El sector de las baterías de litio en España y Europa vive un momento de transformación. Mientras la gigafactoría de Navalmoral de la Mata (Cáceres) sigue pendiente de los últimos trámites ambientales, Marruecos ya ha puesto en marcha su primera gran planta de baterías, lo que ha encendido las alarmas en la automoción española. Al mismo tiempo, la investigación avanza en dos frentes: la mejora de la tecnología actual de litio y el desarrollo de métodos para reciclar sus componentes.
La carrera por asegurar el suministro de baterías es clave para la transición energética europea. La dependencia de materiales críticos y la necesidad de reducir la huella de carbono han llevado a la UE a impulsar normativas más estrictas y a fomentar proyectos de economía circular. En este contexto, España busca consolidarse como polo industrial del vehículo eléctrico, aunque la competencia de países vecinos y los retrasos administrativos marcan el ritmo.
Navalmoral de la Mata: un proyecto que mantiene la calma
El alcalde de Navalmoral de la Mata, Enrique Hueso, ha reiterado que el consistorio y la Junta de Extremadura mantienen su apoyo al proyecto de la gigafactoría de baterías de litio. Según explicó, la declaración de impacto ambiental aún está pendiente, pero se espera que «en breve» llegue un informe sectorial clave. El ayuntamiento ya tiene preparada la licencia de obra para cuando se superen estos trámites.
Hueso ha sido claro al afirmar que «nosotros vamos a seguir facilitando toda labor posible» y que «desde un principio estamos peleando para ello». Los plazos, fijados por la empresa promotora y el Ministerio de Industria en el marco del Perte, apuntan a que la primera fase de producción comenzaría en el segundo semestre de 2027, mientras que la segunda llegaría en el primer trimestre de 2028.
La sombra de la gigafactoría de Marruecos
Mientras Navalmoral espera, Marruecos ya ha estrenado en Kenitra su primera gigafactoría de baterías. El proyecto, liderado por Gotion High-Tech y su filial Gotion Power Morocco, cuenta con una inversión cercana a los 6.000 millones de euros y una capacidad inicial de 10 gigavatios hora anuales, ampliables hasta los 100. Esta planta se especializa en baterías de litio-ferrofosfato (LFP) y busca convertirse en proveedor estratégico para el sur de Europa.
Expertos como Alfonso García ‘Motorman’ han señalado que «Marruecos nos pasa por la izquierda». Los menores costes laborales y la integración vertical del proceso productivo hacen que esta fábrica suponga un «peligro y un riesgo para la industria de la automoción española», tal y como se ha destacado en programas como ‘Poniendo las Calles’.
Reciclaje de baterías: la economía circular gana peso
La Comunitat Valenciana se ha marcado el objetivo de liderar el reciclaje de baterías con el proyecto RECRIT CV. La iniciativa, impulsada por los centros tecnológicos ITE, AIDIMME, AIMPLAS e ITC, busca recuperar metales críticos como litio, níquel, manganeso y cobalto a partir de baterías de ion litio y residuos electrónicos. En España, cada ciudadano genera casi 19 kilos de estos residuos al año, una cifra que evidencia el potencial de esta vía.
La técnica empleada combina procesos hidrometalúrgicos y reciclado de baterías de litio, alcanzado recuperaciones de hasta el 80% para los metales más valiosos y purezas superiores al 95%. El objetivo final es que los materiales recuperados tengan calidad suficiente para fabricar nuevas baterías o pigmentos cerámicos, en línea con el reglamento europeo de baterías (UE) 2023/1542.
Innovación: la nueva vida de las baterías de litio-metal
La investigación también avanza en la mejora de la tecnología actual. Un equipo de la Universidad Nacional de Hanbat, en Corea del Sur, ha desarrollado un separador de celulosa con bikitaíta, una zeolita natural. Con este material, las baterías de litio-metal han mostrado un aumento del 42% en la capacidad de descarga a altas tasas, además de reducir la aparición de dendritas, las estructuras que pueden causar cortocircuitos.
Al mismo tiempo, el CSIC en Asturias explora alternativas más abundantes como las baterías de sodio como alternativa. Estas tecnologías, aunque aún en desarrollo, podrían reducir la dependencia de materiales críticos y ofrecer baterías más estables y económicas. La combinación de estas innovaciones podría marcar el futuro del almacenamiento energético.
El panorama, visto en su conjunto, dibuja una industria en plena efervescencia. La gigafactoría de Navalmoral representa la esperanza de la industria española, pero la competencia de Marruecos y los avances en reciclaje y nuevas tecnologías son ya una realidad. Mientras Europa aprueba normativas para garantizar un suministro sostenible, el litio sigue siendo el rey, aunque su trono ya comparte espacio con otras alternativas. La próxima década será decisiva para saber quién termina gobernando el futuro energético.
