
La expansión de las plantas solares estĆ” cambiando a gran velocidad el paisaje rural en EspaƱa y en buena parte de Europa. Lo que hace unos aƱos se veĆa como instalaciones aisladas o soluciones de autoconsumo, hoy se traduce en macroparques fotovoltaicos sobre antiguas tierras de cultivo, en proyectos agrovoltaicos que combinan placas y cosechas y en un creciente debate social sobre hasta dónde debe llegar este despliegue.
Al mismo tiempo, las imĆ”genes por satĆ©lite y la inteligencia artificial permiten seguir con bastante precisión cómo se multiplica la superficie ocupada por infraestructuras fotovoltaicas en todo el planeta. Esa mirada global contrasta con los conflictos muy concretos que surgen en territorios como AndalucĆa o Navarra, donde la llegada masiva de proyectos fotovoltaicos choca con preocupaciones vecinales, ambientales y agrarias.
El campo andaluz: del trigo a las plantas solares
En numerosas comarcas andaluzas se estĆ” produciendo una transformación silenciosa del suelo agrĆcola. Lo que empezó como una respuesta domĆ©stica al encarecimiento de la luz āinstalar placas en tejados para rebajar la facturaā ha derivado en una oleada de contratos entre propietarios rurales y empresas de renovables para levantar grandes plantas solares en fincas de cultivo.
Hace pocos aƱos se estimaba que en torno a 200.000 hogares ya contaban con paneles fotovoltaicos en sus viviendas, aproximadamente el doble que el aƱo anterior, un crecimiento que ilustra el tirón del autoconsumo. Sin embargo, el cambio mĆ”s visible en el paisaje se estĆ” dando en municipios agrĆcolas donde parte de las tierras de secano o regadĆo se sustituyen por campos de seguidores solares y vallas perimetrales.
Uno de los ejemplos mĆ”s conocidos es Carmona (Sevilla), donde se ha vivido un autĆ©ntico auge de proyectos. En torno a la localidad se planificaron decenas de plantas solares sobre un entorno agrĆcola que suma unas 92.000 hectĆ”reas. El propio Ayuntamiento reconocĆa que habĆa mĆ”s de una veintena de iniciativas en distintas fases, con la promesa de ingresos millonarios por el alquiler de tierras para el municipio y para los propietarios.
Para algunos agricultores, el atractivo estĆ” en la estabilidad económica que ofrecen las rentas. Un productor que antes sembraba trigo, girasol o garbanzo explicaba que su margen rondaba los 100 euros por hectĆ”rea en una campaƱa normal, mientras que el arrendamiento a una empresa fotovoltaica podĆa alcanzar los 1.900 euros por hectĆ”rea. Esa diferencia hace que muchos se planteen abandonar el laboreo tradicional para asegurar ingresos a largo plazo, aun siendo conscientes de que el paisaje agrĆcola se reduce.
Entre los vecinos, el asunto ha generado polĆ©mica y división de opiniones. Hay quien celebra que el dinero de las renovables permita sostener economĆas locales castigadas por la sequĆa o los bajos precios agrĆcolas; otros, en cambio, temen que la ocupación de suelo cultivable derive en un descenso importante de la producción agraria y en una pĆ©rdida de identidad rural, con estimaciones vecinales que apuntan a caĆdas de entre el 20 y el 30 % en algunas zonas.
La mirada global: mapas satelitales de plantas solares
Lo que ocurre en AndalucĆa o Navarra forma parte de un fenómeno de escala mucho mayor. Un observatorio internacional basado en imĆ”genes por satĆ©lite y algoritmos de inteligencia artificial ha cartografiado ya mĆ”s de 14.500 km² de superficie cubierta por paneles solares en todo el mundo, una extensión similar a la de Irlanda del Norte.
Esta iniciativa, impulsada por plataformas como Global Renewables Watch, aplica un mismo mĆ©todo de detección de parques solares y plantas fotovoltaicas en todos los paĆses, independientemente de cómo elaboren sus estadĆsticas oficiales. La ventaja es que se obtiene un mapa homogĆ©neo de grandes parques en desiertos, instalaciones en cordilleras o tejados fotovoltaicos en Ć”reas urbanas y rurales.
El anĆ”lisis confirma que la potencia solar instalada se ha triplicado en siete aƱos, hasta superar los dos teravatios a escala global, en lĆnea con las cifras de organismos como la Agencia Internacional de la EnergĆa. La fotovoltaica se ha consolidado asĆ como el principal motor del crecimiento renovable en el planeta, responsable de la mayor parte de la nueva capacidad limpia que se conecta cada aƱo a la red.
China lidera claramente esta expansión, con macroplantas solares en provincias extensas como Qinghai, donde se ha desarrollado un complejo de alrededor de 16.900 MW de potencia, comparable a varias decenas de centrales térmicas convencionales. Tras el gigante asiÔtico figuran Estados Unidos e India, pero también España, que ha escalado posiciones en muy poco tiempo.
En el caso espaƱol, la potencia fotovoltaica ha pasado de niveles moderados a finales de la dĆ©cada pasada a rebasar los 31.000 MW en 2024, gracias sobre todo a grandes plantas solares en regiones con abundante radiación como Extremadura, AndalucĆa y Murcia, y al empuje de miles de instalaciones de autoconsumo repartidas por todo el paĆs.
Navarra: plantas solares, evaluación ambiental y conflicto social
La Comunidad Foral de Navarra ilustra bien las tensiones entre la necesidad de impulsar la fotovoltaica y la obligación de proteger el territorio. La Dirección General de Medio Ambiente ha emitido una declaración de impacto ambiental favorable para tres plantas solares fotovoltaicas āEl Royo, La Galera y La Mugaā promovidas por una empresa privada en los tĆ©rminos de Corella y Tudela.
Estas instalaciones se situarĆ”n sobre casi 28 hectĆ”reas de suelos agrĆcolas, buena parte de ellos dedicados a viƱedo, y evacuarĆ”n conjuntamente la energĆa a travĆ©s de varias lĆneas elĆ©ctricas soterradas hasta la subestación de La Serna. El diseƱo subterrĆ”neo de la evacuación se ha valorado de forma positiva por su menor impacto paisajĆstico frente a lĆneas aĆ©reas convencionales.
Aunque por tamaƱo podĆan seguir un procedimiento abreviado, el propio promotor optó por someter las plantas solares a una evaluación de impacto ambiental ordinaria, el proceso mĆ”s exigente previsto en la normativa estatal. Eso alargó una tramitación que se inició en la primavera de 2024 y que ha incluido correcciones de documentación, dos periodos de información pĆŗblica y un estudio de impacto conjunto para los tres proyectos y sus infraestructuras asociadas.
Durante el expediente se han recabado informes de organismos como la Confederación HidrogrÔfica del Ebro, ADIF o la Demarcación de Carreteras del Estado. Varias empresas energéticas y colectivos ecologistas registraron alegaciones, alertando de la saturación de infraestructuras en la Ribera y pidiendo una planificación mÔs ordenada del despliegue renovable en la comunidad.
El dictamen ambiental reconoce que la zona ya soporta una alta concentración de instalaciones energéticas y que existen riesgos de impactos acumulativos, en particular sobre aves esteparias en situación delicada. Como respuesta, se han establecido condiciones estrictas sobre el calendario y el horario de las obras, la señalización de vallados y el diseño de la iluminación nocturna, para minimizar molestias y reducir el efecto barrera para la fauna.
Medidas para compatibilizar plantas solares y biodiversidad
Uno de los puntos mĆ”s llamativos de la autorización navarra es la obligación para el promotor de gestionar durante toda la vida Ćŗtil de las plantas una superficie agrĆcola equivalente a la que ocuparĆ”n los paneles. Esa tierra, preferentemente localizada en Ć”reas crĆticas para aves esteparias como Castejón-Tudela o Tudela Norte, deberĆ” mantenerse con cultivos y barbechos favorables para la fauna, sin uso de fitosanitarios en los periodos mĆ”s sensibles.
AdemĆ”s, el condicionado ambiental detalla medidas sobre integración paisajĆstica, restauración del suelo y revegetación con especies autóctonas en un plazo limitado tras el final de las obras. Se prohĆbe el empleo de herbicidas y venenos para controlar la vegetación bajo los módulos y se fomenta el uso de ganaderĆa extensiva como herramienta de mantenimiento de la cubierta vegetal.
Los elementos elƩctricos deberƔn aislarse o diseƱarse de forma que reduzcan al mƔximo el riesgo para las aves, mientras que las estructuras auxiliares evitarƔn aristas o huecos que puedan provocar atrapamientos. TambiƩn se incluyen obligaciones para conservar pequeƱos elementos del paisaje agrario, como montones de piedras o linderos, que funcionan como refugio de fauna menor.
La resolución, que ya se ha publicado en el boletĆn oficial, no puede recurrirse directamente, pero sĆ obligarĆ” a la empresa promotora a cumplir escrupulosamente todas las condiciones si quiere poner en marcha las plantas solares. Este tipo de exigencias refuerza el mensaje de que el despliegue fotovoltaico debe ir acompaƱado de garantĆas claras para la biodiversidad y el paisaje rural.
En paralelo, en Navarra se ha abierto una discusión polĆtica mĆ”s amplia, con formaciones que piden frenar los macroproyectos solares y eólicos en montes y suelos agrĆcolas y apostar de forma prioritaria por el autoconsumo, las comunidades energĆ©ticas locales y las instalaciones renovables en polĆgonos y entornos ya urbanizados.
Agrovoltaica: compartir suelo entre plantas solares y cultivos
Una de las fórmulas que mĆ”s interĆ©s despierta en Europa para reducir la tensión por el uso del suelo es la agrovoltaica o agrofotovoltaica, es decir, proyectos donde se intenta que la misma parcela sirva al mismo tiempo para producir energĆa solar y alimentos. El objetivo es que la tierra no quede relegada a un papel residual, sino que siga siendo agrĆcola.
Un trabajo liderado por la Universidad de Turku (Finlandia) ha analizado, mediante simulaciones, cómo influye el diseƱo de las plantas solares sobre la productividad de los cultivos en latitudes altas. El estudio se centra en sistemas con paneles bifaciales colocados en vertical, orientados este-oeste, dispuestos en 15 filas y con un metro de altura libre entre el suelo y la parte inferior de los módulos, dejando tambiĆ©n un margen lateral para el paso de la maquinaria agrĆcola.
Los investigadores han ensayado virtualmente distintas distancias entre filas de paneles, desde 5 hasta 100 metros, para ver cómo cambia la irradiación que reciben los cultivos y, por tanto, su producción. Sus resultados indican que a partir de unos 8 metros de separación la tierra mantiene alrededor del 75 % de la radiación que tendrĆa sin placas, un umbral que consideran aceptable para preservar la viabilidad agrĆcola bĆ”sica.
El salto mĆ”s relevante se observa cuando las calles entre filas alcanzan los 10 metros, mientras que a partir de aproximadamente 20 metros las ganancias adicionales en luz y rendimiento empiezan a estabilizarse. Para acercarse a un 90 % del rendimiento agrario original, la horquilla óptima de separación se situarĆa alrededor de los 11,3-13,7 metros, segĆŗn las simulaciones.
MÔs allÔ de las distancias, el estudio mide cómo influye el tipo de cultivo en la producción eléctrica de los paneles bifaciales a través del albedo, es decir, la fracción de luz que reflejan el suelo y las plantas hacia la cara trasera de los módulos. En el modelo planteado, ciertos cultivos de invierno, como la cebada, se asocian a una mayor generación fotovoltaica que otros como la avena, lo que refleja hasta qué punto la selección de especie puede modificar el rendimiento conjunto del sistema.
Agrofotovoltaica y polĆticas europeas de renovables
Los sistemas agrovoltaicos de paneles verticales este-oeste presentan una curva de producción con dos picos diarios, uno por la mañana y otro por la tarde, mÔs alineados a menudo con los patrones de consumo y con determinados escenarios de precios mayoristas de la electricidad. Eso hace que, en algunos contextos, sean mÔs atractivos económicamente que los sistemas tradicionales inclinados hacia el sur.
La Comisión Europea, a travĆ©s de su Centro ComĆŗn de Investigación (JRC), ha subrayado el papel de la agrofotovoltaica como herramienta para impulsar renovables sin agravar en exceso el conflicto por la tierra. El mensaje es que hay que evaluar simultĆ”neamente energĆa, productividad agrĆcola y biodiversidad, y no ver la planta solar como un elemento aislado, sino como parte de un mosaico de usos del suelo.
En esta lĆnea, el programa IEA PVPS de la Agencia Internacional de la EnergĆa trabaja en un marco de colaboración internacional para armonizar definiciones, mĆ©tricas y metodologĆas en proyectos agrovoltaicos. La idea es que se pueda comparar con rigor hasta quĆ© punto las plantas solares combinadas con cultivos logran mantener la producción agraria, cómo afectan a la calidad del hĆ”bitat y quĆ© modelos aportan mejores resultados socioeconómicos.
No obstante, los autores del estudio finlandĆ©s advierten de que sus resultados se basan en condiciones tĆpicas de latitudes altas, muy distintas en radiación y estacionalidad a regiones del arco mediterrĆ”neo como EspaƱa. Trasladar sus conclusiones exige ensayos especĆficos por cultivo, sistema de riego, tipo de suelo y maquinaria disponible en cada entorno, asĆ como tener en cuenta la estructura de precios elĆ©ctricos y de ayudas agrarias.
Aun asĆ, el mensaje principal es claro: el diseƱo fĆsico de las plantas solares sobre suelo agrĆcola āaltura de los módulos, separación de filas, orientación y selección de cultivosā marca la diferencia entre un modelo que expulsa a la agricultura y otro que permite cierta compatibilidad entre kilovatios y alimentos.
Autoconsumo, comunidades energƩticas y modelos alternativos
Frente a la proliferación de macroplantas solares sobre terrenos rústicos, en varias zonas de España se reivindican modelos descentralizados de generación, basados en el autoconsumo y en comunidades energéticas que aprovechan cubiertas de edificios públicos, naves industriales o suelos ya urbanizados.
En Navarra, por ejemplo, ha surgido una comunidad energĆ©tica local que agrupa a decenas de ayuntamientos, vecinos, pequeƱos comercios y pymes, con la idea de producir y consumir de forma compartida energĆa renovable dentro de los propios cascos urbanos o en polĆgonos industriales. Este enfoque pretende repartir mejor los beneficios de la transición energĆ©tica y reducir la dependencia de grandes promotoras privadas.
Paralelamente, organizaciones sociales y algunos grupos polĆticos critican que Navarra, siendo exportadora neta de electricidad, siga autorizando grandes plantas solares y eólicas en montes y suelos agrĆcolas fĆ©rtiles. SegĆŗn estos colectivos, el despliegue actual prioriza proyectos de gran escala que, a su juicio, alteran el paisaje y benefician sobre todo a grandes empresas, mientras que se podrĆa apostar mĆ”s por pequeƱas instalaciones de proximidad.
En este contexto, el debate sobre las plantas solares se conecta con otras discusiones energĆ©ticas, como la expansión de instalaciones de biometanización asociadas al sector ganadero intensivo. Aunque se trata de tecnologĆas distintas, para parte de la ciudadanĆa forman parte de un mismo interrogante: quiĆ©n controla la producción de energĆa, dónde se ubican las infraestructuras y cómo se reparten riesgos y beneficios.
MĆ”s allĆ” del choque polĆtico, estos debates apuntan a una cuestión de fondo: la necesidad de que el despliegue de renovables en general y de plantas solares en particular vaya acompaƱado de una planificación clara, participación ciudadana temprana y mecanismos de retorno económico local que refuercen la aceptación social de los proyectos.
La expansión de las plantas solares, tanto en EspaƱa como en el conjunto de Europa, avanza a un ritmo sin precedentes y ya se deja ver desde el espacio, pero su futuro dependerĆ” de cómo se gestionen los conflictos de suelo, la protección de la biodiversidad y la participación de las comunidades rurales para que el sol no solo sea una fuente de energĆa limpia, sino tambiĆ©n una oportunidad equilibrada de desarrollo para los territorios.