situación es mÔs compleja. La Asociación para la Defensa del Sur de Cantabria informó en su pÔgina web de que el 9 de marzo el Ministerio comunicó que la declaración de impacto ambiental y las autorizaciones administrativas previa y de construcción del polígono «tienen suspendida su ejecutividad desde el inicio«. En otras palabras, las autorizaciones existirían, pero no serían plenamente ejecutivas hasta que se resolvieran determinadas cuestiones.

Esta interpretación es frontalmente rechazada por Iberdrola y el resto de socios, que sostienen que la obra se ha venido ejecutando al amparo de permisos vÔlidos y con plena eficacia jurídica. Para la compañía, la suspensión actual responde exclusivamente a una decisión temporal de la Delegación del Gobierno a la espera de que el Ministerio se pronuncie sobre los recursos de alzada pendientes.

Lo que estÔ en juego en esta controversia es la seguridad jurídica de los proyectos renovables de gran escala: si las autorizaciones pueden ver suspendida su ejecutividad por silencio administrativo o por defectos formales detectados a posteriori, los promotores advierten de que se añade un elemento de incertidumbre que complica la planificación de inversiones a largo plazo.

Por su parte, las asociaciones ecologistas defienden que el uso de figuras como la suspensión de ejecutividad es una herramienta legítima para evitar daños irreversibles mientras se aclaran aspectos clave de la tramitación, sobre todo en entornos ambientales frÔgiles. A su juicio, el caso de El Escudo demuestra que el actual sistema de control previo y evaluación ambiental puede ser insuficiente si no se aplica con el mÔximo rigor.

Un proyecto emblemƔtico en el debate sobre renovables y territorio

El parque eólico de El Escudo se ha convertido en un caso emblemÔtico en Cantabria y, por extensión, en el debate que atraviesa buena parte de España sobre cómo desplegar las renovables sin generar fuertes conflictos territoriales. La comunidad autónoma, que durante casi veinte años apenas había sumado nuevos aerogeneradores, ha reactivado en esta legislatura varios proyectos que han despertado un intenso rechazo social en algunas comarcas.

Para el Gobierno regional y los promotores, proyectos como el de El Escudo son una oportunidad económica para dinamizar zonas rurales con problemas de despoblación, crear empleo durante la construcción y la operación, y contribuir a los objetivos de descarbonización y reducción de emisiones fijados a nivel europeo. También señalan que los molinos se sitúan fuera de las zonas de exclusión eólica establecidas por la normativa cÔntabra.

En cambio, una parte de la población local y las organizaciones ecologistas entienden que se estÔ pretendiendo concentrar un número desproporcionado de grandes infraestructuras energéticas en determinados valles y cordales, con un impacto acumulativo sobre el paisaje, la biodiversidad y los usos tradicionales del territorio. En este contexto, el parque de El Escudo se percibe como el primer gran test de hasta dónde se puede llegar.

La tensión se ha traducido en manifestaciones, campañas informativas y recursos ante distintas administraciones. Mientras las instituciones autonómicas han ido autorizando nuevos parques, los colectivos han respondido con alegaciones, informes alternativos y acciones judiciales. El caso de El Escudo condensa buena parte de ese pulso entre distintos modelos de desarrollo.

A la espera de que el Ministerio aclare el futuro inmediato de las obras, el proyecto permanece en un limbo administrativo. Lo que parecía un trÔmite casi final para poner en marcha los últimos aerogeneradores se ha transformado en una nueva fase de incertidumbre que reabre interrogantes sobre la compatibilidad entre la aceleración de las renovables y la protección de los ecosistemas mÔs sensibles.

El episodio de El Escudo ilustra cómo la expansión de la energía eólica en España no solo depende de la tecnología o de la financiación, sino también de un encaje fino entre planificación territorial, garantías ambientales y participación social; en este caso, la decisión ministerial de frenar unas obras casi terminadas vuelve a colocar en el centro del debate la necesidad de que los grandes proyectos renovables combinen seguridad jurídica, respeto al medio natural y diÔlogo con las comunidades afectadas.

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