El tráfico ilegal de especies se ha convertido en un negocio extremadamente lucrativo que pone en jaque la biodiversidad del planeta. En España, esta actividad no es ajena y las autoridades han detectado que las redes criminales operan con una estructura cada vez más profesionalizada y difícil de rastrear por los métodos clandestinos que utilizan.
Recientemente, el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil ha dado un golpe sobre la mesa al desarticular una trama que movía animales protegidos por todo el territorio nacional. La investigación pone de relieve que España sigue siendo un punto crítico para el tránsito de fauna exótica, especialmente hacia los archipiélagos.
El origen de la Operación ZMIJA
Todo este embrollo comenzó cuando los agentes del SEPRONA interceptaron una maleta sospechosa en el Aeropuerto de San Pablo, en Sevilla. Al abrirla, se toparon con una sorpresa de lo más desagradable: varios animales protegidos por el convenio CITES que estaban hacinados y sin un solo papel que acreditara su origen legal.
Tras tirar del hilo, los investigadores descubrieron que el destino de estos envíos solía ser la isla de Gran Canaria. Menuda faena tenían montada, ya que la organización aprovechaba las rutas de transporte comercial para mover a los seres vivos como si fueran simple mercancía, ignorando por completo el bienestar animal.

Complicidad en las empresas de paquetería
Lo que más ha llamado la atención de este caso es que los delincuentes no trabajaban solos, sino que contaban con la ayuda de empleados de empresas de mensajería que no tenían autorización para transportar animales vivos. Estos trabajadores se encargaban de falsificar la documentación necesaria para que los paquetes pasaran los controles sin levantar sospechas.
Esta colaboración interna permitía a la red operar de forma continua, valiéndose de un trato de favor para que los envíos llegaran a su destino sin ser abiertos. Se ha confirmado que estas personas eran plenamente conscientes del contenido de los paquetes, lo que agrava su participación en el grupo criminal ahora desarticulado.

Un botín de animales exóticos y un pastizal en efectivo
Durante los registros realizados en diversas naves industriales y domicilios de Sevilla, la Benemérita localizó nada menos que 256 ejemplares protegidos. Entre ellos había caimanes de anteojos, iguanas albinas y ranas arbóreas, además de otros reptiles que estaban destinados al mercado negro para coleccionistas caprichosos.
Pero el hallazgo no se quedó ahí, porque los agentes también encontraron 61 perros y 28 gatos que se criaban de forma ilegal para su venta posterior. Además, en una de las viviendas intervenidas apareció una suma de 56.965 euros en metálico, dinero que presuntamente procede de los beneficios manchados de este comercio ilícito.
La cruda realidad es que este tipo de delitos ambientales suele tener consecuencias fatales para la fauna. Según datos contrastados por diversas organizaciones de conservación, se estima que nueve de cada diez animales mueren antes de llegar a manos del comprador final debido al estrés, la deshidratación y las condiciones lamentables en las que son transportados.
La investigación ha concluido finalmente con dos arrestados y ocho personas bajo la lupa judicial por delitos que van desde el contrabando hasta el maltrato animal. Este operativo recuerda la importancia de no alimentar el mercado de mascotas exóticas, ya que detrás de cada animal en cautiverio suele haber una red delictiva que destruye la biodiversidad y pone en peligro la supervivencia de especies amenazadas en todo el mundo.