La idea de que ahorrar energía no solo reduce la factura, sino que también puede convertirse en una fuente directa de ingresos, empieza a tomar forma real en España. Lo que antes sonaba a teoría de manual de eficiencia energética se está materializando en mecanismos concretos para hogares, empresas y también administraciones públicas.
En este contexto, el Ayuntamiento de Benidorm y el sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAE) son dos ejemplos muy distintos pero complementarios de cómo se puede monetizar el ahorro energético. Uno muestra el camino desde la administración local; el otro, desde el lado de los consumidores y propietarios que se plantean renovar sus sistemas de climatización.
Benidorm convierte el ahorro energético en dinero para las arcas municipales
El pleno del Ayuntamiento de Benidorm ha dado un paso llamativo al aprobar por unanimidad la incorporación de distintos ahorros energéticos como parte del patrimonio municipal. No se trata de un juego de palabras contables, sino de reconocer formalmente que la energía no consumida gracias a actuaciones de eficiencia tiene un valor económico que puede transformarse en ingresos reales.
Según ha explicado el concejal de Patrimonio, Jaime Jesús Pérez, en 2023 se llevaron a cabo diversas intervenciones de mejora de la eficiencia energética en instalaciones públicas que han generado un ahorro cuantificado en 3.832,24 MWh. El derecho de titularidad de ese ahorro corresponde al propio Ayuntamiento, que lo ha calificado como un activo patrimonial inmaterial.
Ese volumen de ahorro se ha traducido en una estimación económica de 486.694,48 euros, tomando como referencia un precio mínimo de licitación de 127 euros por MWh. La estrategia municipal pasa precisamente por declarar ese ahorro como bien patrimonial y abrir un expediente para tramitar su enajenación, con el objetivo de monetizar el ahorro energético mediante su subasta.
La propuesta, que cuenta con informes técnicos favorables, permitirá a Benidorm subastar el ahorro generado para obtener nuevos recursos económicos sin necesidad de incrementar impuestos. El propio concejal ha subrayado que la ciudad se sitúa como pionera en capitalizar el ahorro obtenido con las políticas de eficiencia energética de los últimos años, algo que hasta ahora se veía más como una obligación normativa que como una oportunidad financiera.
¿Qué significa monetizar el ahorro energético?
La clave de este tipo de iniciativas está en entender que el ahorro de energía puede tratarse como un activo medible, certificable y comercializable. No se habla solo de gastar menos en la factura de la luz o del gas, sino de contabilizar la energía que se deja de consumir gracias a una mejora tecnológica o a una rehabilitación, y darle un valor económico independiente.
En el caso de un ayuntamiento, esto pasa por registrar el ahorro de sus instalaciones (alumbrado público más eficiente, climatización modernizada, renovables en edificios municipales, etc.), acreditar ese ahorro con criterios técnicos y jurídicos y, finalmente, ponerlo en valor en el mercado. De este modo, la administración local convierte un beneficio ambiental y de consumo en una fuente adicional de financiación.
Este enfoque no es exclusivo de las corporaciones municipales. Cada vez más, la normativa europea y española impulsa que tanto empresas como comunidades de propietarios y particulares puedan obtener una compensación económica por las actuaciones que reduzcan de forma verificable su consumo energético. Es ahí donde entra de lleno el sistema de Certificados de Ahorro Energético.
Los Certificados de Ahorro Energético (CAE): la vía oficial para cobrar por ahorrar
Los Certificados de Ahorro Energético, conocidos como CAE, son el mecanismo oficial que permite reconocer y monetizar el ahorro energético derivado de determinadas actuaciones de eficiencia. Cada certificado equivale a 1 kWh de ahorro de energía final, certificado de forma oficial según la regulación vigente.
Cuando se acomete una mejora en una vivienda, un edificio o una instalación —por ejemplo, una rehabilitación energética, un cambio de sistema de climatización o la renovación de equipos obsoletos—, se calcula el ahorro de energía que se logrará respecto a la situación anterior. Ese ahorro anual, expresado en kWh, se convierte en un número equivalente de CAE reconocidos.
La particularidad de este sistema es que esos certificados pueden cederse a los agentes del sistema CAE, que suelen ser comercializadoras, empresas energéticas u otros sujetos obligados a cumplir objetivos de ahorro. A cambio, el titular de los ahorros recibe una compensación económica, que ayuda a reducir el coste real de la inversión realizada.
De forma sencilla: si con una actuación se consigue un ahorro anual de 500 kWh, se podrían generar 500 CAE. Esos certificados, una vez tramitados y validados, son la base para obtener un ingreso o un descuento asociado, de forma que el ahorro energético se traduce en dinero contante y sonante, no solo en menor consumo mensual.
Un marco normativo que impulsa bombas de calor y tecnologías eficientes
La apuesta por monetizar el ahorro energético no es una ocurrencia aislada, sino que está respaldada por la propia normativa. El Real Decreto-ley 7/2026, de 20 de marzo, refuerza el despliegue de bombas de calor mediante el sistema CAE e introduce coeficientes de corrección que actúan como un multiplicador del ahorro acreditado cuando estos equipos sustituyen a otros basados en combustibles fósiles.
Esto significa que, si se sustituye una vieja caldera de gas o gasóleo por una bomba de calor eficiente, el ahorro computado a efectos de CAE puede verse incrementado gracias a esos coeficientes. En la práctica, esa corrección multiplica la cantidad de ahorro reconocida y aumenta el número de certificados generados, lo que se traduce en una compensación económica potencialmente mayor.
Este enfoque encaja con la estrategia europea de descarbonización, que busca acelerar la salida de las calderas tradicionales en favor de sistemas más limpios, como la aerotermia. Para el usuario final —ya sea un propietario individual, una comunidad de vecinos o una empresa— no solo se trata de consumir menos, sino de aprovechar el marco regulatorio para recuperar parte de la inversión mediante los CAE.
El resultado es un doble incentivo: se reducen emisiones y dependencias de combustibles fósiles, y al mismo tiempo se habilita una vía para que quien apuesta por la eficiencia energética pueda monetizar los ahorros conseguidos más allá del simple recorte en la factura.
Del papel a la práctica: el simulador de Daikin para estimar el ahorro monetizable
La teoría de los CAE puede sonar algo abstracta hasta que se baja al terreno de los números concretos. Para facilitar ese paso, Daikin ha puesto en marcha un simulador online que permite al usuario hacerse una idea rápida del potencial de ahorro energético y económico al sustituir una caldera antigua por un sistema de aerotermia.
Esta herramienta, accesible a través de una página web, solicita una serie de datos básicos de la vivienda o del edificio: superficie, año de construcción, tipo de aislamiento, sistema de calefacción existente y características del nuevo equipo propuesto, entre otros elementos. Con esa información, el simulador calcula el ahorro energético estimado y los CAE que podría generar la actuación.
Uno de los puntos fuertes del simulador es que permite considerar tanto el ahorro en calefacción como en agua caliente sanitaria, ofreciendo una estimación conjunta del impacto de la sustitución por aerotermia. A partir de esos datos, la herramienta aproxima también la compensación económica vinculada a los CAE, de manera que el usuario puede ver, en números, qué parte de la inversión podría verse compensada.
Para refinar los cálculos, el simulador puede apoyarse en el Certificado de Eficiencia Energética (CEE) oficial de la vivienda o del edificio. El usuario tiene la opción de introducir manualmente la información del certificado o, si la función está disponible, cargar directamente el documento. Eso sí, si el CEE está desactualizado o no refleja reformas posteriores, la estimación debe tomarse como orientativa.
Un ejemplo práctico del potencial de ahorro y CAE
Imaginemos el caso de una vivienda situada en un edificio construido en torno a 1975, sin rehabilitación energética y con una caldera tradicional. Al introducir estos datos en el simulador y plantear un cambio a un sistema de aerotermia, la herramienta podría ofrecer una cantidad importante de ahorro anual en kWh, precisamente por partir de una situación inicial poco eficiente.
Si el resultado de la simulación arrojara, por ejemplo, un ahorro anual de 34.214 kWh, esa cifra equivaldría teóricamente a unos 34.214 CAE potenciales, ya que cada certificado representa 1 kWh de ahorro de energía final. El número concreto dependerá de las características reales del inmueble y de la solución de aerotermia planteada.
A partir de ahí, esos CAE podrían cederse a los agentes del sistema, lo que se traduciría en una compensación económica añadida al ahorro directo en la factura. Es precisamente este mecanismo el que convierte una decisión técnica —cambiar de sistema de climatización— en una operación con retorno económico más claro.
Conviene tener presente, en cualquier caso, que se trata de una simulación orientativa. Para que el ahorro calculado se transforme en ayudas o ingresos reales, es imprescindible que los datos del inmueble sean válidos, que la actuación se diseñe y ejecute con respaldo técnico y que el expediente se tramite dentro del sistema oficial de CAE siguiendo los procedimientos establecidos.
Del hogar al ayuntamiento: un mismo concepto con distintas escalas
Aunque el caso de Benidorm y el uso del simulador de Daikin se mueven en niveles muy distintos, ambos responden a la misma lógica: tratar el ahorro energético como un activo económico. En el ámbito municipal, el ahorro de miles de MWh en instalaciones públicas se declara bien patrimonial y se prepara para su subasta. En el entorno doméstico o de pequeña escala, el ahorro de kWh en un edificio se traduce en CAE que generan una compensación.
En los dos escenarios hay un denominador común: sin una medición rigurosa del consumo antes y después de la actuación, y sin un marco regulatorio que reconozca ese ahorro, sería imposible avanzar en la monetización. La diferencia está en la forma en que se canaliza el valor: en el caso de la administración local, a través de licitaciones y expedientes patrimoniales; en el de los usuarios finales, mediante la cesión de CAE a las empresas obligadas a cumplir objetivos de eficiencia.
Esta convergencia entre política pública y decisiones individuales refleja un cambio de enfoque en la forma de entender la eficiencia energética. No es solo una cuestión de cumplir con objetivos climáticos o de reducir la dependencia energética exterior, sino de ofrecer incentivos económicos tangibles a quienes apuestan por soluciones más eficientes, ya sean ayuntamientos, comunidades de vecinos o propietarios particulares.
En un escenario europeo en el que las calderas de gas van perdiendo terreno frente a tecnologías como la aerotermia, y en el que los municipios buscan nuevas vías de financiación sin cargar más al contribuyente, la posibilidad de monetizar el ahorro energético se perfila como una pieza clave. Tanto el movimiento de Benidorm para capitalizar sus ahorros públicos como el uso de herramientas como el simulador de Daikin apuntan en la misma dirección: quien invierte en eficiencia no solo consume menos, también tiene la opción de convertir ese esfuerzo en un ingreso adicional.