Este crecimiento, sin embargo, no ha sido uniforme. Tras un fuerte impulso entre 2021 y 2022, motivado por la escalada de precios de la electricidad y las ayudas públicas, el ritmo se ha moderado en los últimos ejercicios. Aun así, el autoconsumo sigue siendo una opción rentable y estratégica, especialmente para el sector industrial y agroalimentario, que encuentra en el sol una vía para reducir costes y emisiones.
El auge del autoconsumo en España

Las cifras hablan por sí solas. España cerró 2025 con cerca de 9.500 MW de autoconsumo acumulado, según datos de APPA y UNEF, lo que supone un incremento notable respecto a años anteriores. Solo en 2025 se añadieron más de 1.100 MW, con el segmento industrial y comercial como principales impulsores. La distribución territorial muestra una clara concentración en Cataluña, Andalucía y la Comunidad Valenciana, que acumulan la mitad de la potencia instalada.
El sector agroalimentario se ha convertido en un nicho especialmente activo. Comunidades de regantes, bodegas, almazaras, centrales hortofrutícolas y explotaciones ganaderas están aprovechando sus cubiertas y terrenos para instalar paneles solares. En muchos casos, la coincidencia entre la demanda eléctrica y las horas de sol permite alcanzar tasas de autoconsumo superiores al 70% sin necesidad de baterías, lo que mejora la rentabilidad de las inversiones.
Beneficios y retos

El autoconsumo no solo supone un ahorro económico para quienes lo adoptan, sino que también contribuye a la descarbonización del sistema. Las emisiones de CO2 evitadas han pasado de 91.000 toneladas en 2018 a más de 2 millones de toneladas en 2025, un incremento que refleja el impacto positivo de esta tecnología. Además, reduce la dependencia de la red eléctrica y protege frente a la volatilidad de los precios.
Sin embargo, quedan asignaturas pendientes. La gestión de los excedentes es uno de los principales retos: en 2025 se desperdiciaron más de 2.000 GWh por limitaciones de la red, lo que supuso una pérdida económica superior a los 80 millones de euros. El almacenamiento con baterías y el desarrollo de comunidades energéticas son soluciones que están ganando protagonismo, pero aún necesitan un marco regulatorio más ágil y simplificado.
Proyectos y futuro

Las administraciones también están impulsando el autoconsumo en infraestructuras públicas. Un ejemplo es Canal de Isabel II, que ha puesto en marcha 43 plantas fotovoltaicas con una potencia cercana a los 21 MW, y planea alcanzar los 43 MW en 2027. Otro caso es el de Puntagorda, en La Palma, donde se ha instalado una marquesina solar de 51,92 kWp sobre el aparcamiento de un centro de mayores, financiada con fondos europeos.
Estos proyectos demuestran que el autoconsumo puede integrarse en espacios ya existentes, generando energía limpia y, a la vez, mejorando el entorno urbano. La combinación de generación distribuida, almacenamiento y electrificación de procesos industriales será clave para que España cumpla sus objetivos climáticos. El sector confía en que la simplificación administrativa y el impulso al almacenamiento permitan desbloquear todo su potencial.
En definitiva, el autoconsumo fotovoltaico se ha consolidado como una pieza fundamental de la transición energética en España. Aunque el crecimiento se ha moderado, la tecnología sigue siendo rentable y cada vez más necesaria para garantizar un suministro eléctrico sostenible y resiliente. Con una apuesta decidida por el almacenamiento y la mejora de la red, el autoconsumo tiene margen para seguir expandiéndose en los próximos años.