El agua de mar bate récords de temperatura en España y abre nuevas alertas medioambientales

  • Las temperaturas del agua de mar han marcado máximos históricos en zonas de España.
  • Este incremento tiene consecuencias directas en la biodiversidad y fenómenos meteorológicos.
  • Las mediciones oficiales confirman una tendencia al alza desde hace décadas, relacionada con el cambio climático.

Agua de mar en la costa

El aumento inédito de la temperatura del agua de mar en diferentes puntos del litoral español ha obligado a que científicos y expertos renueven las advertencias sobre las implicaciones medioambientales de este fenómeno. En lo que va de verano, se han registrado picos de calor sin precedentes tanto en el Mar Menor, donde los termómetros han rozado los 32 grados, como en el entorno de Málaga y en otros enclaves del Mediterráneo y Cantábrico.

Este ascenso de las temperaturas marinas no ha pasado desapercibido ni para la comunidad científica ni para los propios bañistas, que perciben cómo el agua ofrece una sensación mucho más cálida respecto a veranos anteriores. Paralelamente, las mediciones oficiales refuerzan la idea de que se trata de un fenómeno sostenido en el tiempo y vinculado en gran parte al avance del cambio climático y al impacto de la acción humana sobre el clima.

Récord histórico en el Mar Menor y Málaga

Temperatura récord del agua de mar

En el Mar Menor, los datos recogidos por la Universidad de Murcia apuntan a que este verano se han alcanzado los 32 grados, algo que no tiene precedentes desde que existen registros. Esta cifra supone una disminución del oxígeno en el agua, lo que genera episodios de hipoxia que afectan negativamente a la flora y la fauna propias de la laguna. El catedrático Ángel Pérez Ruzafa, responsable del informe, alerta de que «el sistema está cada vez más cerca de su límite» ante la subida continuada de temperatura en los últimos 15-20 años.

En la costa de Málaga se han vivido también jornadas insólitas. El mar llegó a marcar 28 grados en las boyas de Puertos del Estado el 8 de julio, superando cualquier referencia anterior desde 1984. Tan solo un año atrás, en la misma fecha, el agua rondaba los 19 grados. Este salto de 9 grados en solo doce meses sitúa el litoral malagueño en una situación excepcional, y no solo eso: en cuestión de días se ha pasado de máximos históricos a un descenso brusco, con zonas costeras donde la temperatura bajó hasta 17,2 grados por efectos del viento de terral.

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Mediciones oficiales y tendencia al alza

Boyas de medición de temperatura del mar

Las redes de boyas de Puertos del Estado han confirmado máximos históricos para el mes de junio en varias zonas del Mediterráneo y el Cantábrico. Por ejemplo, la boya de Dragonera (Baleares) registró 30,55ºC el 30 de junio, un nuevo umbral récord para la serie. Además, Boyas costeras como las de Tarragona o Barcelona han superado ampliamente los 27ºC, consolidando una tendencia al alza desde hace décadas tanto en agua profunda como en zonas cercanas a la costa.

La temperatura mínima del Mediterráneo ha subido 2,5 grados en los últimos 20 años. Si en invierno las aguas bajaban antes hasta los 12 °C, ahora es raro que desciendan más allá de los 14,5 °C. Las últimas décadas han mostrado un calor progresivo y sostenido, con anomalías que en los veranos de 2023 y 2024 superaron en más de un grado la media histórica.

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Consecuencias ecológicas y meteorológicas

Este recalentamiento de las aguas afecta de manera directa a los ecosistemas marinos. El calor excesivo en la superficie del mar favorece la evaporación y aumenta la humedad atmosférica, lo que puede traducirse en tormentas más intensas, lluvias torrenciales y una mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos.

En cuanto a la biodiversidad marina, la subida de temperatura genera problemas como la hipoxia o la mortalidad de especies adaptadas a aguas frías, y favorece la proliferación de otras especies menos habituales. En el Mar Menor, por ejemplo, la elevada temperatura del agua ha reducido el oxígeno a niveles críticos para peces y plantas acuáticas. A nivel nacional, se observa que las playas de la Región de Murcia, especialmente las del Mar Menor, son de las más afectadas por estos incrementos térmicos.

El fenómeno tiene también consecuencias para el ciclo hidrológico. El aumento de la evaporación y del vapor de agua atmosférico incrementa la disponibilidad de energía y humedad en la atmósfera, lo que junto a ciertas configuraciones atmosféricas, puede derivar en lluvias torrenciales o tormentas severas con mayor facilidad tras los veranos calurosos.

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Una amenaza para la experiencia turística y el entorno

Las altas temperaturas del agua no solo alteran las condiciones para los ecosistemas, sino que también modifican la experiencia de baño de residentes y turistas. Este verano, las playas de Málaga y otras zonas costeras se han llenado antes de veraneantes, al facilitarse un baño más prolongado y cómodo. Sin embargo, estas condiciones se alejan mucho de las propias de la estación e implican riesgos ambientales a medio plazo.

Expertos y portavoces institucionales remarcan la necesidad de seguir monitorizando este fenómeno y trabajar en la reducción de emisiones y medidas de adaptación. La persistencia de los valores máximos históricos, sumada a la frecuencia de olas de calor en el mar, hacen de este fenómeno uno de los principales retos ambientales del litoral español en la actualidad.

El escenario actual retrata de forma clara cómo el impacto del cambio climático está acelerando el calentamiento de los mares en España, con efectos visibles tanto en la naturaleza como en las actividades humanas. Frente a estos niveles de temperatura, la vigilancia constante y la búsqueda de soluciones se convierte en una prioridad para asegurar la sostenibilidad de la vida marina, la economía y las costumbres en torno al agua de mar.


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