El sector energético europeo está viviendo una auténtica revolución en alta mar que promete cambiar las reglas del juego. No se trata solo de instalar molinos, sino de una transformación industrial sin precedentes donde la tecnología de plataformas flotantes se ha convertido en la gran esperanza para alcanzar la soberanía energética. En nuestro país, la actividad está que arde, con puertos y astilleros que se están poniendo las pilas para no perder un tren que circula a toda velocidad hacia un modelo más limpio y sostenible.
Esta carrera no solo va de producir gigavatios, sino de quién será capaz de liderar la fabricación y logística de unas infraestructuras que son auténticos gigantes de acero. Desde las costas canarias hasta el Cantábrico, pasando por el Mediterráneo, las piezas del puzzle empiezan a encajar para que la industria naval y energética española demuestre que tiene músculo de sobra. No es moco de pavo, ya que estamos hablando de proyectos que implican inversiones millonarias y la creación de miles de empleos altamente cualificados en las próximas décadas.

Tarragona: el nuevo epicentro logístico del Mediterráneo
El Port de Tarragona ha dado un paso de gigante en su ambición por dominar el mercado logístico de la energía eólica marina flotante. Recientemente, una delegación de Navantia Seanergies ha visitado las instalaciones para supervisar los avances de un proyecto que busca transformar el recinto en un nodo estratégico. Con una inversión total de 80 millones de euros, la ampliación de la segunda fase del Moll de Balears es la joya de la corona, permitiendo al puerto ofrecer unas condiciones operativas envidiables para el ensamblaje de grandes aerogeneradores.
Las obras, que cuentan con un importante respaldo financiero de los fondos Port Eolmar, sumarán unas 22 hectáreas adicionales de terreno y un calado que alcanza los 23,5 metros. Esta profundidad es clave, ya que permite manejar las estructuras flotantes con total seguridad antes de remolcarlas a su ubicación definitiva. Si todo va según lo previsto, para mediados de 2029 la terminal estará a pleno rendimiento, consolidándose como el socio logístico ideal para la transición energética en el sur de Europa.
La colaboración con empresas de la talla de Schwartz Hautmont refuerza aún más esta apuesta técnica, demostrando que el tejido industrial local está preparado para retos de alta complejidad. La ubicación geográfica de Tarragona no es casualidad; su cercanía a las futuras zonas de subasta en el Mediterráneo la sitúa en una posición de ventaja competitiva que Navantia no ha querido pasar por alto durante su inspección técnica. Ojo al dato, porque este hub podría ser el motor que acelere el despliegue de los primeros parques comerciales en aguas españolas.

Canarias y Cantabria: innovación y capacidad industrial
Si bajamos la vista hacia el archipiélago canario, el panorama es igual de prometedor. Las islas se han convertido en un laboratorio natural perfecto gracias a sus grandes profundidades y a la constancia de los vientos alisios. La Comisión Europea tiene claro que Canarias es una plataforma estratégica para probar nuevas tecnologías que luego se exportarán al resto del mundo, motivo por el cual Canarias urge al Estado a desbloquear la eólica marina. El nuevo Pacto Europeo por los Océanos pone el foco en estas regiones para diversificar su economía, pasando de ser solo un destino turístico a un polo tecnológico de primer nivel.
Por otro lado, en el norte de la península, Cantabria está haciendo sus propios deberes. Aunque un estudio reciente de la firma DNV señala que las empresas cántabras actualmente solo pueden cubrir un tercio de los procesos de fabricación necesarios, esto se ve más como una oportunidad de crecimiento que como un problema. La región destaca especialmente en servicios de ingeniería e I+D+i, con centros de prestigio mundial que ya están diseñando cómo serán los parques del futuro.

El potencial de crecimiento en la cornisa cantábrica es brutal. Se espera que para el año 2040, Europa necesite tener operativas unas 650 turbinas flotantes, una cifra que se disparará hasta las 4.800 unidades cuando lleguemos a 2060. Para que las empresas locales capturen este mercado masivo, es necesario que den el salto hacia la fabricación de componentes de gran escala. La alianza a través del Supercluster Atlantic Wind es fundamental para que Galicia, Asturias y Cantabria trabajen de la mano y no se queden atrás frente a otros competidores internacionales.
La formación de nuevos profesionales será otro de los pilares de este desarrollo. Se necesitan ingenieros navales, técnicos de mantenimiento y especialistas en gestión ambiental que entiendan los desafíos de trabajar en entornos marinos hostiles. Esta demanda de empleo especializado podría revitalizar zonas industriales que necesitaban un nuevo impulso, ofreciendo a las generaciones venideras una salida laboral con mucho futuro y un fuerte componente tecnológico.

Francia marca el ritmo con subastas masivas
Nuestros vecinos franceses no se han quedado de brazos cruzados y han lanzado la licitación más ambiciosa hasta la fecha. Con un bloque específico de 5 GW para eólica flotante, Francia busca posicionarse como el líder indiscutible del sector en el continente. Este programa, conocido como AO9/AO10, establece un precio de referencia de unos 100 euros por megavatio hora, reconociendo que esta tecnología aún está en una fase de desarrollo que requiere un apoyo económico algo superior a la cimentación fija.
Un aspecto muy interesante de la propuesta francesa es su enfoque en la soberanía industrial europea. Se penalizarán aquellos proyectos que dependan en exceso de componentes fabricados fuera de la Unión, especialmente en lo que respecta a materiales críticos provenientes de China. Esto es una oportunidad de oro para los astilleros de la fachada atlántica, incluidos los españoles de Fene o Bilbao, que ya están suministrando piezas clave para parques eólicos como el de Dieppe Le Tréport.
La coordinación entre puertos como Le Havre, Brest o Saint-Nazaire y la cadena de suministro española es una muestra de cómo se está tejiendo una red industrial europea sólida. Cada gigavatio instalado genera miles de empleos y requiere una logística de precisión milimétrica. Francia quiere tener 6 GW operativos de tecnología flotante para el año 2040, un objetivo que obligará a acelerar todos los trámites regulatorios y a movilizar una cantidad ingente de recursos industriales en un tiempo récord.
El horizonte que se dibuja ante nosotros muestra un sector con una proyección envidiable donde la colaboración entre países y empresas será la clave del éxito. Con proyectos de gran calado en marcha y una voluntad política cada vez más clara, la energía que proviene de nuestros mares está lista para dar el estirón definitivo. Los avances técnicos en flotabilidad y amarres están permitiendo que alcancemos aguas antes inaccesibles, abriendo un abanico de posibilidades energéticas que hace solo una década parecían ciencia ficción y que hoy ya están llamando a nuestra puerta con fuerza.
