La Universidad de Málaga ha puesto en marcha un proyecto que va mucho más allá de instalar placas solares en las azoteas. Su apuesta pasa por crear un anillo de energía fotovoltaica capaz de alimentar todo el campus, coordinando generación, consumo y almacenamiento para alcanzar la autosuficiencia eléctrica y reducir a cero las emisiones asociadas a la luz que utiliza la institución.
Este anillo energético se apoyará en una gran microrred interna de media tensión que conectará los edificios de la UMA, en un despliegue masivo de paneles solares y en un sistema de baterías de gran capacidad. Todo ello, gestionado bajo una arquitectura innovadora que busca que la universidad funcione como un ecosistema energético propio, casi independiente de la red exterior.
Anillo de energía fotovoltaica de la UMA: en qué consiste
El corazón del proyecto es un anillo eléctrico de media tensión que enlazará las distintas instalaciones universitarias y permitirá que la energía fotovoltaica circule por el campus según las necesidades de cada momento. En lugar de que cada edificio funcione aislado, el sistema creará una red interna cooperativa en la que los excedentes de unos centros se utilizarán para cubrir los déficits de otros.
Este anillo se integra con un campo fotovoltaico distribuido que, una vez finalizado, superará los 15 MWp de potencia instalada. La previsión es que la producción anual rebase los 28 GWh, por encima de los aproximadamente 25 GWh que consume hoy el conjunto de la UMA, lo que permitirá cubrir el 100% de la demanda eléctrica anual mediante autoconsumo compartido.
La empresa malagueña GSL (OSI UTE), matriz del Grupo Solar Lighting, ha sido la adjudicataria del contrato para el suministro, instalación y explotación del sistema fotovoltaico y de almacenamiento. El acuerdo, valorado en torno a 42,2 millones de euros y con un plazo global de ejecución y operación superior a una década, convierte el anillo fotovoltaico en uno de los proyectos de autoconsumo universitario más ambiciosos de España.
La infraestructura ha sido diseñada para prestar servicio a una comunidad de más de 35.000 estudiantes y 4.000 trabajadores, repartidos en cerca de dos millones de metros cuadrados, de los cuales más de 400.000 son superficie edificada. El patrón de consumo, predominantemente diurno, encaja especialmente bien con la generación solar y favorece el aprovechamiento directo de la electricidad producida por los paneles.
Otro aspecto clave del anillo de energía fotovoltaica es que se plantea como autoconsumo compartido entre todos los centros, de modo que no solo se instalan placas en las cubiertas, sino que se reorganiza la forma en la que el campus compra, genera y distribuye la energía, pasando de un modelo puramente consumidor a uno productor y gestor.
Solar Architecturalism: tres niveles para organizar el anillo energético
La solución técnica que da forma al anillo de energía fotovoltaica se articula en torno al concepto de “Solar Architecturalism”, una arquitectura jerárquica que organiza el sistema en tres niveles de prioridad. Esta estructura permite que el campus funcione como un todo, pero sin renunciar a que cada edificio tenga su propia capacidad de generar y gestionar energía.
En el primer nivel, conocido como Prioridad 1 o “La célula”, cada edificio se concibe como una unidad energética autónoma. Los paneles instalados en su cubierta producen electricidad que se consume de forma inmediata allí donde se genera, priorizando siempre el autoconsumo local. El objetivo es que cada centro reduzca al máximo su dependencia de la red interna y, por supuesto, de la red exterior.
El segundo nivel, la Prioridad 2 o “El sistema circulatorio”, entra en juego cuando un edificio produce más energía de la que necesita. En lugar de verter esa electricidad directamente a la red general, el excedente se canaliza a través del anillo de media tensión para alimentar a otros edificios del campus que tengan déficit en ese momento. Así, la microrred interna actúa como un circuito que reparte la energía solar allí donde hace falta.
La Prioridad 3, orientada a la estabilidad y al almacenamiento, se activa cuando ni el consumo local ni el compartido pueden absorber toda la generación instantánea. Es entonces cuando la energía sobrante se dirige al sistema de baterías, que almacena esos kilovatios-hora para liberarlos más adelante, ya sea en momentos sin sol o cuando se registran picos puntuales de demanda.
Este enfoque en tres capas convierte el anillo de energía fotovoltaica de la UMA en una auténtica microrred inteligente: primero se aprovecha la energía donde se produce, después se comparte dentro del campus y, solo en última instancia, se guarda en baterías, minimizando pérdidas y optimizando la operación global.
Un sistema de baterías que estabiliza la microrred del campus
Para que el anillo de energía fotovoltaica funcione con garantías en cualquier escenario, la UMA integrará un sistema de almacenamiento de 9 MW de potencia y 30 MWh de capacidad útil. Estas baterías no se limitan a guardar energía; están llamadas a desempeñar un papel central en la estabilidad de toda la red interna universitaria.
La clave está en la tecnología “grid-forming” con la que operará el sistema. A diferencia de otros modelos en los que la batería simplemente sigue las condiciones de la red, en este caso será capaz de marcar la referencia de tensión y frecuencia del anillo de media tensión. En la práctica, se comportará como el “maestro” de la microrred, algo similar a lo que hace una central eléctrica convencional, pero a escala de campus.
Gracias a este esquema, el anillo fotovoltaico de la UMA podrá seguir funcionando con estabilidad incluso si hay perturbaciones o cortes en la red externa. Las baterías absorberán picos de generación cuando haya mucha radiación solar y poca demanda, y también compensarán picos de consumo en momentos críticos, como en laboratorios, equipos de investigación o sistemas informáticos que no pueden permitirse interrupciones.
La combinación de paneles, anillo de media tensión y almacenamiento hace posible que la universidad se acerque a un escenario de autosuficiencia operativa: la red general pasa a ser un respaldo, no la fuente principal, y el campus gana resiliencia frente a fluctuaciones de precios y problemas de suministro fuera de sus instalaciones.
Ahorro económico y transición hacia un campus descarbonizado
El despliegue del anillo de energía fotovoltaica no solo tiene impacto ambiental. Desde el punto de vista financiero, la operación supone un cambio estructural en la factura eléctrica de la UMA. En 2023, la universidad llegó a pagar unos 9,3 millones de euros por su consumo energético, una cifra que ya se había reducido a 5,08 millones en 2025 gracias a medidas de eficiencia y a contratos más ajustados.
Con la entrada en servicio del nuevo sistema de autoconsumo compartido y el anillo fotovoltaico a pleno rendimiento, las previsiones apuntan a que el gasto anual bajará a unos 3,3 millones de euros. Una vez amortizada la inversión inicial, el coste recurrente podría estabilizarse en torno a un millón de euros al año, fundamentalmente destinado a operación, mantenimiento y renovación de equipos.
A este ahorro directo se suman otras vías de retorno económico, como la posible generación de Certificados de Ahorro Energético, contemplados como mejora evaluable en la licitación. Estos certificados permitirían monetizar parte de la reducción de consumo y emisiones, reforzando la viabilidad del proyecto a medio y largo plazo.
En paralelo, la sustitución progresiva de la electricidad procedente de fuentes fósiles por energía solar propia encaja con los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021‑2030 y con la estrategia europea de neutralidad climática. La UMA aspira así a consolidarse como un campus 100% descarbonizado en términos eléctricos, lo que la sitúa como referencia en el ámbito universitario español en materia de sostenibilidad.
El papel de GSL y el alcance del proyecto para la comunidad universitaria
La ejecución del anillo de energía fotovoltaica y de toda la microrred asociada recae en GSL (OSI UTE), grupo malagueño especializado en renovables. La compañía acumula más de 1 GW desarrollado o construido en proyectos fotovoltaicos y eólicos, además de otro gigavatio en sistemas de almacenamiento, con presencia tanto en España como en varios países de Latinoamérica.
Esta experiencia en grandes instalaciones de generación y en soluciones de autoconsumo avanzado y almacenamiento ha sido un factor determinante para abordar un proyecto tan complejo como el de la UMA, donde la combinación de edificios, horarios, laboratorios y usos específicos exige un diseño a medida.
Para la comunidad universitaria, el anillo de energía fotovoltaica no se limita a ser una infraestructura “invisible”. Más allá de garantizar el suministro, el sistema abre la puerta a nuevas líneas de investigación y formación en campos como las microrredes, la gestión inteligente de la demanda, el almacenamiento o la integración de energías renovables en entornos urbanos.
La universidad podrá utilizar su propio campus como laboratorio vivo, facilitando prácticas, proyectos fin de carrera o trabajos de investigación vinculados a la operación real del anillo energético. Esto refuerza la conexión entre la transición energética y la actividad docente y científica, y coloca a la UMA en una posición ventajosa para participar en iniciativas europeas relacionadas con la descarbonización de edificios e infraestructuras educativas.
Con todos estos elementos, el anillo de energía fotovoltaica de la Universidad de Málaga se configura como un modelo pionero de microrred universitaria en España, que combina autosuficiencia eléctrica, estabilidad de la red interna, ahorro económico y alineamiento con los objetivos climáticos europeos, a la vez que convierte el propio campus en un espacio de aprendizaje práctico sobre la energía del futuro.

