El auge de las plantas solares en el campo europeo y espaƱol

  • Las plantas solares se expanden por el campo europeo y espaƱol, transformando usos agrĆ­colas y territoriales.
  • La agrovoltaica busca compatibilizar cultivos y fotovoltaica mediante diseƱos que preserven la productividad agraria.
  • Navarra y AndalucĆ­a ilustran el choque entre grandes proyectos solares, protección ambiental y demandas sociales.
  • Los mapas globales y la planificación ambiental marcan el rumbo de un despliegue solar mĆ”s ordenado y sostenible.

Plantas solares en el campo

La expansión de las plantas solares estÔ cambiando a gran velocidad el paisaje rural en España y en buena parte de Europa. Lo que hace unos años se veía como instalaciones aisladas o soluciones de autoconsumo, hoy se traduce en macroparques fotovoltaicos sobre antiguas tierras de cultivo, en proyectos agrovoltaicos que combinan placas y cosechas y en un creciente debate social sobre hasta dónde debe llegar este despliegue.

Al mismo tiempo, las imÔgenes por satélite y la inteligencia artificial permiten seguir con bastante precisión cómo se multiplica la superficie ocupada por infraestructuras fotovoltaicas en todo el planeta. Esa mirada global contrasta con los conflictos muy concretos que surgen en territorios como Andalucía o Navarra, donde la llegada masiva de proyectos fotovoltaicos choca con preocupaciones vecinales, ambientales y agrarias.

El campo andaluz: del trigo a las plantas solares

En numerosas comarcas andaluzas se estĆ” produciendo una transformación silenciosa del suelo agrĆ­cola. Lo que empezó como una respuesta domĆ©stica al encarecimiento de la luz —instalar placas en tejados para rebajar la factura— ha derivado en una oleada de contratos entre propietarios rurales y empresas de renovables para levantar grandes plantas solares en fincas de cultivo.

Hace pocos años se estimaba que en torno a 200.000 hogares ya contaban con paneles fotovoltaicos en sus viviendas, aproximadamente el doble que el año anterior, un crecimiento que ilustra el tirón del autoconsumo. Sin embargo, el cambio mÔs visible en el paisaje se estÔ dando en municipios agrícolas donde parte de las tierras de secano o regadío se sustituyen por campos de seguidores solares y vallas perimetrales.

Uno de los ejemplos mƔs conocidos es Carmona (Sevilla), donde se ha vivido un autƩntico auge de proyectos. En torno a la localidad se planificaron decenas de plantas solares sobre un entorno agrƭcola que suma unas 92.000 hectƔreas. El propio Ayuntamiento reconocƭa que habƭa mƔs de una veintena de iniciativas en distintas fases, con la promesa de ingresos millonarios por el alquiler de tierras para el municipio y para los propietarios.

Para algunos agricultores, el atractivo estÔ en la estabilidad económica que ofrecen las rentas. Un productor que antes sembraba trigo, girasol o garbanzo explicaba que su margen rondaba los 100 euros por hectÔrea en una campaña normal, mientras que el arrendamiento a una empresa fotovoltaica podía alcanzar los 1.900 euros por hectÔrea. Esa diferencia hace que muchos se planteen abandonar el laboreo tradicional para asegurar ingresos a largo plazo, aun siendo conscientes de que el paisaje agrícola se reduce.

Entre los vecinos, el asunto ha generado polémica y división de opiniones. Hay quien celebra que el dinero de las renovables permita sostener economías locales castigadas por la sequía o los bajos precios agrícolas; otros, en cambio, temen que la ocupación de suelo cultivable derive en un descenso importante de la producción agraria y en una pérdida de identidad rural, con estimaciones vecinales que apuntan a caídas de entre el 20 y el 30 % en algunas zonas.

La mirada global: mapas satelitales de plantas solares

Lo que ocurre en Andalucía o Navarra forma parte de un fenómeno de escala mucho mayor. Un observatorio internacional basado en imÔgenes por satélite y algoritmos de inteligencia artificial ha cartografiado ya mÔs de 14.500 km² de superficie cubierta por paneles solares en todo el mundo, una extensión similar a la de Irlanda del Norte.

Esta iniciativa, impulsada por plataformas como Global Renewables Watch, aplica un mismo método de detección de parques solares y plantas fotovoltaicas en todos los países, independientemente de cómo elaboren sus estadísticas oficiales. La ventaja es que se obtiene un mapa homogéneo de grandes parques en desiertos, instalaciones en cordilleras o tejados fotovoltaicos en Ôreas urbanas y rurales.

El anƔlisis confirma que la potencia solar instalada se ha triplicado en siete aƱos, hasta superar los dos teravatios a escala global, en lƭnea con las cifras de organismos como la Agencia Internacional de la Energƭa. La fotovoltaica se ha consolidado asƭ como el principal motor del crecimiento renovable en el planeta, responsable de la mayor parte de la nueva capacidad limpia que se conecta cada aƱo a la red.

China lidera claramente esta expansión, con macroplantas solares en provincias extensas como Qinghai, donde se ha desarrollado un complejo de alrededor de 16.900 MW de potencia, comparable a varias decenas de centrales térmicas convencionales. Tras el gigante asiÔtico figuran Estados Unidos e India, pero también España, que ha escalado posiciones en muy poco tiempo.

En el caso español, la potencia fotovoltaica ha pasado de niveles moderados a finales de la década pasada a rebasar los 31.000 MW en 2024, gracias sobre todo a grandes plantas solares en regiones con abundante radiación como Extremadura, Andalucía y Murcia, y al empuje de miles de instalaciones de autoconsumo repartidas por todo el país.

Navarra: plantas solares, evaluación ambiental y conflicto social

La Comunidad Foral de Navarra ilustra bien las tensiones entre la necesidad de impulsar la fotovoltaica y la obligación de proteger el territorio. La Dirección General de Medio Ambiente ha emitido una declaración de impacto ambiental favorable para tres plantas solares fotovoltaicas —El Royo, La Galera y La Muga— promovidas por una empresa privada en los tĆ©rminos de Corella y Tudela.

Estas instalaciones se situarÔn sobre casi 28 hectÔreas de suelos agrícolas, buena parte de ellos dedicados a viñedo, y evacuarÔn conjuntamente la energía a través de varias líneas eléctricas soterradas hasta la subestación de La Serna. El diseño subterrÔneo de la evacuación se ha valorado de forma positiva por su menor impacto paisajístico frente a líneas aéreas convencionales.

Aunque por tamaño podían seguir un procedimiento abreviado, el propio promotor optó por someter las plantas solares a una evaluación de impacto ambiental ordinaria, el proceso mÔs exigente previsto en la normativa estatal. Eso alargó una tramitación que se inició en la primavera de 2024 y que ha incluido correcciones de documentación, dos periodos de información pública y un estudio de impacto conjunto para los tres proyectos y sus infraestructuras asociadas.

Durante el expediente se han recabado informes de organismos como la Confederación HidrogrÔfica del Ebro, ADIF o la Demarcación de Carreteras del Estado. Varias empresas energéticas y colectivos ecologistas registraron alegaciones, alertando de la saturación de infraestructuras en la Ribera y pidiendo una planificación mÔs ordenada del despliegue renovable en la comunidad.

El dictamen ambiental reconoce que la zona ya soporta una alta concentración de instalaciones energéticas y que existen riesgos de impactos acumulativos, en particular sobre aves esteparias en situación delicada. Como respuesta, se han establecido condiciones estrictas sobre el calendario y el horario de las obras, la señalización de vallados y el diseño de la iluminación nocturna, para minimizar molestias y reducir el efecto barrera para la fauna.

Medidas para compatibilizar plantas solares y biodiversidad

Uno de los puntos mÔs llamativos de la autorización navarra es la obligación para el promotor de gestionar durante toda la vida útil de las plantas una superficie agrícola equivalente a la que ocuparÔn los paneles. Esa tierra, preferentemente localizada en Ôreas críticas para aves esteparias como Castejón-Tudela o Tudela Norte, deberÔ mantenerse con cultivos y barbechos favorables para la fauna, sin uso de fitosanitarios en los periodos mÔs sensibles.

AdemÔs, el condicionado ambiental detalla medidas sobre integración paisajística, restauración del suelo y revegetación con especies autóctonas en un plazo limitado tras el final de las obras. Se prohíbe el empleo de herbicidas y venenos para controlar la vegetación bajo los módulos y se fomenta el uso de ganadería extensiva como herramienta de mantenimiento de la cubierta vegetal.

Los elementos elƩctricos deberƔn aislarse o diseƱarse de forma que reduzcan al mƔximo el riesgo para las aves, mientras que las estructuras auxiliares evitarƔn aristas o huecos que puedan provocar atrapamientos. TambiƩn se incluyen obligaciones para conservar pequeƱos elementos del paisaje agrario, como montones de piedras o linderos, que funcionan como refugio de fauna menor.

La resolución, que ya se ha publicado en el boletín oficial, no puede recurrirse directamente, pero sí obligarÔ a la empresa promotora a cumplir escrupulosamente todas las condiciones si quiere poner en marcha las plantas solares. Este tipo de exigencias refuerza el mensaje de que el despliegue fotovoltaico debe ir acompañado de garantías claras para la biodiversidad y el paisaje rural.

En paralelo, en Navarra se ha abierto una discusión política mÔs amplia, con formaciones que piden frenar los macroproyectos solares y eólicos en montes y suelos agrícolas y apostar de forma prioritaria por el autoconsumo, las comunidades energéticas locales y las instalaciones renovables en polígonos y entornos ya urbanizados.

Agrovoltaica: compartir suelo entre plantas solares y cultivos

Una de las fórmulas que mÔs interés despierta en Europa para reducir la tensión por el uso del suelo es la agrovoltaica o agrofotovoltaica, es decir, proyectos donde se intenta que la misma parcela sirva al mismo tiempo para producir energía solar y alimentos. El objetivo es que la tierra no quede relegada a un papel residual, sino que siga siendo agrícola.

Un trabajo liderado por la Universidad de Turku (Finlandia) ha analizado, mediante simulaciones, cómo influye el diseño de las plantas solares sobre la productividad de los cultivos en latitudes altas. El estudio se centra en sistemas con paneles bifaciales colocados en vertical, orientados este-oeste, dispuestos en 15 filas y con un metro de altura libre entre el suelo y la parte inferior de los módulos, dejando también un margen lateral para el paso de la maquinaria agrícola.

Los investigadores han ensayado virtualmente distintas distancias entre filas de paneles, desde 5 hasta 100 metros, para ver cómo cambia la irradiación que reciben los cultivos y, por tanto, su producción. Sus resultados indican que a partir de unos 8 metros de separación la tierra mantiene alrededor del 75 % de la radiación que tendría sin placas, un umbral que consideran aceptable para preservar la viabilidad agrícola bÔsica.

El salto mÔs relevante se observa cuando las calles entre filas alcanzan los 10 metros, mientras que a partir de aproximadamente 20 metros las ganancias adicionales en luz y rendimiento empiezan a estabilizarse. Para acercarse a un 90 % del rendimiento agrario original, la horquilla óptima de separación se situaría alrededor de los 11,3-13,7 metros, según las simulaciones.

MÔs allÔ de las distancias, el estudio mide cómo influye el tipo de cultivo en la producción eléctrica de los paneles bifaciales a través del albedo, es decir, la fracción de luz que reflejan el suelo y las plantas hacia la cara trasera de los módulos. En el modelo planteado, ciertos cultivos de invierno, como la cebada, se asocian a una mayor generación fotovoltaica que otros como la avena, lo que refleja hasta qué punto la selección de especie puede modificar el rendimiento conjunto del sistema.

Agrofotovoltaica y polĆ­ticas europeas de renovables

Los sistemas agrovoltaicos de paneles verticales este-oeste presentan una curva de producción con dos picos diarios, uno por la mañana y otro por la tarde, mÔs alineados a menudo con los patrones de consumo y con determinados escenarios de precios mayoristas de la electricidad. Eso hace que, en algunos contextos, sean mÔs atractivos económicamente que los sistemas tradicionales inclinados hacia el sur.

La Comisión Europea, a través de su Centro Común de Investigación (JRC), ha subrayado el papel de la agrofotovoltaica como herramienta para impulsar renovables sin agravar en exceso el conflicto por la tierra. El mensaje es que hay que evaluar simultÔneamente energía, productividad agrícola y biodiversidad, y no ver la planta solar como un elemento aislado, sino como parte de un mosaico de usos del suelo.

En esta línea, el programa IEA PVPS de la Agencia Internacional de la Energía trabaja en un marco de colaboración internacional para armonizar definiciones, métricas y metodologías en proyectos agrovoltaicos. La idea es que se pueda comparar con rigor hasta qué punto las plantas solares combinadas con cultivos logran mantener la producción agraria, cómo afectan a la calidad del hÔbitat y qué modelos aportan mejores resultados socioeconómicos.

No obstante, los autores del estudio finlandés advierten de que sus resultados se basan en condiciones típicas de latitudes altas, muy distintas en radiación y estacionalidad a regiones del arco mediterrÔneo como España. Trasladar sus conclusiones exige ensayos específicos por cultivo, sistema de riego, tipo de suelo y maquinaria disponible en cada entorno, así como tener en cuenta la estructura de precios eléctricos y de ayudas agrarias.

Aun asĆ­, el mensaje principal es claro: el diseƱo fĆ­sico de las plantas solares sobre suelo agrĆ­cola —altura de los módulos, separación de filas, orientación y selección de cultivos— marca la diferencia entre un modelo que expulsa a la agricultura y otro que permite cierta compatibilidad entre kilovatios y alimentos.

Autoconsumo, comunidades energƩticas y modelos alternativos

Frente a la proliferación de macroplantas solares sobre terrenos rústicos, en varias zonas de España se reivindican modelos descentralizados de generación, basados en el autoconsumo y en comunidades energéticas que aprovechan cubiertas de edificios públicos, naves industriales o suelos ya urbanizados.

En Navarra, por ejemplo, ha surgido una comunidad energética local que agrupa a decenas de ayuntamientos, vecinos, pequeños comercios y pymes, con la idea de producir y consumir de forma compartida energía renovable dentro de los propios cascos urbanos o en polígonos industriales. Este enfoque pretende repartir mejor los beneficios de la transición energética y reducir la dependencia de grandes promotoras privadas.

Paralelamente, organizaciones sociales y algunos grupos políticos critican que Navarra, siendo exportadora neta de electricidad, siga autorizando grandes plantas solares y eólicas en montes y suelos agrícolas fértiles. Según estos colectivos, el despliegue actual prioriza proyectos de gran escala que, a su juicio, alteran el paisaje y benefician sobre todo a grandes empresas, mientras que se podría apostar mÔs por pequeñas instalaciones de proximidad.

En este contexto, el debate sobre las plantas solares se conecta con otras discusiones energéticas, como la expansión de instalaciones de biometanización asociadas al sector ganadero intensivo. Aunque se trata de tecnologías distintas, para parte de la ciudadanía forman parte de un mismo interrogante: quién controla la producción de energía, dónde se ubican las infraestructuras y cómo se reparten riesgos y beneficios.

MÔs allÔ del choque político, estos debates apuntan a una cuestión de fondo: la necesidad de que el despliegue de renovables en general y de plantas solares en particular vaya acompañado de una planificación clara, participación ciudadana temprana y mecanismos de retorno económico local que refuercen la aceptación social de los proyectos.

La expansión de las plantas solares, tanto en España como en el conjunto de Europa, avanza a un ritmo sin precedentes y ya se deja ver desde el espacio, pero su futuro dependerÔ de cómo se gestionen los conflictos de suelo, la protección de la biodiversidad y la participación de las comunidades rurales para que el sol no solo sea una fuente de energía limpia, sino también una oportunidad equilibrada de desarrollo para los territorios.

Plantas solares en terrenos cultivables
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