En la meseta tibetana, China ha presentado el que apunta a ser el parque solar más grande del mundo, un desarrollo fotovoltaico de dimensiones inéditas que ya ha comenzado a verter energía a la red en las áreas terminadas. La superficie prevista supera los 610 kilómetros cuadrados, una extensión comparable a la de una gran metrópoli.
La magnitud del proyecto impresiona: cuando se complete, integrará más de 7 millones de paneles capaces de suministrar electricidad a alrededor de 5 millones de hogares. Además de producir energía, los módulos están modificando el entorno local al reducir el polvo y la evaporación del suelo, lo que ha favorecido la aparición de vegetación y el pastoreo de las populares “ovejas fotovoltaicas”.
Ubicación, escala y avance de obra
El complejo se ubica en la provincia de Qinghai, en plena meseta tibetana, donde la irradiación y la disponibilidad de espacio permiten desplegar enormes campos solares. Una parte relevante del terreno ya está ocupada por paneles, y la energía procedente de las fases operativas fluye hacia la red eléctrica mientras continúan los trabajos en los demás sectores.

Capacidad y papel en el mix eléctrico chino
El empuje renovable del país es notable: en la primera mitad de 2025 se añadieron 212 gigavatios de capacidad solar, una cifra que por sí sola rebasa la potencia solar acumulada por Estados Unidos a finales de 2024. En paralelo, se incorporaron 51 gigavatios de eólica, reforzando un cambio de tendencia que sitúa a la electricidad solar por encima de la hidráulica y a punto de adelantar a la eólica como principal fuente limpia del país.
Este aumento de capacidad llega en un contexto de demanda eléctrica al alza (3,7%) durante el mismo periodo, lo que subraya cómo la expansión de la fotovoltaica, la eólica y la nuclear está absorbiendo el crecimiento del consumo sin incrementar las emisiones asociadas a la generación.
Efectos ambientales y usos del suelo bajo los paneles
Más allá de la producción energética, el parque está generando un beneficio ecológico local: los paneles actúan como barreras frente al viento, disminuyen la erosión y limitan la evaporación del agua en el terreno. Ese microclima favorece la aparición de cobertura vegetal, lo que ha permitido integrar pastos y ganadería ovina entre las hileras de módulos, en un ejemplo práctico de coexistencia entre actividad económica y regeneración del paisaje.
Autoridades regionales y gestores del proyecto describen esta integración como una solución de “ganar-ganar”, en la que la superficie bajo los paneles aporta servicios ecosistémicos y los habitantes locales encuentran nuevas oportunidades ligadas a la operación y mantenimiento del complejo.
Emisiones: señales de cambio estructural
Los datos publicados por el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio apuntan a una disminución interanual del 1% en las emisiones de carbono de China durante el primer semestre de 2025, prolongando la senda descendente iniciada en 2024. Para especialistas, este comportamiento constituye un punto de inflexión, ya que se produce a pesar del incremento de la demanda y sugiere que la nueva capacidad renovable está desplazando generación más intensiva en carbono.
De cara a los objetivos de largo plazo, el país mantiene su meta de neutralidad climática en 2060. El reto, según analistas, es acelerar el ritmo de reducción hasta tasas cercanas al 3% anual de media durante las próximas décadas para consolidar la trayectoria y mantenerla de forma sostenida.
El gran desafío: carbón, red eléctrica y transmisión
Aunque las renovables avanzan con fuerza, persiste una dependencia significativa del carbón, y la red actual sigue optimizada para plantas térmicas de operación continua. Adaptarla a la variabilidad de la fotovoltaica y la eólica requiere cambios regulatorios y técnicos de calado en la operación de centrales y en la gestión del sistema eléctrico.
También pesa la geografía: los grandes complejos solares y eólicos se concentran en el oeste escasamente poblado, mientras que los principales centros industriales se encuentran en el este. Para salvar esa distancia, se construyen nuevas interconexiones de larga distancia, incluida una línea que enlaza Qinghai con Henan y otras proyectadas hacia Guangdong, con tecnologías de transmisión de muy alta capacidad para llevar la energía donde más se consume.
Tomado en conjunto, el megaproyecto de Qinghai y la reciente expansión renovable evidencian un viraje significativo del sistema eléctrico chino: un parque de 610 km² con más de 7 millones de paneles que aspira a abastecer a 5 millones de hogares, a la vez que expone los desafíos pendientes en redes, carbón y planificación, factores clave para que el impulso actual se traduzca en una reducción duradera de emisiones.