El giro radical de Trump con la eólica marina: 2.600 millones para resucitar el gas natural

  • La Administración Trump ha destinado unos 2.300 millones de euros a recomprar licencias de parques eólicos para paralizarlos.
  • Empresas como Invenergy han aceptado cancelar sus proyectos marinos a cambio de reinvertir en gas natural y geotermia.
  • El cambio de rumbo deja en el aire el objetivo de alcanzar los 30 GW de potencia instalada que habĆ­a fijado el equipo de Biden.
  • Mientras EE. UU. da marcha atrĆ”s, Europa consolida su liderazgo tecnológico en un sector clave para la descarbonización.

Aerogeneradores en el mar bajo un cielo nublado

El panorama energético al otro lado del AtlÔntico ha dado un vuelco que nadie esperaba hace apenas unos meses. La actual Administración de la Casa Blanca ha decidido coger el toro por los cuernos y frenar en seco el despliegue de la eólica marina, una tecnología que hasta hace poco era la joya de la corona de la transición ecológica estadounidense. Mediante una maniobra financiera sin precedentes, el Gobierno estÔ recomprando las concesiones ya adjudicadas a grandes empresas para asegurarse de que esos molinos de viento gigantes nunca lleguen a instalarse frente a sus costas.

Esta decisión no es solo un capricho político, sino un cambio de estrategia total que ya ha movilizado cerca de 2.600 millones de dólares en compensaciones y reembolsos. La idea es sencilla pero contundente: el Estado recupera el control de las aguas federales y, a cambio, las energéticas se comprometen a desviar ese capital hacia fuentes de energía mÔs tradicionales o alternativas que encajen mejor con la visión del presidente Trump. En la prÔctica, esto supone un jarro de agua fría para las metas climÔticas globales y una apuesta decidida por los combustibles fósiles.

Donald Trump orden ejecutiva energĆ­as renovables
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La letra pequeña del adiós a las turbinas en el océano

El acuerdo mÔs reciente que ha saltado a la palestra involucra a la firma Invenergy, que ha aceptado devolver cuatro concesiones federales en zonas estratégicas como Nueva York, California y Maine. A cambio de tirar la toalla con sus proyectos marinos, la compañía recibirÔ unos 765 millones de dólares. Lo curioso del asunto es que este dinero no irÔ a parar a una hucha, sino que se invertirÔ en plantas de gas natural y energía geotérmica en el interior del país, lo que refuerza la tesis de que el Gobierno prefiere asegurar la potencia de base antes que depender del viento.

Este movimiento ha dejado a cuadros a los defensores del medio ambiente, ya que proyectos emblemÔticos como el Leading Light Wind, que prometía dar luz a mÔs de un millón de hogares, han pasado a mejor vida. Según explican fuentes del sector, la Administración estÔ utilizando estas recompras como una vía legal para desmantelar el legado renovable de Biden sin tener que pasar por farragosos procesos judiciales que podrían eternizarse. BÔsicamente, se trata de una salida negociada que permite a las empresas recuperar su inversión inicial sin riesgos.

Barco de mantenimiento en un parque eólico marino

parque eólico marino
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El contraste con el modelo europeo y espaƱol

Mientras en Estados Unidos se pliegan velas, en Europa la situación se ve de una forma radicalmente distinta. Países como España, con una industria naval y de componentes eólicos de primer nivel, observan con recelo cómo el segundo mercado potencial del mundo se cierra en banda. La decisión de Trump crea una brecha competitiva importante, ya que toda la inversión privada que iba a aterrizar en las costas estadounidenses podría acabar buscando refugio en el Viejo Continente, donde el marco regulatorio de la eólica marina en España y Europa es mucho mÔs estable y previsible a largo plazo.

En España, donde la eólica marina estÔ empezando a dar sus primeros pasos serios tras la aprobación de los planes de ordenación del espacio marítimo, este giro de guion sirve como recordatorio de lo volÔtil que puede ser la política energética. La industria nacional, que es líder en la fabricación de plataformas flotantes, pierde un cliente de peso, pero a la vez se reafirma en que el modelo europeo de descarbonización es, por ahora, el único que mantiene el rumbo fijo a pesar de las presiones externas y los cambios en los mercados de gas.

Un impacto que va mƔs allƔ de la simple electricidad

La paralización de estos parques no solo afecta al recibo de la luz o a las emisiones de CO2; tiene un efecto dominó en toda la cadena de suministro. Se estima que miles de puestos de trabajo que se iban a crear en astilleros y fÔbricas de componentes se han quedado en el limbo. Al priorizar el gas natural, la Casa Blanca busca reducir los costes energéticos de forma inmediata, alegando que las renovables marinas son todavía demasiado caras y complejas de ejecutar en plazos razonables para las necesidades actuales de la economía americana.

Por otro lado, la reacción de los estados gobernados por demócratas no se ha hecho esperar. Regiones como California o Nueva York ya estÔn estudiando vías legales para proteger sus planes energéticos regionales, ya que consideran que este dinero público se estÔ malgastando en destruir infraestructuras de futuro. Sin embargo, con los permisos federales suspendidos, la viabilidad de estos parques eólicos es prÔcticamente nula a corto plazo, lo que obliga a las empresas a mirar hacia otras tecnologías si quieren mantener sus mÔrgenes de beneficio.

primer parque eólico marino durante la presidencia de Trump
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La estrategia de Washington supone un portazo a la ambición de liderar la energía limpia a nivel mundial, prefiriendo consolidar la seguridad energética mediante el gas y la geotermia. Esta decisión de recomprar derechos de explotación para evitar la instalación de aerogeneradores marca un hito en la política industrial moderna y aleja a Estados Unidos de los consensos climÔticos internacionales. Al final, el tablero energético se reconfigura de tal forma que el liderazgo de la eólica marina recae ahora, mÔs que nunca, en los hombros de las potencias europeas y asiÔticas, mientras Norteamérica vuelve a confiar su futuro a los recursos del subsuelo.


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