El hidrógeno verde se ha convertido en una de las grandes apuestas de la transición energética en España. No es para menos: la combinación de sol, viento y una potente industria química y de automoción convierte al país en un candidato natural para liderar esta tecnología. Mientras las administraciones reparten ayudas millonarias y los proyectos piloto empiezan a ver la luz, la comunidad científica y las empresas trabajan contrarreloj para abaratar costes y hacer viable esta alternativa.
La actualidad reciente demuestra que el interés no es solo teórico. Desde el País Vasco hasta la Comunidad Valenciana, pasando por Castilla y León, se están dando pasos concretos para producir hidrógeno a partir de energías renovables. Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos: el precio de la electricidad, la necesidad de infraestructuras y la competencia internacional marcan un escenario complejo pero lleno de oportunidades.
Investigación y desarrollo: la base del futuro
En el Laboratorio de Energías Renovables e Hidrógeno Verde (ERHV.lab) de la Escuela de Ingeniería de Vitoria-Gasteiz (EHU), un equipo de doce profesores y catorce estudiantes de doctorado investiga cómo optimizar la producción de hidrógeno mediante electrólisis. Su director, Unai Fernández Gámiz, explica que el objetivo es reducir los costes y hacer el proceso más competitivo, algo fundamental para que la industria pueda adoptarlo. Han desarrollado un modelo computacional (CFD) que reproduce el funcionamiento de una celda de electrolizador alcalino, lo que permitirá acelerar la optimización de estos sistemas.
Este tipo de investigación es clave porque, como señalan los expertos, el hidrógeno verde no es una solución universal. Producirlo requiere mucha electricidad y agua, y existen pérdidas energéticas en el proceso. Por eso, la colaboración entre universidad y empresa es esencial. El laboratorio participa en proyectos como HIDRURA, liderado por Tecnalia, o SINTETIK, financiados por el programa Elkartek, que buscan desarrollar nuevas tecnologías para producir hidrógeno de forma más barata y eficiente, incluso explorando el uso de agua de mar o biogás.
Proyectos industriales en marcha
Mientras la ciencia avanza, la industria no se queda atrás. La Generalitat Valenciana ha aprobado una ayuda directa de 76 millones de euros, procedentes del programa Feder, para que BP Energía España desarrolle dos proyectos tractores en Castellón. El primero, Castellón Green Hydrogen Phase 2, contempla la producción de hidrógeno renovable mediante electrólisis, incluyendo almacenamiento, compresión y distribución. El segundo se centra en la producción de combustibles sostenibles como el SAF (combustible de aviación) y el HVO (aceite vegetal hidrotratado), integrando herramientas digitales para optimizar el consumo energético.
En Castilla y León, la Junta ha dado luz verde a la segunda planta de hidrógeno verde en Granja de Moreruela (Zamora), promovida por UTU Solar. Esta instalación, que contará con 106.920 paneles solares, extraerá agua subterránea del acuífero de Villafáfila, una decisión que ha generado un fuerte rechazo social por su impacto ambiental en la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila. A pesar de las críticas, la autorización ambiental se ha concedido, y la planta deberá estar operativa en un plazo de cinco años. Este caso pone de manifiesto la tensión entre el desarrollo industrial y la protección del territorio.
El reto de los costes y la competitividad
Uno de los mayores desafíos para el hidrógeno verde es su precio. Un informe encargado por la Agencia Australiana de Energías Renovables (ARENA) sostiene que el coste de capital podría reducirse hasta un 68% de aquí a 2035, gracias a la digitalización, la estandarización de equipos y la compra de electrolizadores más baratos, muchos de ellos procedentes de China. Sin embargo, los expertos advierten que abaratar los equipos no basta si no se resuelve el coste de la electricidad, que es el principal factor de gasto.
Miguel Carsi, responsable del desarrollo del hidrógeno en Toyota Europa, coincide en que la clave está en conseguir hidrógeno verde de verdad, es decir, producido con electricidad renovable adicional. «Si lo produces desde hidrocarburos, no resuelves el problema del CO₂», afirma. Para él, el transporte pesado (camiones y autobuses) es el nicho más claro, ya que la electrificación pura no es viable en largas distancias. Además, subraya que Europa debe evitar perder otra carrera tecnológica como ocurrió con los paneles solares, y apostar por mantener la cadena de valor en el continente.
Un marco regulatorio que empuja
La legislación europea está jugando un papel fundamental. Normativas como AFIR (Infraestructura de Combustibles Alternativos) y RED3 (Directiva de Energías Renovables) obligan a los países a desplegar infraestructuras y a cumplir cuotas de renovables. En países como Alemania y Países Bajos, las penalizaciones por emitir CO₂ son tan altas que empujan a las industrias a adoptar el hidrógeno verde. España, con su abundancia de sol y viento, tiene un potencial enorme para convertirse en un productor clave, pero necesita un marco estable y una apuesta decidida por las infraestructuras.
En definitiva, el hidrógeno verde está dejando de ser una promesa para convertirse en una realidad tangible en España. La investigación universitaria, los proyectos industriales y el impulso regulatorio avanzan en paralelo, aunque no sin fricciones. Los retos son evidentes: abaratar costes, garantizar un suministro eléctrico renovable y gestionar el impacto territorial. Pero la combinación de talento científico, inversión pública y privada, y un marco europeo favorable, sitúa a España en una posición privilegiada para liderar esta transición. El camino es largo, pero los cimientos ya están puestos.