Economía circular y empleo mundial: impacto real en el trabajo

  • Entre 121 y 142 millones de personas trabajan ya en actividades de economía circular, sobre todo en reparación, manufactura y gestión de residuos.
  • Más de la mitad de este empleo es informal y se concentra en el Sur Global, con fuertes retos en derechos, seguridad laboral e inclusión social.
  • El informe internacional propone políticas de transición justa, protección social, formación e inversión para convertir la circularidad en empleo verde de calidad.

economía circular y empleo mundial

La economía circular se ha convertido en una de las grandes palancas para cambiar la forma en la que producimos, consumimos y gestionamos los recursos a escala global. Más allá de ser una moda pasajera, este enfoque está generando millones de puestos de trabajo y redefiniendo sectores como la reparación, el reciclaje, el comercio de segunda mano o la gestión de residuos, aunque buena parte de estas ocupaciones siguen siendo invisibles y precarias.

En los últimos años, distintas organizaciones internacionales han empezado a medir de manera rigurosa cuántas personas viven ya de actividades circulares y en qué condiciones lo hacen. Los resultados muestran que la circularidad ya está integrada en prácticamente todas las economías del planeta, pero también que la dimensión social y laboral de esta transición va muy por detrás de los objetivos ambientales, sobre todo en los países del llamado Sur Global.

Cuántas personas trabajan hoy en la economía circular

empleo en la economía circular

Un estudio de referencia elaborado conjuntamente por Circle Economy, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Grupo del Banco Mundial calcula que entre 121 y 142 millones de personas en el mundo desarrollan actividades total o parcialmente vinculadas a la economía circular, es decir al empleo verde. Esta horquilla equivale aproximadamente a entre el 5 y el 5,8 % del empleo mundial total, dejando fuera el sector agrícola para poder comparar con mayor precisión los datos entre países.

Este análisis es el primer intento serio de cuantificar a escala global el volumen de empleo circular y de homogeneizar criterios, definiciones y metodologías entre países muy distintos. Para ello se han cubierto 177 de los 187 Estados Miembros de la OIT, lo que permite disponer de una fotografía muy amplia de cómo se reparte este tipo de trabajo en regiones, sectores y cadenas de valor.

Dentro de este enorme abanico de más de cien millones de trabajadores se incluyen desde artesanos que arreglan electrodomésticos, muebles o ropa, hasta empresas de reciclaje, comercios de segunda mano, talleres de reparación y mantenimiento de vehículos o maquinaria, así como compañías que ya han incorporado modelos de negocio circulares basados en la reutilización, el reacondicionamiento o el alquiler en lugar de la venta tradicional.

El modelo circular se apoya en prácticas como la reducción del uso de recursos, la reutilización de productos, el reciclaje de materiales y el diseño para alargar la vida útil de los bienes. Todo ello se traduce en nuevas oportunidades laborales ligadas al aprovechamiento de residuos, a la optimización de recursos y a servicios que antes apenas se valoraban en términos económicos, como la reparación profesional o la recogida selectiva.

El protagonismo del Sur Global y la distribución regional del empleo

Uno de los hallazgos clave del informe es que la mayoría de las actividades vinculadas a la economía circular se concentran en el Sur Global. Aunque muchas veces asociamos la circularidad a países altamente industrializados, los datos muestran que regiones como América y Asia-Pacífico son las que presentan mayores proporciones de empleo circular sobre el total del mercado de trabajo.

En las Américas, el empleo relacionado con actividades circulares representa cerca del 6,4 % de la fuerza laboral no agrícola, mientras que en Asia-Pacífico ronda el 5,8 %. Estas cifras revelan que la circularidad no es solo un fenómeno de nicho en economías avanzadas, sino una realidad profundamente enraizada en contextos donde la reutilización y la recuperación de materiales forman parte del día a día, muchas veces por pura necesidad.

En estos países, prácticas como el comercio de segunda mano, la reparación de objetos cotidianos o la recogida informal de residuos no surgieron como políticas ambientales sofisticadas, sino como estrategias de supervivencia y generación de ingresos para millones de hogares. Ese tejido económico, que históricamente ha sido infravalorado, se reconoce ahora como pieza central de la transición hacia modelos de producción y consumo más sostenibles.

Los patrones sectoriales de empleo circular también reflejan estructuras económicas nacionales más amplias, como el nivel de industrialización, el peso del sector servicios o el grado de urbanización. De este modo, países con grandes centros urbanos y un amplio sector servicios tienden a concentrar más actividades de reparación, mantenimiento, comercio de segunda mano y gestión de residuos, mientras que en economías menos industrializadas la circularidad se manifiesta con fuerza en actividades manuales y microempresas locales.

La gran mayoría trabaja en la informalidad

Uno de los aspectos más preocupantes que desvela el estudio es que más de la mitad de quienes se ganan la vida en actividades circulares lo hacen en condiciones precarias. En cifras absolutas, más de 74 millones de trabajadores de la economía circular se encuentran en la economía informal, es decir, sin contrato regulado, sin protección social y, a menudo, sin reconocimiento legal de su trabajo.

Esta realidad se acentúa especialmente en el Sur Global, donde es muy habitual que quienes recogen, separan y venden materiales reciclables, o quienes gestionan de forma rudimentaria los residuos urbanos, trabajen en entornos peligrosos, con ingresos inestables y salarios muy bajos. Paradójicamente, son estas personas las que sostienen una parte esencial de los servicios ambientales que permiten reducir vertidos, recuperar recursos y disminuir el impacto climático.

El informe subraya que la circularidad, para muchos de estos trabajadores, no es una elección ecológica ni un gesto de responsabilidad ambiental, sino una forma de subsistir. Casper Edmonds, responsable de la unidad de Industrias Extractivas, Energía y Manufactura de la OIT, recalca que estas personas prestan servicios esenciales para la sociedad y el planeta, pero rara vez reciben el reconocimiento, los derechos y la protección que se otorgan a otros sectores productivos.

Esta falta de formalización tiene implicaciones directas en la salud y seguridad laborales. Muchos trabajadores que manipulan residuos o materiales peligrosos lo hacen sin la debida protección, sin equipos adecuados y sin cobertura en caso de accidentes o enfermedades profesionales. Por ello, el informe insiste en la importancia de extender la protección social y hacer cumplir las normas de seguridad y salud en el trabajo a todo el espectro de empleos circulares, tanto formales como informales.

Además, la economía circular presenta una fuerte dimensión de género. Aunque las mujeres representan aproximadamente el 26 % de las personas empleadas en actividades circulares, a menudo se concentran en los eslabones peor remunerados de las cadenas de valor y con menos visibilidad. Desde la perspectiva de la inclusión económica, se plantea la necesidad de diseñar políticas e inversiones que permitan que las mujeres se beneficien plenamente de las oportunidades de los empleos verdes y de calidad.

Sectores que concentran el empleo circular

El análisis sectorial revela que no todos los sectores económicos participan por igual en la generación de empleo circular. Hay un grupo de actividades que domina claramente el panorama y que, en conjunto, acapara la mayor parte de los puestos de trabajo asociados a la circularidad, mientras que otros sectores, a pesar de ser cruciales para la transición ecológica, apenas han empezado a transformarse.

En primer lugar, destacan los servicios de reparación y mantenimiento, que representan casi la mitad del empleo circular, alrededor de un 46 %. Hablamos de talleres que arreglan vehículos, maquinaria industrial, electrodomésticos o dispositivos electrónicos, pero también de profesionales que realizan labores de mantenimiento preventivo para prolongar la vida útil de edificios, equipos y sistemas de producción.

En segundo término se sitúa la manufactura, con cerca del 24,5 % del empleo circular mundial. Aquí se incluyen empresas que incorporan principios de ecodiseño, producción eficiente en el uso de recursos, reutilización de componentes, remanufactura o integración de materiales reciclados en sus procesos. Estas prácticas permiten ahorrar costes, reducir residuos y abrir nuevos modelos de negocio basados en productos más duraderos y reparables.

La gestión de residuos ocupa aproximadamente el 8 % del empleo vinculado a la economía circular. Esta categoría abarca desde operarios de plantas de tratamiento, clasificación y reciclaje, hasta trabajadores dedicados a la recogida, transporte y gestión de desechos urbanos e industriales. También incluye actividades de compostaje, valorización energética y recuperación de materiales que, de otro modo, acabarían en vertedero.

Por el contrario, sectores como la construcción y la minería, que son absolutamente estratégicos para la transición hacia una economía baja en carbono y eficiente en recursos, presentan una proporción aún muy reducida de empleo circular. Esto indica que existe un enorme potencial todavía por desarrollar en ámbitos como la edificación sostenible, la rehabilitación energética de viviendas, el diseño modular de infraestructuras o la minería responsable y centrada en la reutilización de materiales.

La dimensión social: trabajo decente y transición justa

Aunque la economía circular se suele presentar como una solución para reducir residuos y emisiones, el informe pone el foco en que esta transición solo será sostenible si es también socialmente justa. Demasiadas políticas ambientales se han centrado exclusivamente en los objetivos climáticos, dejando en segundo plano las condiciones de trabajo, los derechos laborales y la protección social de quienes hacen posible la circularidad en la práctica.

Organizaciones sindicales y entidades como la OIT insisten en que la economía circular debe ir de la mano de la agenda de trabajo decente y de la llamada Transición Justa. Esto implica anticipar los impactos sobre el empleo, acompañar a los sectores que se transforman, ofrecer formación a los trabajadores afectados y garantizar que nadie se quede atrás en el proceso de cambio de modelo productivo y de consumo.

La Transición Justa, tal y como la definen los sindicatos y la OIT, supone desarrollar políticas industriales y laborales que se diseñen con y para los trabajadores, no a sus espaldas. Se trata de negociar marcos regulatorios que reconozcan el papel de la mano de obra en la circularidad, integren la participación sindical y aseguren que los beneficios económicos y ambientales se reparten de forma equitativa.

El informe también subraya la relevancia de reconocer y valorar las competencias de quienes trabajan en la economía informal, especialmente en la recuperación de materiales y la gestión de residuos. A pesar de ser piezas clave en la cadena de circularidad, estos trabajadores han permanecido históricamente marginados, sin voz en la elaboración de políticas y con escaso acceso a programas de formación, crédito o apoyo empresarial.

Convertir la circularidad en un vector de inclusión social implica reforzar la protección social, regularizar progresivamente el empleo informal, mejorar las condiciones laborales y garantizar el respeto de los derechos fundamentales en el trabajo. De lo contrario, existe el riesgo de que la economía circular se construya sobre la base de empleos verdes pero precarios, que no resuelvan las desigualdades existentes ni aporten estabilidad a largo plazo.

Datos, metodología y brechas de información

El estudio coordinado por Circle Economy, la OIT y el Banco Mundial no solo cuantifica el número de personas empleadas en actividades circulares, sino que desarrolla una metodología internacionalmente aplicable para medir el empleo en economía circular. Este enfoque se apoya en marcos laborales y medioambientales ya existentes, así como en consultas a expertos y en el trabajo de un consejo asesor internacional.

Uno de los avances más importantes es la creación de una línea de base global que permite comparar la evolución del empleo circular entre países y a lo largo del tiempo. Al armonizar definiciones y clasificaciones, se facilita el seguimiento de la transición circular, la evaluación de políticas públicas y la integración de la circularidad en las agendas laborales, ambientales y de desarrollo sostenible.

Aun así, el informe reconoce la existencia de importantes lagunas de datos, especialmente en lo que respecta al empleo informal y a la contribución del sector agrícola a la economía circular. Muchas de las actividades que hoy sostienen la circularidad a pequeña escala no aparecen reflejadas en las estadísticas oficiales, lo que dificulta tanto su visibilización como el diseño de políticas adecuadas para apoyarlas.

Por este motivo, una de las recomendaciones centrales es reforzar los ecosistemas de datos a nivel local, nacional e internacional. Esto implica mejorar los sistemas estadísticos, recopilar información más detallada sobre sectores y ocupaciones circulares, y desarrollar indicadores que permitan monitorizar no solo la cantidad de empleo, sino también su calidad, estabilidad y contribución al bienestar social.

Contar con datos de mayor calidad permitirá orientar mejor las decisiones de inversión, regulación, formación y apoyo empresarial. Además, servirá para que gobiernos, empresas, sindicatos y organizaciones sociales dispongan de evidencias sólidas con las que negociar y diseñar estrategias de transición justa hacia modelos productivos más circulares.

Recomendaciones para una economía circular rica en empleo y derechos

Para aprovechar al máximo el potencial de la economía circular y garantizar que sus beneficios lleguen a la mayoría de la población, el informe recoge una batería de recomendaciones dirigidas principalmente a responsables de políticas públicas, pero también relevantes para empresas, sindicatos y otros actores sociales. La idea de fondo es que no basta con impulsar la circularidad desde el punto de vista técnico; hay que acompañarla de medidas económicas y laborales coherentes.

En primer lugar, se propone promover la circularidad a través de la contratación pública y de la inversión estratégica en sectores de alto potencial, como la manufactura y la construcción. La compra pública verde, por ejemplo, puede priorizar productos reparables, reciclados o reutilizables, así como servicios basados en un uso más eficiente de recursos, generando así una demanda estable de empleo circular.

Otra recomendación clave es apoyar a las empresas sostenibles mediante un mejor acceso a la financiación, servicios de desarrollo empresarial y programas de capacitación. Muchas micro, pequeñas y medianas empresas que impulsan modelos circulares innovadores se encuentran con barreras financieras y administrativas que frenan su crecimiento; reducir esos obstáculos puede disparar la creación de empleo de calidad.

El informe también hace hincapié en el desarrollo de programas educativos inclusivos y de formación profesional centrados en jóvenes, mujeres y trabajadores informales. La circularidad requiere nuevas habilidades técnicas, capacidades de innovación y conocimientos sobre gestión de recursos, por lo que la educación y la formación continua se vuelven esenciales para que las personas puedan acceder a estos empleos y mejorar su posición en la cadena de valor.

En el plano de los derechos laborales, se plantea la necesidad de reforzar el cumplimiento de las normas de seguridad y salud, ampliar la cobertura de protección social a quienes trabajan de manera informal y garantizar el respeto de los derechos fundamentales en el trabajo, incluyendo la libertad sindical y la negociación colectiva. Sin este pilar social, la transición corre el riesgo de consolidar desigualdades existentes o incluso generar nuevas brechas.

Finalmente, se destaca la importancia de que la economía circular se articule en torno a políticas e inversiones basadas en datos, que permitan identificar dónde están las mayores oportunidades de empleo, qué sectores necesitan una transformación más profunda y cómo diseñar estrategias de formalización y apoyo empresarial adaptadas al contexto de cada país o región.

El panorama que dibujan la OIT, Circle Economy y el Banco Mundial muestra un potencial enorme: millones de personas ya se ganan la vida gracias a actividades circulares que reducen residuos y aprovechan mejor los recursos, y muchas más podrían hacerlo si se combinan inversiones inteligentes, políticas públicas coherentes y una apuesta firme por el trabajo decente. La clave estará en que la circularidad no se limite a ser un discurso ambiental bienintencionado, sino que se traduzca en empleos verdes de mayor calidad, con derechos, protección social y reconocimiento para todas las personas que, día a día, sostienen este cambio de modelo económico.

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