El mayor embalse de España abre compuertas tras las últimas borrascas

  • Apertura de cuatro compuertas en el embalse de La Serena, el mayor de España y tercero de Europa.
  • Desembalse interno hacia el embalse del Zújar, con un caudal de unos 180 m³ por segundo.
  • La Serena alcanza alrededor del 92-92,6% de su capacidad total, tras intensas lluvias y sucesivas borrascas.
  • Numerosos embalses de la cuenca del Guadiana también alivian agua en un contexto de avisos hidrológicos y posibles inundaciones.

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El embalse de La Serena, la mayor reserva de agua de España y una de las infraestructuras hidráulicas más imponentes de Europa, ha vuelto a abrir sus compuertas después de más de una década sin hacerlo. La combinación de sucesivas borrascas, lluvias persistentes y deshielos ha llevado al pantano pacense a rozar el límite de su capacidad, forzando un desembalse cuidadosamente planificado.

Este episodio, que se produce en pleno mes de febrero y en un contexto de temporales intensos en buena parte de la Península, sitúa de nuevo a La Serena y a la cuenca del Guadiana en el centro de la actualidad hidrológica. No se trata de un vertido cualquiera: es una maniobra interna entre embalses que busca ganar margen para nuevas avenidas de agua y minimizar riesgos en zonas habitadas y en la red de ríos aguas abajo.

La Serena abre compuertas: un episodio tan espectacular como poco frecuente

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La apertura se produjo el lunes 9 de febrero al mediodía, cuando el agua embalsada se aproximaba a los 2.981-2.983 hectómetros cúbicos, en torno al 92-92,6% de la capacidad máxima de La Serena, cifrada en 3.219 hm³. La Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) autorizó la maniobra al constatar que las lluvias de los últimos días, sumadas a las previsiones de nuevas borrascas, podían llevar al pantano a acercarse demasiado a su cota máxima.

Para aliviar la situación se optó por un desembalse controlado, calificado como interno, mediante la apertura de cuatro de las ocho compuertas de la presa. El caudal liberado ronda los 180 metros cúbicos por segundo, una cifra importante pero muy alejada de los grandes vertidos de emergencia que se asocian a situaciones de inundación inminente. El objetivo no es vaciar el embalse, sino ganar un colchón de seguridad para lo que pueda venir en los próximos días.

La maniobra llega, además, en una fecha con cierto simbolismo para los técnicos y vecinos de la zona. Febrero se ha convertido en un mes clave en la historia de La Serena: en 1997 se registró el primer gran desembalse, en 2014 se produjo la última apertura de compuertas hasta ahora, y en 2013 la única excepción fue que la operación se retrasó a finales de marzo. Doce años después de aquel episodio de 2014, el calendario vuelve a marcar otra apertura en pleno invierno.

A pesar de lo llamativo de las imágenes, la CHG subraya que no se trata de una situación descontrolada. La presa había comenzado ya días antes a aliviar agua mediante los desagües de fondo, y la apertura de compuertas forma parte de una operación escalonada para gestionar el volumen acumulado. En años anteriores, el pantano llegó incluso a registrar marcas más altas: en Nochebuena de 2010 se alcanzaron 3.080 hm³, alrededor del 96% de su capacidad.

Un gigante del agua: el mayor embalse de España y tercero de Europa

La Serena no es un embalse cualquiera. Construido entre 1984 y 1990 sobre el río Zújar, ocupa más de 13.900 hectáreas y se extiende por términos municipales como Castuera o Esparragosa de Lares, en la provincia de Badajoz. Desde su inauguración a comienzos de los años noventa se ha consolidado como la mayor reserva de agua dulce de España y la tercera mayor de Europa en volumen almacenado.

La Serena cumple un papel estratégico en la gestión del caudal del Guadiana, tanto desde el punto de vista del abastecimiento y el regadío como de la seguridad frente a avenidas. Su enorme capacidad permite amortiguar episodios de lluvias intensas, pero a la vez exige una vigilancia constante para evitar que una sucesión de temporales le deje sin margen de maniobra.

El apodo de “el gigante de La Serena”, repetido durante años por medios y vecinos, no se debe solo a las cifras de almacenamiento. El pantano se ha convertido también en un atractivo turístico de primer orden, con paisajes que recuerdan a auténticos mares interiores y una fauna asociada a sus láminas de agua, desde somormujos lavancos hasta garzas imperiales, que cada vez atraen a más aficionados a la naturaleza, así como retos de calidad como las microalgas en aguas.

Su singularidad se aprecia también en detalles como el helipuerto construido junto a la presa, que apenas se ha utilizado desde la inauguración oficial en febrero de 1990, cuando los Reyes de España acudieron al acto y, según recuerdan dos placas conmemorativas, el corte de cinta tuvo que retrasarse unos días por la niebla. Desde entonces, lo que apenas se ha movido es el uso del helipuerto, en contraste con la intensa actividad de gestión del agua que ha convertido a La Serena en pieza central de la hidrología extremeña.

Cómo se está realizando el desembalse: un trasvase interno hacia el Zújar

La operación en marcha tiene una característica clave: el agua no se está liberando directamente al cauce del Guadiana, sino que se está transfiriendo al embalse del Zújar, situado aguas abajo pero dentro del mismo sistema Serena-Zújar. La CHG insiste en que se trata de un desembalse interno, diseñado para aprovechar el “hueco” disponible en el segundo pantano.

Desde hace días, el embalse del Zújar venía turbinando agua para generar energía y dejar espacio para esta maniobra. En el momento de iniciarse la apertura de compuertas de La Serena, el Zújar se encontraba ligeramente por encima del 76% de su capacidad, con unos 230 hm³ almacenados, lo que ofrece margen suficiente para absorber parte del caudal procedente de su gigantesco vecino sin necesidad de incrementar todavía los vertidos hacia el río Guadiana.

El caudal liberado, unos 180 m³ por segundo, se sitúa en una franja considerada manejable desde el punto de vista de la seguridad hidrológica. Al ser una transferencia interna entre presas, las autoridades recalcan que, por ahora, no se prevé un aumento significativo del nivel de los ríos aguas abajo del Zújar. Eso no impide que se mantenga una monitorización permanente a través del Sistema de Información de Redes Automáticas (SIRA) de la cuenca.

Además de la conexión directa entre La Serena y Zújar, la cuenca dispone del túnel de trasvase Zújar-Orellana, una infraestructura que permite desplazar agua hacia otros puntos estratégicos del sistema Guadiana. Esta red de presas interconectadas, en la que participan embalses como Cijara, García de Sola y Orellana, facilita que las decisiones de desembalse se tomen con una visión de conjunto y no embalse a embalse.

La CHG explica que la maniobra actual busca laminar las aportaciones derivadas de las últimas tormentas y de las que se esperan con las próximas borrascas. Entre la mañana del domingo y la primera hora de la tarde del lunes, La Serena llegó a ganar 52 hm³, un ritmo de llenado inusual que ha obligado a actuar con rapidez para evitar que el pantano tuviera que pasar de un desembalse controlado a un vertido por seguridad.

Un historial de aperturas contadas: 1997, 2013, 2014 y ahora

En sus más de tres décadas de servicio, La Serena apenas ha abierto compuertas en cuatro ocasiones, contando el episodio actual. Para una infraestructura de estas dimensiones, diseñada precisamente para regular grandes volúmenes de agua, esa escasez de aperturas pone de relieve lo excepcional de lo que está ocurriendo estos días.

La primera gran operación documentada se remonta a 1997, pocos años después de la puesta en marcha del embalse. Fue el estreno de un mecanismo que, por diseño, solo se recurre cuando el nivel se aproxima demasiado a la cota máxima y las previsiones meteorológicas anuncian nuevas aportaciones importantes.

La segunda fecha clave es finales de marzo de 2013, cuando se produjo uno de los desembalses más comentados. Durante varios días, dos compuertas permanecieron abiertas para transferir en torno a 40 hm³ al Zújar, con caudales que llegaron a situarse entre 500 y 900 m³/s en determinados momentos. Aun siendo un vertido interno, la magnitud del volumen liberado dio una idea de hasta qué punto puede reaccionar el sistema cuando las lluvias se encadenan.

Un año más tarde, en febrero de 2014, se repitió un episodio similar, esta vez con tres compuertas abiertas durante aproximadamente 24 horas y un volumen estimado cercano a los 60 hm³. De nuevo, el agua se derivó hacia el embalse del Zújar, aprovechando el espacio generado previamente y manteniendo bajo control el caudal en los ríos situados más abajo.

La maniobra actual, en febrero de 2026, se inscribe en esa misma lógica de desembalses poco frecuentes pero muy planificados. La diferencia es que llega tras una larga etapa marcada por la sequía en buena parte de la Península y por años en los que apenas se contemplaba la posibilidad de abrir compuertas en el mayor embalse del país. El brusco giro de la situación, con borrascas encadenadas y pantanos llenos, obliga a los gestores a recordar que los riesgos hídricos no solo se asocian a la falta de agua.

Temporal, borrascas e inundaciones: un contexto hidrológico tensionado

El desembalse de La Serena no puede entenderse al margen de la situación meteorológica de las últimas semanas. Varias borrascas han atravesado la Península Ibérica dejando episodios de lluvias intensas, inundaciones, desalojos y problemas de movilidad, con especial incidencia en Andalucía y en puntos concretos de provincias como Cádiz, así como en zonas del interior peninsular, y han motivado inspecciones como la realizada a la hidroeléctrica de Urra.

En la cuenca del Guadiana, los efectos se han traducido en un aumento generalizado del caudal de ríos y arroyos y en numerosos embalses acercándose a niveles muy altos. La CHG mantenía este lunes una docena de estaciones de aforo en umbral de aviso hidrológico rojo, un nivel que alude a escenarios muy peligrosos, con probabilidad de inundación en áreas pobladas y cortes en vías de comunicación relevantes.

Entre los puntos más vigilados figuran tramos del río Guadiana en localidades como Orellana, Don Benito, Mérida o Badajoz, así como afluentes como el Bullaque, el Ruecas, el Rivera de Lácara o el Guadajira. Las autoridades recomiendan extremar las precauciones en las zonas bajas próximas a cauces y mantener las medidas de autoprotección habituales en episodios de crecida.

La situación no es exclusiva del Guadiana. En otras cuencas, como la del Duero, también se están abriendo compuertas en grandes embalses para gestionar el exceso de agua. Es el caso de Santa Teresa, en la provincia de Salamanca, donde el caudal vertido ha alcanzado máximos anuales y ha obligado a activar avisos por posibles crecidas del Tormes y a preparar medidas de protección en tramos urbanos sensibles.

En paralelo, muchas presas medianas y pequeñas se encuentran igualmente aliviando, con la notable excepción de algunos embalses situados en zonas de menor pluviometría, como el de Alange en la subcuenca del Matachel, que todavía se mantiene lejos de su capacidad máxima. Este mosaico de situaciones refleja hasta qué punto la gestión del agua en España requiere una lectura fina territorio a territorio.

Otros grandes pantanos en Extremadura y el papel de Europa

El protagonismo de La Serena se enmarca en un sistema de grandes embalses extremeños que están jugando un papel esencial en este episodio de lluvias intensas. El de Alcántara, segundo mayor embalse de España en capacidad y también ubicado en Extremadura, lleva días aliviando agua con niveles que superan el 90% de llenado.

Otros pantanos relevantes de la región, como Cijara, García de Sola u Orellana, integrados en la primera gran interconexión de presas del Guadiana, se encuentran igualmente soltando caudal. Lo mismo ocurre con Valdecañas, sobre el Tajo, y con Gabriel y Galán, sobre el río Alagón, todos ellos superando ampliamente el 80-90% de su capacidad, lo que obliga a una gestión coordinada para evitar que el agua se convierta en un problema en los tramos bajos.

En el ámbito europeo, el espejo más cercano es el embalse portugués de Alqueva, el mayor de Europa occidental, con una capacidad total cercana a los 4.150 hm³ y una superficie aproximada de 250 km². Durante décadas se dudó de la viabilidad de una presa de ese tamaño en una zona históricamente seca, hasta el punto de que el proyecto permaneció guardado en un cajón durante medio siglo. Sin embargo, desde el cierre de compuertas en 2002, Alqueva se ha consolidado como una pieza clave en el abastecimiento, el riego y la producción de energía en el sur de Portugal.

Estos días, Alqueva también se ha visto obligado a desembalsar a gran ritmo, en algunos momentos equivalente a una piscina olímpica cada pocos segundos, lo que muestra cómo el cambio en los patrones de lluvia está poniendo a prueba incluso a las infraestructuras mejor dimensionadas del continente. La experiencia lusa sirve para recordar que los grandes embalses no son un seguro absoluto frente a la sequía ni un remedio sencillo ante las lluvias extremas.

La combinación de La Serena, Alcántara, Cijara, Orellana, Valdecañas, Gabriel y Galán y otros tantos pantanos en la Península configura una red de regulación de escala europea. Su gestión en momentos de tensión como el actual se observa con atención desde otros países, interesados en cómo se articulan los equilibrios entre seguridad, consumo humano, regadío, producción eléctrica y conservación ambiental.

Impacto social, turismo y la nueva normalidad del agua

La apertura de compuertas en el mayor embalse de España tiene un fuerte componente simbólico y social. Nada más circular las primeras imágenes del agua cayendo hacia el Zújar, numerosos curiosos se acercaron hasta la presa para contemplar en directo un espectáculo que no se ve todos los días. Para quienes viven en la comarca, el rugido del agua y la estampa del vertido forman ya parte de una memoria colectiva ligada a años muy concretos.

Esa afluencia de visitantes se suma al interés creciente por rutas como la llamada “Ruta de los Embalses”, que enlaza La Serena, Zújar y Orellana y permite recorrer uno de los conjuntos de paisajes de agua más extensos de Extremadura. En muchos tramos la cobertura móvil es escasa, lo que paradójicamente se ha convertido en un atractivo añadido para quienes buscan desconectar y sumergirse de lleno en un entorno natural dominado por el silencio, las aves acuáticas y, en momentos como este, el estruendo de las compuertas abiertas.

Al mismo tiempo, el episodio obliga a mirar más allá de la anécdota. La alternancia entre sequías severas y lluvias extraordinarias está marcando la planificación hídrica en España y en buena parte de Europa. Los años de escasez han llevado a exprimir cada gota, mientras que los periodos de temporales intensos obligan a liberar agua que, en otras circunstancias, muchos preferirían guardar.

Los especialistas apuntan a que buena parte de los embalses “fáciles” ya están construidos y que nuevos proyectos de gran escala se enfrentarían a importantes obstáculos técnicos, ambientales, económicos y sociales. Eso significa que la respuesta a esta “nueva normalidad” pasa menos por levantar más presas y más por mejorar la gestión de las ya existentes, reforzar las redes de observación, adaptar los consumos y planificar mejor el territorio frente a inundaciones y sequías.

En este contexto, lo que está ocurriendo en La Serena funciona casi como un termómetro de cómo se maneja el agua en la Península. Un embalse que hace apenas unos años despertaba preocupación por sus bajos niveles se encuentra hoy abriendo compuertas para ganar margen ante las próximas borrascas. Entre un extremo y otro, la constante es la necesidad de decisiones rápidas, coordinadas y basadas en datos que permitan aprovechar las lluvias sin poner en riesgo a las personas ni a los ecosistemas.

El episodio actual deja la imagen de un gigante de hormigón y agua al límite de su capacidad, gestionando metro cúbico a metro cúbico en diálogo con otros muchos embalses de la cuenca del Guadiana y con la mirada puesta en el cielo. Lo que para muchos es un espectáculo visual, para los responsables de la gestión del agua es la prueba de que las grandes infraestructuras hidráulicas siguen siendo imprescindibles, pero también de que ya no basta con tenerlas: ahora toca afinarlas y adaptarlas a un escenario climático que obliga a convivir, cada vez más, con lo excepcional.

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