El calentamiento marino bate récords en julio: el Mediterráneo en alerta extrema

  • La temperatura media de los océanos alcanzó un nuevo máximo histórico en julio.
  • El Mediterráneo sufre una ola de calor marina de categoría 4, con 33°C en Mallorca.
  • Las aguas españolas se calientan un 67% más rápido que la media mundial.
  • Greenpeace exige medidas urgentes para frenar el calentamiento y proteger los ecosistemas.

Calentamiento marino

El mar no da tregua. Mientras en tierra firme se suceden las olas de calor, bajo la superficie se está librando una batalla silenciosa contra el aumento de las temperaturas. Los últimos datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus confirman que julio de 2026 ha vuelto a batir el récord de temperatura media de los océanos, con 20,96 grados centígrados en el conjunto del océano extrapolar. Es el segundo mes consecutivo con un máximo histórico, una señal inequívoca de que el calentamiento marino se acelera.

El Mediterráneo, uno de los mares más vulnerables, se encuentra inmerso en una ola de calor marina de categoría 4 (extrema) según la NOAA, con temperaturas que han llegado a alcanzar los 33 grados en la boya de Sa Dragonera, en Mallorca. Las aguas que rodean la península ibérica y las islas se están calentando un 67% más rápido que la media mundial, a un ritmo de 0,25 grados por década. Ante esta situación, Greenpeace ha reclamado a las administraciones una respuesta urgente y ambiciosa para frenar un fenómeno que ya altera el equilibrio de los ecosistemas marinos.

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Un julio de récord en los océanos

El dato global no deja lugar a dudas: la temperatura media de la superficie del mar en el océano extrapolar alcanzó los 20,96 °C, superando el anterior récord de 20,89 °C registrado en julio de 2023. Este incremento se produce en un contexto de calentamiento progresivo de los océanos, que absorben más del 90% del exceso de calor generado por las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, ese papel regulador está llegando a sus límites, y las consecuencias ya se notan en forma de fenómenos meteorológicos más extremos.

El Atlántico y el Mediterráneo occidental también registraron valores récord, asociados a intensas olas de calor marinas. En el Pacífico tropical, el fenómeno de El Niño ha contribuido a mantener temperaturas excepcionalmente altas, aunque los expertos señalan que el calentamiento global es el factor dominante. La combinación de estos factores ha llevado a que julio de 2026 sea el segundo julio más cálido de la serie histórica a nivel global, solo por detrás de 2023.

Calentamiento marino

El Mediterráneo, en estado crítico

El Mediterráneo es uno de los mares que más rápido se está calentando. Según los datos de Copernicus, el 100% de sus aguas ha sufrido olas de calor marinas en algún momento del año desde 2022, y las temperaturas se mantienen por encima de la media de forma casi continuada desde 2023. La actual ola de calor, clasificada como categoría 4 (extrema) por la NOAA, ha provocado que la boya de Sa Dragonera, en Mallorca, registrara 33 °C, un valor sin precedentes.

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Este calentamiento no solo afecta a las temperaturas superficiales. Las olas de calor de fondo, aunque menos visibles, pueden ser incluso más intensas. Además, estos eventos alteran la dinámica del fitoplancton, la base de la cadena trófica marina, con efectos en cascada sobre todo el ecosistema. En el Cantábrico, la boya de Bilbao-Vizcaya ha registrado temperaturas de récord mensual desde abril, superando los 25,2 °C en julio, un síntoma más de que el problema no es exclusivo del Mediterráneo.

Calentamiento marino

Consecuencias para el clima y la biodiversidad

El calentamiento del mar tiene efectos directos sobre el clima. Un agua más cálida evapora más humedad, lo que alimenta tormentas y episodios de lluvias torrenciales más intensos. Además, la alteración de las corrientes oceánicas, responsables de distribuir el calor por el planeta, contribuye a una mayor inestabilidad climática. La reducción del oxígeno en aguas más calientes incrementa el estrés sobre los ecosistemas, y las pesquerías artesanales, que dependen de los caladeros cercanos, se ven especialmente afectadas por el calentamiento del océano y la biomasa de peces.

La biodiversidad marina también sufre. Especies adaptadas a aguas templadas migran hacia latitudes más frías, mientras que especies invasoras colonizan nuevos espacios. Organismos como los corales o las praderas de Posidonia oceanica, esenciales para el hábitat de muchas especies, pueden superar sus límites de tolerancia térmica y sufrir episodios de mortalidad masiva. Además, el aumento de la temperatura del agua acelera la subida del nivel del mar por expansión térmica, agravando la erosión costera y el riesgo de inundaciones. Numerosas playas españolas ya muestran signos de retroceso, una combinación de los impactos del cambio climático y la presión urbanística.

Calentamiento marino

biodiversidad marina
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La respuesta necesaria

Ante esta sucesión de récords, Greenpeace ha exigido a las administraciones una respuesta urgente y ambiciosa. La organización reclama una reducción drástica de las emisiones de gases de efecto invernadero, la aceleración del abandono de los combustibles fósiles y el refuerzo de la protección y restauración de los ecosistemas marinos. «Cada décima de grado que gana el mar supone más energía disponible para alimentar fenómenos meteorológicos extremos y un mayor impacto sobre los ecosistemas», ha señalado Elvira Jiménez, responsable de Adaptación al Cambio Climático de Greenpeace.

Los expertos coinciden en que la tendencia continuará si no se actúa con contundencia. La creación de santuarios marinos, la limitación de la pesca industrial y la prohibición de la minería submarina son algunas de las medidas propuestas. Pero, sobre todo, es necesario tomar medidas urgentes contra el calentamiento global en origen, reduciendo las emisiones y apostando por las energías limpias.

El calentamiento marino ya no es una amenaza futura, sino una realidad que está transformando los océanos y las costas. Los récords de temperatura se suceden, el Mediterráneo arde bajo el agua y la biodiversidad se resiente. La ciencia es clara: cada décima de grado cuenta, y la ventana para actuar se estrecha. La respuesta debe ser inmediata, coordinada y ambiciosa, porque lo que ocurre bajo la superficie afecta a todos, desde el clima hasta la economía de las comunidades costeras.

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