Aún parece que fue hace un momento cuando el ruido frenético de nuestras urbes se calló de golpe. Aquel 28 de abril quedó grabado a fuego en nuestra memoria, no solo porque nos quedamos a oscuras, sino por el clima de incertidumbre que se generó justo después. Fue una noche extraña donde, paradójicamente, el hecho de perder la conexión digital nos permitió reconectar con la gente, compartiendo velas y cenas improvisadas con los vecinos mientras esperábamos que la luz volviera.
Sin embargo, mientras los ciudadanos nos apoyábamos mutuamente, en los despachos de las eléctricas se empezaron a cocinar historias totalmente falsas. Quienes debían velar por el suministro no solo fallaron en su tarea, sino que aprovecharon la vulnerabilidad del momento para lanzar una cortina de humo y promover narrativas convenientes que beneficiaran sus propios intereses económicos, intentando colarnos bulos que hoy, gracias a informes técnicos, podemos desmentir uno a uno.
La mentira de la culpa a las renovables
Uno de los cuentos más repetidos fue que el sistema colapsó porque había demasiada energía renovable en la red. Esto es rotundamente falso. El informe de la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad (ENTSO-E) dejó claro que el problema no fue la tecnología de generación, sino un fallo sistémico en la gestión de la tensión. Básicamente, los sistemas de protección, que están en manos de las eléctricas de siempre, no supieron frenar una reacción en cadena.
Para que quede más claro, mientras nosotros estábamos a oscuras, países como Alemania o Grecia funcionaban con niveles de eólica y fotovoltaica mucho más altos que los nuestros y no tuvieron ni un solo parpadeo. Este truco de echarle la culpa a las renovables es el viejo manual del oligopolio para blindar sus activos fósiles y nucleares, algo que ya vimos ocurrir en apagones pasados en Australia o Texas.

El lastre de la energía nuclear y el gas
También se escuchó mucho que sin la energía nuclear el apagón habría sido peor, pero la realidad es que la nuclear fue un lastre. El día del incidente, gran parte del parque nuclear estaba operativo y no ayudó a estabilizar la red; al contrario, entorpeció la recuperación. Hay centrales como Almaraz o Ascó que incluso tienen expedientes sancionadores por no cumplir con su obligación de estabilizar el sistema a pesar de cobrar por ello.
A esto se suma que la nuclear es extremadamente rígida. Debido al fenómeno conocido como veneno del Xenón y al estrés térmico, si una central se apaga por seguridad, tarda días en volver a arrancar. Mientras que la hidráulica y otras renovables pusieron el país en marcha en cuestión de horas, las nucleares tardaron una semana en normalizarse, demostrando que hacen al sistema mucho menos resiliente.
En cuanto al gas, el relato es similar. Nos intentan vender que el gas nos salvó la vida, pero 16 plantas de gas de las grandes energéticas fallaron en su deber de control de tensión. Lo más indignante es que ahora piden pagos por capacidad, es decir, dinero solo por existir, mientras mantienen plantas encendidas «por si acaso», lo que dispara nuestras facturas y las emisiones de CO2.
Desinformación y teorías conspirativas
El caos eléctrico fue el caldo de cultivo perfecto para que circularan teorías de la conspiración en redes sociales. Desde falsos ciberataques rusos atribuidos erróneamente a Ursula von der Leyen, hasta la historia de un incendio imaginario entre Perpiñán y Narbona. Incluso hubo quien afirmó que el Gobierno ya sabía lo que pasaría porque había comprado gasóleo tipo C, cuando en realidad ese contrato empezaba meses después del apagón.
- Falsos vídeos: Se viralizaron imágenes de demoliciones de centrales térmicas haciéndolas pasar por nucleares.
- Ataques coordinados: La llamada «Operación Matrioska» utilizó bots para difundir artículos falsos que suplantaban a medios como The Independent.
- Pánico social: Circularon bulos sobre muertes en hospitales de Toledo y Albacete o saqueos masivos en Madrid y Barcelona que nunca ocurrieron.
También se intentó colar que el apagón fue una prueba de desconexión digital predicha por Los Simpson o que Marruecos tenía luz porque el ataque era solo contra la UE. Lo cierto es que Marruecos simplemente desconectó su red de la ibérica para evitar que el problema saltara a su territorio, una medida técnica estándar.
Mitos comunes sobre las energías limpias
Más allá del apagón, existen prejuicios muy arraigados sobre las renovables que conviene limpiar. Por ejemplo, se dice que la solar no sirve de noche, pero eso ignora los avances en almacenamiento. Producir la energía de día y guardarla en baterías permite que la luz esté disponible las 24 horas. Asimismo, el mito de que los paneles son muy contaminantes es falso: en apenas dos años ya han generado más energía de la que costó fabricarlos y son reciclables en un 95%.
Sobre los aerogeneradores, es común oír que son una masacre para las aves, pero la siniestralidad es mínima comparada con los choques contra coches o trenes. Además, se dice que quitan espacio al campo, cuando en realidad compatibilizan perfectamente con la agricultura y ganadería, ya que la base de la torre ocupa un espacio insignificante.
Finalmente, la idea de que las renovables son caras es un anacronismo. Hoy por hoy son la fuente de energía más barata, con caídas de precio brutales en la última década. De hecho, estudios recientes demuestran que es totalmente posible abandonar los fósiles y la nuclear para 2040, reduciendo la demanda energética un 39% y cubriendo el resto con un mix de fuentes renovables y almacenamiento.
La lección de aquella noche es que no dependemos de los gigantes del gas ni del uranio, sino que necesitamos un modelo energético suficiente, eficiente y descentralizado que deje de ser el negocio de unos pocos para convertirse en un derecho de todos, basándonos en la tecnología y la gestión inteligente de la demanda.