Es curioso cómo funciona a veces el mundo de la fama; puedes estar en boca de todos, aparecer en todas las paredes de una gran ciudad y, al mismo tiempo, estar desapareciendo de la faz de la tierra de forma silenciosa. El ajolote mexicano vive actualmente en esa extraña contradicción, donde su cara sonriente adorna desde billetes hasta campañas publicitarias de grandes eventos deportivos, mientras que en los canales de Xochimilco, su hogar de toda la vida, los biólogos apenas logran encontrar ya algún ejemplar que no haya nacido en cautividad.
Con la vista puesta en el próximo Mundial de fútbol, las autoridades se han volcado en una estrategia de identidad visual que ha encumbrado a este anfibio como mascota oficial, pero este despliegue de marketing no siempre se traduce en una mejora real para su ecosistema. Mientras el mundo observa la imagen de una criatura adorable y resistente, los investigadores se las ven y se las desean para frenar un colapso biológico que parece no entender de modas ni de redes sociales.
El impacto social del billete y la ‘ajolotización’
Todo empezó con un gesto que pretendÃa ser educativo: la inclusión del ajolote en el diseño del billete de 50 pesos. Lo que nadie se esperaba es que la gente le cogiera tanto cariño que casi diez millones de personas decidieran guardar el papel moneda bajo el colchón en lugar de gastarlo, sacando de la calle un dineral que supera los 26 millones de dólares. Este fenómeno ha convertido a la ajolota conocida como Gorda, el ejemplar real en el que se basó el dibujo, en una auténtica celebridad que vive tranquilamente en un museo mientras su especie sufre fuera de las peceras.
De cara a los grandes eventos internacionales que se avecinan, la ciudad ha invertido una millonada en rebautizar transportes y pintar puentes con la imagen de este animal, un proceso que o ‘lavado verde’. El problema es que, aunque se gaste mucho en pintura morada y peluches de ‘AjolotÃn’, los canales donde deberÃa vivir el animal siguen sufriendo la presión del turismo masivo y la contaminación que genera el crecimiento urbano descontrolado.
Una crisis biológica que los censos no perdonan
Si echamos la vista atrás, las cifras son para echarse a temblar, ya que en 1998 se contaban unos 6.000 ajolotes por kilómetro cuadrado y hoy esa cifra se ha desplomado hasta niveles que . Un estudio reciente liderado por la UNAM ha puesto sobre la mesa que, aunque el ADN ambiental indica que todavÃa queda algún ejemplar perdido por ahÃ, la población ya no es viable por sà misma si no se toman medidas drásticas para limpiar el agua y proteger el entorno de forma real y efectiva.
A este panorama tan negro hay que sumarle la presencia de especies invasoras como las carpas y las tilapias, que se introdujeron hace décadas y ahora , compitiendo además por el poco alimento que queda disponible. No sirve de nada soltar ejemplares criados en laboratorios si el agua está en malas condiciones o si se hace sin un protocolo cientÃfico estricto, porque el choque térmico y la falta de aclimatación acaban con ellos en un abrir y cerrar de ojos.
La esperanza de las chinampas y el saber tradicional
Para intentar salvar los muebles, cientÃficos y agricultores locales se han puesto las pilas con el proyecto de las ‘chinampas refugio’, que consiste en recuperar técnicas agrÃcolas de hace siglos para crear . En estos espacios, el agua se filtra de forma natural y se mantiene un control estricto de la calidad ambiental, permitiendo que el ajolote viva como lo hacÃa antes de que el asfalto y el turismo desmedido lo rodearan por todas partes.
Lo que queda claro es que la supervivencia del animal depende totalmente de que cuidemos su casa, y no solo de que nos compremos una camiseta con su cara. Restaurar Xochimilco no es solo una cuestión de estética para las fotos de los turistas, sino una y mantener la biodiversidad de toda la región, algo que a la larga nos afecta a todos, vivamos en México o en cualquier otra parte del mundo.
La situación actual del ajolote nos enseña que el vÃnculo emocional que hemos creado con él a través de la cultura popular es una herramienta potente, pero que solo servirá de algo si ese cariño se transforma en un compromiso real con la naturaleza. Entre el éxito de los coleccionistas de billetes y la presión mediática de los grandes torneos, el futuro de este animal único se decidirá en los canales de agua turbia donde, a pesar de todo, intenta seguir siendo el dueño de su propio hogar.

