A la vez, ayuntamientos, diputaciones y organizaciones sociales ponen en marcha actuaciones para recortar el consumo en alumbrado, edificios y viviendas. La sustitución de luminarias por tecnología LED, las ayudas a instalaciones renovables y la formación sobre facturas energéticas son algunas de las vías más repetidas. El objetivo común es gastar menos y emitir menos.
Los CAE quieren premiar el ahorro duradero, no solo el de un año
La Asociación de Fabricantes Españoles de Lanas Minerales Aislantes (Afelma) ha presentado sus propuestas en la audiencia pública sobre la modificación del Real Decreto 36/2023. La entidad considera que el sistema de Certificados de Ahorro Energético debería tener en cuenta no solo cuánto se ahorra en un ejercicio, sino también la vida útil de la medida y la persistencia de sus efectos. En la rehabilitación de la envolvente térmica, las soluciones pasivas reducen la demanda energética de forma estructural. Para las intervenciones en la parte opaca se propone una vida útil mínima de 30 años.
Afelma pone el foco en que los materiales aislantes mantienen su rendimiento durante décadas, por encima en muchos casos de los 50 años. Por eso defiende que el reconocimiento del ahorro acumulado sea acorde a esa duración y no se quede en una foto anual. Según la asociación, este enfoque ya se aplica en otros países europeos. No se trata solo de aislar, sino de contabilizar bien lo que ese aislamiento aporta.
Otro de los puntos planteados es la necesidad de un marco estable más allá de 2030. En lugar de fijar fechas absolutas para inscribir o liquidar certificados, Afelma propone ligar esos plazos a la vigencia del Sistema Nacional de Obligaciones de Eficiencia Energética. Esta previsibilidad resulta especialmente útil en rehabilitaciones profundas, que exigen estudios, proyectos técnicos, acuerdos de comunidades de propietarios, financiación y autorizaciones. Sin un horizonte claro, muchos proyectos no arrancan.
La asociación también reclama procedimientos de verificación más homogéneos y proporcionados al tamaño de cada actuación. Para medidas repetitivas o de menor complejidad, apuesta por trámites simplificados y muestreos adaptados, sin perder garantías sobre la ejecución y la fiabilidad de los ahorros. Además, pide facilitar la agregación de proyectos en distintas comunidades autónomas y la tramitación conjunta de actuaciones estandarizadas que respondan a una misma ficha del Catálogo. Menos fragmentación administrativa y menos costes transaccionales.
En cuanto a las nuevas subastas de ahorro energético, Afelma valora positivamente su incorporación. Solicita que su diseño respete la neutralidad tecnológica, tenga en cuenta las actuaciones pasivas y estructurales y contemple criterios sociales. También propone sustituir la incompatibilidad general con otras ayudas por el principio de ausencia de doble financiación. Así, los incentivos de las subastas podrían complementar otras subvenciones para la parte de inversión no cubierta. La medida se considera clave para la rehabilitación profunda y los hogares vulnerables.
LED, renovables y ayudas locales para bajar el consumo
En el ámbito municipal, la reconversión LED se ha convertido en una de las actuaciones más habituales para reducir la factura eléctrica. Un ejemplo aparece en la ordenanza de protección frente a la contaminación lumínica y eficiencia energética aprobada inicialmente por una corporación local, que adapta sus requisitos a las normas andaluzas, españolas y europeas. La norma ajusta el encendido a la salida y puesta del sol y recuerda que ya se cambió todo el alumbrado público, con un ahorro energético del 70%. La eficiencia también sirve para cuidar el cielo nocturno.
En la provincia de Córdoba, la Agencia de la Energía ha subvencionado proyectos de ahorro y eficiencia, energías renovables y reducción de emisiones. Las ayudas se dirigen sobre todo a entidades locales, pero también incluyen líneas para empresas, cooperativas y centros residenciales de mayores. En la comarca del Alto Guadalquivir se han respaldado iniciativas por valor de 289.052 euros, que movilizan una inversión de 429.776 euros. Las subvenciones buscan reducir consumo y gasto.
Entre los proyectos financiados figuran cambios a LED en calles y plazas, instalaciones fotovoltaicas en ayuntamientos, colegios y dependencias municipales, mejoras de envolvente y sustitución de carpinterías o calderas. En Villa del Río, las actuaciones visitadas suman 40.000 euros: 30.000 para luminarias y 10.000 para el Hogar del Pensionista. La rehabilitación llega a edificios públicos, centros sociales y espacios deportivos.
Formación para entender la factura y evitar la pobreza energética
La Fundación Naturgy ha formado a más de 5.000 personas en Galicia desde que puso en marcha su Escuela de Energía en 2017. La iniciativa se dirige a familias en situación de vulnerabilidad energética y a profesionales del ámbito social que las acompañan. En total, se han celebrado más de 500 sesiones en 180 municipios gallegos. El 79% de los participantes eran hogares en pobreza energética.
Los talleres enseñan a interpretar los conceptos de la factura de luz y gas, revisar las condiciones del contrato y adoptar hábitos de ahorro energético real. También explican qué es el bono social, quién puede pedirlo y cómo tramitarlo. El seguimiento de un grupo de participantes refleja un ahorro medio de 467 euros al año y un aumento del acceso al bono social desde el 12% hasta el 55%. La formación se traduce en un alivio directo para el bolsillo.
La Escuela de Energía trabaja sobre todo con ayuntamientos y ya supera las 45.500 personas formadas en consumo eficiente y derecho energético. Este año, el Plan Sumando Energías por Valencia ha permitido duplicar las formaciones en la Comunidad Valenciana, con 89 talleres dirigidos en su mayoría a familias de municipios afectados por la DANA y de otras zonas. También ha impartido cursos para profesorado de formación profesional, personas desempleadas y mujeres en situación de vulnerabilidad. El proyecto une ahorro, inclusión y mejora de empleabilidad.
Edificios inteligentes: controlar el gasto sin perder confort
La eficiencia energética es una pieza básica en los edificios inteligentes. Estos complejos pueden monitorizar y controlar de forma autónoma sistemas como la climatización, la ventilación o la iluminación. Gracias al internet de las cosas y a la automatización, recogen datos en tiempo real y ajustan su funcionamiento a las necesidades reales de cada momento. La tecnología permite detectar ineficiencias y corregirlas al instante.
Además, la incorporación de fuentes renovables y de materiales de construcción innovadores eleva los estándares de eficiencia. Un diseño adecuado, un buen aislamiento y una gestión inteligente hacen que los edificios consuman menos recursos y ofrezcan mejores condiciones a sus ocupantes. El futuro de la edificación pasa por gastar menos y operar mejor.
El conjunto de medidas que rodea al ahorro energético combina reformas normativas, incentivos económicos, actuaciones en alumbrado y edificación, y acompañamiento a los consumidores. Los CAE reclaman reglas que premien la duración de los ahorros y den seguridad más allá de 2030; los municipios y diputaciones impulsan LED, fotovoltaica y rehabilitación; y programas sociales enseñan a usar la energía y solicitar ayudas. El reto es encajar todas las piezas sin dejar atrás a los hogares vulnerables.

