El sector del biodiesel en Argentina atraviesa una paradoja difÃcil de explicar: mientras el mundo entero acelera hacia máximos históricos de producción, el paÃs sudamericano se queda rezagado con cifras que no terminan de despegar. Según el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), entre enero y julio de este año se produjeron 621.000 toneladas de biodiesel, un 12% más que en el mismo perÃodo del año anterior, pero que representa el tercer volumen más bajo de los últimos diecisiete años.
A esta parálisis productiva se suma el bloqueo legislativo que impide actualizar el marco normativo del sector. La sesión del Senado que iba a tratar la nueva ley de biocombustibles fue suspendida a última hora por diferencias entre los propios bloques oficialistas y la oposición dialoguista, dejando en el aire un proyecto que el sector considera clave para destrabar inversiones y recuperar competitividad.
Un sector estancado frente al auge global
La provincia de Santa Fe, tradicional motor del sector, sigue concentrando el 56% de la producción nacional, pero pierde peso año tras año: quince puntos porcentuales menos que el promedio de la última década. Le siguen Buenos Aires y La Pampa, aunque con registros dispares: la primera anota su volumen más bajo en cuatro años mientras la segunda alcanza su mejor marca en siete.
La desaparición del mercado estadounidense en 2017, tras las acusaciones de dumping y la imposición de aranceles, marcó un punto de inflexión. Desde entonces, Europa se convirtió en el principal comprador, pero su demanda también se ha ido enfriando con los años, en parte por la competencia de otros paÃses productores y por el crecimiento de la oferta regional basada en colza.
El pulso legislativo por la nueva ley
El punto más conflictivo es el tratamiento que recibirán las pymes del biodiesel en riesgo. Mientras que los productores de bioetanol de caña y maÃz conservarÃan sus cupos protegidos durante toda la vigencia de la ley, las empresas más pequeñas del biodiesel perderÃan su reserva exclusiva de mercado a partir de 2036, con un descenso gradual de su participación protegida desde 2032. Esto generó un fuerte rechazo entre los senadores de las provincias productoras, que consideran que el régimen beneficia a un sector en detrimento del otro.
La senadora Carolina Moisés, vicepresidenta primera de la Cámara alta, fue contundente al referirse al episodio: «TenÃamos todo listo y preparado para la sesión y hubo problemas entre los libertarios. Hay algunos libertarios que, claro, la libertad para los demás, pero quieren mantener el mercado protegido en sus provincias». La legisladora también criticó que la SecretarÃa de EnergÃa no hubiera manifestado su desacuerdo antes, cuando todavÃa habÃa margen para introducir cambios en el dictamen.
Ante este escenario, el oficialismo evalúa como plan B avanzar con un proyecto que excluya al biodiesel y se concentre únicamente en el bioetanol, evitando asà el bloqueo parlamentario. La medida permitirÃa actualizar el régimen del combustible renovable destinado a mezclarse con naftas, mientras el biodiesel continuarÃa regido por la normativa vigente hasta finales de 2030.
El auge imparable del bioetanol
La provincia de Córdoba explica la mitad de la producción nacional, toda ella a base de maÃz, mientras que Tucumán, con caña de azúcar como insumo exclusivo, aporta otro 20%. El resto se reparte entre Jujuy, Salta, San Luis y Santa Fe, con una combinación de ambas materias primas. Con un corte obligatorio del 12% que puede ampliarse voluntariamente hasta el 15%, el sector espera que la nueva legislación consolide un horizonte regulatorio más previsible.
Desde el oficialismo sostienen que el aumento del corte no representa un costo adicional para el Estado ni para los consumidores, y que, por el contrario, permitirÃa reducir la exposición del paÃs a las variaciones de los combustibles fósiles. El bioetanol, además, tiene una ventaja estratégica: el 100% de sus ventas internas se destina al abastecimiento del corte obligatorio, sin necesidad de depender de un mercado exterior cada vez más competitivo y exigente.
El mundo no frena: récords en todos los frentes

Indonesia, de hecho, ha llevado su tasa de corte obligatorio al 50%, mientras que Brasil avanza hacia el 16% con el objetivo de alcanzar el 20% en 2030. Estados Unidos, por su parte, proyecta un incremento del 77% en el uso de aceite de soja para biocombustibles este año, según su Programa de Combustibles Renovables. Si se suma la Unión Europea al grupo de grandes productores, el bloque explicarÃa el 81% de la producción mundial, con Alemania (3,8 millones de toneladas) a la cabeza.
El aceite de palma lidera el ranking de materias primas, con más de 23 millones de toneladas proyectadas, seguido del aceite de soja (cerca de 17 millones), la colza, el aceite de cocina usado y la grasa bovina. Para procesar esa cantidad de soja, Estados Unidos y Brasil necesitarán un crush de más de 30 millones de toneladas cada uno, mientras que en Argentina apenas alcanzará las 5 millones.
España: elefantes blancos y nuevos horizontes
La historia se repite en Valdetorres, Badajoz, donde Bioenergética Extremeña 2020 llegó a prometer la mayor planta de biodiesel de Europa con 250.000 toneladas anuales y una inversión inicial de 43 millones que terminó escalando hasta los 70. Década y media después, la instalación salió a subasta por poco más de un millón de euros, en estado «prácticamente virgen».
No obstante, existe alguna historia de resurrección. La antigua planta de Abengoa en San Roque, Cádiz, pasó 18 meses clausurada tras la quiebra de su propietaria hasta que Cepsa BioenergÃa la adquirió y la reactivó, integrándola en su refinerÃa vecina. Hoy produce 200.000 toneladas anuales de biodiesel y 25.000 de glicerina, demostrando que, con el comprador y el entorno regulatorio adecuados, las instalaciones pueden volver a la vida.

El sector del biodiesel se encuentra en una encrucijada: por un lado, la demanda mundial sigue creciendo y los mercados emergentes tiran con fuerza; por otro, la falta de marcos regulatorios estables y la transición hacia tecnologÃas más avanzadas dejan en tierra muerta a numerosas instalaciones de primera generación. Tanto en Argentina como en España, la clave estará en encontrar el equilibrio entre proteger a las empresas existentes -especialmente las pymes más vulnerables- y fomentar la inversión en nuevas capacidades que respondan a los desafÃos de la descarbonización y la seguridad energética.

